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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-10
Updated:
2026-02-20
Words:
52,097
Chapters:
7/?
Comments:
145
Kudos:
226
Bookmarks:
30
Hits:
1,981

No somos su Folclore

Summary:

Europa cree conocer la magia.
Latinoamérica sabe que apenas han visto una parte.

Cuando la escuela latinoamericana es invitada al Torneo de los Tres Magos, seis estudiantes dejan atrás la selva para enfrentar un mundo que los mira con curiosidad, burla y desconfianza.

Mientras Europa se enfrenta al regreso de la oscuridad, Latinoamérica demostrará que la magia tiene raíces más profundas de lo que sus libros de texto indican.
Que la magia tiene memoria, tierra y resistencia.

No vinieron a ser invitados.
Vinieron a ser reconocidos.

Entre prejuicios, arrogancia, silencios incómodos, choques culturales y una guerra que no es la suya, descubrirán que el verdadero desafío no está en el torneo, sino en reclamar su lugar en un lado del mundo que los subestima.

Notes:

HALLOOOO!!!!!! 💗

Primero que nada:
¿¿¿QUÉ CARAJO CON QUE YA ME HICIERON SUBIR DE 100 SEGUIDORES A 1000???
¿¿¿WATEJEI???
¿¿¿EN QUÉ MOMENTO PASÓ ESTO Y POR QUÉ NADIE ME AVISÓ???

Ok, ok. Se ve que les gustó lo que escribí… y aquí está ese fanfic.
⎛⎝ ≽ > ⩊ < ≼ ⎠⎞

PERO.
Antes de empezar, necesito decir varias cositas importantes (lean, por favor): (ㅅ´ ˘ `)

Número uno:
No soy experta escribiendo, ¿okey?
Me animé apenas hace unos meses a subir algunos fanfics que escribí solo para mí (este es uno de ellos). Así que si leen algo que no se entiende, que suena raro, o sienten que falta algo… 

¡DÍGANMELOOOOOOO!
¡¡¡DÍGANME TODOOOO!!!
COMENTEN. GRITEN. ANALICEN. CRITIQUEN CON AMOR.
TT.TT
De verdad, la retroalimentación me ayuda un montón y la agradezco demasiado.

Número dos:
Como pudieron ver en mi perfil, tengo dos historias en curso, y con esta ya son tres (sí, no pensé en eso cuando las subí emocionada). 

 

Y aclaro de una vez: (•˕ •マ.ᐟ
-no, no me copio de nadie
-no, nadie me ayuda a escribirlas (aunque si quieren dar ideas, teorías o apoyo moral, BIENVENIDÍSIMOS)

Los fanfics que subo son historias que yo ya tenía escritas.
Tengo cierto hobby: escribir fanfics para leerlos yo sola JAJAJAJA
(No es broma, de verdad tengo una carpeta llena de fanfics de películas, series, libros, mangas, etc. Mi tesoro.)

Y sí, tal vez fue una pésima idea subir tres al mismo tiempo. 😭

PERO esa es la razón por la que a mí no se me hace pesado seguir las tramas:
porque ya tengo muchos capítulos y mucha base de todos.

AUN ASÍ.
Tardo en pulirlos, porque no es lo mismo leerlos yo sola (con mis modismos, referencias internas y caos mental) que subirlos aquí.

Así que por favor tengan paciencia con las actualizaciones TT.TT
Actualizo cada 7–11 días, y sí: los tres fanfics suelen actualizarse por las mismas fechas. (A menos que tenga exámenes, pero eso ya iré avisando. No me odien, porfi)

Número tres:
También actualizo en wattpad, por si a veces prefieren leer por allá.
Mi cuenta es la misma y están exactamente los mismos fics (pero en español).

Número cuatro:
Los invito oficialmente a leer mis otros dos fanfics:
-uno es de un manhwa JINX x Pearl Boy (pareja principal hetero, parejas secundarias BL y GL)
-y otro es de Twilight (reencarnación de Didyme, la hermana de Aro, sí, ESA Didyme)

 

Ahora sí, vamos a lo importante.

Este fanfic, como leyeron en la sinopsis, va a tocar varios temas adaptados al mundo mágico.
En algunas cosas no seguirá al 100% el canon de Harry Potter (todavía no decido si salvar a Cedric o dejarlo como en el canon… sufrimiento gratis ¿sí o no?).

