Chapter Text
Febrero, 1984
Iba a llegar tarde, jodidamente tarde.
Agarró el volante con fuerza, maniobrando casi en zig zag para esquivar el tráfico, intentaba tener cuidado aún así, lo último que necesitaba en ese momento era una multa.
"Merde, merde, merde..." murmuró con la mandíbula tan apretada que le dolieron las muelas.
Su maldito despertador había decidido que aquel era el día perfecto para joderle la vida, tuvo el descaro de activarse una hora más tarde de lo acostumbrado. Apenas tuvo tiempo para vestirse y cepillarse los dientes, tenía el estómago completamente vacío porque, en su estúpida ingenuidad, no había cenado la noche anterior esperando desayunar algo más elaborado que café y tostadas. Pues hoy no hubo ni café, ni tostadas. Gracias, despertador.
En medio de su concentración para maniobrar en medio de la carretera, hizo la nota mental de tirarlo en cuanto volviera a casa. Presionó con furia el acelerador, si querían ponerle una multa tenían que alcanzarlo primero.
Para su suerte, y la de su seguro, logró llegar sin ningún incidente a la empresa.
Agradeció al cielo que su lugar designado en el estacionamiento estuviera tan cerca de la entrada, aparcó y se quitó el cinturón de seguridad con un tirón brusco.
Se estiró sobre el asiento del copiloto para agarrar su maletín y dió un portazo al salir. Las llaves se le cayeron cuando intentó asegurar su auto y prácticamente se arrojó al suelo entre maldiciones para recogerlas, fue justo en ese momento, en cuclillas con las llaves en mano, que vio el auto que estaba aparcado junto al suyo.
Un Mercedes Benz, de un precioso color negro que brillaba en un tono casi azulado bajo la luz de esa mañana, no pudo evitar admirarlo quedándose un par de segundos allí agachado. Cuando comenzaba a preguntarse a quién de la oficina podría pertenecerle una auto tan elegante recordó vagamente que aquel era el lugar de estacionamiento habitual de Nelson.
"Ya habrá llegado ese bastardo dormilón..." murmuró con cierta burla y se levantó de un salto al darse cuenta de que, en ese preciso momento, él era el bastardo dormilón.
Subió los escalones de la entrada de dos en dos y saludó agitando rápidamente la mano a la recepcionista.
"¡Señor Prost-!" la pobre chica intentó decirle algo inclinándose con apuro sobre su escrito, pero él se lanzó al elevador antes de que ella pudiera alcanzarlo.
La buscaría durante el almuerzo para disculparse por su descortesía y preguntar que quiso decirle. Se lo compensaría llevándole café también.
Aprovechó los escasos segundos que le tomaba al elevador llegar al quinto piso para respirar hondo. Llegar tarde le daba vía libre a Ron para prácticamente comérselo vivo con reprimendas y señalamientos de irresponsabilidad, aún cuando él había logrado una asistencia perfecta el mes pasado, sin tener una sola falta por enfermedad o calamidad.
Pero cualquier cosa que hubiera logrado en el pasado se esfumaba en cuanto cometía el más mínimo error, siempre había sido así y ya estaba acostumbrado a vivir con eso. No solo vivir, sabía dominar en ese ambiente, lo cuál para un omega ya era todo un mérito.
Aún recuerda sus primeros días en la empresa, un pasante más, un novato puesto perfectamente para ser desmembrado y exprimido por las exigencias de sus superiores e iguales. Ahora sumen eso al hecho de ser un omega, y no cualquier omega, uno bajito y aparentemente debilucho.
Pero no había llegado hasta donde estaba bajando la cabeza y dejando que los alfas y betas tomaran lo que quisieran de él, luchó con uñas y dientes, escaló cada peldaño llenándose la lengua de palabras cortantes y las manos con manchas de tinta. Cuando intentaron gritarle, usar esa estúpida voz alfa, para hacerlo sentir menos, él devolvió el golpe manteniéndose firme, demostrando que la mierda alfa no funcionaría con él y eso hizo que los estúpidos que alardeaban de sus características dominantes y superiores fueran reducidos a simples criaturas mansas solo con un acto de rectitud.
Claro que muchas veces contra argumentar y cruzarse de brazos no funcionaría con todos, uno que otro intentó pasarse de listo y Alain aprendió como usar cualquier cosa que estuviera al alcance de sus manos como un arma efectiva. Una vez usó su maletín para ponérselo de bozal a un imbécil que se atrevió a gruñirle, ambos terminaron en recursos humanos frente a un Niki sin una gota de cafeína en el cuerpo.
