Actions

Work Header

Una página cualquiera del diario de Seishiro Nagi

Summary:

Nagi no es bueno expresándose en voz alta, pero cuando tiene un bolígrafo entre sus dedos, la palabras salen con total soltura.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Escrito por Seishiro Nagi.

 

Hay veces en las que no me siento merecedor del amor de Reo.

Él vuelve cansado del trabajo y, aún así, lo primero que hace es venir a abrazarme. No se descalza, no se recoge el cabello, ni dice palabras innecesarias. Solo viene, se tumba encima de mí y cuela sus manos bajo mi sudadera. Su piel caliente choca contra la mía, helada, y desearía que dejara sus huellas por todo mi torso. Una marca. Reo. Escrita en mi cuerpo, tanto por fuera como por dentro. Es una rutina establecida hace tanto tiempo que ni siquiera sé decir cuándo comenzó. Solo pasa: mis piernas extendidas a sus lados, sus brazos alrededor de mí y su cabeza recostada en mi pecho. Siempre bajo el volumen del teléfono para que la música del juego no le moleste. Y sé que disfruta de la situación cuando, al ritmo de mi corazón, sus dedos se arrastran por mi espalda.

Cada vez que el momento termina, él va a ducharse mientras yo me encargo de preparar la cama para que pueda dormir en unas sábanas limpias y acogedoras. Adoro escuchar su suspiro de satisfacción al hundirse en el colchón. Sin juegos ni un corazón melódico. Solo él y yo, cuerpo con cuerpo, alma con alma.

Tengo la costumbre de observarlo por la noche. Cuando, quién sabe cómo, me despierto por un instante. Pienso en lo mucho que hace por mí, en cuánto se esfuerza por nosotros. Contemplo su rostro ladeado, tan hermoso como todo él, y mi mano se mueve sola hasta perfilar su mandíbula. A veces sonríe en sueños, y yo tengo que controlar las ganas de abalanzarme sobre él. Abrazarlo, besarlo, esconderme en su cuello y sentirlo, todo él. Todo Reo. Por completo. Sin embargo, no lo hago. Solo lo muevo para acercarlo a mí, de modo que su mejilla da con mi hombro. He aprendido el movimiento indicado, la fuerza necesaria, para atraerlo sin que se despierte. Cada mañana abre los ojos así, en esa posición, y cada mañana me despierta con un beso en los labios.

Es todo lo que necesito para levantarme como un ser funcional. No el beso. Reo. Y su sonrisa, que se convierte en lo primero —y lo último— que veo todos los días.

Reo sonríe. Siempre. Sonríe cuando me ve acercándome a él, cuando descanso sobre su regazo y cuando hundo mis manos en su piel. Sonríe cuando los ingresos de la empresa suben, cuando he organizado sus archivos en el tiempo en el que él está fuera y cuando sus empleados entregan su trabajo a tiempo. Sonríe cuando el café está tan frío que me cuesta sostener la taza, cuando vuelve de depilarse las cejas y se siente tan feliz que no me suelta hasta que comenzamos a sudar y cuando yo, no muy de vez en cuando, también sonrío.

Reo sonríe tantas veces que es difícil recordarlas todas. Pero no importa, porque tengo la imagen grabada en la cabeza.

Sonríe, también, al verme metido en la cocina, otra vez que vuelve del trabajo. Acuna mis mejillas con la misma dulzura con la que yo le he dado forma a la masa de galletas; me abraza sin importar que esté manchado de harina. Es él quien deja las galletas en el horno y se sienta sobre mí mientras esperamos. Cara a cara. Reo toquetea mi cabello como siempre lo hace: delicado, juguetón, amoroso. Me peina como lo hace cada vez que se aburre y estamos tan cerca que nuestras respiraciones son una sola.

Esa tarde, Reo disfruta de unas galletas que he hecho con el propósito de verlo feliz y demostrarle mi entrega como me es posible. Quizá no soy tan expresivo como él lo es, pero tengo por seguro lo mucho que le quiero, y él es consciente de ello.

No soy como él. Él no quiere que lo sea. Porque, entonces, no tendría sentido. Está aquí por mí, no por la persona en la que “quiere” que me convierta; mi caso es el mismo. Amo a Reo por mirarme cuando nadie lo ha hecho. Amo a Reo por el trato que me da sin esperar que lo devuelva de la misma manera. Amo a Reo por comprender cómo funciono: sabe que dormir en su pecho es un te quiero; sabe que mi presencia es sinónimo de comodidad; sabe que mis ojos expresan lo que a mi voz se le dificulta pronunciar. Amo a Reo por cambiarme la vida y lograr que encuentre un significado. Para vivir, para seguir y para morir.

Vivo con Reo, seguiré con Reo y moriré con Reo. Por eso, sostengo su mano con la delicadeza de quien posee una piedra preciosa, beso sus nudillos para sellar al Seishiro más real en su piel y, acto seguido, la aproximo a mi rostro para tenerla conmigo. Cerca. Mía. Nuestra. Los ojos cerrados, el tacto de quien es hogar en mi mejilla y la sensación de pertenecer a un lugar que me protege y en el que yo también protejo a alguien, porque Reo es tan mío como yo soy suyo.

Hay veces que lo tengo muy claro. Reo y yo hemos creado algo nuestro, tan íntimo que resulta imposible de explicar. Hay veces en las que sé lo mucho que Reo me ama: como amaría a un tesoro, a su tesoro.

Notes:

Gracias por leer. Es el primer trabajo que subo aquí, pero tengo más cosas en Twitter @eitagiriceo <3