Habrá conjuros, locaciones, situaciones y elementos nuevos.
Porque sí. Amo crear cositas nuevas (próximamente un libro de autoría propia, manifiesto)

Este fanfic NO es un reacomodo de la historia de Harry Potter.
Es una historia propia que se adapta para integrar a Castelobruxo y al resto del mundo mágico, porque lo que se conoce como el mundo de HP gira alrededor de Hogwarts como si el resto del mundo no existiera. 👀
Espero que eso se entienda bien.

 

Sin más por ahora:
les dejo el primer capítulo de este bello fanfic. ✨

Espero que les guste.
Gracias por estar aquí.
Gracias por leer. 
Gracias por el caos.
Gracias por esos 1K.
Lqm. 🫂🤍

 

-SK. ฅᨐฅ

Chapter Text

(Castelobruxo, septiembre de 1994)

El sol de la tarde filtraba su luz entre las hojas de los árboles del claro. El aire estaba cálido, cargado del olor a tierra húmeda y flores silvestres.

Ellos ocupaban su lugar habitual.

Naia estaba recostada sobre las piernas de Thiago, quien intentaba, sin éxito, separar una sección de su cabello para hacer una trenza minúscula. Amaranta estaba sentada a su lado, mordisqueando un dulce de guayaba envuelto en una hoja de plátano. Los gemelos Villalba, Iker y Elián, estaban sentados frente a ellos, intercambiando miradas que solo ellos entendían. Lautaro yacía boca arriba, con las manos detrás de la nuca, observando el cielo.

—O sea, nos invitan solo porque Beauxbatons les falló —dijo Amaranta, lamiendo un resto de miel de su dedo—. Como si fuéramos el relleno de última hora.

Lautaro se encogió de hombros sin apartar la vista de las nubes.
—Es que allá les encanta creer que son el centro del mundo mágico. Lo mejor es que los europeos esperan que lleguemos con taparrabos o lanzando maldiciones con maracas.

—JAJAJAJA, ¡exacto! —gritó Iker, abrazándose las rodillas—. "¡Dios mío, son los brujos de la jungla! ¿Vienen a bailar alrededor de un caldero?"

—Peor —intervino Elián, poniendo voz de narrador de documental—. "Observen cómo el nativo latinoamericano utiliza su varita primitiva hecha de hueso de jaguar y lágrimas de sol. Es fascinante ver cómo sobreviven sin sus sofisticadas... ¡Oh, esperen! ¡Acaba de invocar un huracán con un chasquido de dedos!"

—"¡Oh, mira, son los salvajes de la selva! ¿Trajeron su magia de barro y hojas?" —continuó Iker, en el mismo tono.
—"¡Están bebiendo poción de fuego y lanzando humo por la boca! ¡Es magia oscura!"
—"¡Corran! ¡Los latinos están bailando pegados! ¡Debe ser un ritual de fertilidad!"

Los gemelos se miraron y estallaron en risas idénticas, rodando por el pasto. Thiago dejó la trenza fallida y sonrió viéndolos.

Naia soltó un bufido, aunque sus ojos brillaban de diversión.
—Allá hay puristas que creen que nuestra magia es "exótica" —dijo, haciendo comillas en el aire—. Como si no supiéramos que su Quidditch lo copiaron de los voladores toltecas.

—Y ni hablar de los que se escandalizarán al ver tu cabello —murmuró Thiago hacia Naia—. Pensarán que es algún hechizo de vanidad.

—JAJAJAJA, les diremos que por aquí los bebés nacen con el color del arcoíris en el trasero —intervino Elián, recuperando el aliento. Iker asintió con solemnidad falsa.

—"Sí, señor purista inglés, es la ceremonia del primer llanto. Si el bebé llora bajo la lluvia, el arcoíris le mancha el pelo. Muy sagrado."

Lautaro, sin moverse, añadió con tono casual:
—Lo divertido será cuando descubran que Amaranta sabe más encantamientos ancestrales que todos sus libros polvorientos juntos.

