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(When You Gonna) Give It Up To Me

Summary:

Cuando Neteyam se convierte en un adulto al completar su Unilatron, Lo'ak comienza a ser consciente de los cambios en su hermano mayor; especialmente cuando la familia insiste en que Neteyam tiene alguna enamorada en el clan.

Work Text:

Mirar desde primera fila cómo su hermano se convertía en un adulto frente al pueblo Omatikaya era un escenario emocionante para Lo'ak.

La cueva oscura llena del canto de sus hermanos y hermanas añadían ecos en cada rincón. La única luz que podían seguir los ojos de los Omatikaya provenía de una colmena de luciérnagas que bailaban rápidamente entre ellas.

Al centro de todo el pueblo, Neteyam estaba de pie, mascullando el canto que su memoria podía hacerlo cantar estando en un estado cercano a la muerte. Su voz era meramente relajante; suave, trémula, perfecta para calmar a Lo'ak desde el otro lado, donde tenía que aguantar el miedo que había sentido cuando miró a su hermano decaer en su estado físico en cuanto ingirió la bebida para inducirle al Unilatron.

Lo'ak cantaba, aunque una sensación aplastante se instalara en su pecho por reconocer bien qué canción Neteyam había escogido inconscientemente para lograr sobrevivir y encontrarse con su animal espiritual.

En la cueva también estaban sus padres, Kiri y su abuela. Todos cantando con la fuerza de sus pulmones en un armónico unísono que podría erizar la piel a un piel rosa. Seguramente Spider haría lo que fuera para poder experimentar lo mismo que Neteyam atravesaba; pero aún faltaba tiempo para que fuera aceptado completamente entre los Omatikaya.

Neteyam cantó un poco más fuerte, más entendible. Su cuerpo se mecía de un lado a otro con pequeños espasmos añadidos cuando algo en su sueño lo ponía alerta. Seguramente, tras ver el aspecto de su rostro al dejar de cantar, Neteyam se encontraba en medio de la caza.

Luego de un rato, las luciérnagas dejaron de emitir su brillo, y las paredes de la cueva oscura se iluminaron con pequeñas estrías de micelio que hicieron que todos los Na'vi dentro brillaran de su piel por sus patrones bioluminiscentes. Neteyam se sacudió con violencia, siendo sujetado por Jake y por Mo'at para que no cayera. El resto del pueblo presente en el Unilatron de Neteyam se unieron a tocar en cadena el hombro de sus hermanos.

Neteyam profirió un canto grave, duro, que resonó en la cueva como si hubiera un animal de la selva en medio de todos. Reconocieron una desconcertante melodía que apenas pudo asemejarse al grito de los ikran cuando aterrizan en busca de sus compañeros al ser llamados. Pero esa imitación burda fue suficiente para que el pueblo Omatikaya pensara que Neteyam había sido elegido nuevamente en su caza de sueños por un ikran, representando su espíritu guerrero y habilidoso. 

La cueva volvió a inundarse del sonido imitado que Neteyam dejó salir, y conforme el cuerpo del casi adulto dejaba de mecerse fuertemente, el murmullo de voces fue disminuyendo hasta convertirse sólo en un rumor.

Después, Neteyam habló en medio de la oscuridad:

—¿Ma… txe’lan?…

El murmullo confundido sorprendió a los Na'vi presentes, sin embargo, dado a que el Unilatron era una experiencia cercana a la muerte, muchos de los que habían pasado por ese proceso terminaban diciendo incoherencias debido a que apenas estaban recobrando los sentidos. Al escuchar eso de Neteyam, ninguno reparó demasiado en sus palabras y las consideraron parte de las alucinaciones que el veneno les inducía a los Na'vi.

—Ey, Neteyam— dijo Jake, tomando con seguridad el hombro de su primogénito.

Neteyam parpadeó desorientado. La falta de luz regular lo había puesto a alerta de inmediato, pero una vez fue recobrando el sentido y diferenciando lo que había visto en su Unilatron y lo que había en la realidad, fue más sencillo de digerir.

Mo'at habló fuerte entre el clan.

—Bienvenido, Neteyam te Suli Tsyek’itan.

—Hermano— resonó en un sonido uniforme el saludo del resto del clan hacia el nuevo adulto.

La comunidad se reunió fuera de la cueva, enseñando a Neteyam con sus líneas blancas de pintura por todo su cuerpo y rostro. En medio del bullicio de gente que tocaba sus frentes con delicadeza, inclinándose para mostrar respeto, Neteyam buscaba de forma disimulada a una persona en especial.

Pero no pudo encontrarla hasta que el festejo entró de lleno entre los Omatikaya. Cada objeto, cada artesanía demostraba al ikran con el que había peleado en su Unilatron. De hecho, como una alabanza a su animal espiritual, Neteyam trató de encontrar una cuenta especial para ponerla más tarde en su cuerda de canciones.

El festejo duró toda la noche, y todos los Omatikaya adultos comenzaron a relacionarse rápidamente con Neteyam. A lo lejos, pudo ver a sus hermanos: a Kiri y Spider jugueteando entre ellos como dos kenten. Luego estaba Tuk, que trataba de aprender con su abuela más cantos para poder compartirlos con sus amigos. 

Y al final estaba Lo'ak: bailando entre los demás Omatikaya jóvenes que se preparaban arduamente para convertirse en guerreros del clan. La danza alrededor de la hoguera era rítmica y jugaba con los tambores que los miembros de su clan tocaban para animar el festejo. Muchos otros cantaban y se integraban al baile, incluyendo a los recién adultos.

Neteyam no perdió mucho tiempo para integrarse entre sus hermanos y danzar al son de los tambores, emitiendo sonidos parecidos a los que escuchó en su Unilatron, resaltando el ritmo de la canción. Pronto, la multitud se unió a su propio canto.

Neteyam siguió bailando, tratando de chocar por accidente con Lo'ak, pero este había encontrado su lugar entre jóvenes Na'vi que movían sus extremidades y trenzas con tanta gracia que terminaron por contagiar a Lo'ak. Sus ojos, tranquilos y joviales disfrutaron de la celebración de su hermano al convertirse finalmente en adulto.

Neteyam no encontró momento en la noche para acercarse a Lo'ak. Sus padres, hermanos y los mayores del clan se empecinaron en volverlo el centro de atención del festejo, y Neteyam no pudo negarse a nada. Al final de cuentas, él se convertía en hermano de todo su clan a partir de ese día.

—Conoces las responsabilidades que tendrás a partir de este momento— le dijo Jake a Neteyam, apartándolo por un momento del festejo como Olo’eyktan de los Omatikaya—. Igual que tu madre y yo, podrás tallar tu arco con la madera del árbol madre.

El rostro de Jake se tensó antes de decir sus siguientes palabras. Tan sólo era una forma de expresar que, a pesar de que su hijo se hubiera convertido en un adulto a los ojos del pueblo Omatikaya, para él y Neytiri, seguiría siendo el mismo bebé que trajeron, criaron y educaron para convertirse en lo que era ahora; un poderoso guerrero.

