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Manuel leía los comentarios que le dejaban los seguidores en el live, todos preguntaban por los otros dos.
— Santigo se fue a un cumpleaños de una prima o sobrina, y bueno moski esta con fiebre.
Pasaron dos horas y se despidió con los seguidores. Él ojiverde se dispuso a pararse para ir a la habitación del rubio, camino a pasos lentes hasta quedar al frente de la puerta de la habitación de moski, toco la puerta dos veces y cuando iba a tocar por tercera vez escucho un flojo "pasa".
— Moski, ¿te sentis mejor? – sabía que la respuesta era no.
Lautaro simplemente nego con la cabeza tenía hasta flojera de hablar. Manuel se sentó en la orilla de la cama del rubio.
— ¿Puedo acostarme a tu lado? – no hubo respuesta, miro a su amigo y vio que se quedó dormido — Moski. – tapo a moski y decidió irse a su habitación a dormir ya que también estaba cansado.
Luego de unas horas Manuel se levantó, miro que había una colcha tapándolo, sabía que era moski, ya que era la colcha de él, sentía que estaba siendo abrazado por él rubio.
— Manuu. – lo llamo él rubio.
— Sí, moski, decime.
No hubo respuesta, pero sintió cómo su amigo se comenzó a revolver bajo la colcha.
— ¿Querés algo? – otra vez no hubo respuesta, pero su amigo se movió nuevamente bajo la colcha – ¿Qué querés?
— Agua, mucha agua.
Manuel se iba a mover para levantarse pero su remera fue sujetada por su amigo.
— Lauti, tengo que ir por agua. – no hubo respuesta alguna pero escucho un sollozo, se asusto y rápidamente levantó la cocha, moski estaba rojo y con los ojos lleno de lágrimas – Lauti, no llores. – se acostó para abrazarlo al rubio.
Lautaro solo hipaba, sus ojos estaban cristalizados.
— Ya, ya lauti, ya va a pasar. – él morocho pego el cuerpo del rubio más hacia el suyo.
— Manuu. – las palabras del rubio blanquito salían con flojera.
— Decime.
— Quiero besitos. – él blanquito miro a su amigo, sus miradas estaban conectadas.
— ¿Eh? – él morocho lo miro confundido — ¿Realmente me estás pidiendo eso?
Lautaro asistió con la cabeza. Manuel miraba esos ojos cafes llenos de lágrimas, paso su dedo para sacar esas lágrimas, miro los labios rosas del blanquito, su dedo paso a los labios de este, acercó su rostro para dejar su pequeño beso.
— Listo. – dijo el ojiverde.
— Más... porfavor más. – acercó su rostro para dejar un beso sobre los labios del ojiverde.
Manuel estaba confundido, asi que aparto su rostro para mirar fijamente al rubio, este no lo miraba, miraba sus labios.
— ¿Así te vas a curar? – vio como él más bajito asistía con la cabeza — Entonces... querés más? – él rubio nuevamente asistió con la cabeza.
Manuel esta vez decidió besar los cachetes del rubio un montón de veces, provocando pequeñas risas por parte del rubio, en un momento su labio chocaron los labios rosas de su amigo, miro otra vez estos labios, pensó.
— Te quiero, lauti. – beso a su amigo, subió a su amigo arriba de él para besarlo más bien, el beso se profundizó más, las manos del blanquito acariciaba el cabello negro de su amigo.
Manuel tenía las manos en la cintura del rubio, el beso no era uno de lujuria, era un beso cargado de amor, luego de unos minutos finalmente se apartaron del los labios contrarios.
— Te quiero mucho, manu. – los labios del rubio estaban rojos de tanto besar al ojiverde.
— Yo también. – acarició la espalda del blanquito — Mucho más para ser sincero. – beso la punta de la nariz del rubio.
— Mentira, yo te quiero mucho más. – beso la frente del morocho.
— Si vos lo decis... – dejo mucho beso en la mejilla izquierda del rubio provocado risas — Pero sabes que yo te quiero mucho, mucho más, muchísimo más. – beso la mejilla derecha del rubio dejando muchos besos.
