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Capítulo I
― Y ustedes ya comienzan las clases, ¿no?―preguntó el moreno mientras mantenía su celular pegado a su oreja.
― Ah, sí, Rhodey. No entiendo por qué Howard exigió que tenga que titularme de esta jodida carrera para hacerme cargo de mi propia empresa. ―Tony bufó al finalizar su oración.
― Probablemente porque sabía que su hijo no tiene idea sobre relaciones sociales en las que no se involucre sexo o dinero, Tony. ―dijo mientras jugaba con sus placas militares. Rhodey siempre soportaba todas las quejas del joven millonario.
― ¡¿Y qué más debo saber, Rhodey?! Te tengo a ti y a Pepper, no necesito tener una experiencia juvenil universitaria, si es que eso era lo que quería Howard con esta estupidez. ―llevó una de sus manos a su propio cabello, revolviéndolo de la frustración. Esa condición en el testamento de Howard iba a desquiciarlo antes de terminar su carrera. ― Aparte, veo difícil que lo haya hecho por ello. Probablemente, Howard ni siquiera me conocía lo suficiente como para diferenciar entre la gente que llevaba a coger a la casa o mis amistades.
― ¿Y había alguna diferencia en ese entonces, Tony? Vamos, te quedan tres años y sales.
― ¡Ese es el maldito problema! Ni siquiera me dejan adelantar. Podría reducir eso a un año.
― Lo sé, pero deberías intentar no quejarte cada vez que inicia el año escolar.
― Como sea, Rhodey, ¿cómo te está yendo por allá? ―su pregunta había sonado más cargada de interés de lo que Stark hubiese deseado.
― No está tan mal. Me siento bien defendiendo a mi patria, Tony. Es difícil, en ocasiones, pero defender a la nación lo vale todo. ― la emoción en la voz del mejor amigo del estudiante era palpable.
― Sí, sí, olvidaba que ya empiezas a sonar como todo un militar en servicio de cuarenta años. A veces, me recuerdas a un muchachito que conocí hace un par de años. Creo que se llamaba Stefan y no paraba de hablar de la patria. Sólo se calló cuando me lo pude coger, aunque solo fue una vez. ― fingió un tono de voz afligido y lastimero, mientras se servía una taza de café cargado.
―Tony, deberías probar hablar de otra forma de la gente con la que te relacionaste. ―le regañó.
― Tranquilo, mi amor, sabes que tú eres mi favorito.
― ¡Dios, Tony! Contigo no se puede. Ya debo irme, me están llamando. Hablamos mañana de ser posible, nos vemos.
― Adiós, Rhodey, más vale que te cuides. ― pareció una amenaza, pero en verdad esperaba que se cuide. La guerra siempre era impredecible y su amigo siempre estaba en riesgo.
Anthony Edward Stark era un muchacho de veintidós años, hijo de Howard y María Stark, ambos muertos cuando Tony recién había cumplido los diecisiete, y a pesar de ser hijo de ambos, solo lloró por María. A la misma edad había adquirido el hábito de beber sin tener mucho control de sí mismo en un principio, pero con el tiempo empezó a controlarse de mejor forma, lo que no quitara que cuando el joven Stark sufría de problemas, buscara refugio en la bebida.
La carrera escogida por su padre era Ingeniería en Mecánica, quién parecía haber predicho su muerte, pues en su testamente dejó una condición para que el pequeño Stark pase a ser su sucesor oficial en Industrias Stark. La condición consistía en que debía terminar la carrera de Ingeniería en Mecánica, sin derecho a adelantar ramos. Según Tony, una pérdida de tiempo. Mientras tanto, la empresa era manejada por una junta comitiva de la confianza de su padre.
Uno de los mejores amigos de Tony, aparte de Rhodey y Pepper, era Bruce Banner, muchacho con el que se encontraba bebiendo un café en uno de los laboratorios de la Universidad. Había conocido al científico en una convención de ciencia, y desde entonces fueron inseparables. Solo entre ellos se entendían, forjando una amistad de átomos, gases y palabras inentendibles para el resto de mortales.