—Y podrás elegir una compañera…— soltó por fin, sonriendo con una mueca incómoda— No tiene que ser ahora ni muy pronto. Date tu tiempo de conocer a alguien. Y cuando por fin estés decidido— Jake miro con más seriedad a Neteyam, sacándole una risita burlona a su hijo—... muy decidido; tráela a casa para conocerle.

Neteyam soltó el aire con diversión. Encajó la mirada en su padre para tratar de burlarse un poco de él y le tomó el brazo que estaba recargado en su hombro con camaradería.

—No te preocupes papá— dijo, regresando la vista a donde la turba de los jóvenes Na'vi bailaban en el fuego—. No será un extraño para ustedes— sin poder evitarlo, sus ojos enfocaron directamente a Lo'ak, que vociferó uno de sus cantos agudos golpeándose el pecho con emoción.

Jake miró a la misma dirección, encontrando entre los jóvenes a varias Na'vi que bailaban en su círculo. Supuso que, desde antes de que Neytiri o él sospecharan algo, Neteyam ya se había mantenido cercano a alguna jovencita. Aún así, confiaba en que su hijo no se precipitaría en presentarla, puesto que Neteyam seguía siendo muy joven para sentar cabeza con una familia.

Jake palmeó la mano de su hijo, dando espacio a que Neytiri se abalanzara con Neteyam y lo abrazara con orgullo y cariño.

Las oportunidades de bailar nunca se acabaron. Neteyam no dejó de moverse toda la noche, al igual que Spider, Kiri o Lo'ak; sólo Tuk decidió irse al marui de los Sully para finalmente descansar. La celebración del Unilatron del hijo del Olo’eyktan no dejó de ser importante.

 

***

 

Neteyam había dedicado varias horas ociosas del día, apartado del marui de su hogar, para tallar y caracterizar su propio arco.

Lo'ak había notado más que nunca la ausencia de su hermano por sus alrededores. Recordaba casi con nostalgia todos los momentos que atravesaron juntos, rondando en las esquinas del otro, jugando y tonteando, viendo los horizontes de la selva, cazando, luchando, volando con sus ikran o cabalgando los pa'li.

Desde que Neteyam había completado su Unilatron, salía de casa muy temprano junto a su padre y los adultos jóvenes del clan para servir a su comunidad como protectores y cazadores.

Lo'ak asistía a sus entrenamientos, mejorando, esforzándose para alcanzar el día en el que él también patrullara la selva de Pandora junto a sus hermanas y hermanos y Neteyam, cuidando a su clan. Por lo mientras, recibía cortes y heridas en sus entrenamientos, hacía callos en sus dedos y cicatrices en por todo su cuerpo. Tejía el telar madre, confeccionaba juguetes para los niños del clan. Cantaba, asistía a rituales funerarios o a los encuentros espirituales que su pueblo organizaba, escalando poco a poco entre las comunidades de los jóvenes que se preparaban para convertirse en adultos.

Cuando regresaba a casa, encontraba a su madre tejiendo un regalo para Neteyam: unas hombreras con plumas y patrones hermosos para simbolizar que ya era todo un guerrero y adulto.

También veía cada día a Kiri y Spider, pasando las horas en la selva, o en las partes comunitarias del clan, mirándose con fervor o jugando con coquetería.

Kiri había mejorado mucho aprendiendo de Mo'at. La mayoría de los Omatikaya estaban dando por hecho que, quizás, la próxima generación sería la primera en la que el Olo’eyktan y la Tsahìk no fueran pareja.

Y la idea no era descabellada para Lo'ak. Simplemente sus hermanos eran muy habilidosos con las facilidades que los caracterizaron en su vida. Podía también ver a Tuk, que aunque seguía siendo sólo una niña, cantaba las canciones con gran entonación, y además se volvía hábil y rápida en perseguir rastros de presas para cazar.

Por lo tanto, la dinámica familiar cambió bastante en el momento en que cada uno de los miembros se concentró en ser habilidosos con lo que resaltaban.

Esa tarde, Neteyam llegó bastante cansado de las duras rutinas de patrullaje que debía cumplir por la selva. Además de eso, había regresado junto a Jake de una pequeña visita al clan Olangi de las llanuras para celebrar un ritual. 

—¡Neteyam!— gritó Tuk, apresurando sus pasos para abrazar a su hermano.

El joven la recibió con una sonrisa sincera, entrando finalmente junto a Jake.

Neytiri se levantó de su lugar junto a Kiri, que había estado ayudando a preparar la cena. Del otro lado, Spider y Lo'ak pausaron su tarea de remendar las bases del techo del marui.

—Neteyam— saludó Neytiri, recostando la cabeza de su hijo levemente hacia ella—. Ma Jake.

—¿Qué tal la reunión?— preguntó Kiri, colocándose al lado de Spider, que acababa de abrazar a Neteyam.

Jake se dispuso a dejar sus monturas de ikran en el lugar respectivo de la casa mientras comentaba lo que su familia quería saber.

Neteyam, tras quitarse la diadema de jinete, miró bajo sus pestañas a Lo'ak, que había permanecido quieto en la esquina del marui, moviendo la cola con incomodidad.

—¿Qué pasa, hermanito? ¿Me extrañaste?— se burló Neteyam, extendiendo los brazos como si esperara un abrazo.

—Que bueno que volvieron— dijo Lo'ak, dando un latigazo con su cola.

—Skxwang— celebró Neteyam, encimándose sobre Lo'ak hasta sobar la cabeza del mismo, riendo.

Lo'ak no tardó en empezar a quejarse de la brusquedad de Neteyam, pero al mismo tiempo, disfrutó del momento y comenzó a darle pelea hasta que las manos se les enredaran entre sí por buscar el control sobre el otro.

Escuchando reír a su hermano mayor como tiempo antes no lo había hecho, tonteando con él por las tardes, le trajo a Lo'ak una calma y relajación que no se había dado cuenta que ignoraba.

Las risas y los movimientos, además de la fuerza que cada uno había adquirido conforme sus entrenamientos individuales, los hicieron caer pronto al suelo, enredándose las colas, chocando sus tswin y haciéndose llaves contra el otro.

Jake y Neytiri sólo miraron alarmados cuando se escuchó el golpe seco que los tiró a ambos, pero al ver que era una simple pelea tonta, perdieron el interés rápidamente y terminaron por acomodarse alrededor de la comida.

Neteyam metió las manos debajo de la espalda baja de Lo'ak mientras este trataba de alcanzar con sus piernas las caderas de Neteyam para apartarlo de encima. Sin embargo, el toque cálido de Neteyam cuando le levantó la cadera, activó en Lo'ak una serie de atenciones al tacto.

Las manos de Neteyam eran grandes. Cuatro dedos, pero firmes y gentiles al tocar algo. Cuando tomaba una flecha y la colocaba en su arco era fácil ver la elegancia que desperdiciaba en un movimiento así. Y sus brazos estaban fortalecidos por toda la actividad física que hacía todos los días hasta el anochecer. Por lo que, en comparación al cuerpo en desarrollo de Lo'ak, Neteyam ya aparentaba perfectamente lo que era: un adulto Na'vi. Joven a diferencia de sus padres, pero a final de cuentas lo suficientemente adulto como para hacer sentir seguro a cualquiera que tomara del hombro o de la cintura.

