Work Text:
La leyenda cuenta que hace cientos de años, un mago de sangre pura, perteneciente a una familia noble y respetada, fue comprometido con una bruja de su mismo estatus de un pueblo lejano. El contrato fue celebrado durante siete días por el pueblo, pues traería influencias extranjeras y riquezas que tanta falta les hacían a aquellas tierras.
Corvus y Josette llevaban una relación cordial, con tardes de té y paseos relajados por los campos del condado. Lo que llamó la atención durante este tiempo de cortejo, sin embargo, no fue la relación entre el heredero del conde y la heredera del barón—fue la relación entre Corvus y Minette, la hermana menor de Josette y segunda heredera en línea.
Corvus y Minette se comportaban como viejos amigos, riendo libremente por los jardines del palacio condal y siempre buscando la compañía del otro.
No era secreto para nadie que ambos se habían enamorado.
—No entiendo qué es lo terrible de todo esto.
Draco bostezó mientras se recostaba en el sofá de su sala de estar. Había sido un día largo en el trabajo y lo último que esperaba al llegar a casa era encontrar a Pansy en medio de una crisis existencial.
—¡Todo! —gritó ella—. ¿Cómo es que no puedes verlo? ¡Qué se supone que haga ahora!
Merlín, el ruido de sus huesos al rodar sus hombros probablemente se podía oír hasta en Francia. Francia… oh, lo que daría Draco por unas vacaciones…
—¡Esto lo arruida todo! —seguía Pansy—. Se supone que solo estábamos divirtiéndonos juntos, nada serio, ¿sabes? Solo lo común entre amigos, ¡¿cómo terminó así?!
París estaba fuera de cuestión. La comunidad mágica en París era conocida por su hostilidad y complejo de superioridad. Draco pudo encajar con ellos alguna vez, pero Draco era ahora un hombre reformado.
Ahora, quizá un resort en Cannes…
—¡Draco! —el grito de Pansy lo sacó de su ensoñación—. ¿Siquiera me estás escuchando?
Como si todavía pudiera disfrutar de aquellos lujos.
—Sí, sí, querida —rodó los ojos—. Para tu información, no es común para amigos compartir una cama, y todavía no entiendo qué es tan terrible de saber que Blaise es tu alma gemela.
Pansy emitió un sonido extremadamente indecoroso.
—¡Porque es Blaise! —levantó los brazos al aire en un gesto desesperado—. Draco, recuérdame todas las veces que pasamos junto a nuestros amigos recordando felices anécdotas de infancia y nuestra época en Hogwarts, ¡así como todas nuestras experiencias sexuales! —su voz fue incrementando hasta el final—. ¡Por Morgana, Draco! Sé exactamente cómo Blaise perdió su virginidad y con quién, conozco todas las caras con las que se ha acostado y las cosas que hicieron, ¡y eso ni siquiera es lo peor! —Pansy lo miró como si esperara que Draco dijera algo, pero ante su silencio, ella exclamó—. ¡Lo peor es que él sabe lo mismo de mí!
Antes de que Draco pudiera decir algo, Pansy gruñó:
—¡De haber sabido que Blaise era mi alma gemela, jamás le hubiera dejado dormir con Lisa Turpin!
Draco pensaba que el que Pansy todavía odiara a Lisa Turpin por robarle el novio (y en serio, ¿eran siquiera eso si solo se habían besado una vez?) en sexto año era demasiado rencoroso. Pero Draco era Draco, así que su opinión no tenía peso.
Aún así, Draco hizo una mueca de simpatía. Podía entender de dónde venía la preocupación de Pansy, después de todo, desde que eran niños ambos fantaseaban juntos sobre sus almas gemelas.
Era un recuerdo bonito; ambos acaparando atención, rodeados de otros niños hijos de familias de sangre pura mientras recontaban las mismas fantasías por milésima vez. Draco exclamaría que encontraría a la suya apenas cumpliera los quince años, que sería la hija o hijo de una familia respetable igual que la suya y le cortejaría con ramos de narcisos (como su padre hizo con su madre) y viajes a los lugares más hermosos del mundo. Pansy diría que su alma gemela la cortejaría incluso antes de verse sus marcas, que se casarían apenas se graduaran de Hogwarts y tendrían su luna de miel por Las Malvinas.