El castigo fue abismal, el alfa fue cambiado de sede por "manejo inadecuado de la biología en la oficina", mientras que Alain salió ileso porque su comportamiento fue catalogado como legítima defensa, claro que no tenía nada que ver con que él y Niki fueran viejos amigos incluso antes de estar en la oficina, claro que no.
Ahora, casi 5 años desde que pisó por primera vez esa oficina, era bastante respetado entre todos. Se había ganado su lugar y cada centavo de su sueldo, ningún proyecto era aprobado si no pasaba primero por sus manos, sin importar que o quien se interpusiera, sin su visto bueno no podía hacerse nada y muy en su interior admitía que eso lo hacía sentir un poco egocéntrico algunas veces.
El agudo timbre del elevador lo sacó de su nube de pensamientos, se aferró a su maletín y salió con dignidad, le esperaba el peor regaño de toda su vida laboral pero no iba a bajar la cabeza. Había enfrentado cosas mil veces peores, un regaño no sería nada en comparación.
Solo que, al salir del elevador, no parecía que nadie tuviera tiempo para regañarlo o para notar su presencia siquiera. Todos se movían de un lugar a otro cargando pesadas montañas de papeleo, carpetas y vasos de café a tientas en un intento por no derramar nada sobre algún documento importante o una impresora, como ya había hecho Mansell durante su primera semana allí.
También podía añadir el cómo cada olor natural en la oficina se intensificó al mil porciento, a pesar de los parches de olor de uso obligatorio en horario laboral, la nariz le picaba cada vez que respiraba.
Cedro, vino, anís flotaban en el aire chocando entre si con acidez, estrés y frustración llenando cada pequeño espacio disponible en el ambiente.
"¡Alain!" el llamado de Alesi, quien se acercaba caminando rápido - léase en letra pequeña, corriendo-, lo sacó de sus pensamientos. "Hasta que decides aparecer... ¡Este lugar es un desastre!"
"¿Que ocurre?" logra preguntar el omega poniéndose en modo trabajo inmediatamente, si estaban en medio de algún tipo de crisis tenía que actuar rápido y calcular el control de los daños cuánto antes. "¿Desbalance de nómina? ¿Inspección sorpresa? ¿Mercancía extraviada? ¿Clientes enojados?"
Jean lo mira apenas de reojo mientras comienzan a caminar con rapidez evitando tropezar con alguno de sus compañeros mientras se dirigían a la oficina de Alain.
"¡Peor! ¡Mucho peor!" exclama el alfa y la forma en la que gesticula le pone la piel de gallina al mayor. "Ron le ha pedido a Niki el registro de las evaluaciones de desempeño de toda la sucursal."
Alain se detuvo en medio del pasillo casi haciendo que una mujer resbalara con su pila interminable de papeles, se disculpó con rapidez y continuó caminando.
No necesitaba preguntarle a Jean que significaba lo que acababa de decirle, sabía perfectamente cuales eran las intenciones de Ron detrás de esa petición. Llegaron a su oficina en un silencio tenso, se aseguró de que las persianas estuvieran bien cerradas antes de girarse hacia su amigo.
"¿Estás seguro de que Ron pidió las evaluaciones de desempeño?" no se contuvo y comenzó a retorcerse los dedos, como siempre hacia cuando necesitaba pensar rápido o encontrar una solución a un problema imposible.
El alfa tragó saliva y asintió efusivamente antes de añadir. "James me lo dijo."
Alain se sentó en su escritorio y se llevó las manos a las cabeza, ya no quedaba duda. No había nadie más informado de los movimientos de recursos humanos que el mismísimo James Hunt, lo cuál era curioso ya que su departamento asignado era el de marketing, y ejercía como director.
"Van a despedir a alguien." las palabras sonaron incorrectas en su boca pero no por eso eran menos ciertas. Jean se removió incómodo.
El omega estaba abatido, fuera quien fuera el pobre desdichado que Ron y recursos humanos decidiera sacar de la empresa, sabía que solo sería desplazado después de años de trabajo para tener una vacante disponible.
Alain conocía a Ron, sabía que no se atrevería a remover hasta el mínimo detalle en los registros de sus empleados, buscando un espacio libre que tomar a menos que no hubiera alguien que valiera la pena para que llenará ese espacio.