Lo'ak movió los pies, logrando colocarlos en las caderas de Neteyam, listos para empujar. Pero la posición elevada de su espalda, dejándolo con los omóplatos apoyados en el suelo, le dieron ventaja a Neteyam, que no perdió la oportunidad de dejar caer su peso ligeramente sobre Lo'ak hasta hacerlo doblar las rodillas y cernirse sobre él como un animal que había capturado a su presa.

Neteyam dejó ver sus colmillos mientras reía con una mueca de esfuerzo. Lo'ak se quedó un tanto perdido en lo diferente que el rostro de su hermano se había vuelto. ¿En qué momento parecía verdaderamente un adulto Na'vi? 

Era, por decirlo sin pensar, bastante atractivo.

El cabello de Neteyam, colgando por los costados de su rostro, le acariciaron las mejillas a Lo'ak. El calor del cuerpo de su hermano lo hizo consciente del propio. Y además, se dio cuenta de que Neteyam conservaba un olor parecido al que recordaba cuando dormían juntos en la misma hamaca.

—Qué adorable— dijo Neteyam, sonriendo encima de Lo'ak, mirando sus pupilas dilatadas.

Lo'ak gruñó por debajo, apenas pudiendo echar más fuerza en sus piernas para apartar a Neteyam de encima. 

—Ya vengan— los llamó Neytiri, sin voltear a verlos. 

Lo'ak se quitó los raspones de la espalda y de los codos con las manos, meciendo su cuerpo para tratar de apartar el calor que había nacido sólo por tener a Neteyam encima de él. 

—Yo también te extrañé— murmuró Neteyam con la intención de que sólo Lo'ak lo escuchara.

A cambio, recibió un siseo de su hermano.

 

La familia Sully comió en tranquilidad durante un rato. Escuchar de noticias sobre los pueblos vecinos era relajante ahora que las personas del cielo no habían vuelto a pisar Pandora desde que Neytiri había derrotado a Quaritch. Simplemente, la vida era buena.

Una vez tranquilos, Kiri salió seguido de Spider a recoger hortalizas en los huertos de cultivo para llevárselos a su abuela. La cercanía de ellos dos no parecía ser una novedad dado que Kiri siempre tuvo una afinidad especial con el humano que ahora se había convertido casi en un Na'vi por poder respirar y usar su tswin.

—Son muy cercanos, ¿no?— dijo Tuk, mirando a Neytiri.

Ella no respondió nada, tan sólo apartó los ojos hasta que Spider dejó de verse en las ramas de la selva. Jake, por otra parte, negó casi inmediatamente, empeñado en limpiar los utensilios que habían usado para comer.

—No me sorprendería que Spider se convirtiera finalmente en familia— dijo Neteyam cerca de su hamaca, acomodando sus pertenencias.

Neytiri movió la cola contra el suelo, golpeándolo un tanto fuerte mientras contaba las flechas que tenía disponibles.

—Cuando consigas a alguien, tráela a casa, Neteyam— dijo Tuk. En respuesta, Lo'ak le jaló una trenza con intención de molestarla—. ¡Auch!

—Quédate quieta— Tuk miró feo a Lo'ak, sabiendo que él trataba de cabrearla.

—¿Hay… hay alguien por ahí?— preguntó Jake, levantando la mirada en dirección a su primogénito.

Parecía más temeroso de escuchar un sí por respuesta que la misma Neytiri, quién tampoco estaba muy relajada tras la pregunta de su esposo.

Neteyam prolongó el silencio, haciendo que sus padres aguantaran la respiración. Lo'ak siguió haciéndole trenzas a Tuk con empeño, sin voltear a ver a Neteyam directamente. En el fondo, esperaba escuchar un «no» de Neteyam.

—Es muy pronto para tener a alguien. Ha pasado poco tiempo desde mi Unilatron.

La familia Sully volvió a respirar con tranquilidad, especialmente Lo'ak.

—No tienen por qué preocuparse— les dijo Neteyam—. Cuando esté listo, le conocerán muy bien— a su vez, volteó a ver apacible a Lo’ak, como si quisiera poner especial cuidado en sus palabras para no molestarle.

Lo’ak tronó la boca, gruñendo bajito para no evidenciar su molestia inherente. A él le daba lo mismo que Neteyam se fuera a hacer su vida con alguien más, ¿por qué preocuparse de más si él tenía cosas de las que ocuparse en su propia vida?

Sintió la mano juguetona de Neteyam tocarle la base de su tswin, por lo que Lo’ak siseó fuerte y se removió rápido para apartarse de la mano de su hermano mayor. Este sólo sonrió por la reacción de Lo’ak y siguió limpiando sus herramientas y armas para prepararlas al día siguiente.

La realidad es que Neteyam tenía a alguien en mente cada vez que sus padres tocaban el tema de las parejas. Y aunque ellos estuvieran nerviosos por descubrir el tipo de persona con la que su hijo iba a terminar formando una familia, Neteyam sabía que ese era un tema del que sus padres no deberían de preocuparse.

 

O tal vez un poco. Bastante, diría cualquiera.

 

Apostaba que sus padres preferían verlo junto a una mala mujer antes que verle tomado de la mano, haciendo tsaheylu e intentando formar una familia con nadie más ni nadie menos que Lo’ak. Su hermano.

¿Pero quién podría culparlo? Con tan sólo verlo enojado, gruñendo con esa mirada amenazante, o escuchar sus siseos repetitivos cada que se le acercaba un poco, era lo que más quería en Lo'ak; quería verlo luchar por lo que él era.

Además, conocía tan bien a Lo'ak que Neteyam podía ver que todas esas reacciones que podrían apartar a cualquier otro Na'vi eran solamente una fachada para protegerse de la constante intimidación que Neteyam significaba para él.

 

 

Cuando Neteyam usó por primera vez su arco terminado, el clan Omatikaya recibió la señal de que el más habilidoso guerrero del pueblo apenas comenzaba a alzar vuelo entre los demás.

La cena comunitaria de ese día fue exquisita. Lo'ak todavía recuerda las caras de felicidad de todo su pueblo, saboreando la carne, desgarrando con sus colmillos la consistencia de la comida.

También recordaba con vergüenza la forma en la que Neteyam le dio de comer desde su mano, literalmente. Qué horror estar bajo la mirada de algunos de sus hermanos y hermanas, siendo alimentado por la mano de Neteyam mientras este le mirara como si todavía fuera un bebé delicado.

—¿Quién es un buen cazador?— le preguntó Neteyam, sonriendo encantadoramente.

Lo'ak sólo se ocultó del rubor que le cubrió el cuerpo tras su pregunta. Neteyam parecía, en ese momento, un pequeño niño buscando la aprobación de sus padres.

—Skxwang— se quejó, pasando el bocado.

El resto de la velada tan sólo fueron pláticas comunitarias con los miembros del pueblo, con la mayoría de los adultos más jóvenes hablando sobre la cacería y las posibles amenazas a las que se enfrentaban en la selva, habiendo brotes de jaurías de nantang que acechaban muy cerca por las noches.

