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Deben ser como las siete de la mañana cuando empiezo a notar un ligero calor en las mejillas; los primeros rayos de sol del día entran por mi ventana, acariciándome como si tuviesen cuidado. Me abruma un poco la mezcla de olores de mi cuarto; reconozco el sirope de arce y el aroma de la madera que emana mi armario, ahora prácticamente vacío.
Con un poco de pereza, pero más ánimo del que me esperaba sentir, me quito las sábanas de encima y me levanto, con cuidado de no pisar los dibujos de ayer a la noche; no puedo evitar ver el dibujo de Mike el paladín y, para dejar de mirarlo, lo empujo debajo de la cama.
Me acerco a la maleta que sigue abierta encima de la mesa; tengo todo listo: la ropa, el bañador (que me da más vergüenza usar que el año pasado, porque he notado cambios en mi cuerpo que aún no asumo), el walkman y un pequeño maletín con un cuadernito, pinceles y lápices de todo tipo, que me regaló Mike hace 2 años, cuando aún se acordaba de mi cumpleaños.
Ahora que Hopper no está, mamá se ha hecho cargo de ella personalmente y vive con nosotros. Esta, se podría decir, es la razón por la que me voy dos meses de campamentos, para ayudar a mi madre económicamente, aunque nunca se lo admitiría a ella. Pero esta no es la única razón; aunque ahora Jane ha dejado a Mike, sigo sin poder soportar verlos juntos. Necesito desconectar y espero que esto me ayude, aunque sea a que me guste otra persona.
Necesito pasar página de él, y espero que estos campamentos me ayuden a hacerlo.
De repente escucho mi puerta crujir y abrirse; se intensifica el olor a sirope; mamá ha hecho tortitas. Cuando me giro, veo a Jane, mirándome con una sonrisa.
"Will, es hora de desayunar", me dice. "No vaya a ser que llegues tarde, venga". Me hace un gesto para dirigirnos juntos al pasillo, camino a la cocina.
"Ya voy, El-". Me arrepiento al instante; Jane nos pidió hace poco que la empezáramos a llamar Jane, quiere dejar atrás su vida en el laboratorio, si se le puede llamar vida a lo que le hicieron a mi hermana. "Lo siento".
"Will, te he dicho mil veces que me puedes llamar El; no es lo mismo que Once, es cariñoso". Me tranquiliza un poco.
"Lo sé, pero no te quiero hacer sentir como— No acabó la frase, claro que no me atrevo a decirlo todo.
"Como un experimento de laboratorio". Acaba por mí.
Paso un brazo por sus hombros y llegamos a la cocina. Jonathan se acerca a nosotros a darnos el desayuno, tortitas, estaba claro. Mamá llega cuando estamos a punto de terminar de desayunar, vestida con su ropa del trabajo.
"Buenos días, chicos", dice y le da un beso en la mejilla primero a Jane y luego a Johnatan; después se acerca a mí con una sonrisa, ¿triste? "Ai Will, mi pequeño", me dice y me agarra los mofletes. "¿Cuándo te has hecho tan mayor? Antes no querías ni pensar en irte de casa tanto tiempo". No me jodas, mamá.
“Mamá, no exageres”, le digo para que deje de manosearme toda la cara. “Serán dos meses; para cuando os deis cuenta, voy a volver para molestaros”. Pero no vale de nada, no deja de abrazarme y Jonhatan se levanta a unirse al abrazo; Jane se nos queda mirando; aún le dan vergüenza estas cosas.
“Jane, ni se te ocurra quedarte ahí, ven”. Le invita Jonhatan mientras abre un brazo para incluirla. “Abrazo familiar”, dicen los dos a la vez; no me lo puedo creer.
Cuando mi familia acaba de montar el drama, me levanto, voy a vestirme y a preparar las cosas de último momento.
Ya con todo listo, intento abrir la puerta, pero me cuesta, con la maleta en una mano y el walkman en la otra.