Tenían un programa de pasantías bien establecido, después de su periodo respectivo de pruebas y un par de años de experiencia seguro que cualquier buen empleado sería tomado en cuenta para un puesto fijo. Pero Ron no trabaja así, si encontraba un talento que consideraba esencial no se detenía hasta no tenerlo con un contrato firmado.
Por más que quisiera Alain no podía quejarse, porque fue justo de esa manera como él obtuvo una oportunidad en la empresa.
"¿Quién crees que sea?" dudó Jean cruzándose de brazos, el abatimiento le tensaba los hombros. Alain lo entendía, la inseguridad de no saber si él mismo estaba en riesgo en las manos de Ron y recursos humanos.
"No tengo idea." respondió con sinceridad hundiéndose en su silla.
Amtes de que cualquiera de los dos pudiera seguir ahogándose en dudas e incertidumbre, el llamado alto de Nigel los sobresaltó.
"¡El señor Dennis quiere los registros de actividad del último mes!"
Aquello fue como encender un fósforo en una habitación con una fuga de gas, si antes todos habían estado ansiosos ahora estaba completamente histéricos.
Alain se enderezó en su asiento como un resorte y Jean salió de la oficina sin siquiera despedirse. El omega agradecía al menos haber recordado utilizar bloqueadores de olor o en ese momento todo estaría apestando a nerviosismo e inseguridad, dos cosas que no podía mostrar si de verdad quería conservar su empleo.
Respiró hondo y abrió su maletín, a la mierda. Si lo despedían cobraría hasta el mínimo centavo de una increíble liquidación y de todos los años que no pidió un aumento cuando pudo.
[ • • • ]
Alain estaba metido hasta las narices en su papeleo pendiente en el momento en que lo sintió, la exigencia de Ron hizo que el ambiente en la oficina fuera aún más tenso, el estúpido aire acondicionador solo servía para concentrar el aroma pesado y ansioso de todos.
El alfa, según se había enterado Alain, no había salido de su oficina desde que llegó esa mañana. Desde entonces todo el sector parecía un campo minado, todos estaban listos para cometer un error y salir volando por los aires.
Alain se dedicó estrictamente a continuar con sus pendientes, tenía un par de proyectos entre manos que debía revisar y, posteriormente, supervisar. Tendría que hacerle una pequeña visita a contabilidad para rectificar el presupuesto asignado a su equipo durante el desarrollo de su respectivo trabajo.
Se levantó de su escritorio con un suspiro leve, decidiendo que aquel era un buen momento para conseguir una taza de café. Pero, en cuánto puso un pie fuera de su oficina, fue interceptado por Jean.
"Me van a despedir, estoy seguro." habló tan rápido que Alain tuvo que hacer un esfuerzo extra para entenderlo. "Me van a echar a la calle y viviré debajo de un puente, Alain."
El omega siguió caminando hacia la sala de descanso, seguido muy de cerca por el alfa, antes de responder.
"Quizás." fue todo lo que dijo. Alesi lo miró con horror.
El más bajo soltó un suspiro deteniéndose a medio camino para encarar a su amigo.
"No podemos estar seguros, Jean." señaló con cierta obviedad. "Solo Ron sabe que quiere hacer, quizás si te despidan o..."
"¿O...?" insistió el alfa.
"O quizás no." finalizó el omega con simpleza, eso no pareció tranquilizar para nada al menor.
"¡Pero Alain! Es obvio que me van a-"
"No es obvio, Jean." se apresuró a interrumpir. "Ron es raro, tiene una manera extraña de hacer las cosas pero de alguna forma termina funcionando."
Jean no respondió, Alain lo tomó como señal para seguir hablando.
"Haga lo que haga, sé que lo hará pensando en lo mejor para la empresa." finalizó.
El silencio se instaló entre ellos durante largos segundos antes de que ambos soltaran una gran carcajada compartida.
"Esa ni tu te la crees." murmuró Alesi entre respiraciones cortas después del ataque de risa.
Alain rió con más fuerza. Apreciaba a Ron, de alguna manera, pero dudaba abiertamente de su criterio al momento de actuar en favor de la empresa. Solo esperaba que no metiera demasiado la pata si lo que de verdad buscaba era despedir a alguien.
"Solo intenta no pensar demasiado en eso, si crees que te despedirán seguro que si lo hacen solo para darte el gusto." respondió al fin, el alfa rodó los ojos visiblemente más relajado.