Su lugar de encuentros era el laboratorio de uso libre de la universidad. Tenía tecnología de última generación, mientras las mesas estaban repletas de tubos de ensayo, microscopios, computadores. Había estantes llenos de libros sobre física, química, biología e incluso de mecánica. Sillones blancos adornaban parte del lugar, con una máquina de café expreso al lado de éstos, cortesía de Tony. El color de las paredes era blanco, al igual que el techo, y el piso, mientras que las mesas eran de metal gris.
― Tony, no sé si sea buena idea jugar con elementos tan sensibles en la universidad. ― respondió Banner ante la propuesta del otro sobre trabajar con elementos peligrosos, pero interesantes.
― Bruce, tú jugaste con rayos gamma aquí, no tienes derecho a sermonearme. ―se encogió de hombros.
― ¡Por eso lo digo, Tony! Casi me expulsan en esa ocasión. No voy a comprometer mi carrera por tu falta de criterio.
― ¡Me echaré toda la culpa, Bruce! ¿Podemos? ―insistió el moreno.
―Hablemos esto más tarde. Mi clase empieza en cinco minutos. ― ni bien Bruce terminó de decir aquello, cuando ya iba saliendo por la puerta.
Tony se encogió de hombros. Su clase había empezado hace dos horas, pero Stark ni siquiera estaba interesado en ir a mirar. Sabía más que los profesores en esa universidad. Sin Bruce allí, el laboratorio se volvía aburrido, por lo tanto, salió del lugar con dirección al casino, necesitaba llenar su estómago de alimentos.
Una vez allí, pidió un café y unas donas, pero alguien se le apareció por detrás.
― Necesito de tu pobre ayuda, Stark. ― usó ese tono de voz tan arrogante que Tony amaba y odiaba a la vez.
― ¡Cuernitos! ¿Podrías no aparecer de la nada? Siempre terminas asustándome. ―recriminó. El sobrenombre hacia Loki nació durante la noche de Halloween. Hubo una fiesta de disfraces y Loki apareció con un par de cuernos dorados, un traje verde y negro, y un báculo sagrado. Nadie tenía idea de qué diablos se había disfrazado, así que Tony empezó a llamarlo "cuernitos".
―Mi maldito hermano pequeño vino estudiar aquí. ―comentó Loki con fastidio, pero Stark enarcó una ceja, demostrando que no entendía cuál era el problema. ― Es una molestia. No quiero encontrármelo tan pronto. ― El castaño no tuvo tiempo de siquiera responder cuando Loki le corrió a un costado mientras lo ponía tras él, buscando que cubra su cuerpo con el propio. ―Maldita sea, ahí está.
― ¿En dónde? ― buscó con su mirada en el casino, hacia todos los rincones, pero no encontró ningún posible hermano pequeño de Loki.
―El de cabello largo, rubio. ―comentó justo cuando el joven iba pasando por fuera de las puertas de vidrio del casino.
―Loki... ¿con eso te referías a hermano "pequeño"? Porque se ve bastante grande y no solo de altura. Por cierto, ¿qué tienen en tu familia con el pelo largo? ¿Tu abuelo también lo usa así? ― Tony se contuvo de relamerse los labios ante semejante dios griego.
― Eres tan simple, Stark. ―comentó el más alto con desdén.
― No deberías hablar así del amigo que te está ayudando. ―habló fingiendo encontrarse ofendido.
― Tu gran hazaña fue poner tu cuerpo en el campo de visión de Thor. ―el sarcasmo fue obvio en el tono de su voz. Finalmente, se despidió de Tony y fue hacia sus clases. Tony permaneció en el casino.