Amaranta le sonrió y le lanzó unas hojas secas que tenía a su lado.
—¿Y tú qué crees que van a decir de tu yacaré albino, Lau? "¡Un cocodrilo fantasma! ¡Dementor!"

—Los dementores le hacen los mandados a la llorona —respondió Lautaro en voz baja, sonriendo.

—Oigan, hablando del torneo —dijo Iker de pronto, sentándose de golpe—, ¿no son los europeos los que están en guerra con ese disque 'Señor Oscuro'.

Elián soltó otra carcajada.
—¡Ah, sí! El famoso Quien-no-debe-ser o como se llame. Qué dramáticos los nombres, por cierto. ¿Nadie les dijo que aquí a los magos oscuros los llamamos por su nombre completo, apellidos y hasta el mote que les puso su abuela? ¿Qué será? ¿Qué les da miedo que los asusten por la noche?

Thiago ladeó la cabeza.
—Su mago más temido se cagaría si supiera lo que hay aquí en Latinoamérica. O en África, ¿se acuerdan de esas brujas del Congo que conocimos en vacaciones? Esas sí daban miedo.

—¡O en Asia! —saltó Amaranta—. Allá hay magos que pueden doblar la realidad con un susurro. Y aquí, en nuestra selva, tenemos bestias que harían llorar a sus dementores.

Naia se rió, girándose para mirarlos a todos.
—Apuesto a que su Señor Oscuro ni siquiera sabe lo que es un nahual. Imagínense su cara si se topa con uno y descubre que no puede matarlo porque no tiene un solo cuerpo.

—Que venga por aquí —dijo Iker, frotándose las manos—. A ver cuánto dura antes de que lo conviertan en un sapo o lo persiga una horda de chaneques borrachos.

Los seis estallaron en risas. Amaranta, casi sin aliento, añadió:
—Lo mejor será cuando descubran que aquí no hay ningún castillo de piedra fría. Les apuesto que piensan que todas las escuelas mágicas son como la suya.

—O que nuestros profesores pueden convertir a alguien en un cactus con solo mirarlo —dijo Naia, haciendo un gesto dramático con las manos.

—O que aquí los fantasmas no solo flotan y se quejan —añadió Thiago—, sino que también organizan fiestas y juegan fútbol con cráneos.

Lautaro suspiró con humor.
—Bueno, al menos les daremos algo emocionante de qué hablar. Porque, siendo honestos, su torneo parece aburridísimo. Si es como en años pasados ¿Un dragón, un lago y un laberinto? Nosotros tenemos desafíos peores en las clases de Herbología.

—¡Totalmente! —exclamó Amaranta—. Allá luchan contra un dragón. Aquí, la profesora Itzel nos hace lidiar con plantas que te abrazan hasta asfixiarte si no les cantas bien.

—Y ni hablar de la anaconda alada del profesor Amaru —recordó Iker, haciendo un gesto de terror exagerado—. Esa cosa te mira como si ya decidió en cuántos pedazos te va a comer.

Un silencio cómodo cayó sobre el grupo. Se escuchaba el canto distante de aves mágicas y el susurro del viento en la copa de los árboles. Naia cerró los ojos de nuevo, disfrutando del sol en su rostro. Thiago dejó de jugar con su cabello y apoyó una mano en el pasto, cerca de su hombro.

—En serio, ¿qué piensan que pasará allá? —preguntó Amaranta después de un rato, su tono más serio.

—Nos verán como bichos raros —respondió Elián con un encogimiento de hombros—. Pero eso ya lo sabemos. La pregunta es cuánto tardarán en subestimar a los "bichos raros".

La conversación derivó hacia otros temas. Hablaron de los entrenamientos de Quidditch, de lo mucho que extrañarían la comida de la escuela, de si conseguirían ingredientes para pociones en Hogwarts.

—Lo de las escobas sí me preocupa —dijo Thiago—. Las nuestras están adaptadas al calor y la humedad. Allá con ese frío y esa nieve, no sé cómo responderán.

—Peor es lo de las varitas —comentó Naia, abriendo los ojos—. La mía es de ceiba. La de Lautaro es de caldén ¿verdad? No sé si la magia se siente diferente en otro continente.

—Mi abuelo decía que la magia es como el aire —dijo Amaranta—. Está en todos lados, solo cambia la forma de respirarla.