"Bien, no pensaré demasiado en eso." prometió el menor. "Además, no sé por qué me preocupo. Es más probable que despidan a Nelson, el idiota ni siquiera ha llegado."
Eso detuvo en seco las risas de Alain, Jean notó el cambio en el ambiente casi de inmediato.
"¿Qué-?"
"¿Nelson no ha llegado?" dudó el omega sin darle oportunidad al alfa de siquiera respirar.
"Eh, no..." murmuró el más alto con cierta incertidumbre. "Ni siquiera ha llamado, supuse que se quedó dormido y decidió no presentarse."
Alain no respondió, se llevó una mano al mentón, sintiéndose repentinamente despierto sin necesidad de probar una sola gota de café. Jean lo observaba con incomodidad, como si pudiera sentir que algo no estaba del todo bien sin saber realmente que era, y Alain tampoco sabría cómo explicarlo.
"Cuando llegué había un auto en el lugar de Nelson." Masculló Prost en voz baja, Alesi creyó no oír bien. "Creí que había cambiado de auto, ya sabes. Que por fin había adquirido un buen gusto pero si él no se presentó hoy..."
"... Ese no puede ser el auto de Nelson." finalizó el alfa entendiendo perfectamente hacia donde viajan los pensamientos de su amigo, Alain asintió.
Antes de que el omega pudiera decir algo más, el más alto se adelantó.
"Eso no significa nada, quizás es el auto de alguien más."
"Todos son muy estrictos con sus espacios de estacionamiento, es algo imposible." Alain negó.
"No." soltó Alesi con algo de brusquedad. "Acabas de decirme que no piense demasiado en eso, Alain. Me niego a creer que el reemplazo de alguno de nosotros ya está dando vueltas en la oficina."
El omega enmudeció mirando con atención el rostro consternado de su amigo, abrió la boca y la cerró casi de inmediato asintiendo con comprensión.
"Tienes razón, es una tontería." desplazó el tema y volvió a su objetivo principal de conseguir café, Jean agradeció silenciosamente el cambio de tema y comenzó a hablarle sobre aquella vez que Gerhard había llegado a la oficina con zapatos distintos por las prisas.
Alain decidió que no era momento de hablar con su amigo sobre sus dudas, llegaría el momento en el que pudiera clarificarlo todo, pero no podía dejar de lado una pregunta.
¿De quien era el maldito auto?
[ • • • ]
Nelson apareció a la hora del almuerzo, despotricando a los cuatro vientos sobre el imbécil que había ocupado su espacio en el estacionamiento, tenía la corbata torcida y la camisa manchada de café. Claro que se al primero que buscó para quejarse fue a Alain, de los pocos que verdaderamente podían mantener una conversación con el brasileño sin sentir la necesidad de arrojarle una grapadora.
“¡... Y entonces llegué pero mi maldito lugar ya estaba ocupado!”
El alfa se dejó caer en la mesa que Alain ocupaba en la cafetería, los demás en un radio de tres mesas a la redonda se alejaron solo con escuchar los gritos de Nelson. Alain simplemente asintió dando un gran mordisco al sándwich de pavo que había comprado a falta de tiempo para preparar algo en casa.
“¿Me estás escuchando, Alain?” dudó con cierta brusquedad el brasileño.
“Lastimosamente si, Nelson.” respondió el omega provocando un gruñido en el contrario. “No sé que quieres que te diga, nadie sabe de quién es el auto.”
El brasileño se cruzó de brazos hundiéndose en su asiento, estiró el brazo y arrebató un pedazo del sándwich de Alain antes de que esté pudiera alejar su comida.
“Desgraciado...” Masculló arrojándole una servilleta usada. “¿Tu esposa no te empacó nada hoy?”
“No estamos viviendo juntos.” respondió el alfa con simpleza para nula sorpresa de Alain.
“¿Que le hiciste ahora?” dudó el omega, ya acostumbrado a las atrocidades de su compañero.
Nelson abrió la boca pero antes de poder responder Jean apareció corriendo por la cafetería, esquivando mesas y personas siendo seguido, no tan de cerca, por Gerhard.
“¡Alain!” el alfa francés estampó sus manos dramáticamente contra la mesa tan pronto como llegó hasta ellos. “¡Es urgente!”