Luego de haber comido tres donas y dos cafés, salió del lugar. Una vez fuera, se encontró con Bruce, que iba camino al laboratorio. El millonario no tenía nada más qué hacer, o sí, pero no tenía interés por ellas, así que lo acompañó. Iban sosteniendo una interesante conversación sobre estructuras químicas, innovación y cosas que sólo dos genios pueden entender. Entre tanto, se encontraron con la pequeña Wanda, amiga de ambos, quien venía caminando en dirección contraria a ellos, por un pasillo con paredes color durazno, mientras el suelo era de un resplandeciente blanco. Nadie sabía cómo mantenían ese suelo tan limpio, parecía hospital.
― ¡Hey, hola! ―les saludó la joven con una resplandeciente sonrisa en los labios.
Tony le saludó con un guiño y elevando la palma de la mano.
― ¿Ya comenzaste con tus clases? ― preguntó Bruce con interés.
―Sí, empecé esta mañana. ¡Por cierto! ―la castaña tomó a un chico que había estado todo ese tiempo tras ella, y lo empujó un tanto hacia adelante, para que quedase a su costado. ― Él es Steve Rogers, mi novio.
Recién en ese momento Tony prestó atención al muchacho. Su cabello era rubio, sus ojos azules, su cuerpo era digno de un modelo de ropa interior. Tony recorrió al muchacho de arriba hacia abajo, y entonces lo notó, no olvidaría esa mirada en ningún lado. Su primera expresión fue de total asombro, luego sus músculos se pusieron tan tensos como una roca, notando que el rubio parecía encontrarse en un estado de shock. Finalmente, una sonrisa confiada apareció en su rostro.
― ¡Steve! ¡Bienvenido a la universidad! No te había visto antes por aquí, así que supongo que eres de primero. ―señaló Tony sin estar equivocado. ― Wanda, ¿aprovechándote de los más pequeños? ― preguntó aún sonriente, sin perder de vista al nuevo.
― ¡Tony! ― exclamó la muchacha avergonzada.
― Bienvenido, Steve. ― el tono de Bruce había sido mucho más amistoso que el de Stark. Solo eso regresó a Steve del shock.
― G-gracias, a ambos. ― respondió Steve con una sonrisa forzada.
―Bueno, bueno, Bruce y yo tenemos cosas que hacer. Los dejamos. Nos vemos pronto.
El grupo se dividió en dos nuevamente. El rubio y la castaña emprendieron camino hacia el interior del pasillo, a buscar la sala del más alto. Todo el camino, el chico estuvo inusualmente callado, cosa que si bien preocupó a la castaña, finalmente, no le dio demasiada importancia.
― Tony, ¿me puedes explicar qué diablos pasó allá? En cuanto te vio, el chico parecía querer salir corriendo. ― Bruce miró al castaño de reojo, sospechoso. Sabía que había gato encerrado.
― Quién sabe, Bruce. Tal vez me confundió con alguien. ― se encogió de hombros mientras entraba al laboratorio, con Banner tras él.
― ¿A Anthony Stark? Deja de darte vueltas. ―Bruce ya se encontraba ordenando un poco el lugar donde iba a trabajar durante esas horas libres.
―Tienes tanta poca paciencia, Bruci. Bien, bien. Ya lo conocía y... muy bien. ―Stark soltó una risa traviesa. ― Lo conocí hace... ¿dos años, tal vez? En un verano. Cuento corto, me lo cogí durante ese verano, pero no lo vas a creer, Bruce, ¡era un tallarín! Delgado, pequeño, débil. No sé qué diablos le pasó, pero le reconocí en cuanto lo vi. Ha cambiado bastante... ―Tony pareció perderse en sus pensamientos, pero Bruce lo trajo de vuelta a la realidad.
―Tony, no vayas a hacer alguna tontería. Wanda es amiga tuya. ―Banner tenía que advertirle. Era amigo del millonario y conocía bastante bien los arranques que tenía el muchacho. Frunció los labios preocupado mientras le miraba. Tenía claro que Stark no era el tipo de hombre que se controlaba.
―Me ofende la falta de confianza que me tienes. ―llevó una de sus manos a su pecho, fingiendo que se encontraba tremendamente ofendido.
― Solo quiero que tengas cuidado.
― Lo tendré, Brucie, lo tendré.