—Profundo, Amaranta —murmuró Iker.

—Cállate.

El sol comenzó a bajar, tiñendo el cielo de tonos anaranjados. Un grupo de estudiantes más jóvenes pasó corriendo cerca del claro, gritándose entre risas. Los saludaron con la mano.

—Deberíamos ir pensando en la cena —dijo Lautaro, incorporándose—. Hoy hay arepas rellenas, según escuché.

—¿De verdad? —preguntó Amaranta, iluminándose.

Se levantaron, estirando brazos y piernas, y recogiendo sus mochilas.

Caminaron juntos por el sendero que llevaba a la entrada principal de la escuela. Se escuchaba el murmullo de cientos de estudiantes moviéndose por los pasillos y rampas naturales.

—Mañana es la reunión con la directora para los detalles del viaje —recordó Naia mientras caminaban.

—Sí, a ver qué nos dice —respondió Thiago—. Ojalá nos deje llevar a Yune y a Brasa.

—Y a Mate y a Tambo —añadió Lautaro.

—Y a Ñasaindy y Sombraí —dijeron los gemelos al unísono.

—Debe dejarnos —dijo Naia con seguridad—. Son parte de nosotros. Ir sin ellos no es una opción.

Entraron al vestíbulo principal, donde el aire olía a tierra, madera vieja y la fragancia dulce de las flores mágicas que crecían en las paredes. Otros estudiantes los saludaron al pasar. Eran conocidos, no solo por ser un grupo unido, sino por sus habilidades.

Naia y Thiago, los duelistas estrella; Amaranta, la magizoóloga; Lautaro, el prodigio de la magia mental; los gemelos, especialistas en runas y magia de invisibilidad.

Se dirigieron al comedor. Una gran sala con mesas largas hechas de troncos pulidos. El techo estaba abierto al cielo nocturno, pero un encantamiento mantenía una temperatura agradable y alejaba a los insectos. Se sentaron en su lugar habitual, cerca de una de las ventanas arbóreas.

—¿Y si nos toca compartir dormitorio con los de otras escuelas? —preguntó Iker mientras servían arepas en sus platos.

—Los aterrorizamos con historias de la Llorona —propuso Elián inmediatamente.

—O les decimos que Amaranta habla dormida y predice desastres —sugirió Thiago.

—¡Oye! —protestó Amaranta, pero riendo.

—Creo que usaremos la Yvytu-óga. Algo así escuche decir al profesor Javier.

Comieron hablando de trivialidades, de clases, de profesores. Criticaron amablemente la nueva túnica del profesor Emiliano (de Astronomía), que tenía constelaciones que se movían demasiado rápido y daban mareo. Recordaron el día en que la planta carnívora de Herbología se escapó y tuvieron que perseguirla por la escuela.

Después de la cena, salieron a los jardines nuevamente. La noche era cálida, llena de sonidos de la selva. Luciérnagas mágicas, de un azul brillante, flotaban entre los arbustos.

—Un mes —dijo Amaranta de repente, mirando las luces—. Un mes y estamos allá.

—Un mes y los europeos no sabrán qué los golpeó —respondió Naia con una sonrisa segura.

Se quedaron un rato más en silencio, disfrutando de la compañía y la noche. Sabían que todo estaba a punto de cambiar. Pero también sabían que, sin importar a dónde, lo harían juntos.

Finalmente, cuando el reloj mágico del gran árbol dio las campanadas de las diez, caminaron hacia el ala este donde estaban las habitaciones de séptimo año. Las chicas caminaron por la rampa hacia la izquierda. Los chicos caminaron por la misma rampa, pero dando vuelta a la derecha.

El capítulo de su vida en Castelobruxo estaba por quedar pausado por un año entero. Otro, en un castillo lejano y frío, estaba a punto de comenzar. Pero por esa noche, todo era paz, el susurro de la selva y la luz de las estrellas filtrándose por la ventana de madera viva.

 

__


Mientras eso pasaba en Latinoamérica.
Al otro lado del mundo, bueno...

(Sala común de Gryffindor, septiembre de 1994)

El fuego crepitaba en la chimenea, proyectando sombras sobre las paredes tapizadas de rojo y dorado.