Gracias a un lapso de juicio de ambas partes, durante cuarto año Pansy y Draco pensaron que serían el alma gemela del otro. La gente solía decir que eran muy parecidos y ambos habían sido mejores amigos desde pequeños. Tenía lógica, ¿no? Así que Draco cortejó a Pansy con ramos de viola tricolor (Draco no se enorgullece de la falta de creatividad) y le prometió una luna de miel por Las Malvinas. El cortejo duró hasta el cumpleaños de Draco durante ese mismo año, cuando en su hombro derecho apareció un pequeño fénix dorado—el fénix revoloteaba por tres segundos, agitaba sus alas dos veces y luego se recostaba a dormir. El ciclo se repetía cada cinco minutos. Pansy no habló con Draco por dos días después de decirle que su marca no era una harpía como la de ella, luego lo primero que le dijo fue que en un momento de ira había ido hacia Blaise y había tenido su primer beso con él.
Mirando hacia atrás, la respuesta siempre estuvo ahí, ¿no?
Draco inconscientemente llevó su mano izquierda hacia su hombro derecho.
—La aparición de almas gemelas en grupos de amigos no es nada nuevo, Pansy. Tal vez si hubiera tenido el decoro de guardarte tus experiencias para ti misma, no estarías sufriendo ahora.
—Sí, lo estaría porque de todos modos igual conozco el historial de Blaise.
—¿Realmente te molesta? —Draco la miró directo a los ojos—. Siempre has dicho que una persona debería disfrutar de su vida sexual libre y orgullosamente.
Pansy le sostuvo la mirada. Sus ojos se suavizaron, suspiró y se sentó en el otro sofá disponible.
—No, no me molesta —admitió mirando su regazo—. Creo que solo estoy confundida. Blaise es un chico excelente y siempre he pensado que su alma gemela sería afortunada. Es solo… me cuesta entender que esa afortunada persona soy yo.
Su cara brillaba con un hermoso y suave color rosa en sus mejillas, con una pequeña sonrisa en las esquinas de su boca. Draco no pudo evitar la punzada de envidia que apuñaló su estómago.
Las charlas sobre almas gemelas ya no le emocionaban como antes.
Enfurecido ante la posibilidad de la anulación del contrato y de su hijo entrando en una relación con quien no era la primera heredera, el conde presionó a Corvus a contraer matrimonio con Josette lo antes posible.
Corvus, Josette y Minette eran conscientes de sus obligaciones, así que ninguno protestó ante este matrimonio.
Josette, sin embargo, al ver la angustia de su querida hermana menor y de Corvus, en quien había encontrado un querido amigo, recurrió a la vieja magia de una bruja de bosque. A pesar de las advertencias con las que todo mago y bruja crece, Josette sabía que se necesitaba magia antigua y fuerte para sus planes.
Así, el día antes de la boda, Josette dirigió a Corvus y Minette a las profundidades del bosque a las afueras del condado y presenció el acto de magia que cambiaría por siempre el mundo mágico.
Josette quería que Corvus y Minette se encontraran en otra vida.
Quería darles otra oportunidad.
Draco tomaba un sorbo de champán mientras veía las diferentes parejas dar vueltas por alrededor del claro. Sus ojos se posaron en Theo, en su gran sonrisa mientras hacía girar a una Luna que tenía la misma mirada suave y soñadora sobre su nuevo esposo.
Para nadie fue sorpresa el día que anunciaron que habían descubierto que eran almas gemelas, ni que se comprometieran al mes siguiente. Tampoco que la boda solo fue tres meses después. No, la adoración en sus ojos era clara para cualquiera que pudiera verlos. Estaba ahí, en la forma en la que Theo miraba a Luna como si el mundo entero existiera solo para ella mientras Luna hablaba sobre la última criatura mágica de la que había escuchado, ignorando deliberadamente a Granger, quien negaba su existencia con argumentos que parecían sacados palabra por palabra de algún libro. Estaba ahí en Luna también, en la forma en la que tomaba la mano de Theo y las acariciaba con cariño y delicadeza cuando Theo, en un momento de debilidad por el alcohol, expresaba la enorme soledad que sentía al vivir solo en la mansión Nott. Draco sabía que después le confesaría a Luna que extrañaba a su padre. Era una confesión solo para los oídos de Luna, aunque Draco podía verlo en los ojos de su amigo, pues él también extrañaba al suyo.
