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Rebel Heart

Summary:

Dos corazones unidos por... ¿El destino? ¿Ellas mismas? ¿Su mismísimo Dios? Aquello a las dueñas de dichos corazones no se les pasaba por la cabeza, tampoco las monjas que las custodiaban a ellas y a cientos de niñas más en aquel monasterio adaptado para que todas esas chicas pudieran tener una educación estricta, donde no podían salir salvo en casos excepcionales.
Aunque el resto de sus compañeras sí que eran curiosas y tenían el ojo echado en cada detalle, y sí que parecían tener esa cuestión: ¿por qué se estaban uniendo esos dos corazones si no tiene sentido que se puedan unir?

Chapter 1: Un día más

Chapter Text

La primera campana había sonado y todas las chicas estaban levantándose y haciendo su propia cama, todo en completo silencio por estar recién despiertas. Pero todo ese silencio no iba a tardar en desaparecer cuando varias empezaron a hablar sobre lo cansadas que estaban y que no querían ir a clase.

Ese también era el momento donde se ponían a criticar a los profesores o a otras compañeras que no estuvieran en aquel salón lleno de camas y armarios pertenecientes a cada una de las quince que convivían allí.

Bae decidió no intervenir, simplemente escuchar las voces de fondo mientras se arreglaba y adecentaba tanto el armario como la cama con calma. También arregló el interior de su mochila acorde al día que era: miércoles, un día lleno de asignaturas.

Cuando estuvo preparada, miró al resto de la sala, una parte de las chicas estaban también preparadas mientras que las más parlanchinas eran las que más tardaban y, por ende, las que siempre recibían algún regaño por parte de las Hermanas.

A través de su espejo vio a Sullyon mirarse a sí misma al espejo, viendo cómo le quedaba el uniforme y observando con detenimiento el movimiento que hacía su falda mientras giraba. Bae no pudo evitar sonreír en silencio, olvidando al resto de su alrededor porque le pareció adorable el acto de su amiga, su existencia entera y su personalidad era solo pureza.

Ambas pegaron un brinco y miraron al mismo lado, donde se abrieron las puertas metálicas de golpe. Dos monjas se postraban en el vacío que dejaron las puertas y empezaron a caminar con lentitud cuando todas las chicas ya preparadas se posicionaron delante de sus camas.

Bae las miraba fijamente mientras miraban con desdén a la que seguía vistiéndose con rapidez, con la esperanza de haber llegado a tiempo a posicionarse cuando la monja pasara por su lado. Al resto las miraban con seriedad porque no habían hecho nada extraordinario sino lo que siempre debían hacer a esa hora.

-Hoy, a las que no han terminado de prepararse a tiempo, no almorzarán y se quedarán rezando en la capilla hasta que entiendan que Dios no quiere que perdamos tiempo -anunció la monja mayor, la otra parecía haber entrado al convento hacía poco y seguía a la otra mujer pegada, aprendiendo el nuevo lugar.

A esa mujer le gustaba mucho hablar y hacer recordatorios para ver quién era culpable, pero Sullyon siempre decía que podía ser una mandada de Dios para castigar a quienes pecaban y a poner orden en el mundo. Y Bae no estaba para nada de acuerdo con eso, aunque no le dijo nada al respecto a la chica tan bondadosa, al igual que tampoco se quejó porque todas recordaban perfectamente ese recordatorio que siempre salía de la misma boca a la misma hora todos los días.

Por supuesto, ninguna de las chicas dijo nada al respecto ni siquiera segundos después de que las dos monjas se retiraran. Bae simplemente miró a su alrededor para descubrir que Jiwoo, en frente suya estaba terminando de peinarse haciendo un puchero en silencio, y Bae antes de salir al comedor, la ayudó a hacer la cama.

-Gracias -murmuró.

-No te preocupes, ahora come bastante y luego veremos las chicas si te podemos guardar algo -respondió Sullyon en voz baja, como si alguien pudiera escucharlas con la idea de incumplir las normas en la punta de los labios.

Las tres salieron con rapidez cuando terminaron y, uniéndose a la marabunta de alumnas, entraron al comedor y se sentaron en una mesa que estuviera completamente libre. Bae decidió quedarse para guardar el sitio de todas las del grupo, mientras que Jiwoo y Sullyon iban a por las bandejas de comida, a la vez que esperaban al resto de sus amigas.

Vio de lejos a Haewon y detrás de ella tanto a Lily como a Kyujin hacerle un gesto e ir también a por las bandejas con rapidez. La primera en llegar a la mesa para que pudiera ir Bae a por su desayuno fue Sullyon, la cual le brindó una sonrisa de agradecimiento justo antes de que Bae saliera casi corriendo a ponerse en la cola. De reojo, vio a Jiwoo recogiendo las mochilas de las tres chicas que faltaban para colocarlas en la mesa con rapidez.

Bae no pudo evitar sonreír mientras llegaba su turno para pillar la bandeja y llenarla de comida, le parecía bastante tierna la rapidez de todas que, encima, funcionaba a la perfección y eran el equipo perfecto al menos para pillar mesa y que las seis pudieran comer.

Fue la última que se sentó, pero todas empezaron a comer a la vez, algunas con más ganas que otras, pero el resto de chicas esperó a la de cabello corto para comer todas juntas.

-Un día más de clase -murmuró Haewon que estaba dándole vueltas a la comida sin tener hambre.

-Come, que luego te da hambre -ordenó Lily con un tono suave al lado de Haewon, pero Bae no pudo evitar mirar a Jiwoo que estaba comiendo en completo silencio. Las únicas que se dieron cuenta fueron tanto Sullyon como ella, porque se miraron la una a la otra.

También eran las únicas que sabían que al mediodía no iba a comer nada y se pasaría toda la mañana y la tarde sin comer apenas.

-Hoy no voy a comer con vosotras, no me he arreglado a tiempo -murmuró Kyujin llamando la atención de toda la mesa.

-Entonces vais a estar las cuatro solas esta vez... -añadió Jiwoo mirando al resto que iban a comer. Pero Bae pudo ver incluso un poco de brillo en los ojos de la que acababa de hablar, quizás porque no estaría rezando a solas en la capilla del convento y tendría a alguien al lado que le hiciera compañía y que no llenara huecos vacíos como si fueran maniquíes.

-Bueno, pero no pasa nada. Comeremos rápido e intentaremos guardaros comida por si os da hambre luego -respondió Lily por todas, haciendo que las dos chicas sonrieran por la intención que iban a tener todas.

Cuando terminaron de comer y abandonaron los comedores, cada una se dirigió a su clase hasta que se volvieran a encontrar en los descansos o en alguna clase.