Lo'ak salió al día siguiente en el grupo de los jóvenes Na'vi que aún no se convertían en adultos. Todos iban montados en sus pa’li, con sus arcos a la espalda y sus flechas contadas. 

Cuando se reunió con el resto del grupo, descubrió que quienes guiarían el entrenamiento de ese día serían Neteyam y Syu’lang.

Syu’lang era una buena cazadora. Su nombre resonaba en varias conversaciones de la noche anterior cuando comentaron sobre las pistas que los nantang habían dejado.

Que estuviera liderando el grupo de los próximos en convertirse en adultos significaba una cosa: que ella era una adulta joven que acababa de realizar su Unilatron unos meses antes que Neteyam.

Sin embargo, Neteyam no se quedaba corto en comparación a Syu’lang. De hecho, la mayoría de los jóvenes Na'vi estaban seguros de que su nombre sería incluido en las canciones que cantarían para generaciones futuras del pueblo.

Tal porte, seguridad, destreza e innegable liderazgo lo volvían en una figura cercana a un Olo’eyktan perfecto. Además, si algo caracterizaba a Neteyam sobre los demás adultos de su edad, era el perfecto equilibrio en su temperamento y carácter; que combinaba la firmeza y rudeza de un guerrero con la amabilidad y protección de un buen hermano, amigo o pareja.

Neteyam se concentraba en cada encomienda que su padre le daba. Si tenía que guiar a los jóvenes en su entrenamiento, entonces se comportaba a la altura: mandaba, lideraba, corregía y acompañaba. Era entonces cuando Lo'ak se sentía más extrañado, porque su hermano (aquel que le llamaba skxwang a la mínima oportunidad mientras le acariciaba la cabeza) se convertía en la figura de autoridad más pulcra y perfecta que pudiera ver. Y por eso lo odiaba en secreto. Porque aunque Lo'ak creciera esforzándose para destacar, jamás conseguiría tal nivel de perfección que sus padres, en especial Jake, demandaban con él.

Cuando el grupo comenzó a trotar por los bosques de Pandora, las flechas de sus arcos intentaban incrustarse en los objetivos desperdigados entre los árboles. Todos, formados en una fila horizontal sobre los pa'li, esperaban la indicación de Neteyam o de Syu’lang para avanzar y disparar.

Syu'lang emitió un grito para indicar que era turno del siguiente grupo. Entre ellos, Lo'ak preparó su flecha en el arco y adoptó la mejor postura para disparar.

Al siguiente grito, las patas de su amigo comenzaron a correr a través del bosque, y Lo'ak encontró el equilibrio sobre sus piernas y pelvis para no fallar el tino. Así, avanzó con sus hermanos y hermanas, acestando tiros en los objetivos; algunas flechas mejor dirigidas que otras.

Cuando terminó de disparar y regresó la vista buscando a su hermano, lo encontró soltando risitas junto a Syu'lang, que se acomodaba el cabello con algunas hojas muertas sobre él.

Al regresar por el circuito para volver a formarse con los demás, Lo'ak escuchó parte de la conversación que parecía estar a punto de acabar.

—...Tienes una hoja— dijo Neteyam, viendo sobre la cabeza de Syu'lang.

—¿Aquí?— preguntó ella, tanteando sus trenzas.

Neteyam rió al ver que ella fallaba en encontrar al intruso. Lo'ak observó los hoyuelos del rostro de Neteyam formarse con su expresión. Incapaz de apartar la vista, vio a Neteyam extender el brazo hasta tocar la hoja seca.

—No, aquí— Neteyam tomó la hoja entre sus dedos y la mostró frente a Syu'lang, que sonrió agachando la cabeza.

—Gracias, Neteyam.

Lo'ak, a punto de dedicarse a mirar las pelusas caer, se encontró con los ojos de Neteyam, que le miraban con el mismo brillo de siempre. Aún después de haber sonreído para Syu'lang, Neteyam encontró una expresión más cálida para dedicarle a su hermano.

Lo'ak, sabiendo que esa era la sonrisa que Neteyam usaba cuando la felicidad se deslizaba sobre su rostro, emitió una mueca amigable para indicar proximidad. Levantó la mano levemente para saludar a su distancia. Como respuesta, las orejas de Neteyam se movieron y alzaron como muestra de su emoción por el simple contacto de miradas.

—Skxwang…— murmuró Lo'ak, negando levemente, todavía con su media sonrisa.

—¿Disculpa?— preguntó el hermano a su lado, que había escuchado su diatriba.

—¿Oh? ¡Nada! Lo siento, lo dije para mí. Fallé el último tiro— se excusó rápido, moviendo sus manos en señal de pasividad.

—Ah, yo también fallé tres tiros. Debo practicar más para acostumbrarme al movimiento del pa’li.

Así, la mañana y tarde se pasó con arduos entrenamientos a los que Lo'ak llevaba tiempo acostumbrándose. 

Sin embargo, fue novedad que, con el paso del tiempo, Syu'lang y Neteyam eran escogidos cada vez con más frecuencia para llevar a cabo tareas similares como salir a cazar en el mismo grupo, o recolectar frutos de la selva o entrenar a los más jóvenes.

Lo'ak notó esos cambios conforme en las mañanas Neteyam se levantaba y platicaba ocasionalmente con sus padres, mencionando en un par de ocasiones el nombre de Syu'lang entre los demás de con quienes iba a estar realizando actividades en el día.

Había cierto recelo cuando Neteyam pronunciaba el nombre de su compañera. Era como si anduviera cerca de un pantáno, esperando no caer en los charcos de lodo que dificultaban moverse y salir de ellos. Por eso, Lo'ak comenzó a creer que, no podría faltar mucho tiempo para que Neteyam encontrara un nombre para el cuidado que empleaba al hablar de su compañera.

Pero la idea no lo ponía contento. Ni siquiera cuando su hermano regresaba de sus actividades con un humor tan bueno que incluso ni siquiera se dedicaba a molestarlo siquiera un poco. La relación juguetona que habían tratado de mantener se estaba volviendo más y más ancha. 

Por las mañanas y noches, solo sentía la mano de Neteyam apoyarse en su cabeza alborotando sus trenzas; y a lo mucho, una caricia en la espalda que le enviaba corrientes eléctricas por los nervios del cuerpo.

Siempre habían miradas furtivas entre ellos; de hecho eso era de lo poco que no había cambiado. Cada vez que miraba a Neteyam, encontraba el sol de los eclipses de Pandora en ellos: hermosos, maravillosos y provocando fluorescencia a su alrededor.

Lo'ak sólo movía la cola impaciente. Esperando a que su hermano tuviera la iniciativa de tocarle con más burla para que él pudiera sisearle y convertir el pequeño saludo en una batalla amistosa donde sus cuerpos jugueteasen con el otro.

De repente, Lo'ak era consciente de lo mucho que extrañaba y anhelaba sentir el toque de Neteyam por todas partes como en esas peleas absurdas en las que rodaban por el suelo como dos pequeños niños inmaduros.

Suponía que el tiempo y la edad que ambos estaban alcanzando, los volvían menos aptos para mantener esas prácticas que algún día, sin excepción, terminarían para siempre. Aunque no creyó que sucediera tan pronto.