Aunque Draco no tenía a nadie para confesarlo en la intimidad de la noche.
Nadie que le consolara cuando se sentía solo.
Ni nadie que le mirara con adoración.
—¿No piensas bailar?
Draco no debía darse la vuelta para saber quién le había hablado.
—¿Y tú? No te veo en la pista de baile.
Un resoplido.
—Tú también estuviste en el baile de Navidad de cuarto año, no digas que no conoces mis habilidades de danza.
Draco dejó que su boca formara una risa burlona. Por supuesto que lo recordaba. Él y Pansy debieron recargarse en el otro para no caer de lo fuerte que se reían al mirarlo bailar.
Draco miró a Potter de reojo y tuvo que aguantar la respiración para no dejar salir un jadeo.
Draco conocía a Harry Potter desde los once años. No lo supo en el momento, pero en el Expreso de Hogwarts pudo reconocer que era el niño que conoció en Madam Malkins, aquel que estaba despeinado y llevaba ropa vieja y usada, al menos tres tallas más grandes. Por supuesto, vio a Harry Potter crecer durante Hogwarts, el cómo llegaba cada inicio de año con varios kilos menos de lo apropiado y cómo los recuperaba a finales de año, todo para volver al siguiente con esos kilos perdidos nuevamente.
Draco también conocía al Harry Potter después de la guerra, aquel con una expresión permanente de angustia que Draco veía en portadas de El Profeta, y notó cómo su cuerpo fue sanando y creciendo cuando comenzó su carrera de jugador de Quidditch profesional.
Draco había notado todos los cambios físicos de Harry Potter de lejos y luego de cerca cuando inevitablemente sus grupos de amigos se juntaron un par de años después de la guerra.
Así que no, Harry Potter no se veía muy diferente ahora con su cabello ligeramente más prolijo y ropa de mejor calidad que el fin de semana pasado en casa de Pansy.
Y aun así no fallaba en robarle el aliento a Draco.
Potter se volteó a verlo cuando Draco no dijo nada y levantó una ceja. Cuando Draco siguió en silencio, perdido en su admiración, Potter siguió.
—¿Quién crees que sean los siguientes en casarse? Diez galeones a que son Neville y Hannah.
Eso despertó a Draco de su burbuja justo a tiempo para controlar la sonrisa triunfal que luchaba por salir.
Draco tenía información confidencial que le daría la victoria y dejar que su rival lo descubra no serviría.
No, Draco amaba ganar contra Potter.
—Mmh, tal vez. No voy a negar que ambos se ven asquerosamente enamorados, quizá son incluso más repugnantes que Theo y Luna. Al menos ellos pueden tomarse las manos sin sonrojarse como un par de pubertos —Draco rodó los ojos mientras Potter soltaba una risa divertida—. En serio, llevan saliendo dos años y siguen actuando como un par de Hufflepuffs de primer año. No, no serán ellos… —Draco hizo un show de mirar atentamente al pequeño grupo de personas que había asistido a la fiesta. Solo familia y amigos cercanos se encontraban en el claro cerca del nuevo hogar de la familia Nott-Lovegood—. Mis diez galeones van a Pansy y Blaise.
—Sí, claro. Cuando ambos dejen de actuar como si no hubiera una incómoda tensión sexual entre ellos que todos podemos sentir—se burló.
—Oh, me impresionas, Potter. No sabía que alguien tan despistado como tú podía darse cuenta de esas cosas.
Potter miró directo a los ojos de Draco, con una intensidad que dio un vuelco en su corazón.
—Me doy cuenta de muchas cosas.
Y ahí iba de nuevo.
Potter hacía eso a veces y confundía a Draco. Era difícil saber si estaba coqueteando o solo bromeando. Potter diría algo mientras mantenía intenso contacto visual con él, o los roces con su cuerpo durarían más de lo que pareciera necesario.
Pero Draco no podía pensar esas cosas, así que resopló con arrogancia, se dio media vuelta, caminando hacia Pansy y Blaise, quienes conversaban animadamente con las gemelas Patil, y dijo sobre su hombro.
—Ve preparando esos galeones.
