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ASHES AND BLOOD

Summary:

Obito lo arrebató de su mundo y lo encerró en el suyo. Años de encierro, hijos nacidos entre cadenas y un amor que jamás pidió, convirtieron la vida de Kakashi en una lucha constante por escapar. Pero cada intento terminaba en fracaso.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: CAPÍTULO 1

Chapter Text

La lluvia golpeaba los tejados de Konoha con furia implacable, arrastrando consigo el hedor a tierra mojada y metal oxidado. En una de las pequeñas casas del distrito Jōnin, Kakashi Hatake se dejaba caer sobre su futón con el uniforme aún puesto, la máscara húmeda pegada a su rostro. Su cuerpo estaba exhausto, pero su mente no conocía descanso.

 

No podía permitirse dormir.

 

No cuando cada vez que cerraba los ojos, la veía.

 

Rin.

 

Su silueta menuda bajo la luz mortecina del atardecer, su sangre tibia escurriendo por sus dedos, su expresión de dolor mezclada con un alivio que lo hacía enfermar.

 

El peso de su kunai todavía estaba en sus manos, aún después de todos estos años.

 

Un golpe seco en la ventana lo sacó de su ensimismamiento.

 

Kakashi se giró bruscamente, pero cuando miró, solo vio su propio reflejo en el vidrio empañado. Suspiró. Quizás solo había sido el viento… o quizás su propia culpa que se manifestaba de formas cada vez más retorcidas.

 

Se dejó caer de espaldas en el futón, mirando el techo. El dolor de cabeza punzante no cesaba, igual que la sensación de que alguien lo observaba.

 

Y tenía razón.

 

Desde las sombras de la aldea, un par de ojos rojos y furiosos lo seguían.

 

Obito Uchiha llevaba años planeando este momento. Años esperando el instante en que Kakashi bajara la guardia, en que su miseria fuera lo suficientemente profunda como para saborear su destrucción.

 

Porque Obito no solo quería matarlo.

 

No.

 

Eso sería demasiado fácil.

 

Lo quería romper. Hacer que sintiera, al menos por un instante, el vacío insoportable que él sentía.

 

Hacer que deseara estar muerto.

 

Obito sonrió bajo su máscara mientras se deslizaba entre las sombras, acercándose a su presa con paciencia.

 

Kakashi aún no lo sabía, pero su sufrimiento apenas comenzaba.

La lluvia caía en un hilo constante, mojándole el cabello a través de la capucha mientras caminaba por una de las calles más solitarias del distrito Jōnin. La misión había sido corta, pero el cansancio se le pegaba a los huesos.

 

Su único deseo era llegar a casa, quitarse la máscara y dormir unas horas.

 

Un ruido seco, como madera astillándose, lo hizo girar. Nada. Solo sombras.

 

Siguió caminando, aunque su mano ya descansaba sobre el kunai en el bolsillo.

 

El silencio se volvió denso, casi físico, y antes de que pudiera dar un paso más… algo lo golpeó por la espalda con fuerza brutal. El aire se le escapó de los pulmones.

 

No alcanzó a ver nada.

 

Un segundo después, un hilo afilado le cortó la piel del cuello y una sustancia fría se filtró en su torrente sanguíneo. La vista se le nubló de inmediato.

 

Escuchó un susurro. Bajo, áspero, irreconocible.

 

No entendió las palabras, pero el tono estaba impregnado de algo oscuro… algo personal.

 

Trató de girarse, de al menos ver el rostro de su atacante, pero sus piernas cedieron.

 

El suelo desapareció bajo él, y en la última fracción de conciencia, sintió que lo levantaban como si no pesara nada.

 

Luego, oscuridad total.

 

Kakashi despertó con un dolor punzante en la cabeza. El aire estaba frío y denso, impregnado con el olor metálico de la humedad y la sangre seca.

 

Intentó moverse, pero algo lo mantenía inmóvil. Sus muñecas estaban atadas con gruesas cuerdas impregnadas de un chakra oscuro y denso, restringiendo cualquier intento de liberarse.

 

—Finalmente despertaste.

 

Esa voz.

 

No podía ser.

 

Kakashi levantó la cabeza con esfuerzo, y entonces lo vio.

 

Una figura se materializó desde las sombras, el sonido de sus pisadas resonando con una calma inquietante. Su silueta estaba cubierta con un manto negro y rojo, su rostro oculto tras una máscara agrietada.

 

Pero esos ojos…

 

Esos ojos lo quemaron más que cualquier herida.

 

—…Obito… —la palabra salió de su boca como un susurro ahogado.

 

El hombre se quitó la máscara lentamente, dejando al descubierto un rostro marcado por cicatrices, pero con una mirada que ardía con un odio absoluto.

 

—Te sorprende verme, ¿no? —Obito sonrió, pero no había alegría en su expresión, solo un resentimiento feroz—Después de todo, morí aquel día, ¿no es cierto?

 

Kakashi sintió un escalofrío recorrer su espalda.

 

Esto no era real.

 

Esto no podía ser real.

 

—Tú… tú estabas muerto…

 

—¿Muerto? —Obito rió con amargura—Sí, supongo que lo estaba. Pero tú te aseguraste de matarme del todo cuando asesinaste a Rin.

 

El silencio se volvió opresivo. Kakashi sintió un nudo en la garganta, pero no apartó la mirada.

 

—No la maté. Ella se lanzó contra mi kunai.

 

Un sonido seco resonó en la habitación. Kakashi apenas sintió el golpe hasta que su cabeza giró violentamente hacia un lado. Un ardor punzante se extendió por su mejilla, y el sabor a hierro inundó su boca.

 

—¿Crees que me importa lo que tengas que decir? —Obito lo sujetó del cabello, obligándolo a mirarlo—Ella está muerta. Eso es todo lo que importa.

 

Kakashi respiró con dificultad, sintiendo la presión de la mano de Obito en su cabeza.

 

—Fue su decisión… —murmuró.

 

Otro golpe. Más fuerte esta vez. Kakashi sintió la sangre gotear por su barbilla, su cabeza palpitaba por el impacto.

 

—¡Cállate! —rugió Obito, sus ojos rojos brillando con furia—No te atrevas a decir que fue su decisión. Rin nunca habría querido morir si no fuera por ti.

 

Kakashi cerró los ojos por un momento. La culpa lo sofocaba como una segunda piel, pero no se permitiría ceder ante el odio de Obito.

 

—Si todo esto es para hacerme pagar, hazlo… pero no deshonres su sacrificio.

 

Obito soltó una carcajada áspera y se alejó, cruzando los brazos mientras lo observaba con desprecio.

 

—Oh, no te preocupes. Te haré pagar, pero no de la manera en que esperas.

 

De pronto, Kakashi sintió algo recorrer su cuerpo. Un escalofrío helado se apoderó de él cuando notó los sellos de chakra brillando débilmente en sus muñecas y torso.

 

Intentó reunir chakra, pero fue inútil. Era como si un peso invisible lo suprimiera desde adentro.

 

—¿Qué… qué hiciste?

 

—Sellé tu chakra —dijo Obito con tranquilidad—No quiero que intentes escapar tan fácilmente.

 

Kakashi sintió su estómago hundirse.

 

Estaba atrapado.

 

Y Obito apenas estaba comenzando.

Notes:

Historia oscura de obito y Kakashi espero que la disfruten