Lo'ak se refugió en sus deberes diarios. Volaba con su ikran, cultivaba junto a su clan, tejía marui para reparar su hogar y realizaba sus entrenamientos constantemente. Todos los días, no tenía descanso hasta pasado el eclipse.

Cuando hubo terminado de descamar los peces que los niños habían traído, Lo'ak caminó hasta los cultivos que tenía el pueblo y se dedicó a remover la tierra para encontrar algunas hortalizas y verduras.

Las sombras húmedas de la selva vibraban bajo el toque de Lo'ak, que lentamente comenzó a relajarse dentro de su tarea, tocando y recolectando; su cola se destensó y pronto se balanceaba de un lugar a otro con una calma hipnotizante. A su vez cantó una canción mientras se entretenía en su tarea. 

Una vez que Lo'ak había terminado de recolectar la comida, entregó la canasta a Tuk, que pasaba cerca y él caminó más dentro de la selva para buscar agua que beber.

Seguía silbando la melodía que antes cantaba, cuando se repente, una serie de fuertes aleteos removieron las copas de los árboles, creando sonidos filosos con el viento. Lo'ak levantó la vista para ver las sombras de las alas de los ikran y escuchar los alaridos de los adultos Na'vi que patrullaban cerca para controlar la amenaza de los nantang cerca.

No quiso prestar más atención a lo que pasaba sobre su cabeza dado que era una rutina usual para sus hermanos y hermanas. Sin embargo, Lo'ak acababa de llenar por segunda vez sus manos para tomar otra vez agua cuando, las garras de un ikran se apretaron a sus hombros.

—¡Hey!— gritó Lo'ak, moviéndose asustado entre las garras del animal— ¡Oye!

El agarre era fuerte, pero no lo suficiente como para desgarrar la piel y lastimarlo duramente. De hecho, Lo'ak no tuvo que preocuparse por mucho tiempo cuando reconoció el patrón de los colores del ikran que lo habían tomado, además de que una risa se unió al entorno cuando Lo'ak levantó la vista.

—¡Skxwang!— saludó alegremente Neteyam.

—¡Neteyam! ¿Qué haces?— preguntó Lo'ak, tratando de voltear más arriba, pero era imposible por la posición— ¡Bájame ya!

El Na'vi se deslizó ágilmente fuera de la montura de su ikran, sin deshacer el vínculo entre él y su compañero y luego extendió la mano hacia Lo'ak.

—¡Dame la mano!— gritó sonriente, sin perder la vista del frente por mucho tiempo— ¡Anda, hermanito!

Lo'ak se quejó, pero aún con ello, alcanzó a balancear su cuerpo lo suficiente para zafar uno de sus brazos y alcanzar la mano de Neteyam, que lo recibió gustoso y lo colocó enfrente de él en la montura del ikran.

 

Lo'ak se sobó tristemente los hombros para quitar la sensación de raspón que había encima de ellos. Luego regresó la vista a su hermano y encontró el rostro de Neteyam iluminado por una sonrisa eufórica.

—¿Por qué hiciste eso?— le preguntó, rompiendo el viento con su voz.

—¡Agárrate fuerte!— respondió Neteyam, sin resolver su duda.

A continuación, Neteyam colocó los brazos a los costados de Lo'ak para evitar que este cayera. Además, pegó bien su pecho a la espalda de su hermano cuando el ikran voló casi en línea recta en dirección al cielo. Lo'ak se tensó, pero aún así sintió su mano tomando alguna parte del cuerpo del ikran para tener más estabilidad. Al mismo tiempo, la cola del menor se enroscó en la cintura de Neteyam, buscando más equilibrio por el vuelo errático del ikran.

—¡Neteyam! ¡¿Qué haces?!

Su hermano se rió con encanto. Lo'ak pudo sentir las reverberaciones del pecho del chico sobre su espalda. Y de nuevo, aunque las manos le sudaran de los nervios, la sensación cálida del cuerpo de Neteyam volvía a envolverlo para brindarle una seguridad en los cielos que probablemente no tenía al no estar conectado con su ikran.

Las alas del ikran pronto se elevaron lo suficiente para que comenzara a planear sobre la selva de Pandora. El viento desde arriba era fresco en comparación al sudor que Lo'ak había estado acumulando poco a poco mientras cosechaba cosas del huerto. El sol de la tarde hacía reflejar la humedad de las hojas de los árboles como si hubieran cristales brillando cerca.

Lo'ak volteó a ver a Neteyam, encontrando en el rostro ajeno rastros de felicidad que no podía controlar. Su mirada encendida denotaba una comodidad con haber logrado un cometido que Lo'ak ignoraba completamente. Además, usando su diadema de jinete y el tocado que Neytiri había tejido para él le daban un aspecto maduro y que delataba la edad adulta con la que ahora era reconocido entre los Omatikaya.

—¿Por qué tan distraído, hermanito?— preguntó Neteyam, burlando a Lo'ak por la facilidad con la que lo había levantado del suelo— ¿No te imaginas que alguien de otra tribu puede venir y robarte así como yo?

Lo'ak bajó sus orejas con vergüenza.

—Sabía que eran ustedes haciendo su patrullaje— se excusó—. Reconocí sus gritos, y no pensé que fueras a estar entre ellos.

—Skxwang— Neteyam acarició la cabeza de Lo'ak con dulzura—. Hace mucho no volamos juntos. Pensé que un paseo, aunque fuera corto, te animaría.

—¿Y quién te dijo que estoy de mal humor?— la voz de Lo'ak de pronto se volvió más agresiva, regresando a su temperamento habitual para con su familia.

—Siempre estás tenso, hermano— susurró Neteyam, cerca de su rostro.

La cercanía entre ellos era a propósito de Neteyam. En realidad, no necesitaban estar tan juntos sobre la espalda de un ikran cuando ambos chicos estaban acostumbrados a volar sobre uno. Pero aún así, la excusa de que el jinete era sólo uno era perfecta para mantenerlos tan pegados como quisieran sin pretender que ya estaban demasiado juntos.

—¿Y qué tal tus días? Siempre llegas con algo nuevo que contar en casa— dijo Lo'ak—. Syu'lang y tus hermanos parecen estar llenos de aventuras, ¿no?

Neteyam emitió un sonido con su garganta, divertido. Le fue inevitable sacar una mueca en sus labios al entender que Lo'ak, siendo menor que él, deseaba estar entre los adultos Na'vi para salir y también ser interesante en casa.

—Pero si cada vez que te encuentro haces cosas maravillosas, Lo'ak.

Cada que Neteyam contaba algo en las cenas familiares o en las comunales, siempre estaba atento de las reacciones de Lo'ak. Él no solía ser muy expresivo o sonriente, pero sin lugar a dudas Lo'ak era alguien que sabía escuchar y entender sin juzgar de antemano. Eso no quitaba que su expresión enfurruñada desapareciera de inmediato; porque Lo'ak seguía deseando alcanzar a Neteyam y traer alegría y orgullo a sus padres y a Jake especialmente. 

—Ajá, sí— Lo'ak trató de distraerse mirando las selvas de su hogar. Luego, susurró—. Hijo perfecto.