La bruja del bosque realizó un ritual que unió las almas de Corvus y Minette.
La leyenda cuenta que el amor y la compatibilidad mágica de Corvus y Minette eran tan grandes que el ritual no solo los afectó a ellos, sino a cada ser con sangre de mago o bruja del condado. Un brillo blanco inundó las tierras por siete minutos enteros.
Al día siguiente, todos los habitantes mágicos despertaron con una extraña marca en sus cuerpos. Parejas que encontraban marcas parecidas, algunas que encontraban marcas totalmente distintas.
Se dice que gran parte de la población mágica actual es descendiente de este condado.
Esa es la historia que, en el mundo mágico, los padres cuentan a sus hijos para explicar la existencia de las almas gemelas.
Y Draco Malfoy perdió la suya en la batalla de Hogwarts.
Esos galeones serían pagados siete meses después.
O bueno, en ocho.
No es que Draco supiera, en realidad él estaba igual de impactado cuando Pansy organizó una fiesta y pidió a los invitados que fueran bien vestidos. A Pansy dejó de importarle cómo sus invitados llegaban a su casa unos cuantos meses después de que su grupo de amigos se expandiera, especialmente porque dicho grupo consistía en un gran número de ex-Gryffindors y cierta Ravenclaw que no sabían nada de moda.
Así que cuando Pansy pasó por la boutique de Draco en el callejón Diagon por ropa nueva y le dijo que se pusiera guapo para su fiesta el sábado, Draco supo que anunciaría algo (y también se indignó. Cómo se atrevía a insinuar que Draco no siempre se veía guapo).
La cosa es que Draco pensaba que Pansy y Blaise anunciarían finalmente que eran novios.
Draco se llevó una gran sorpresa.
—¡¿Qué?!
Esa fue la reacción colectiva de todos los invitados presentes. Brown y las gemelas Patil tenían la boca abierta de forma poco recatada, en la humilde opinión de Draco. El Weasley chico se salpicó la camisa de firewiskey y Granger estaba muy ocupada mirando a Pansy y Blaise con ojos grandes y sin parpadear como para limpiarlo. La Weasley chica, Longbottom y Abbot parecían congelados, mientras que Theo parecía más pálido de lo normal.
Las siluetas verdes de Thomas y Finnegan, quienes estaban en Brasil de vacaciones de aniversario, se golpeaban el uno al otro de forma emocionada en la chimenea.
Solo Lovegood y Greg sonreían suavemente hacia la pareja. Lovegood con una mirada serena, Greg con una confundida.
Y Potter… Potter volteó con mirada sospechosa hacia Draco.
Weasley chica fue la primera en romper el silencio.
—Esperen, ¿desde cuándo están saliendo? ¿Por qué no nos dijeron antes? ¡Ya todos sabíamos que se gustaban!
—¡Cierto! —la apoyó Padma Patil—. ¿Qué quieren decir con boda? ¡Ni siquiera sabíamos que eran novios!
—Draco…—habló Potter bajo y amenazante—. ¿Tú sabías?
—Sí.
—¡No! —Draco se dio vuelta y apuntó a Pansy, indignado—. ¿Qué quieres decir con que sí? ¡Estas son noticias para mí también!
—Te dije hace meses que Blaise y yo somos almas gemelas.
Hubo más ruidos de sorpresas y confusión en la sala. Thomas y Finnegan celebraban emocionados y Draco notó de reojo a Brown y Parvati Patil arrodillarse en la chimenea. Probablemente tenían una apuesta. Gryffindors chismosos.
Draco, por su lado, sentía que se había perdido de algo.
—Sí… —sonaba más pregunta que afirmación—. Y luego procedieron a no mirarse por semanas, haciendo las juntas bastante incómodas, por cierto— agregó.
Pansy tuvo la sensatez de verse avergonzada.
—Sí, bueno. No fue nuestro mejor momento—aclaró su garganta—. Descubrir que uno de tus mejores amigos es tu alma gemela no es fácil, como me imagino que varios de ustedes sabrán por experiencia.
¿Y cuáles eran las probabilidades para tener tantas almas gemelas dentro de un pequeño círculo social? Varias, al parecer.