“MAMÁ, QUE ME TENGO QUE IR”, digo mientras intento que mamá me deje de peinar el pelo. Will se va al campamento, honestamente, mejor—¿qué digo?—no estamos pasando por nuestra mejor temporada y debería hablar con él, pero estoy cansado de pedir perdón todo el rato. Lo hice con Once-Jane y sé que tengo que hacerlo con Will también; no le he tratado nada bien, nunca he querido ser parte de la sociedad que le obliga a crecer más rápido de lo que necesita, no es justo.
Cuando Karen me suelta, subo rápidamente a la bici y me dirijo a la casa de los Byers (y, ahora, Hopper también). No sé si a Will le hará mucha gracia que vaya a despedirme de él como si nada; por si acaso, les avisé ayer de que iría. En el camino a casa de Will, paso por enfrente de casa de los Sinclair y Henderson; se me hace raro no ver las bicis de Lucas y Dustin en el jardín.
Ayer a la noche…
“Will… ¿hola ¿Me oyes?” Escucho por el walkie: “Soy Mike”. De verdad que no tengo ganas de hablar con él, necesito olvidarlo un poco. “Por favor, Will, respóndeme, necesito decirte algo”. Pienso que va a pedirme perdón. Por el walkie, no me toma en serio, y normal, porque sé que el mínimo perdón que diga lo voy a aceptar, y no tengo que hacer eso, necesita currárselo más. Así que apago el walkie y enciendo la radio de Jonathan para seguir acabando la maleta; estoy nervioso por mañana.
Casi seguido escucho que tocan mi puerta: “Está abierto”.
Jane aparece detrás de la puerta con cara de preocupación: "¿Estás enfadado con Mike?". ¿Pero qué...? —pienso.
“No, ¿por qué lo dices?” digo en vez de confesarle cómo me siento. Últimamente, Jane y yo nos hemos vuelto muy cercanos; es la única que sabe que yo… “¿Te ha dicho algo él?”
“Acabo de hablar con él por mi nuevo walkie”, me mira a los ojos. “Desde que lo dejamos, solo me ha hablado para preguntarme cosas de ti. Me ha dicho que te diga que enciendas el walkie o que va a venir hasta casa; parece desesperado por hablar contigo”. Me sonríe, mirándome como si supiera todo lo que siento por Mike.
“Uf… Vale, lo haré, gracias por avisarme antes de que se plante en casa”. Los dos nos reímos, Jane porque le ha hecho gracia y yo porque sé que Mike no vendría hasta aquí por mí.
Enciendo el walkie: “Will, Will, Will, Will, Will, Will, Will, Will”. Este chico no se cansa.
“Mike, ¿qué quieres?”, le digo. “Me ha dicho Jane que querías hablar conmigo”. Hago como si no le hubiera ignorado.
“Sé que tenías el walkie encendido, nunca lo apagas”, me conoce demasiado bien. “Pero da igual, me merezco que no me hagas caso, pero eso no es por lo que quiero hablar contigo”, ni siquiera va a hacer el esfuerzo de pedirme una triste disculpa por el walkie. “¿Mañana vas al campamento, verdad?” Hago un sonido de asentimiento. “¿A qué hora saldrás de casa?”
“A las 9, Mike, tengo que ir al bus y recoger a los niños para salir”. Escucho un suspiro, ¿nostálgico?, de su parte.
“Serás buen monitor, Will”. ¿A qué viene esto?
“¿A qué viene esto, Mike?” Estoy cansado de Mike, me ha tratado mal y esta vez no voy a hacer como si nada.
“Sí, perdona, ¿puedo ir a despedirme de ti mañana a la mañana?”
“Prefiero que no… será pronto, no hace falta, Mike”.
“Perdona, he formulado mal, no es una pregunta: voy a ir a despedirme de ti mañana a la mañana y te voy a acompañar hasta el bus”.
Mike es muy cabezota y quiera que no lo va a hacer, pero de verdad que no puedo estar solo con él; le voy a perdonar todo a la mínima que me mire a los ojos.
“Está bien, Mike, gracias, supongo. Pero en serio estoy muy cansado, buenas noches”.
