Chapter Text
Tanselle suelta un grito dolorido cuándo el príncipe monstruoso rompe sus dedos uno por uno.
Todo sucedió tan rápido. En un momento estaba ofreciendo el final de su obra, y al siguiente Tanselle estaba de rodillas en el piso gritando por piedad. Tanselle pensaba que iba a morir, hizo enojar a un miembro de la realeza y ahora estaba pagando el precio. Pensó que, después de sus dedos, su cuello sería lo siguiente en romperse, hasta que por supuesto, apareció ese muchacho alto que le había encargado pintar su escudo.
Duncan, así se llamaba, recuerda en medio del dolor. Duncan había detenido al príncipe, observa con horror Tanselle. Había detenido al príncipe con golpes despiadados, sacando sangre real. Ahora todos estaban condenados. Estúpido Duncan, se sacrificó por una chica que no conoce y ahora le quitarán todos los dientes, después sin duda lo matarán. Cuatro Capas Blancas lo tienen inmovilizado, van a destrozarle la cara y después continuarán con ella.
Tanselle pensó que ese sería el fin hasta que apareció ella.
Lo primero que ve es el cabello lunar reflejando la luz de las antorchas y velas, luego el vestido blanco con un dragón dorado cosido alrededor de sus hombros expuestos.
Jocelyn Targaryen, la hija mayor del príncipe Maekar, la Princesa de los Humildes. La multitud que está reunida frente a su carpa se aparta para dejarla entrar, la princesa junto con sus damas de compañía, cinco Capas Blancas y un niño sin cabello en la cabeza (a Tanselle se le hace familiar, siente que ya lo vio), entran a la carpa con la cabeza en alto.
Por un momento, todo se detiene, los Capas Blancas que someten a Duncan dudan ante la llegada de la princesa Jocelyn, la multitud detiene el aliento, curiosos por saber qué pasará. Pero lo que a Tanselle le llama la atención es el príncipe monstruoso.
Su rostro perdió todo el color, atrás quedó la sonrisa cruel y los ojos maliciosos. Ahora su semblante es uno de sumisión (Tanselle podría decir hasta de miedo, pero el príncipe monstruoso baja demasiado rápido la cabeza para que ella vea más), su postura está tan tensa como un acordeón y sus manos están detrás de su espalda, fuertemente agarradas.
—Alto.— La voz fuerte de la princesa Jocelyn se oye por toda la carpa, a Tanselle le recuerda a esos personajes justos que interpreta de vez en cuando en sus obras. El caballero que viene a salvar a la dama. El justo que detiene las injusticias.
Los cuatro Capas Blancas que tenían agarrado a Duncan lo sueltan como si quemara, se paran derechos ante la atenta mirada púrpura de la princesa.
Luego, la princesa Jocelyn alza su mano a una de sus damas de compañía, y esta rápidamente saca un pañuelo de seda de sus bolsillos para dárselo a la princesa. La princesa camina en su dirección, le da una mirada severa al príncipe monstruoso al pasar junto a él (Tanselle observa el estremecimiento en el cuerpo del príncipe), ella camina hasta detenerse frente a ella, luego, hace algo indigno, se arrodilla en el sucio suelo para estar a su altura caída.
La princesa le sonríe con amabilidad, y con delicadeza agarra su mano rota en sus manos blancas y suaves (Tanselle nunca sintió un toque tan tierno, las manos de la princesa son tan suaves y bonitas como dicen). La princesa mira su mano rota con desaprobación, sus dedos están en direcciones opuestas y la sangre comienza a filtrarse en sus uñas, manchando el vestido blanco de la princesa Jocelyn —Pobre palomita, el bruto de mi hermano te ha hecho mucho daño. Déjame llamar a un Maestre para arreglar esto.—
La princesa se gira hacia su otra dama de compañía, una mujer vestida de rojo y con un semblante duro, sus ojos azules la observan con estoicismo, Tanselle no puede saber qué está pensando. —Melisandre, ¿podrías traer al Maestre Matthar? Dile que es urgente, por favor.— la mujer vestida de rojo asiente y se retira de la tienda, pasando a través de la multitud.
Tanselle suelta lágrimas de alivio. Todo está bien, la princesa Jocelyn apareció y calmó toda la situación. En verdad que no tiene ese título en vano, la Princesa de los Humildes no tolera injusticias. Siente que una obra está escribiéndose en su mente. La de una mujer pura que salva a una pobre doncella de un dragón desquiciado con su valentía y palabras.
