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Escuché el estruendo seco del arma que me estaba apuntando, seguido de un ligero zumbido en mis oídos.
Confundida, traté de averiguar si de verdad estaba pasando, poniendo mi mano en mi costado. Ahí es cuando lo vi, una herida de bala al lado de mi estómago de la que brotaba sangre.
No sé si fue del dolor o del shock, pero mi vista se volvía cada vez más borrosa, mi mente daba vueltas y el zumbido de mis oídos no cesaba, hasta que todo se volvió oscuro.
Lo último que recuerdo es escuchar mi nombre a lo lejos.
***
9:00 AM, la alarma sonaba como de costumbre. Con un gruñido, me giré y la apagué. Da igual las veces que haya madrugado, siempre me costará levantarme por las mañanas; mi cerebro suele funcionar mejor por las noches. Por ello me tiré toda la noche redactando el informe de la presentación que tenía que hacer hoy ante los científicos de la Sede.
Llevaba meses realizando estudios de una nueva variante de arma bioquímica que se estaba desarrollando en los laboratorios vecinos y cómo ello podía afectar al progreso de la humanidad. No pensé el riesgo que estaba corriendo, no solo yo, sino el laboratorio para el que trabajaba, tras escribir estos informes. Era información clasificada, a la que solo unos cuantos teníamos acceso.
La conferencia era a las 10:30 AM, y estaba bastante nerviosa, pues era una charla que iba a reunir a todos los científicos y biólogos de la comarca, además de alguien que me salvaría la vida.
No sé como me las arreglé para estar presente a tiempo, aunque me di cuenta que no sirvió de mucho haber estado noches en vela ensayando como iba a pronunciar cada una de las palabras tras el estruendo que sonó fuera de la sala.
Logramos escuchar varios ruidos en seco. Los asistentes estaba atónitos pero tranquilos, pues sonaban como golpes, hasta que varios agentes nos dijeron que nos resguardásemos bajo las mesas. Ahí es cuando supimos que no era un simple impacto.
Empezamos a escuchar gritos, gente corriendo y cristales rompiéndose. Los agentes y guardas de la sala sacaron sus pistolas, listos para disparar, pero nadie dijo ni una sola palabra. Todos estábamos esperando a que irrumpieran en la sala. Como si no movernos hiciera que escuchásemos mejor, todos nos quedamos inmóviles, relajándonos tras escuchar cómo cesaban los disparos.
Justo cuando pensábamos que lo peor ya había pasado, escuchamos una explosión proveniente de la puerta principal. Todos los asistentes de la sala giramos nuestra cabeza hacia el sonido instintivamente. Algunos corrieron a esconderse, otros huyeron por la salida de emergencia y otros se quedaron en shock, yo incluida.
Mi cerebro sabía que estaba en peligro, pero mis piernas se negaban a reaccionar. Tampoco es que supiera dónde ir.
Me quedé mirando cómo de la puerta salía humo sin mover un solo músculo, y en ese momento de bloqueo sentí una mano agarrándome del brazo, tirando de mí y sacándome de mi trance. Estaba tan centrada en salir de ese sitio, que no paré a mirar quién me estaba llevando consigo, hasta que escuché su voz:
"Sígueme, vienen a por ti", dijo una voz masculina. Giré mi cabeza y reconocí a Leon. "¿Qué está pasando?", pregunté confundida mientras me dejaba arrastrar por él, sin saber a dónde me estaba llevando.
En cuanto me quise dar cuenta, estaba sentada en su coche mientras me explicaba todo.
Tras la investigación que realicé unos meses atrás, Umbrella me había puesto en el punto de mira de sus laboratorios. Pensaban que iba a lograr que el laboratorio para el que trabajo se convirtiera en una amenaza para ellos. Por eso querían secuestrarme, no con un plan definitivo, pero para retenerme hasta qué supieran que hacer conmigo.
"Todo esto es información clasificada, me he enterado por un chivatazo de los superiores", me dijo el chico. "Espera, ¿mis jefes sabían que con esta investigación peligraba la empresa y me dejaron seguir adelante?", le contesté confusa, a lo que él me miró serio, con esta mirada que podría leerte los pensamientos, y me contestó: "No sé quién fue, pero quien está detrás está más cerca de lo que te imaginas".
Mientras Leon conducía sin rumbo fijo, o eso pensaba, miré por la ventana, cuestionándome quién podría ser el impostor del laboratorio.
No sabría describir con exactitud que tipo de relación tengo con él. Apenas le conozco de verle paseando por las oficinas. Alguna que otra vez he hablado con él, pero no con tanto como para formalizar una amistad.
Aun así, algo que sí puedo concretar a ciencia cierta es que, cuando alguien necesita ayuda, él la presta sin pedir nada a cambio, sin preguntar siquiera, como ahora mismo. Nadie le pidió que me sacase de allí, al menos que yo sepa.
Conozco alguna de las situaciones a las que se ha tenido que enfrentar y cómo ha salido ileso de todas ellas. Creo que por eso estoy confiando, inconscientemente, en él.
Una vez llegados al destino que él propuso, aparcó de mala manera en un callejón sin salida y me obligó a salir del coche. "¿Qué plan tienes?", dije nerviosa. "Tienes que confiar en mí". Pensaba que eran palabras vacías de un agente del gobierno, pero su mirada rogaba por ello. Tardé unos segundos en responder, los nervios y confusión no me dejaban pensar con claridad, así que inseguramente asentí con la cabeza, atónita y siguiendo cada uno de sus pasos.
Nos quedamos unos segundos mirándonos hasta que escuchamos un ruido no tan lejos de nosotros. Provenía de la entrada del callejón, lo que hizo que volteáramos nuestras cabezas hasta la fuente del sonido.
No sé de dónde, pero Leon sacó su arma y la recargó. No estaba acostumbrada a tener armas tan de cerca, por lo que mis nervios se dispararon. Sí es verdad que había estado en alguna que otra base militar, pero la situación no era la misma.
Vimos cómo una sombra se acercaba a nosotros. ¿Nos habían seguido hasta tan lejos? Mi corazón se aceleró tanto que podía escuchar mi propio latido.
"Escóndete tras el coche", me ordenó de forma calmada, sin soltar su arma y sin dejar de mirar al objetivo. No fue una orden para que no me vieran, sino para protegerme en caso de que se escapase algún disparo.
De un paso, me agaché y apoyé mi espalda sobre el frío metal del coche.
Pensaba que estaba a salvo. Cuando me quise dar cuenta, una figura apareció delante de mí. No tuve tiempo de reaccionar, ni siquiera pude verle la cara. Solo vi cómo sacaba su arma y me apuntaba.
Escuché el estruendo seco del arma que me estaba apuntando, seguido de un zumbido en mis oídos.
Confundida, traté de confirmar mis sospechas poniendo mi mano en mi costado. Ahí es cuando lo vi, una herida de bala al lado de mi estómago de la que brotaba sangre. Presioné la herida como si me fuera la vida en ello, irónicamente. Noté cómo todo mi cuerpo perdía fuerza a cada segundo que pasaba.
No sé si fue del dolor o del shock, pero mi vista se volvía cada vez más borrosa, mi mente daba vueltas y el zumbido de mis oídos no cesaba, hasta que todo se volvió oscuro.
Leon reaccionó al instante, pero incluso para él fue tarde. Lo último que recuerdo es escucharle gritar mi nombre a lo lejos, seguido de otro disparo, pero mi cuerpo estaba tan cansado como para procesar de dónde procedía.