Luna y Theo se miraron adorablemente el uno al otro. Ellos no tuvieron aquel problema puesto que se conocieron apropiadamente cuando ambos viajaron a Estados Unidos por sus estudios en magizoología, y para cuando volvieron era claro que ambos ya estaban enamorados del otro.
Thomas y Finnegan soltaron una carcajada. Por lo que contaron en una noche de pub, descubrieron que eran almas gemelas en sexto año cuando Thomas todavía era novio de la chica Weasley. Eso llevó a que no se hablaran por meses y luego a que ninguno de ellos mencionara nada cuando recuperaron su amistad. Ambos tuvieron otras parejas por al menos dos años después de la guerra hasta que después de una noche de pub ambos despertaron desnudos en la misma cama, procedieron a tomar desayuno y desde entonces están juntos. Ambos consideran esa noche su fecha de aniversario.
Brown y Padma Patil compartieron una sonrisa tímida. Ese fue otro descubrimiento incómodo en Hogwarts, cuando Parvati Patil vio la misma marca en el cuerpo de su novia que la que sabía que estaba en el cuerpo de su hermana gemela. Esto llevó a que rompieran durante séptimo año, y a que creciera la tensión entre las hermanas. Esto duró por un par de semanas cuando Brown fue torturada por los hermanos Crow y se desplomó llorando en los brazos de Parvati Patil. En tiempos de guerra no había tiempo que perder, Brown había dicho. Así que ambas resumieron su noviazgo y Brown con Padma decidieron dejar su vínculo en uno platónico.
Granger y el Weasley chico sonrieron y se tomaron de las manos. No había mucha historia que contar ahí, todo Hogwarts fue testigo de los años que pasaron vacilando alrededor del otro, y si bien describir que eran almas gemelas no fue un momento de incomodidad sino uno de felicidad, ambos admitieron que el proceso para llegar al noviazgo había sido particularmente incómodo debido a los años y la profundidad de su amistad.
Luego estaban Longbottom y Abbott, de quienes no había mucho que decir ya que tampoco eran amigos de infancia.
Draco apartó la mirada de todas las parejas.
—Fueron meses de fingir ignorancia, pero al final siempre supimos cuál sería el final, ¿no? —la sonrisa llena de amor que Pansy le lanzó a Blaise causó un revoltijo en el estómago de Draco—. ¿Por qué comenzar una relación si ya conocemos todo sobre el otro y de todos modos acabaríamos casados? ¡Sería una pérdida de tiempo! No nos estamos haciendo jóvenes, ¿saben? Ya tenemos veintiséis años. No, no. Blaise y yo nos casaremos… ¡El próximo mes!
La sala explotó en caos y Draco se tomó unos segundos para respirar profundo. Su nariz dolía y los ojos le picaban; tomó al menos un par de minutos para que la presión en su pecho bajara.
Qué estúpido. Debería estar feliz por sus mejores amigos en vez de sentir lástima por sí mismo.
—¿Realmente no lo sabías?
Draco soltó un último suspiro antes de voltearse.
—No, Potter. Quiero decir, sí sabía que eran almas gemelas, pero por cómo se estuvieron comportando estos últimos meses me imaginaba que por fin se dejarían de juegos y entrarían en una relación. Que decidieran ir directo por una boda es una sorpresa para mí tanto como lo es para ti —admitió.
Potter seguía mirándolo con sospecha hasta que suspiró derrotado y rodó los ojos.
—Sigues siendo un tramposo, sabías que eran almas gemelas de todos modos. Malditos Slytherin.
Potter le guiñó el ojo para hacerle saber que estaba bromeando, y se giró a mirar hacia Pansy y Blaise con un puchero divertido en sus labios, ¿y no era Potter un ángel caído directo del cielo solo para Draco? Granger le había regalado a Draco un libro con ellos, un libro que hablaba sobre distintas religiones muggle. Brown también le regaló libros a Draco, aunque los ángeles en las novelas románticas eran totalmente diferentes.
Draco pensaba que, si aquellos ángeles de verdad existían, entonces tenía uno en frente.
Pero esos pensamientos eran peligrosos. Potter tenía un alma gemela allá fuera, a una persona nacida especialmente para él.
Draco… Draco estaba destinado a estar solo.
El dolor punzante volvió mil veces intensificado, así que Draco se aclaró la garganta y dijo antes de dirigirse a felicitar a la nueva pareja:
—Soy un Malfoy, Potter. Nací para mentir.