Neteyam apenas escuchó lo que Lo'ak tenía por decir. Era algo a lo que se había acostumbrado con el tiempo, pero aquello no dejaba de dolerle incluso cuando hubiera crecido. Esa idea que Lo'ak tenía de él creaba una barrera entre ellos que tenía miedo de que terminara por separarlos y hacerlos pelear.

—Tú también eres perfecto— dijo Neteyam, recorriendo las trenzas de Lo'ak por detrás de su oreja para mirarle el rostro.

El chico, acostumbrado a mirar siempre lo contrario en él, apartó la mano de Neteyam con un movimiento suyo.

—Diselo a papá— reprochó.

Neteyam abrazó a Lo'ak, recargando su cabeza sobre el hombro de su hermano. Este, sorprendido por la vulnerabilidad de Neteyam, regresó el rostro para encontrar a Neteyam completamente acurrucado contra él.

—Papá no puede verlo porque tiene la cabeza dura— inició Neteyam, hablando bajito y con calma—. Pero tú eres hábil en todo lo que haces. Sólo no trates de imitar a nadie. Sigue tu camino por lo que tú eres, Lo'ak.

Lo dijo con tanta calma que Lo'ak comenzó a creerlo por un momento. Empezó a pensar que todas las cosas en las que había fallado era por intentar ser igual que Neteyam y demostrar un talento nato con el que no contaba al suprimir sus propias habilidades.

Neteyam hablaba por Lo'ak cuando decía que era habilidoso para muchas otras cosas. Tal vez Lo'ak estaba muy empeñado en llenar una cesta ya llena y no podía observar que había muchas otras vacías. Pero Neteyam siempre estaba pendiente de su hermanito, y podía ver que su sensibilidad y paciencia para realizar tareas meticulosas lo habían llevado a ser un buen constructor de juguetes, un gran artesano para reparar incluso el arco roto de su madre, y tan delicado para adivinar siguientes movimientos durante una caza.

—Te mostraré algo. Y quizás tú puedas ayudarme— susurró Neteyam, todavía buscando aquellos ojos que brillaban como perlas tristes.

Lo'ak no dijo nada. Se mantuvo renuente a dejar que su rostro se encontrara con el de Neteyam durante el resto del vuelo.

A final de cuentas, la caricia del viento de la tarde, más la tranquilidad que le transmitía la presencia de Neteyam rodeando su cuerpo con ambos brazos lo volvían un espécimen de emociones vulnerables.

Y odiaba admitirlo en voz alta, pero agradecía que nunca tuvo que hacerlo; siempre mantuvo en sus recónditos rincones mentales la vulnerabilidad con la que se manejaba frente a Neteyam incluso durante las bobas peleas infantiles en las que terminaban rodando por el piso.

En realidad, así como sentir ahora el cuerpo de Neteyam tras él, cada roce era como volver a ese estado de relajación donde Lo'ak podía ser él mismo. Con Neteyam no tenía que llenar expectativas, ni buscar su aprobación; Lo'ak podía cometer errores, tratar de enmendarlos e incluso disculparse, y Neteyam siempre recogía con cariño lo que su hermanito tuviera por ofrecerle. Lejos de todo lo que el mismo Lo'ak pensaba, Neteyam nunca estaba indispuesto para lo que fuera que su hermanito le pidiera. E incluso, si hacia trabajo de su memoria, Lo'ak no encontraría ni una ocasión donde Neteyam se negara a seguirlo en algo que se le ocurriera.

Y eso era lo que Neteyam más adoraba de Lo'ak: su espontaneidad. Era tan ocurrente, tan sensible e impredecible que lo mantenía atado a los nervios de poder serle útil para salvaguardar incluso su vida y su reputación. Con Lo'ak no había momento de descanso.

 

Neteyam dejó caer el vuelo de su ikran a través de las ramas más fuertes de un árbol. Con cuidado y fortaleza, ayudó a Lo'ak a bajar de la espalda del ikran para dejarlo trepar entre las ramas de los árboles hasta que poco a poco fueron encontrando la construcción pausada de un marui.

—¿Qué es esto?— preguntó Lo'ak, observando que las bases del marui no eran viejas— ¿La encontraste?

Neteyam tardó unos segundos en responder. Viendo las espaldas de Lo'ak en medio de la estructura principal del marui, encontró un panorama que ansiaba ver para siempre. Por ello, sus manos se apretaron con la vergüenza de un niño que hacía travesuras y debía confesar, al igual que su cola se balanceó con nerviosismo anticipado mientras sus orejas se inclinaban hacia atrás.

—La… la estoy construyendo— dijo finalmente.

Lo'ak volteó a mirar a Neteyam fijamente. No era una mirada de escrutinio para medir la veracidad de sus palabras, porque Neteyam nunca había hablado con mentiras. Era más bien, el vistazo que se le entrega a alguien cuando descubres que ya no está totalmente a tu alcance.

—Está cerca del árbol madre. Desde aquí se puede acceder fácilmente a las zonas de patrullaje— Neteyam señaló las direcciones con sus dedos, tratando de avanzar hasta Lo'ak entre la estructura primeriza del marui—. Se supone que los Omatikaya debemos vivir juntos, pero un lugar propio para escaparse un rato suena bien, ¿no?

Pero el otro joven pensaba hacia otras direcciones. Mientras que Neteyam intentaba justificar que la lejanía con los Omatikaya sonaba divertido y relajante, Lo'ak comenzó a pensar desde otras perspectivas.

Ellos dos, siendo hermanos que crecieron bajo la misma ala de protección y riesgo, habían formado un lazo tan profundo e íntimo que eran los primeros en enterarse de los secretos del otro. Por eso es que ahora, viendo el marui que Neteyam había empezado a construir, contenía más contexto del que Neteyam estaba planeando decir.

—Neteyam…— interrumpió Lo'ak. Neteyam dejó de hablar de los materiales que tenía pensados y se dedicó a esperar las palabras de su hermano con nervios— Este lugar…— Lo'ak ladeó la cabeza ligeramente— ¿Formarás una familia?

Al ver que Neteyam contenía la respiración como si estuviera debajo del agua, Lo'ak comprendió que había acertado. Se paseó ligeramente por la capa superficial del tejido que conformaba el piso del marui, encontrando entre las trenzas el color del suelo de la selva, y por las paredes y techo intersecciones del cielo y hojas de árboles.

—Bueno, es que…

—Lo entiendo— dijo Lo'ak, volteando hacia Neteyam, pero aún mirando los patrones de las paredes.

—¿En serio?— Neteyam esbozó una sonrisa casi de alivio.

De repente, el rostro de su hermano se volvió un tanto triste y melancólico. No era exactamente la reacción que Neteyam esperaba cuando estaba tan seguro de que Lo'ak había comprendido por qué decidió armar un marui propio.

—Estás en la edad exacta donde nuestros padres se juntaron— siguió Lo'ak, caminando lentamente, rebotando con sutileza en cada paso hasta Neteyam—. No sabía que tenías a alguien en mente durante tanto tiempo, pero con sólo llevarla a casa y que papá y mamá la vean será suficiente para que te permitan enlazarte.