La noticia del cambio en el Torneo de los Tres Magos aún resonaba en el aire, mezclándose con el murmullo excitado de los estudiantes. En lugar de Beauxbatons, Castelobruxo llegaría en octubre, y ciertos estudiantes de Gryffindor no habían parado de hablar de eso desde su anuncio.

—¡No me lo puedo creer! —exclamó Lavender, arrellanada en uno de los sofás—. ¿Castelobruxo? ¡Sabemos prácticamente casi nada sobre ellos!

Ron, que estaba hundido en un sillón junto a Harry, frunció el ceño.
—Brasil... ¿Eso no es donde hay junglas y bichos gigantes...? ¡Merlín, seguro andan con plumas en la cabeza!

Fred, recostado sobre el brazo del sofá junto a Angelina, soltó una carcajada.
—¡Por eso mismo será interesante! A lo mejor traen serpientes encantadas.

—Qué horror —murmuró Seamus, inclinándose hacia adelante con los ojos brillantes—. ¿Te imaginas que sean como los mortífagos, pero peor?

—¡Eso no tiene sentido! —intervino Hermione, exasperada—. No todos los que no son europeos son oscuros.

—Pero no los conoces —replicó Dean, encogiéndose de hombros—. A lo mejor tienen costumbres raras. ¿Cómo serán sus uniformes? ¿Tú te los imaginas?

—Hojas —dijo George con convicción, haciendo un gesto con las manos como si se colocara un tocado exagerado—. Seguro van todos pintados y con... no sé, ¿taparrabos?

Los chicos rieron, pero Hermione les lanzó una mirada fulminante.

—Eso es ridículo y ofensivo. Castelobruxo es una de las escuelas más antiguas del mundo mágico, seguro tienen tanto prestigio como Hogwarts.

—Sí, pero no como nosotros —murmuró Ron, aunque Harry notó que no sonaba tan seguro.

Fred, con una sonrisa pícara, se inclinó hacia su gemelo.

—Oye, George... ¿qué harías si te enamoras de una chica de Castelobruxo?

George se puso rojo de inmediato, no por timidez, sino por indignación.

—¡¿Qué?! ¡Eso jamás pasará! —espetó, como si la idea fuera personalmente insultante—. Primero, ni siquiera las conocemos. Segundo, vienen del otro lado del mundo, ¿para qué querría algo con ellas? ¡Y tercero, seguro son raras y.... RARAS!

Fred se rió, disfrutando cada segundo de la reacción de su hermano.

—Solo digo... yo tengo a Angie —dijo, lanzándole un guiño a su novia, que rodó los ojos pero sonrió—. Tú sigues soltero. A lo mejor una chica exótica te cae bien.

—Cállate —gruñó George, cruzando los brazos.

Harry, que hasta ahora había permanecido callado, intervino antes de que la discusión subiera de tono.

—Bueno, en octubre los veremos. Pero lo que importa ahora es... ¿creen que ya tengan a su campeón?

—De Durmstrang ya sabemos que será Krum —dijo Ron, como si fuera lo más obvio del mundo—. Aquí, seguro es Cedric. Es el favorito.

—¡Ugh, los de Hufflepuff no paran de repetirlo! —se quejó Lavender—. Como si ya hubiera ganado, y ni siquiera ha empezado.

—Pero es lógico —señaló Angelina—. Es el mejor estudiante de su año, ¿no?

—Sí, pero el Cáliz tiene que elegir —les recordó Hermione—. Podría ser cualquiera.

—¿Y lo de Castelobruxo? —preguntó Dean, regresando al tema central, intrigado—. ¿En serio, cómo serán?

—Apuesto a que son salvajes —dijo Ron con convicción—. Seguro lanzan hechizos con danzas raras.

—Ron, eso es ignorante —bufó Hermione, pero los demás seguían riéndose, alimentando los prejuicios y las exageraciones.

Ron lanzó un suspiro exagerado, reclinándose contra los cojines del sofá con aire dramático.

—¿Qué? No sabes si es verdad o mentira. Pero que yo sepa, y mira que papá nos cuenta muchas cosas raras, nunca había oído algo sobre esa escuela. Lo único bueno de Beauxbatons era que al menos venían chicas como Fleur Delacour... media veela—hizo un gesto soñador—. Pero ahora, ¿qué nos espera? ¿Unos extranjeros que hablan con loros y viven lejos de la civilización?