Más tarde, una vez que Tony ya se encontraba en su casa, recibió una llama de Pepper. La chica era la mejor amiga de Tony, estudiaba tercer año de Ingeniería Comercial. Ellos habían tenido un romance tiempo atrás, pero las cosas no resultaron como querían y Tony se demostró a sí mismo que no estaba hecho para esas cosas que el resto denominaba "relaciones".
―Te lo estoy diciendo, Pepper, ahora parece un jodido modelo, pero antes podías confundirlo con un niño callejero que no tiene qué comer. ― el tono de Tony era arrogante y algo soberbio. Pepper estaba acostumbrada a ello.
― Deberías evitar referirte así de él. Además, ¿no me dijiste que ahora está con Wanda? Ten cuidado con donde metes las manos, Stark. ―advirtió la chica.
―Pepper, aún no eres mi mano derecha en Industrias Stark, cuando lo seas tendrás el derecho de sermonearme. ― habló mientras se encontraba en su propio taller, esforzándose en soldar una pieza de metal mientras conversaba con la chica. Gracias a uno de sus últimos inventos podía hablar en voz alta por la casa, conversaba por celular sin tener que tener el teléfono cercano. La señal alcanzaba para su casa completa, con las manos libres. Era como un altavoz amplificado.
― Cuando lo sea, te voy sermonear por todo lo que no he podido en estos años. ― reclamó la chica. Su voz se escuchaba por todo el taller donde Stark se encontraba trabajando. ― Tony, debo irme. Mis padres me están llamando, ¡dale saludos a Jarvis! ― la muchacha ni siquiera le dio tiempo de responder cuando ya le había cortado la comunicación.
Anthony pensó en hacer una pausa de su proyecto. Estaba hambriento y el olor de la comida de Jarvis bajaba al taller, lo que le abría aún más el apetito. Se relamió los labios mientras dejó su soldador a un costado, se quitó el protector de la cara y lo dejó sobre una mesa. Luego, emprendió camino hacia las escaleras, para empezar a subir estas y lograr llegar hacia la cocina, donde se encontraba el viejo Jarvis sirviendo un plato de comida. Él siempre era tan astuto y exacto.
― Señor Stark. ― le saludó con una sonrisa y una seña de respeto.
―Jarvis, Pepper te manda saludos. ― el más joven tomó asiento en la mesa.
― Dígale que muchas gracias a la señorita Potts, y que sus saludos son correspondidos. ―dejó el plato frente al Stark. La mesa ya estaba puesta, así que solo faltaba que se sentara Jarvis a comer junto al menor, a petición del mismo luego de años en que Jarvis esperaba a que él terminase de comer, para recién, servirse a sí mismo.
Una semana más tarde, se organizó una fiesta por el inicio del año escolar. Se realizaba como una bienvenida a los novatos entrantes, por lo que, los encargados de realizarla eran los que estaban en los años superiores. Tony nunca se perdía la gran fiesta anual, era una gran oportunidad de no dormir solo por una noche, pero Bruce nunca se animaba a acompañarlo. Sabía que Loki se iba a aparecer por ahí, aunque sea a beber algo, pero Bruce era el problema.
― No entiendo cuál es la gran razón de ir esta vez. No fui cuando nosotros entramos, Tony, ¿por qué voy a ir ahora?
― ¡¿Tiene que haber una razón para ir a una fiesta?! Brucie, vamos, nadie te comerá. ―Stark le picó el abdomen con uno de sus dedos.
― ¡Tony! No estoy preocupado por mí... Sabes lo que puede pasar. ―masculló mientras jugaba con un tubo de ensayo de laboratorio, algo nervioso.
― Bruce, deja de poner de excusa a esa estupidez. Solo es una fiesta, no pasará nada tan grave como para que eso pase. Prometo cuidar el perímetro, y si no vas, me cogeré al rubiales delante de Wanda. ―amenazó con una sonrisa socarrona, alzando una de sus cejas.