Vuelve a la realidad cuando la princesa Jocelyn la mira a los ojos, su expresión bondadosa no cambia cuando lleva el pañuelo de seda y seca las lágrimas que corren por las mejillas de Tanselle. —Una dama tan hermosa como tú no debería soltar lágrimas tan devastadoras. Mi corazón se estremece al ver tales gotas manchando el rostro de tan bella dama.—
Tanselle siente las puntas de sus orejas enrojecer, la princesa no solo es justa, sino también muy buena con sus palabras (Tanselle una vez había oído el rumor de la lengua de víbora de la princesa Jocelyn, pero ese rumor fue opacado cuando la princesa Jocelyn comenzó su cruzada para abrir algo llamado 'Hospytal' en Desembarco del Rey. Ahora sabe que son solo viles mentiras). Tanselle solo le da una sonrisa temblorosa a la princesa, quien responde con la suya propia. Sus dientes son tan blancos, piensa Tanselle, solo la realeza podría permitirse algo así.
—Jayne, ven y atiende a... ¿Cómo te llamas cariño?—
—Tanselle, mi princesa.— suelta rápidamente.
—A Lady Tanselle, mientras esperamos al maestre.— la dama de compañía que originalmente le había dado el pañuelo de seda asiente a la princesa y se acerca a ella para levantarla del suelo con sumo cuidado mientras un Capa Blanca de la princesa le acerca una silla a Tanselle para sentarse.
Tanselle recibe una última sonrisa de la princesa antes de que ella se gire hacia la multitud que observaba expectante toda la interacción.
—Mi pequeño hermano ha perdido los estribos. Pero no se preocupen, mi gente, la situación ha sido solucionada.— La princesa en un gesto de disculpa baja la cabeza y luego la vuelve a subir. —El disgusto ya ha pasado, pero en señal de arrepentimiento por frustrar tan buen entretenimiento, mi carpa estará abierta esta noche para continuar con las risas y alegrías. Si alguien gusta venir, está felizmente invitado— La princesa Jocelyn les regala a todos una sonrisa deslumbrante. Luego asiente a sus Capas Blancas para que estos cierren las cortinas de la carpa, impidiendo que la multitud, que ya se estaba yendo hacia la carpa de la princesa Jocelyn, no pueda ver lo que pasa dentro.
La princesa se gira, y la sonrisa complaciente que en sus labios había, se borra con la rapidez de un rayo. La princesa Jocelyn avanza hasta el príncipe monstruoso a paso atronador y cuando está frente a él, le propina tal bofetada que lo hace tambalearse y profundiza la herida en su labio. Duncan y Tanselle se sobresaltan, pero los demás apenas reaccionan.
Tanselle se estremece ante el cambio de la princesa, quien antes parecía tener solo bondad y servicio, ahora solo había una frialdad y dureza que no parecían coincidir con el antes.
La princesa Jocelyn toma el rostro ensangrentado del príncipe Aerion y lo aprieta en sus manos, manos que antes sostenían a Tanselle con delicadeza, ahora sujetan con fuerza la mandíbula del príncipe. La princesa se queda mirando al príncipe Aerion por un momento, luego suelta un suspiro decepcionado. —En verdad eres la decepción de la familia. Me atrevería a decir que incluso peor que ese borracho de Daeron.— La princesa Jocelyn suelta el rostro del príncipe Aerion y le da un fuerte empujón, haciendo que este caiga al suelo. Tanselle se sorprende de que el príncipe no diga nada cuándo antes era todo dragón y soberbia. Ahora parece un conejito intentando hacerse más pequeño.
—Diez, más de diez personas vieron cómo hundes el apellido Targaryen en el barro al confrontar a una niña y a un caballero del reino. ¿Cómo puedes ser tan estúpido?— La princesa se agacha para estar a la altura del príncipe caído, pero esta vez no está la amabilidad con la que atendió a Tanselle. No cuándo la princesa agarra el dobladillo del cuello del príncipe y acerca su rostro furioso con el de él. —Los dioses nos han maldecido con príncipes idiotas y crueles. Pero nunca con un cruel idiota como tú.— El príncipe parece herido ante las palabras de la princesa pero mantiene su cabeza gacha, Tanselle reconoce el movimiento, lo ha hecho varias veces la hija del posadero cuándo su padre comienza a gritarle por cualquier cosa que considere haber hecho mal su hija. Algo se remueve en el interior de Tanselle.
La princesa Jocelyn suelta el agarre que tiene sobre el príncipe. —El maestre arreglará esa cara tuya que tienes cuándo tenga tiempo. Por ahora, vuelve a tu carpa, estarás confinado en ella por dos días hasta que reflexiones sobre tus actos.—
—¡Pero-, la justa!— Ante las palabras de la princesa, el príncipe levanta la cabeza con ira, pero una sola mirada de la princesa lo silencia.
—Cuando te sepas comportar como un verdadero príncipe del reino, volverás a participar, hasta entonces estarás en tu carpa. Dioses, desearía que tuvieses un penique de la personalidad de Valarr.— La princesa suspira al ver los ojos llorosos del príncipe Aerion, lleva una de sus manos a la mejilla del príncipe y le saca una lágrima salada de sus ojos con delicadeza. Tanselle se remueve incómoda en su silla, la delicadeza, aunque igual a como fue con ella, se siente totalmente diferente con el príncipe.