George asintió con solemnidad, aunque no pudo evitar una sonrisa burlona.

—Peor aún, Ronnie. ¿Te imaginas que su idea de seducción sea lanzarte un hechizo de jungla y convertirte en un mono?

—¡O que sus hechizos sean con maracas! —intervino Seamus, imitando un movimiento de baile ridículo—. ¡Wingardium Leviosa, carnaval!

Ron se rió tan fuerte que casi se atragantó con su pastelillo de calabaza.

—¡Merlín, seguro sus varitas son palos con flores pegadas!

—No sean idiotas —bufó Hermione, aunque Harry notó que también estaba conteniendo una risa—. Castelobruxo debe ser una escuela seria, no un circo.

—¿Y cómo lo sabes? —preguntó Lavender, intrigada—. ¿Has leído algo de ellos?

—Claro —respondió Hermione, con ese tono de "obviamente lo sé todo", aunque no es verdad—. Bueno, he leído poco. Aquí no hay mucho sobre las escuelas de otros continentes. Castelobruxo está en medio de la selva amazónica, protegida por criaturas mágicas ancestrales. Tienen una especialización en magizoología y herbología avanzada, creo que también algo sobre animagia. Leí que tenían especializaciones parecidas a las de Uagadou, o algo así...

—¡Ahí está! —exclamó Dean, señalándola con el dedo—. ¡Nos van a envenenar con plantas raras! ¡O peor, nos van a mandar un ejército de tarántulas gigantes como mascotas!

—¡Noooo! —gimió Ron, llevándose las manos a la cara.

—A lo mejor ni siquiera usan varitas —aventuró George, con expresión conspirativa—. Tal vez solo hacen magia con las manos, como incivilizados.

Harry pensó, sin saber muy bien por qué, que hacer magia con las manos sonaba bastante más impresionante que depender de una varita. Pero no dijo nada.

—O con tambores —añadió Fred, golpeando las piernas como si estuviera en una ceremonia tribal—. ¡Boom, boom, Avad-!

—¡FRED! —lo regañó Angelina, dándole un codazo—. No bromees con eso.

—Solo digo... —Fred se encogió de hombros—. No sabemos nada de ellos. A lo mejor son caníbales.

—¡¿QUÉ?! —casi gritó Hermione, indignada—. ¡Eso es completamente absurdo!

—Ya te dijimos que no lo sabemos —insistió Ron, con falsa seriedad—. ¿Alguno de nosotros ha ido a Brasil? No. ¿Si quiera ha salido de Europa? No. ¿Hemos visto cómo son? No. ¿Nos podrían estar mintiendo y en realidad son una tribu de magos oscuros que se alimentan de estudiantes desprevenidos? Técnicamente, sí.

Harry no pudo evitar reírse ante la expresión horrorizada de Hermione.

—Vamos, Ron, no pueden ser peores que los mortífagos.

—Eso esperamos —murmuró Seamus, como si ya estuviera planeando su defensa—. Pero si vienen con pinturas de guerra y gritos de batalla, yo corro.

—Yo solo digo —Fred retomó el hilo, mirando a George con picardía— que si su campeón es una chica... ¿qué tal si es una hechicera poderosa que lanza maldiciones con solo mirarte?

—O que tiene serpientes por cabello —suspiró Lavender, con un escalofrío—. Como Medusa.

—¡Eso sí sería genial! —exclamó Dean.

—¡Sería TERRORÍFICO! —corrigió Ron.

—Lo único seguro —concluyó Hermione, harta— es que cuando lleguen, todos ustedes van a quedar como unos idiotas prejuiciosos.

—O nos van a comer —susurró Seamus, con voz ominosa.

Y así, entre risas, exageraciones y teorías cada vez más absurdas, el ambiente era de puro chisme y especulación, mezclado con esa típica arrogancia de quienes, evidentemente, nunca habían salido de Europa. La noche en la sala común de Gryffindor siguió adelante, con la única certeza de que, en unas semanas, descubrirían la verdad... o morirían en el intento.

(O eso creían ellos.)