“Buenas noches, Will.” Cuando escucho a Will decir mi nombre, siento como si por fin pudiera respirar después de estar sin oxígeno.
Dejo el walkie a un lado y sigo dando vueltas por casa, pensando. Tengo que acabar la maleta; Mike no puede ser un obstáculo hasta para esto.
“Will, ¿estás ahí?” Escucho la voz de Dustin por el walkie.
“Hola, Dustin”, le digo, “estoy a punto de meterme en la cama, ¿necesitas algo?”
“¿Acaso uno no puede llamar a su mejor amigo, a él que lo va a abandonar todo el verano?” dice riendo; me río con él. “Solo quería despedirme de ti antes de que te vayas; te vamos a echar de menos”.
“Gracias, Dust”. Aprecio en serio que se despida de mí “Pero… ¿Sabes cuál es la mejor manera de despedirse? Con un abrazo, ven mañana, anda”, le pido; normalmente ni me atrevería a pedirle ese tipo de favores a nadie, por mucha confianza que tenga; no quiero molestar. Pero no puedo enfrentarme a Mike solo.
“Joe Will, ¿no te vas a las 9? Es muy pronto”, se queja. Qué vago es Dustin.
“No acepto un no por respuesta, vamos a estar todo el verano separados”.
“2 meses”, me corrige, “que Steve es socorrista este año”.
“Ven mañana y avisa a Lucas, cambio y corto”.
“Joder”, escucho antes de apagar el walkie y la dejo encima de la mesita de noche. No voy a llevar el walkie, desconexión total.
Fin del flashback
Estoy llegando a casa de Will cuando—aquí están las bicis de Lucas y Dustin. ¿En serio?
Me molesta más de lo necesario que Dustin y Lucas estén aquí, sobre todo la forma en la que Lucas está abrazando a Will. Si fuera otro del grupo que se va y estamos todos despidiéndolo, no sería así.
(Will)
Salgo de casa, entrecerrando un poco los ojos por culpa del sol y esperando que Dustin o Lucas hayan llegado antes que Mike. Por suerte, después de conseguir abrir la puerta, me encuentro con Dustin y Lucas, que están dejando las bicis en mi jardín.
“Hola, chicos, gracias por venir”, les digo; me miran con cara de pocos amigos; prácticamente les he obligado a venir.
“Sí… hola, Will”, dice Dustin aún medio dormido; me sorprende que no se haya estrellado contra algo conduciendo así.
"Buenos días", me dice Lucas vestido con lo que creo que es su pijama.
Estoy abrazando a Dustin, que aunque siga medio dormido, me estruja fuerte cuando, en frente de mí, veo llegar a Mike, cruzando por mi jardín, que cuando se da cuenta de que Lucas y Dustin también están aquí, frunce ligeramente el ojo, tan ligeramente que nadie lo nota, pero yo sí, siempre lo hago.
Miro a Lucas por encima del hombro de Dustin. “Por favor, no menciones que os he pedido que vengáis”. Se miran confundidos entre ellos, pero no dicen nada, saben que las cosas entre Mike y yo no están bien. Si os lo preguntáis, es verdad, el problema también lo tuve con Lucas, pero él se disculpó seguido, no como…
“¡Hola, Will!” me dice Mike mientras acabo de abrazar a Lucas. “Hola, chicos…” Los demás no lo notan, porque la reacción de Mike es invisible a simple vista, pero yo leo su expresión sin dificultad; ha estirado los hombros y relajado las cejas más de lo normal, intenta disimular que no quería que los demás estén aquí. Yo también te conozco bien, Wheeler, y sé que planeaba disculparse aquí, así, pillándome solo, sin que yo tuviera otro remedio que perdonarle. Tendrás que currártelo más. Estamos los 4 hablando unos cinco minutos hasta que Jane, Jonhatan y mamá salen de casa. Mi hermano con las llaves del coche girando entre los dedos. “Chicos, solo uno de vosotros cuatro entra en el coche para llevar a Will”, dice mientras empieza a arrancar el motor; ese coche necesita tiempo para espabilar. Como si fuera lo más obvio del mundo, Dustin y Lucas cogen sus bicis y me dan un último abrazo, como si lo más natural fuera que Mike venga conmigo. Él sonríe, cómo no.