― Tony... Está bien, iré, pero si me siento incómodo me saldré de la fiesta y me iré a mi casa de inmediato. Promete no tocar a Steve. ― Bruce siempre tendría una carta bajo la manga para joder al Stark.
― Siempre tan aburrido, Brucie. Lo prometo, ¿feliz? Ahora salgamos de aquí, a que te dé el sol y vayas a cambiarte de ropa, porque no quieres ser el centro de burlas.
― ¿Qué tiene de malo? ―preguntó dando una mirada a sus ropas.
― Olvídalo, enviaré algo de ropa a tu casa. Usa la que te guste.
― Tony, no ―fue interrumpido antes de finalizar sus razones de porqué Tony no debía hacer eso.
― Ya lo decidí. ―dijo con el dedo levantado mientras salía del laboratorio. No esperaba tener una discusión con Bruce por esa tontería.
El día pasó bastante rápido. En unas horas ya eran las diez de la noche y las primeras almas se asomaban al recinto en que se daría la gran fiesta anual. Tony nunca llegaba temprano, pues pensaba que lo bueno se debe hacer esperar. Para las doce de la noche, Stark se encontraba tocando la bocina fuera de la casa de Bruce, esperando que el muchacho saliera rápido.
― ¡¿Puedes parar el escándalo?! ―preguntó Banner una vez que había salido de la casa, ya cerca del automóvil. Tony Star no tenía idea de lo que significaba pasar desapercibido, de eso estaba seguro.
― Brucie, todavía tenemos que pasar a buscar a Loki. Por cierto, sabía que la ropa que te envié iba a quedarte bien. ―levantó el pulgar en señal de aprobación y su sonrisa de comercial. Stark había enviado varios conjuntos de ropa, lo único que había hecho Bruce, era escoger uno al azar.
Finalmente, Bruce se subió al coche sin hacer mayores quejas, pues no estaba con ánimos para ponerse a discutir. Pasaron a buscar a Loki a su departamento, el chico venía vestido de manera extravagante, y Bruce nunca comprendería esa necesidad en Loki por destacar de la manera en que fuese. Si quería esconderse de su hermano, como le habían contado camino a la fiesta, estaba seguro de que esa forma de vestir no era una buena idea.
El estacionamiento del recinto estaba completamente lleno. Tony tuvo que acceder, bastante obligado, a dejar su automóvil en una de las calles aledañas. Le dejó puesto un buen seguro, si alguien se acercaba a su vehículo, el mismo se encargaría de rostizar al ladrón.
Al final, por fin lograron entrar al lugar. Estaba apestado de gente, pero eso era lo que le gustaba al Stark. Bruce, en cambio, estaba un poco incómodo y buscaba alejarse de la gente, en lo más posible. Loki estaba escaneando el recinto, para dar un suspiro aliviado cuando terminó, dándose cuenta de que la cabellera rubia de su hermano menor no estaba cerca.
― ¿No está ricitos de oro? ―preguntó Tony con un tono travieso hacia Loki.
― Gracias a los cielos, si es que existen, no. ―comentó el aludido mientras identificaba a la barra. ―Iré por una jarra de cerveza. ―tan pronto terminó de hablar, se perdió entre la gente que bailaba. Stark se encogió de hombros y fue a buscar a Bruce, sentado en un sillón, solo.
― Bruce, cuando te traje hacia acá. ―señaló con el dedo índica al lugar, haciendo un círculo en el aire. ― no era para que te la pases sentado allí. Al menos, ve a beber algo, mira a las chicas, no sé. Me desesperas. ―palmeó el hombro izquierdo del contrario.
― En primer lugar, no estaba de acuerdo con venir, en segundo...― las palabras se atoraron en la garganta del científico. Había entrado una pelirroja ardiente, según él, y le hizo perder todo el hilo de la conversación. Repasó su cuerpo, su rostro y cuando encontró sus ojos, se dio cuenta de que había sido descubierto. Avergonzado retiró la mirada de inmediato y volvió a Tony, quien estaba con una sonrisa de oreja a oreja. El muy maldito se había dado cuenta de todo.
