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Fandom:
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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-04
Completed:
2026-02-12
Words:
3,102
Chapters:
4/4
Comments:
2
Kudos:
22
Hits:
404

Amar es la forma de maldecir mas pura

Summary:

Satoru le mencionó algo de pasada a Shoko antes de ir a Shibuya, no era nada importante, solo quería contarlo... Después de años

Notes:

Tenía esta idea en la cabeza, tengo muchas, pero me propuse largarlas y ponerlas aquí cuando las tuviera y no posponer y posponer, tendrá tres partes, esta es una, las demás la iré subiendo en la semana

Chapter Text

Ir a exorcizar maldiciones no es el gafe del oficio, después de todo era una hechicera de primer grado, ni menos que el área circundante sea en un pueblo abandonado en medio del campo, al menos había ido acompañada. Lo único malo de toda esta misión era haber ido con Satoru Gojo.
No la dejó en paz en el tren que los llevaría a destino, en el vehículo que los llevaría al hotel ni tampoco en el hotel. Era un fastidio y una especie de prueba de fe a sus crispados nervios. Muy posiblemente le saldrían canas impolutamente blancas sobre su lacio y cuidado cabello negro si seguía respirando el mismo aire junto a Gojo. Pero debían hacer esta misión juntos.
Recolectar información, hacer un informe, categorizar a la supuesta maldición y exorcizarla. Entonces, ¿Para que demonios le habían dicho a ella que fuera? Porque en aquel pueblo de ancianos y niños no entenderían las vibras de Gojo y la Sede de Tokio no estaba dispuesta a perder un dineral por culpa de la bocota del peliblanco, en otras palabras, Utahime Iori había ido para conversar de los detalles con los superiores de aquel pintoresco pueblo.
No lo soportaba mas.
Sus lloriqueos brotaban de sus ojos cafés, intentando secarse los ojos con las mangas de su miko blanco húmedo por estar hace minutos llorando, con su otra mano libre sostenía su celular hablando por teléfono con la única persona creía que le escucharía a esas alturas de la noche. Sentada en el suelo, con las piernas pegadas al pecho, escondida detrás de la cama, era un desastre su aspecto, ya no se veía como una mujer de 25 años madura y fuerte con su impecable atuendo de sacerdotisa, ahora sus cabellos desordenados, su moño blanco torcido, un tajo a la altura de la rodilla derecha en su ropa indicaban otra cosa; era un muñeco maltrecho.
– Ya no aguanto esto, quiero irme. – balbuceó una vez mas frotando sus ojos, odiaba sentirse tan débil.
– Ya Utahime-sempai… – se escuchó del otro lado de la línea. – Él es asi, no te lo tomes personal.
– ¡Dime a quién mas molesta como a mi! – gritó exacerbada, bajando la mirada a la altura donde se veía su rodilla magullada.
– Bueno. – la voz se silenció un momento, seguramente haciendo una lista mental en la mente. – No sabría decirte ahora, pero no te preocupes, en dos días terminará la misión, regresarás e iremos a tomar cerveza a un bar, ¿Que dices?
Sonaba una idea fantástica, sincera de parte de la joven médico, Shoko era una excelente amiga de Utahime, pero también de Satoru. Los dos siempre lograban ponerla en medio y ella debía mediar la situación. De hecho, asumía que ella le había llamado para que justamente regañara a Satoru y por el otro… Asumía que Utahime había estado bebiendo de mas para olvidarse de los malos ratos. La pelinegra no responde, simplemente se queda en silencio, respirando forzosamente conteniendo las lágrimas inútilmente. Shoko lo entendió sin necesidad de palabras, iba a hacer todo lo posible para aminorar la carga de su sempai. Pero nunca llegó a decir sus palabras.
– ¿Que soy para Satoru Gojo?
Aquella pregunta cayó de repente, seca, distante y directa. Utahime la había estado reprimiendo desde hace años y ahora la había soltado de la nada misma. Era el peso de la tristeza, el enojo y la frustración, años de sentirse débil por nada, de pensar que había algo mal en ella, de que había nacido para ser un juguete desechable.
Shoko lo sabía o mas bien lo intuía, sin embargo, no le respondió; no le correspondía a ella ese trabajo. Utahime escuchó un soplo del otro lado de la línea posiblemente su amiga estuviese fumando mientras escuchaba sus desvaríos de borracha.
– Olvídalo. – se aclaró rápidamente, secándose por última vez las lágrimas, tragando saliva, apoyando el mentón sobre sus rodillas.
– Sabes… no tengo sueño, me tomé una taza enorme de café, podemos hablar toda la noche. – la voz de Shoko sonaba maternal y tan suave, era lo menos que podía hacer por su amiga desde la distancia.