Cuando por fin el coche arranca, se suben Jonathan y Jane adelante; atrás vamos mamá, yo y Mike, en ese orden. Cuando pasamos por enfrente de la tienda de mamá, ella me da un beso, con los ojos llorosos: “Trabaja bien, Will, se te dará bien, pero sobre todo, pásatelo muy bien”.
“Te quiero, mamá”. Después de dejar a mamá, noto una mano encima de la mía; ni me atrevo a mirar a quién me está tocando. “Mírame”, me dice bajito y me estira un poco de la mano; le hago caso, como siempre cayendo ante sus encantos. “Sé que has invitado a los chicos porque no quieres que hablemos, Will”, me dice, con un tono ¿herido? “Pero tenemos que hablar, quería dejar las cosas bien entre nosotros antes de que te vayas, pero no te voy a obligar a nada”.
Jane nos mira desde el asiento de adelante. “Mike, ahora no” es lo único que soy capaz de decir. Sé que igual no estoy siendo justo al no darle la oportunidad para disculparse como hice con Lucas, pero ¿estoy siendo malo al disfrutar que Mike me persiga un poco?
“Está bien”, me suelta y siento su ausencia en mi mano.
Vamos hasta la parada de bus callados, pero con los baches de la carretera nos movemos y hay ligeros toques, que deberían serme insignificantes. Entre el silencio que nos rodea, solo escuchando a Él tararear.
Por fin llegamos a la parada de bus; estoy un poco nervioso, tengo que ser capaz de cuidar bien a los niños que me toquen. Jonhatan es el primero en abrazarme con ojos medio llorosos.
"Te voy a echar en falta, Will", dice, me mira de arriba a abajo y coge mi maleta de entre mis manos. "¿Seguro que llevas todo?", preguntas y asiento con la cabeza. Mientras él sube mis cosas al bus, abrazo a Jane.
“Te llamaré por el walkie”, me dice. “Ah, no es verdad, has decidido dejarla en casa para desconectar”, —irónicamente. Le miro con cara de pena.
“Yo también te echaré de menos, Jane”, le digo y la suelto del abrazo.
“Mira, ahí viene tu razón de desconexión”, dice y Mike se acerca a nosotros. ¿Esta chica cómo sabe todo? Jane sube al coche junto a nuestro hermano.
“Wheeler, ¿quieres que te llevemos a casa?” le preguntan desde la ventanilla.
“No hace falta, gracias, iré andando”. Les sonríe y mis hermanos se van. “Will…” me dice, está dolido. “Mira, siento mucho lo que ha pasado, estaba mal con él y lo pagué contigo, no fui justo”, me dice. ¿De verdad vas a aprovechar este momento para hacerme una disculpa tan cutre? “Que sepas que esta no es mi disculpa; te lo compensaré todo cuando vuelvas, si quieres”.
“Está bien, Mike, me lo recompensarás; sé que querías hablar, pero ahora no es el mejor momento”.
“Tienes razón, y es normal que te quieras despedir de tus segundos mejores amigos”, me dice y ríe.
“¿Quién ha dicho que no sean los primeros también?”
“Sube al bus, anda, ya estás diciendo tonterías”. Sonríe, como si fuera lo más obvio tener preferencias entre tus mejores amigos.
Nos damos un abrazo; mi frente queda a la altura de su cara. La etapa de reírme de él porque le saco una cabeza se acabó hace tiempo. Mike mira a su alrededor, sin soltarme, y cuando ve que nadie nos está mirando, noto un leve beso en la sien. “Adiós, Mike”, le digo y subo al bus.
“¿Ya estás con tus mariconadas, Byers?” James Miller no puede ser. ¿Qué hace aquí James Miller? ¿Le tendré que aguantar todo el verano?
