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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-01-29
Words:
1,255
Chapters:
1/1
Comments:
5
Kudos:
6
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1
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63

La Caída de la Estática

Summary:

Vox vive atrapado entre el silencio destructivo de Alastor y la intensidad abrasadora de Valentino. Obsesivo, calculador y siempre al mando, llena su mente con ruido, pantallas y distracciones, pero el vacío dejado por el demonio radiofónico lo persigue. Sin darse cuenta, compara a ambos como si fueran helado y pizza: uno el postre imposible de ignorar, el otro el plato principal que desearía poder saborear.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Vox odiaba el silencio.

No el literal, que no existía en la torre V, sino el que quedaba cuando su mente divagaba y el demonio radiofónico saludaba en sus pensamientos.

Era como un vacío denso, como la caída de la estática con un fuerte golpe sonoro y un rastro detrás de este que no acababa de marcharse. 

Cuando esto ocurría, Vox llenaba las pantallas de cualquier cosa que se le ocurriese. Desde anuncios, titulares, colores, risas enlatadas... Pero nada le sacaba de aquel letargo interno. Silencio. 

Y es que Alastor no lo miraba como hacían los otros. No era in desprecio de envidia, no había burla cargada de deseo... Era la peor de todas las miradas. La que demostraba su falsa superioridad. Le miraba como el que miraba a una cucaracha. Con asco pero sobre todo con la indiferencia de que la podías pisar con facilidad.  Para ser sinceros, era lo que más le destruía. No importaba cuantas horas le dedicase a su imperio, o cuan altos eran los índices de popularidad que Vel le cantara. 

El silencio del puto demonio radiofónico le tenía en vilo. Ni siquiera era un rechazo. Porque para rechazarle ¿No tenía que primero haberle admirado de verdad? No, todo había sido falso. Alastos no quería a nadie. 

 Su risa distorsionada podía cambiarle el mood en un parpadeo y sin embargo, aquella ambigüedad mental, aquel silencio... Le destruía más que perder la popularidad del prime time. Y siempre volvía a su cabeza: Alastor. 

Vox lanzó su pisapapeles de una pecera contra la puerta, intentado acallar sus pensamientos cuando Valentino entró. 

— ¡Que intensidad! — dijo nada más entrar y ver como el pisapapeles atravesó el marco de la puerta y fue a caer contra la pantalla del ordenador de una de sus secretarias.  Casi como una metáfora de cómo acallar su mente inquieta.

Valentino, fon su perfume cargado, su risa escena y su cuerpo exuberante. Siempre cerca, siempre fácil. No pedía sutilezas, ni miradas largas. Él tomaba la acción como si su cuerpo estuviera programado para sentir la intensidad del momento.

Vox lo miró de arriba a abajo, intentando apagar ese vacío interno con su energía cada vez que Alastor cruzaba su mente. 

Le observó quejarse de la nueva asistente y del cámara de estudio, de que iba a machacar a todos los actorcillos de pacotilla hasta conseguir que fueran como era debido, sumisos y correctos. 

Nadie lo podía negar. Valentino llenaba cualquier espacio, grande o pequeño solo con su presencia. El mundo era su escenario personal. 

Y aquello era lo que para Vox hacia que entre una mezcla de alivio y culpa pensara: con este sí, con este no me enfrento a un silencio incómodo y no hay preguntas que hacer, solo certezas.  Valentino era un deseo fogoso sin preguntas, contacto puro. Ahogaba cualquier pensamiento y le daba aire a la mente de Vox. 

Era el ruido que tapaba los pensamientos peligrosos. Era esa persona que hacía que lo imposible estuviera a un palmo de distancia de su mano. 

Vox sabía que había algo profundamente humillante en desear tanto alfo que no debías querer, pero entendía que aquel deseo nacía de la excitación se lo prohibido. Valentino lo entendía, ni lo cuestionaba.  Probablemente si se lo hubiera contado le hubiera entendido… Pero si no podía soportar pensarlo ¿cómo iba a verbalizarlo?

Y ahí estaba el mayor peso de todo, saber que Valentino era lo bueno y aun así desear con tantísima intensidad lo malo.  Estaban en el infierno, después de todo ¿no?

Como una droga cara. Como una adicción a lo que te destruye. Era humillante mirarse en el reflejo de una pantalla apagada y querer volver a un pasado que seguramente tampoco fue mejor. 