― ¡Así que Natasha, eh! La conozco. ―le codeó amigable.
― Es inteligente y bonita, aunque le falta algo para ser fenomenal. ―observó Loki, quien había aparecido de la nada con su jarrón de cerveza.
― ¿Qué hablamos de jugar al mago, Loki? ―preguntó Stark, algo molesto porque el más alto siempre lograba pegarle un susto de muerte, ¿cómo lograba aparecer de la nada? Cual gato.
― ¡Ya basta! Yo no la estaba mirando... Es que entró y...― fue interrumpido.
―Brucie, no tienes que darnos explicaciones. Es más, voy a presentartela.
― ¡Tony, no! ¡Espera! ― Bruce intentó detenerlo, pero el escurridizo muchacho ya se había perdido en el mar de gente bailante, y en cinco segundos, ya estaba hablando con la pelirroja. Loki observó la escena bastante divertido. En un minuto, la chica estaba frente a ellos, al lado de Stark.
― Ella es Natasha, Natasha, estos son Loki y Bruce. ―al finalizar la frase, le guiñó un ojo a Bruce, quien no sabía si salir corriendo o quedarse allí.
―Buenas, soy Natasha. Tony ya me presentó. Ya había visto a Loki. ―el aludido la saludó con un movimiento de su mano. ― pero no te había visto, Bruce, ¿eres nuevo? ―la chica arqueó una ceja, interesada. La mirada de Natasha era demasiado intensa y directa. Hacía sentir a Bruce como un niño pequeño.
―No, no, el chico lleva aquí tres años, pero nunca sale del laboratorio. Creo que con suerte conoce a las vendedoras del casino. ―se burló Stark, con una risa acompañada de Loki.
― Tony, podrías dejar que él hable por su cuenta. ―señaló la muchacha, pero para entonces ya no tenía la atención del millonario.
Steve y Wanda habían ingresado por la puerta. Tony había dirigido su atención al rubio en cuanto había entrado. Su mirada era directa e intensa. Elevó la mano para que Wanda lo viese y se acercase. La chica actuó tal cual lo predijo Stark. La vio tomar la mano de Steve para llevarlo hacia ellos a rastras. Tony sonrió.
― ¡Chicos! ¡Bruce, viniste! ―Wanda saludó a cada uno de los presentes, mientras Steve hizo lo mismo, ya más calmado. No como en el primer encuentro que tuvo con Tony en la universidad.
― Me costó, pero logré sacar a Bruce de su laboratorio. ― el comentario logró sacar varias risas entre los presentes, incluido Banner.
― ¡Natasha! ―exclamó Steve y todos pusieron su atención en él. ― No pensé que vendrías a la fiesta.
― Bueno, Clint me insistió bastante en venir. De hecho, debe estar por allí. Vendrá más tarde. ―contestó la joven con una sonrisa en el rostro.
― Así que ustedes... ¿Se conocen? ―Tony enarcó una ceja, observándolos.
― Sí, sí. Nos conocimos hace tiempo ya. Somos vecinos. ― respondió Natasha. Tony de inmediato pensó en cómo no lo había visto las veces que había visitado la casa de Natasha.
― Bueno, esta es la primera vez que vengo a una fiesta con mi novio. ―comentó Wanda, algo nerviosa por ser el centro de atención en ese momento. ― Así que iré a bailar con Steve. ―tomó la mano del chico y se fueron a la pista entre silbidos y bullicio armado por los presentes, para molestar a la pareja de tortolos.
― Yo me iré por un trago de vodka, ¿Loki, me acompañas? ― el millonario le dirigió un guiño al nombrado.
― Claro, claro. Mi jarrón ya se vació.