—¿Qué?

Neteyam comenzaba a perderse en la diatriba de Lo'ak. 

—Sí. No sé si sea Syu'lang, pero pensé en ella porque siempre está contigo en todas partes y… además ella parece estar interesada en ti.

—Espera, espera. Lo'ak— Neteyam balanceó sus manos, como si intentara calmar el ambiente. Aunque el único sorprendido era él—. ¿Qué estás diciendo?

Lo'ak levantó la vista, viendo finalmente a Neteyam. No estaba confundido, sino más bien resignado; pero Neteyam lo escudriñaba como si hubiera dicho que la guerra estaba a la vuelta del día.

—¿Vas a enlazarte con alguien, no?

Neteyam se sintió entre una flecha y un árbol. 

—Bueno… sí, pero no con Syu'lang.

Lo'ak levantó las cejas, genuinamente sorprendido. ¿Entonces su hermano era todo un donjuán y tenía otra amante a espaldas de todos?

—¿Quién es, entonces? ¿De la tribu? ¿De otro pueblo a los que visitas con papá?

Las preguntas de Lo'ak no eran más que una tapadera a sus propios sentimientos. Pensaba que, mientras más rápido consiguiera la respuesta sobre de quién se había enamorado Neteyam, sería mejor para él. Porque sólo así, Lo'ak podría concentrarse únicamente en formar su propia vida sin desear todo el tiempo que Neteyam estuviera en cada parte de ella.

Neteyam tomó valentía de la que todo mundo estaba de acuerdo que tenía. Tan solo bastó un segundo para que su mano se colocara sobre la cabeza de Lo'ak y que sus ojos se enfocaran en los del chico con la sutileza de cuando se encuentra una maravilla rarísima.

Lo'ak frunció las cejas, aunque el gesto sólo le duró un instante hasta que Neteyam volvió a hablar.

—Tú.

 

Qué audacia había requerido.

 

Lo'ak no tardó en desencajar el rostro con sorpresa. Y Neteyam no detuvo la mirada embelesada que recorría el rostro de su hermano. 

—¿Qué? Pero, Neteyam…

—Sólo lo haré si tú me escoges— añadió Neteyam, inclinando la cabeza hasta que Lo'ak pudiera ver su coronilla y las trenzas cayendo por sus hombros.

Lo'ak no cabía en su estupor. Era como si viviera un sueño de deseos: Neteyam frente a él, diciéndole que quería ser su compañero de vida, ofreciendo un hogar en el que refugiarse y pretendiendo enlazarse permanentemente con él.

El joven Na'vi recogió el rostro de Neteyam hasta dejarlo en su altura usual. Neteyam era mucho más alto que él tanto por edad como por fisiología, pero ese hecho sólo pareció encender un llama que siempre había quemado los adentros de la cabeza de los dos Sully.

Verlo vestido como un futuro Olo’eyktan, con su diadema de jinete y despojado de su arco y flechas, hacía una visión a Lo'ak de lo que Neteyam representaba en realidad para él: un protector, un compañero de aventuras; un vínculo profundo.

Para Lo'ak no era inimaginable pensar en Neteyam junto a él en cada nueva aventura. Al contrario, la imaginación significaba un panorama igual de tranquilo y bello que estar observando los ojos ambarinos de Neteyam en esa tarde.

Y luego Lo'ak se permitió recordar su propia existencia: tan aferrada a la de Neteyam, siguiéndolo de cerca, disfrutando cada momento donde el toque del otro se volvía genuino, o donde sus voces se unían en una misma batalla. O las risas, los gruñidos y siseos que se daban al tocarse y jugar con rudeza. Las manos de Neteyam, siempre sosteniendo a Lo'ak para tranquilizarlo, o molestarlo, o acompañarlo o emocionarlo.

Lo'ak estaba esperando durante toda una vida a convertirse en un adulto entre su pueblo no sólo para brindar honor y orgullo a su familia y clan, sino para por fin estar a la altura de su hermano y ser reconocido por él. En realidad no es que Lo'ak persiguiera para superar a Neteyam, sino que buscaba serle útil a su hermano y tal vez así, no apartarse de él.

—Sabes cómo funciona esto— dijo Lo'ak sin apartar los ojos de los de Neteyam—. No puedo decir sí o no hasta que sea adulto frente al pueblo Omatikaya.

—Pero puedes decirme si estás… interesado...— contestó Neteyam audazmente, acercándose más a Lo'ak.

El muchacho no se dejó intimidar. Sacó el pecho hacia el frente y su cola comenzó a moverse con dulces balanceos detrás de él. Bajó levemente las orejas y dejó que sus ojos recorrieran lentamente el rostro de Neteyam, haciendo énfasis en cada parte que le gustaba de él; o sea, toda su cara.

—Aún no tengo voz en el clan— insistió Lo'ak, mezclando su respiración con la de Neteyam, quien a cada segundo parecía crisparse y aguantar sus deseos.

—Para mí siempre has tenido el derecho de hablar.

Lo'ak sacó el aire con una risa, negando con la cabeza. La audacia de su hermano no tenía comparación. Parecía que el tiempo, además de volverlo un adulto frente al pueblo, lo había convertido en un tanto pícaro.

—Sabemos las reglas. No podemos hacer nada sin la bendición de Eywa, o que yo sea un adulto.

Como si la misma diosa estuviera jugando con ellos, lanzando una advertencia ambigua entre ser bendecidos o juzgados por sus acciones, el viento de la selva levantó las hojas secas que caían de los árboles, y se fueron posando sobre el suelo del marui.

—Mamá y papá rompieron un compromiso ya establecido sin el permiso de nadie. Luego rodaron por el árbol de las almas y unos meses después, heme aquí— se burló Neteyam, tocando a Lo'ak por debajo de las costillas intermedias. 

Lo'ak aproximó su mano hasta el brazo de Neteyam que, fornido y dulce, le acariciaba el costado del cuerpo en una invitación que le levantaba los nervios con anticipación.

—¿En qué querías que ayudara aquí?— preguntó Lo'ak recordando lo que Neteyam había dicho antes de traerlo al marui.

Neteyam hizo una mueca pensativa, pero todo en el ambiente señalaba que sólo estaba maquinando una forma de incrementar la tensión con Lo'ak.

—A construir un hogar— comenzó, paseando los dedos de una mano hasta dejarlos posados en la cabeza de Lo'ak, como acostumbraba—... conmigo.

—No puedo serte de ayuda— atacó Lo'ak, dejándose llevar por los toques de Neteyam—. No hasta que complete mi Unilatron.

Neteyam parecía estar a punto de bufar. Sus ojos entrecerrados captaban los juegos mentales de Lo'ak, pero su temple y posición que le daba el título de hermano mayor debería de funcionar contra Lo'ak si es que pretendía jugar con él.

Con una sonrisa pícara, Neteyam bajó su otra mano a la cadera de Lo'ak. Fuerte y seguro, movió la mano que estaba en la cabeza hasta la nuca, inclinando levemente el rostro de Lo'ak hacia arriba. Lo'ak entreabrió los labios como un acto reflejo, pero Neteyam no perdió oportunidad y pronto se acercó hasta sentir el pecho de su hermano en el propio. A través de la piel, podía sentir el ritmo del corazón de Lo'ak latiendo con desenfreno. 