Navidad llegó y se fue, y en un parpadeo era un nuevo año.
Draco se encontraba dibujando bosquejos para la próxima colección de verano, con la colección de primavera en su última faceta de verificación de calidad cuando la barrera de protección de su boutique le avisó que alguien llegó. Draco reconoció la marca mágica inmediatamente.
—¿No tienes un trabajo en el cual estar?
—Estoy justo donde quiero estar.
Draco levantó la vista lentamente mientras dejaba la pluma encima del escritorio y le sostuvo la mirada, ignorando el rubor que podía sentir en sus mejillas.
—Ja, ja. ¿A qué debo el disgusto de tu visita?
La sonrisa de Harry se agrandó.
—La boda de Pansy y Blaise es la próxima semana, ¿alguna recomendación para mi vestimenta? El código de vestimenta es-
—Ya sé cuál es el código de vestimenta, Potter—le interrumpió—. Yo fui el encargado del diseño de los trajes de los novios, además de las damas y caballeros de honor.
—Sí, bueno. Justamente por eso vengo por tu ayuda.
—Te di un traje perfecto para la ocasión en la fiesta de Navidad, ¿por qué no usas ese?
—No quiero usarlo.
Draco jadeó indignado.
—¿Disculpa? ¿Siquiera tienes idea de lo que vale ese traje?
—Justamente esa es la razón—Potter ladeó la cabeza y su sonrisa se suavizó—. Es un diseño único, ¿no es así?
—Claro que no, es de la colección de invierno—Draco farfulló.
—Mentiroso—la mirada de Potter seguía suave, pero ahora albergaba una intensidad que provocaba sensaciones extrañas en el estómago de Draco—. Siempre tan mentiroso, Draco. ¿Cuántas veces crees que he venido a tu boutique? ¿Cuántas veces no te vi mientras dibujabas los bosquejos? Sé perfectamente que diseñaste ese traje exclusivamente para mí.
Y bueno, ¿qué podía hacer Draco más que sonrojarse y apartar la mirada? Años atrás, Draco hubiera buscado excusas y recurrido a insultos para camuflar su vergüenza, pero los años lo han calmado. Además, lo que Potter decía era verdad. Draco pasó la gran parte del año buscando referencias y diseños simbólicos y especiales para Potter, al igual que elegir cuidadosamente un color que complementara su bronceada piel oliva.
Para la navidad previa, Potter le había regalado unas mancuernillas de plata preciosas dentro de una caja de terciopelo verde esmeralda tan parecido al verde de sus ojos que Draco se distrajo. Fue cuando llegó a casa y abrió la caja (después de pasar minutos acariciando el terciopelo) que Draco inspeccionó las mancuernillas a detalle y notó las inscripciones.
Draco tuvo el impulso de volver a Grimmauld Place y confesarse a Potter en aquel mismo momento. Poco importaba que Potter hubiera tomado un poco de firewisky de más y probablemente seguía dormido en el sofá tal cual lo estaba cuando Draco se fue.
Al final, Draco no hizo nada. Guardó sus sentimientos por un año más y se dedicó a diseñar un traje para Potter que los transmitiera.
Disipando aquellas memorias, Draco carraspeó y devolvió la mirada a los ojos de Potter.
—Bien, sí es un diseño exclusivo—admitió—. Más razón todavía para usarlo, Potter. Te lo regalé para que lo usaras en una ocasión especial, ¿qué más especial que la boda de tus amigos?
—Puedo hacerme una idea de una boda aún más especial para mí.
—Potter, basta.
No era justo. No era para nada justo que Potter siguiera con sus juegos cuando Draco sabía que al final solo causaría daños.
Potter levantó las manos de forma inofensiva.
—Solo digo. ¿Hasta cuándo seguirás tapando el sol con un dedo?
—No sé de qué hablas.
—Draco—suspiró Potter—. Sabes a lo que me refiero—cuando Draco siguió en silencio, agregó—. Por favor, mírame.
Draco no se había dado cuenta del momento en el que había vuelto a bajar la mirada. Cuando la levantó, Potter estaba recargado sobre el escritorio en frente de él.
—Deja de negarlo—suplicó.