—No llores querido hermano, sabes que odio ver tus lágrimas.— La princesa le da una caricia sutil en la mejilla al príncipe, luego levanta la cabeza hacia un Capa Blanca. —Ser Olymer, lleve a mi hermano a su carpa. Manténgalo vigilado para que no intente cometer alguna estupidez.— Ser Olymar se acerca al príncipe y le ofrece su mano para levantarlo, pero este solo le da un empujón y se para solo, lanzándole a Tanselle y a Duncan una mirada de odio cuando pasa por su lado. Ser Olymar lo sigue poco después.
La princesa Jocelyn lo observa irse con ojos fríos, luego se vuelve hacia ellos con una sonrisa que no llega a sus ojos. —Disculpen a mi hermano, tiende a perder su temperamento cuándo bebe alcohol.— Tanselle se queda callada ante el hecho de que el príncipe Aerion no olía ni un poco a vino esta noche.
La princesa mira a Jayne un momento y esta saca una bolsa tintineante de otro de sus bolsillos. Esta mujer tiene muchas cosas en esos bolsillos suyos. La princesa toma la bolsa y se la ofrece a Tanselle. —Por todos los daños que causó mi pequeño hermano en tu tienda, si sientes que necesitas más, no dudes en hablar con Jayne. Ella se encargará de todo.— Justo en ese momento, se abre la carpa para dar paso a la dama de compañía, ¿Melisandre?, junto con un Maestre, por la ropa y el collar que porta el hombre.
La princesa Jocelyn deja la bolsa con monedas en la mano sana de Tanselle y asiente a los recién llegados. El maestre no tarda en sentarse junto a ella para comenzar a inspeccionar su mano adolorida.
Tanselle observa que la princesa ahora se dirige a Duncan, pero antes de llegar a él, se detiene frente a los Capas Blancas del príncipe Aerion. —Saben, cuando los saqué de aquel nido de mierda y ratas en el que estaban, para ponerles una armadura blanca, fue con un solo objetivo. Mantener a salvo a Aerion y mantener a salvo a las personas de Aerion. ¿En qué maldita parte dije que cumplan los caprichos de ese mocoso? Sin duda se dejan seducir por las pocas monedas que les da mi hermano. No son diferentes a alguna puta común de la Calle de la Seda.— La princesa recupera un poco el aliento antes de seguir, sus ojos recorren la armadura blanca de los cuatro hombres. —Bien. Como han decidido traicionar a la mano que les dio de comer, seguro que podrán arreglarse solos de ahora en adelante. Entreguen sus armaduras y sus insignias a Ser Harmund. Sus servicios ya no son requeridos.—
Luego sigue caminando hasta Duncan, sin darle otra mirada más a esos cuatro. —Ah, escuché hablar de ti por mi querido hermano Aegon. Aegon, cariño, acércate.— La sonrisa de la princesa habría parecido inocente de no ser por la sangre que mancha su vestido blanco. El niño calvo se acerca junto a la princesa Jocelyn y a Duncan, dudoso. —Gracias, Ser, por mantener a salvo a un hijo descarriado de la Casa Targaryen.— La princesa Jocelyn pone sus manos en los pequeños hombros del niño. —Su amabilidad desinteresada será recompensada. Como verá, me he quedado sin muchos guardias, un caballero de su temple y justicia sería todo lo que necesito ahora.— Duncan no responde y solo la mira sin saber qué decir. El niño se estremece cuándo la princesa Jocelyn aprieta sus manos en sus hombros.
El Maestre le acomoda los dedos y envuelve una gasa en su mano. Tanselle se distrae de la conversación entre Duncan y la princesa para observar el trabajo del maestre, quien le dice cómo debe cuidarse y le entrega una pequeña botella con líquido verde para el dolor. Cuando vuelve a prestar atención, casi en el final de la conversación.
—Y-Yo... Lo pensaré.— suelta Duncan con voz entrecortada.
—Mm, debe ser una oferta difícil de decidir.— Entre toda la amabilidad que hay en el tono de voz de la princesa Jocelyn, Tanselle puede percibir una ligera ironía bien escondida. —Tiene tiempo hasta que termine la justa. Mi oferta seguirá en pie hasta entonces.—
La princesa les da un asentimiento antes de girarse hacia la puerta de la carpa, con el agarre en el niño bien sujetado. La princesa, junto con sus damas de compañía, el niño y sus Capas Blancas se fueron. Tanselle compartió una mirada con Duncan. Ambos entienden algo al instante.
Todos los miembros de la Casa Targaryen están locos.