Lo'ak recorrió el brazo de Neteyam hasta poner sus dedos sobre el codo contrario. Su otro brazo tan sólo marcó una mínima distancia entre sus cuerpos. Sintió como la emoción le recorría el cuerpo y le hacia cosquillas en los dedos.

—Eres muy apegado a las reglas, hermanito— susurró Neteyam, trazando círculos cada vez más grandes en la cadera de Lo'ak hasta que poco a poco su brazo iba viajando en dirección a la espalda baja—. Te recordaba mucho menos preocupado por las consecuencias, skxwang.

La última palabra determinó que Neteyam abrazara con un solo brazo la espalda baja de Lo'ak. El repentino acercamiento más allá de sus pectorales hizo percibir a Lo'ak una leve caricia rozando su tewng que le aceleró el corazón un poco más. 

Esto sí tendría consecuencias en nuestras vidas— respondió Lo'ak.

Aunque él no lo percibiera, su tono de voz era meramente una tentación para Neteyam. Además, estando tan cerca de Lo'ak, sintiendo que lo único que los separaba era tan solo el juego y también sus ropas sencillas, su mente lo llevaba a pensar en muchas imágenes dispersas que no terminaba de tomar forma, pero jugaban con tanto poder en él que bastaría con dejar escuchar sus instintos para guiar su cuerpo.

—Tomaré las repercusiones con gusto— dijo Neteyam, jugando con sus dedos sobre los nudos del tewng de su hermanito.

Lo'ak sintió las intenciones de Neteyam escalando de nivel hasta rozar con lo prohibido que el clan Omatikaya establecía entre sus miembros. El aire de la tarde lo acarició por la base de su cola, que se alzaba lentamente, incitando al adulto junto a él y causándole escalofríos a Lo'ak a su vez. La mano de Neteyam sobre su espalda baja se aseguró de mantenerlos tan juntos que parecía que ambos Na'vi se convertirían en uno. Sus propios tswin se buscaban, removiendo sus nervios como si tuvieran insectos caminando por sus espaldas y nucas.

—Yo…— balbuceó Lo'ak, embelesado por las sensaciones que estaba experimentando.

Además de que el simple hecho de sentir el calor de alguien más sobre su piel significaba ya un interruptor para sus respuestas, el dato de que estuviera rozando los límites de las reglas, de lo permitido y de lo prohibido al lado de Neteyam significaba más la excitación que escalaba desde la base de sus pies hasta acumularse en su vientre y sus partes íntimas, que se rozaban tentadoramente con las de Neteyam a través de su ropa.

En un movimiento audaz, Lo'ak acarició con sus dedos la trenza del tswin de Neteyam. El cabello ligeramente más grueso y poroso que el del resto de su cabeza, entrelazado con la red neuronal que se exponía a la selva de Pandora; todo se alertó cuando Lo'ak se aproximó hasta las fibras nerviosas que se asomaban por la punta del tswin, estremeciendo a Neteyam en el camino de sus acciones.

—Lo’ak— aunque intentó gruñir y sonar amenazante, el tono de voz de Neteyam se había parecido mucho más al quejido de una criatura que busca compasión.

Lentamente, los labios entreabiertos de Lo'ak se aproximaron hasta los de Neteyam, que entrecerró los ojos con expectativa, preparándose para descubrir la suavidad que Lo'ak tenía para él. Sin embargo, el beso nunca llegó, y en su lugar, Lo'ak sólo sonrió con suficiencia, alejando su aliento cálido del otro.

—No puedo decir nada— dijo, y tan pronto como lo soltó, se zafó del agarre de Neteyam y caminó por el suelo del marui meneando su cola.

Neteyam comprendió qué juego estaba jugando Lo'ak. Sus manos todavía buscaban el fantasma de la piel de Lo'ak, que había estado tan cerca suyo que creyó que podía fusionarse en su ser. Además, cada centímetro de su cuerpo estaba a la expectativa, esperando para saltar encima de una presa y cubrirse de su calor para empaparse en él.

Pronto, Lo'ak se encontraba en el suelo de la selva, caminando rumbo al árbol madre de los Omatikaya. Sonreía, pues finalmente tenía bajo su mano lo que quería: a Neteyam. Y podía oírlo bajar del árbol donde estaba construyendo el marui y caminar tras él con pasos pesados y la frustración emanando de su piel.

Neteyam nunca perdía una presa en la cacería, pero viendo que su objetivo era su hermano menor, tal vez las cosas cambiarían drásticamente. Porque Lo'ak caminaba sabiendo que lo tenía en la palma de su mano, y se movía a un ritmo lento que sólo hacía a Neteyam recordar la suavidad de su piel y lo sensible que Lo'ak podía volverse con estar los dos tan cerca.

—Hasta que sea una adulto, podré responderte— se burló Lo'ak, caminando al frente de Neteyam sin molestarse en esperarlo o voltearlo a ver.

Caminaba con porte orgulloso, como si acabara de recibir un elogio de parte de toda la aldea. Sus manos y brazos se balanceaban al ritmo de su cola, y su cintura sucumbía a los pasos de sus piernas largas.

—Hermanito…— murmuró Neteyam— Al menos dime que te intereso.

—Un joven no tiene mucha importancia por lo que crea— respondió Lo'ak, expresando ironía—. Hasta que mi pueblo me reconozca, podré tal vez tomar una decisión definitiva.

Neteyam suspiró rodando los ojos. Tenía ganas de tomar esa colita azul, tirar de ella y hacer girar a Lo'ak en su dirección. Las intenciones de tirarse con él en el suelo y rodar hasta que alguno tuviera el control del otro lo llamaban en sus instintos. Y sólo así, tal vez, podría por fin convertirse en una parte de alguien a quien siempre había pertenecido.

Pero Lo'ak era testarudo y cabezota. Ahora que era consciente del poder que podría ejercer sobre Neteyam a causa de sus sentimientos, no perdería la oportunidad para sacar de sus casillas a su hermano mayor. A ese hijo perfecto, a ese soldadito perfecto.

Y a Neteyam le encantaba la idea; le encantaba que Lo'ak siempre fuera tan difícil de tranquilizar y hacer cambiar de opinión. Si fuera fácil, seguramente ya estarían a punto de tratar de engendrar bebés dentro del marui austero del árbol pasado.

Sin embargo ahí estaban, regresando a la aldea con la excitación frustrada creando tensión entre ellos.

Neteyam no iba a dejarse vencer. Si había algo que lo caracterizaba, era su capacidad de paciencia y tolerancia. Y por desgracia, Lo'ak no gozaba exactamente de esas dos virtudes.

Tan sólo bastaba imaginar las opciones que tenía para poder poner a prueba la decisión de su hermanito sobre no dar una respuesta hasta que realizara su Unilatron.

El Na'vi adulto sonrió con una mezcla entre ingenio y seguridad, aceptando el reto silencioso de Lo'ak: perseguir y conseguir.

 

Lo'ak no tenía idea de lo que le esperaba.

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