La jugaba había sido realizada para dejar a Bruce y a Natasha solos, y lo habían logrado. Ambos fueron caminando hacia la barra que despedía luces de colores. Se sentaron y pidieron algún trago variado. Tony no dejaba de dar miradas hacia donde estaba Steve. Llegó un punto en el que no dejaba de mirarlo mientras bebía de su trago. Maldita sea, el desgraciado sabía cómo bailar. Se relamió los labios observando el cambio en Steve. Cuando lo conoció por primera vez era un muchacho tan débil, delgado. Nunca se hubiese imaginado que terminaría así; fuerte, musculoso y duro. Guapo ya era cuando él lo conoció, pero ahora era sorprendente. Estaba seguro de que era el centro de atención, porque él aún estaba bailando, claro.
― Si no te conociera, Stark, pensaría que estás poniendo especial atención en ese rubio novio de Wanda. ―comentó Loki luego de haber bebido un trago de cerveza, con una sonrisa malintencionada que bien conocía Tony.
― Lo estoy haciendo. En mirar no hay pecado, ¿no? ―volvió su mirada hacia Loki con una sonrisa descarada.
― No mientras Wanda no lo note, Tony. Ten cuidado. ―advirtió.
― Ten cuidado, tú, cuernitos, que tu hermanito, ricitos de oro, viene a gran velocidad hacia acá. ―observó cómo Loki giró el cuello tan rápido que pudo habérselo roto. Thor venía caminando rápidamente hacia ellos y Stark no iba a defenderlo esta vez. Se escabulló del bar, yendo hacia la pista de baile y, en un par de segundos, tenía a bellas mujeres rodeándolo. Escogió una castaña al azar, para bailar con ella, pegándola a su cuerpo, justo frente a Steve. El chico logró verlo, pero Wanda estaba de espaldas a él, así que la muchacha no podía reparar en su presencia. Era perfecto.
Por otro lado, Loki ya tenía a Thor encima. Rodó los ojos, molesto, en cuanto le observó llegar hacia él.
― Hermano, no sabes cuánto tiempo he pasado buscándote. ―la emoción en el rubio era palpable. No había visto a su hermano desde que el mayor se había ido de la casa, hace tres años atrás.
― Sí, tú no sabes cuánto tiempo he pasado yo escondiéndome de ti. ¿Se puede saber qué diablos haces estudiando aquí? ¿Le dijiste a nuestro padre que estás en la misma universidad que su hijo bastardo, adoptivo? ―preguntó con un tono que rayaba en el insulto de lo sarcástico que era.
― Loki... Nuestro padre no sabe en qué universidad te encontrabas, pero nuestra madre sí lo sabe. Preferí decirle, ella te envía sus saludos, está muy preocupada por ti, hermano.
― Bueno, ya me viste, estoy bien. Puedes decirle eso y dejarme en paz. ―volvió a beber de su olvidada jarra de cerveza.
― ¡No, hermano! Ella no es la única preocupada de ti. Yo también quería saber de ti. Te fuiste sin siquiera decirme algo, luego de haber cambiado tanto conmigo ¡Seguimos siendo hermanos!, ¿por qué no puede ser como antes? ―exigió saber el de cabello largo rubio, preocupado y algo angustiado.
― Las cosas, Thor, no podrán ser nunca como antes, ¿oíste? Ahora deja de joderme con tu sentimentalismo. ―se había acercado lo suficiente a él como para que Thor haya percibido su aliento a alcohol. La noche ya se había echado a perder. Loki tomó sus cosas y salió del lugar tan pronto como pudo, empujando a cuanta persona se le cruzase en el camino. Iba más que furioso, dejando a Thor sentado en la barra, igual de molesto que él.
Tony se movía con elegancia, tomando las caderas de la muchacha mientras movía las propias contra las de ella, pero su mirada estaba tras ella, en Steve, quien serio le regresaba la mirada. El rubio no podía hacer caso omiso de la presencia de ese millonario, porque también lo recordaba bien. Su mirada tan insistente, esa manera de moverse, le estaba volviendo loco. Había perdido la coordinación a la hora de bailar, mientras Stark parecía divertirse con su naciente torpeza, y al ver el guiño que Anthony le había dirigido, supo que habría muchos problemas, y no estaba equivocado.