Valentino era hogar. No le hacía preguntarse por qué le dolía tanto que Alastor nunca le hubiera querido tocar. Valentino le veía y le hacía sentir deseado... Con Valentino no tenía que pensar en la manera en que Alastor hablaba de moral mientras se negaba a sí mismo, mientras despreciaba cualquier cosa que sonara a deseo.

Tal vez eso era lo peor.

Alastor lo veía como un reflejo, algo sutil de lo que no quería ni hablar. Pero él lo sabía, eran parecidos. Lo rechazaba porque era su propio espejo, mostrándole su vulnerabilidad. 

Y eso era imperdonable.

Así que Vox subía el volumen. Se perdía en la imagen de Valentino. En el ruido. En lo fácil. En lo que no exigía respuestas.

Pero cuando la señal caía, cuando las pantallas parpadeaban y el silencio regresaba, el pensamiento seguía ahí.  Y cuanto más caía más podía ver a Val a su lado. Para bueno y para malo.

Valentino nunca pedía permiso, ni siquiera disculpas después. 

Se acercó sentándose sobre la mesa y colocó su mano sobre el pecho de Vox. El espacio entre ambos era suyo por derecho. Inclinó su cuerpo y formó una sonrisa ladeada y peligrosa antes de mirarle fijamente a los ojos. 

El perfume dulzón se coló por los circuitos de Vox que le odio un poco.  No le gustaba el sexo cuando trabajaba, él era profesional. Pero Val no entendía ese tipo de órdenes y jerarquías.

“Su cercanía me quema. Tengo derecho a él, sea o no mío.” Sintió aquello, molesto por no poder sacarse a Alastor de dentro. Comprendiendo parte del anhelo por Alastor, comprendiendo que el desprecio hacía Val aparecía a veces solo por el hecho de que podía tenerlo si quería, no porque no lo desease en sí mismo.

— ¿Qué te pasa hoy, cariño? —Dijo Val, con esa voz que era mitad caricia, mitad amenaza—. Estás… distraído.

Vox giró una pantalla para no mirarlo de frente, pero lo veía igual. Siempre lo veía. Valentino era imposible de ignorar: obsceno, brillante, vivo. Seguro de sí mismo incluso cuando todo alrededor era un desastre.

La mano de Val subió, lenta, posesiva, hasta el borde metálico del cuello de Vox. No apretó. Nunca lo hacía al principio. Valentino prefería que la pertenencia fuera una elección aparente. Pero se mostraba, dando a entender que la elección correcta estaba donde él dirigía. Y eso… eso era lo que dolía en cierto modo. 

Vox apretó los dientes e interpretó su mejor sonrisa. Pícara, deseosa. Sintió el calor del contacto dándose cuenta de la ausencia de preguntas en su cabeza cuando miraba a Valentino. Solo una seguridad y tranquilidad viva. 

En su cara no había una sonrisa que escondiera desprecio envuelto en cortesía antigua. Le besó con cierta obscenidad, sintiendo su lengua de polilla rozarse contra la propia eléctrica. 

No quería pensar en la risa del demonio radiofónico, pero le vino a la mente y algo se le tensó por dentro ¿Besar a Alastor? ¿Cómo sería? Pensarlo le excitó desordenadamente en aquel torbellino de pensamientos confusos. Se quedó helado, frente a Valentino.

— Hey, Chico televisión — murmuró con tono sexy — Estoy aquí y pareces ausente.

Vox le miró. Tenía delante algo real y seguía soñando con algo que ni siquiera podía tocar. Así que solo podía aferrarse a la certeza. A la presencia tangible. A esa persona que estaba presente.

“Valentino llena todos los vacíos que Alastor nunca podría, y aun así, parte de mí deseaba que esos vacíos fueran los de él. Pero no es Alastor, solo Val. Y tiene que bastar.” se dijo a sí mismo. “Valentino es real”.

— Solo estoy ocupado pensando en proyectos importantes — contestó al fin.

Porque no importaba cuantos pasados arcaicos rememorara. El pasado con Alastor solo era un viejo recuerdo dentro de un vaso de whisky. Y Valentino tenía que ser suficiente.

Notes:

Yo soy una persona potencialmente impulsiva, centrada en vivir el aqui y ahora y me cuesta entender a Vox. Así que Sorry si has llegado hasta aqui e identificas OOC. Es un personaje más listo que yo y claramente más complejo. But io tried.