Lautaro se reía como si no hubiera un mañana, Manuel disfrutaba de esa hermosa risa.
Luego de unos minutos los besos seguía siendo recibidos en el rostro del rubio. Manuel le repetía lo bonito que era mientras le daba pequeños besos en las dos mejillas del rubio.
Lautaro disfrutaba de este trato, era lo más hermoso que pudo recibir, su corazón latía cada vez que era besado por él más alto, su estómago estaba lleno de mariposa, si asi era como iba a ser tratado estando con fiebre quería tener la fiebre por varios días.
Manuel paso su mano para peinar el cabello rubio, una vez que termino lo miro a los ojos, Lautaro era él chico más hermoso que sus ojos podían ver. Él ojiverde paso su mano por el rostro del blanquito para acariciarlo, la piel del más bajo era suave, cómo un algodón de azúcar, a él le gustaba los algodón de azúcar.
— Me gustan el color de tus ojos. – dijo el más bajito.
— Gracias. – dejo ambas mejillas del rubio.
— Me gusta todo de vos. – él más bajito beso los labios contrarios. Manuel acarició la pequeña cintura del rubio.
Sus frentes estaban apoyadas, él ojiverde miraba esos hermosos labios, él blanquito miraba esos hermosos ojos.
Ambos estuvieron dejándose besos hasta que cayeron dormidos, no sabían que era hora, solo disfrutaban esos besos en los rostros. Esa noche la luna fue testigo de esos besos inocentes por parte del morocho y del blanquito.
Él ojiverde estaba abrazado de la cintura del rubio, estaban de cucharita, él morocho se durmió besando el cuello del blanquito, deseaba que esto pasara de nuevo.
Ya era de mañana, él morocho escucho ruido en la cocina, era baulo, se iba a levantar pero se sentía mal, su cuerpo estaba caliente, su rostro ardía en fiebre, se olvido por completo que moski estaba con fiebre. Él morocho se iba a largar a llorar pero vio a excusa perfecta para hacer lo mismo que anoche.
— Lauti, lauti. – llamo a un dormido Lautaro.
Él rubio se movió para quedar frente a frente con él ojiverde.
— ¿Sí? – pregunto mientras abría su ojo.
— Me sintió muy mal... mal. – él morocho estaba sensible.
— Perdón... debe ser que te contiage... perdón, manu.
— Me voy a curar si me das besitos.
Lautaro lo miro con una sonrisa en los labios.
— Bueno, prepárate porque vas a tener todos los besos. – lautaro se acercó al rostro contrario para dejar un pequeño beso en la frente del morocho.
— Más... más. – él morocho acercó su rostro para dejar besos en ambas mejillas del rubio.
Lautaro se reía, estaba contento con que nuevamente se estuviera dando besos con él morocho. Él rubio dejo muchos besos en ambas mejillas del ojiverde, cada vez que dejaba besos así un sonido típico de los besos de caricaturas.
— Te amo, lauti.
— Yo también te amo. – beso la punta de la nariz del morocho.
— Yo te amo mucho más, muchísimo. – se rió el ojiverde.
— No, no, no. — beso muchas veces la frente del más alto — Yo te amo mucho más, muchísimo, muchísimo más. – está vez su labios se conectaron en un romántico beso.
Él corazón de Manuel estaba por salirse de su pecho, escuchar esas hermosas palabras aceleraba su corazón.
— Te amo. – dijeron al mismo tiempo. Ambos se miraron con asombro y se mataron de risas los dos.
Así estuviera un buen tiempo, dejándose besos por todo el rostro, las risas no faltaban, sus manos estaban entrelazadas, estaban felices, pero tristes porque seguía con la fiebre, nuevamente se durmieron de cucharita, él ojiverde abrazando al blanquito por la cintura, pero esta vez olía el cabello rubio.
En la puerta estaba un Santiago riéndose despacio, sabía que algún dia estos dos harían algo así, tomo una foto con su celular y cerró lentamente la puerta.