El omega fue levantado con facilidad de su silla, casi manejado como un muñeco de trapo mientras Jean lo llevaba prácticamente en brazos por el mismo camino que había recorrido para llegar hasta allí, para desgracia de un muy cansado Gerhard que tuvo que seguir corriendo detrás del alfa francés.
Fue soltado, casi tirado, en un pasillo alejado, Jean lo tomó de los hombros con fuerza mientras Gerhard apenas los alcanzaba y se detenía a un lado del otro alfa, respirando con dificultad mientras se apoyaba en sus rodillas para no desmayarse.
“¡Que mierda, Jean!” escupió Alain, no tenía su sándwich así que seguramente ya estaba siendo digerido por el glotón de Nelson.
“Tambien quisiera saber que está pasando...” murmuró Gerhard recuperando apenas el aliento.
El alfa francés ignoró a su compañero, aún sosteniendo a Alain con fuerza mientras lo miraba fijamente.
“Lo vi.” murmuró entre dientes. “Vi al nuevo.”
La reacción en Prost y Berger fue inmediata e idéntica, manos cerraron la boca y se tensaron como la cuerda de un arco. Ninguno habló, Alesi continuó.
“Tuve que dejar algunos documentos en la oficina de Ron...” explicó soltando a Alain para comenzar a caminar en círculos en el reducido espacio que le permitía el pasillo. “Allí estaba, claro que allí estaba... ¿Donde más podría estar-?”
La retahíla de pensamientos confusos del menor le puso los nervios de punta al omega francés, tomó a su amigo por los hombros y le dió una sacudida rápida y contundente.
“¡Concéntrate, Jean!”
Eso trajo de vuelta al alfa, murmuró un par de improperios en francés y suspiró.
“En la oficina de Ron había un tipo joven, con acento, claramente alfa, apestaba a eso, y-” pausó sus palabras solo un segundo para organizar sus pensamientos antes de continuar. “... Niki también estaba allí, hablando con él. Antes de irme lo vi firmando algo.”
Alain soltó al menor con lentitud, él y Gerhard compartieron una mirada complicada.
“Mierda...” Masculló el austriaco, Alain sintió que le quitó la palabra de la boca.
Ninguno dijo nada más por un minuto demasiado largo, cada uno perdido en sus propios pensamientos. El despido no era la mayor preocupación en ese momento, en realidad no, lo que más atormentaba a cualquiera que se le preguntase era, claramente, la inducción de alguien nuevo.
Un nuevo compañero significaba una reestructuración en equipos de trabajo, proyectos ya armados siendo desmembrados para ubicar al tipo que Ron haya decidido meter de cabeza en la empresa, la destrucción y reconstrucción de todo lo que habían logrado mantener fijo durante mas de 5 años. Nadie estaría contento con eso.
“No pensemos idioteces.” Gerhard fue el primero en hablar rompiendo el silencio tenso que se había instalado.
Jean apretó los labios y Alain se mordisqueó la uña del pulgar mientras asentía.
“Exacto, ya sabíamos que habría un despido, que llegaría alguien nuevo...” murmuró el omega, su mente trabajando el doble para no caer en un ataque de estrés. “Hagamos lo que hemos estado haciendo los últimos años, trabajar.”
“No queda otra opción...” resopló Jean, muchísimo más calmado de su exaltación inicial.
Los tres concordaron en mantener en secreto lo que sabían, no servía de nada repartir la información en la oficina y dejar que todo se convirtiera en un caos inmanejable de ansiedad y feromonas estresadas, nadie quería esa tortura.
[ • • • ]
Alain hizo todo lo que pudo para continuar con su trabajo restante como siempre, centrado y eficiente.
Adoraba su trabajo, la mayoría del tiempo ni siquiera se fijaba en las horas de salida, almuerzo o descanso, pero justo en ese momento no era capaz de mirar su reloj de pared cada pocos segundos.
Con los años había logrado agudizar su instinto, controlarlo tan perfectamente que en lugar de preocuparse por un celo repentino usaba esa sensibilidad para ser más consciente de su entorno, de las reacciones ajenas y del ambiente en la oficina.
Solía sentirse orgulloso de eso, pero realmente no estaba muy feliz de ser tan sensible a su entorno justo ahora. El peso de la ansiedad y el estrés ajenos amenazaba con consumirlo, en cualquier día normal simplemente habría hecho su mejor esfuerzo para ignorarlo y continuar con su trabajo, pero no hoy. No cuando su propio sudor reflejaba la misma ansiedad pesada.
Todo explotó cuando Ron finalmente salió de la oficina, se levantó rápidamente de su silla justo cuando todos comenzaban a reunirse alrededor de un círculo dónde el centro estaba conformado por tres personas, Ron, Niki y... todos contuvieron la respiración, Alain lo sabía porque el también lo hizo cuando lo vio.
Era joven, mucho más joven de lo que esperaba, también era bastante alto, bronceado, cabello castaño y bien recortado, Alain tuvo que pararse de puntillas desde donde estaba para intentar reconocer el color de sus ojos. Su evaluación fue detenida por un fuerte carraspeo, cortesía del mismísimo Ron.
Mientras Niki daba un paso al frente con cara de pocos amigos, Alain pudo encontrar la mirada de Jean en medio de la multitud, parecía mucho menos ansioso que cuando lo sacó de su almuerzo y lo arrastró a ese pasillo.
El omega recorrió la sala con los ojos intentando encontrar también a Gerhard pero no tuvo suerte, en cambio, su mirada se detuvo a medio camino, duró apenas un poco más de un segundo pero eso fue más que suficiente para descubrir que el muchacho desconocido tenía los ojos marrones más profundos que jamás había visto.
Alain desvió la mirada casi de inmediato pero aún sentía ojos clavados con intensidad en si mismo.
Ron fue el primero en hablar, no mencionó nada realmente emocionante para nadie, más allá del hecho de afirmar que nadie sería despedido. A pesar de la distancia estuvo seguro se haber escuchado el suspiro aliviado de Jean entre los de sus demás compañeros.
El discurso de Niki fue corto y conciso, claramente agotado por haber pasado todo el día recluido en la oficina maloliente de Ron, probablemente sobreviviendo solo a base del café que James lograba proveerle durante los descansos.
“... Es así que quiero que le den la bienvenida a Ayrton.” Masculló y levantó una ceja retadora cuando nadie aplaudió, rápidamente el silencio de la sala se llenó con una ola de aplausos cortos y atemorizados.
Ayrton, el muchacho desconocido de ojos profundos y sonrisa fácil, fue impulsado por Ron para dar un paso al frente.
“É um prazer conhecer todos vocês.” comenzó el joven, con un acento que llamó inmediatamente la atención de Alain. “Soy Ayrton Senna, espero que podamos trabajar muy bien juntos. Daré lo mejor de mi.”
Su voz salió con ese matiz de incomoda seguridad que no recordaba desde sus días en la escuela presentándose cada a sus compañeros cada vez que un nuevo ciclo comenzaba. Una renovada ola de aplausos llenó el vacío silencioso que precedió la presentación de Ayrton.
Alain logró escuchar los improperios típicos de Nelson a su lado, ni siquiera había notado su presencia hasta ese momento, giró momentáneamente para susurrarle que se callara y cuando volteó nuevamente sus ojos lo traicionaron otra vez, anclandolo a aquellos pozos marrones, tan marrones como un chocolate espeso y derretido puesto directamente en el iris.
Esta vez le sostuvo la mirada, sus colegas ya habían comenzado a dispersarse, claramente aliviados al saber que sus puestos de trabajo no estaban en riesgo, pero él se mantuvo pegado en su sitio observando fijamente aquellos iris de chocolate y, claro, siendo observado también.
Nelson dijo algo que Alain no escuchó, sus pies se despegaron del suelo y avanzó con firmeza sin romper el contacto visual.
Avanzó a través de la oficina hasta llegar a una distancia prudente, tenerlo de frente hizo que la diferencia de altura fuera mayor de lo que creía, pero eso jamás lo había amedrentado.
Levantó la barbilla y extendió una mano cordial.
“Un gusto, Ayrton.” saludó al mismo tiempo que el muchacho sostenía su mano extendida. “Soy Alain Prost, director de ventas.”
Ayrton no respondió de inmediato, mantuvo sus manos unidas por un segundo más de lo necesario, un segundo más de lo socialmente aceptado, antes de soltarla y asentir con una sonrisa que movió con fuerza algo dentro de Alain.
“El gusto es todo mío.”
Alain asintió torpemente y se alejó de la misma forma en la que se acercó, solo que ahora había una leve picazón bajo su palma, allí dónde Ayrton lo había sostenido, una sensación densa y el leve rastro de un aroma demasiado instintivo como para ser suyo.
Quizás Jean si tenía razón, al menos ahora sabía de quién era el maldito auto.