—Potter, realmente no creo que debamos tener esta conversación.
—¿Por qué no, Draco? Han sido años, ¡años! Nos burlábamos de Pansy y Blaise sabiendo que estamos en la misma situación.
Draco soltó una risa amarga.
—¿Misma situación? Potter, no creí que siguieras siendo igual de imbécil que en Hogwarts—hizo una mueca ante la rudeza involuntaria de sus palabras, pero no se retractó—. Pansy y Blaise son almas gemelas, no hay nada parecido a nosotros.
La mandíbula de Potter se tensó y Draco notó la forma en la que respiró profundo.
Incluso después de años de amistad, Draco todavía poseía la habilidad de enojar a Potter de forma instantánea.
Una razón más por la que lo que sugería Potter era una ridiculez. No eran buenos el uno para el otro.
—¿Tan importante es para ti?
—Por supuesto que es importante, Potter. Estás mezclando dos cosas distin-
—No—lo interrumpió—. Me refiero a las almas gemelas.
Draco sintió su corazón parar por un segundo. Al mismo tiempo no sabía si soltar una risa burlesca y echarse a llorar. Potter claramente no entendía nada.
—¿Que si las almas gemelas son importantes para mí? —ni siquiera intentó ocultar el disgusto de su tono —. Sé que creciste con muggles, ya son noticias viejas, pero de seguro que en estos años has notado la importancia de las almas gemelas en el mundo mágico. ¡Por supuesto que me importa! Todo niño que creció con padres mágicos escuchó la leyenda del nacimiento de las marcas de almas gemelas; hay miles de libros con historias sobre ellas.
—Pero ¿qué tan importante es para ti, Draco? —presionó—. Aunque digas eso, sabes que las estadísticas de encontrar a tu alma gemela son bajas.
Draco resopló.
—Tan bajas que nuestro grupo de amigos está lleno de ellas.
— ¡Y es un fenómeno en el que Hermiones está muy interesada porque no es normal! —Potter exclamó, claramente alterado a pesar de sus intentos de mantenerse en calma—. Las probabilidades son bajas, lo sabes. E incluso si la encuentras, nada te asegura una relación, hay cientos de parejas que se deciden por una relación platónica; como Lavender y Padma. Merlín, algunos incluso deciden no mantener contacto para nada.
El pecho de Potter subía y bajaba a causa de su respiración acelerada. Pasó una mano por su cabello, despeinándolo aún más de lo normal.
Draco permaneció en silencio.
—Hay magos y brujas que mueren solos porque esperaron por sus almas gemelas y nunca las conocieron —Potter fijó su mirada en Draco otra vez—. Otros las conocen cuando ya están viejos, todo para descubrir que ya están casadas. ¿Es eso lo que quieres, Draco? —sus ojos parecían suplicar—. ¿Estás dispuesto a que eso pase?
Draco se mordió el labio con tanta fuerza que saboreó sangre en su boca. Las ganas de romper en llanto volvieron con intensidad y no fue capaz de evitar que se le escapara un sollozo.
No era que Draco no entendiera la lógica de Potter. Todo lo que acababa de decir era real, pero Draco siempre había sido un cobarde.
Habían pasado ocho años desde el final de la guerra y Draco todavía despertaba con pesadillas de vez en cuando. Aquel momento en el que los Aurores le hicieron ponerse un uniforme de prisionero mientras esperaba su juicio y Draco se miró en el espejo. Ese dolor devastador que perforó su corazón, dejando un agujero que Draco había aceptado que jamás sanaría.
El dolor de perder a tu alma gemela era uno que Draco jamás creyó que experimentaría. Draco soñaba con encontrarle, soñaba con su vida junto a ella, solo para perderle antes de siquiera conocerle.
Sin embargo, eso no era lo que asustaba a Draco.
No, su razón era más egoísta.
—Murió—su voz susurró quebrada.
—¿Qué?
—Mi alma gemela… murió.
La cara de Potter estaba congelada en sorpresa, lo que tranquilizó un poco a Draco.
No le había contado a ninguno de sus amigos sobre lo sucedido. No solo lo calló el dolor, la vergüenza de admitir que jamás tendría la vida de la que tanto profesaba desde niño, mantenía sus labios sellados. Draco sentía culpa por sus propios sentimientos, sabía que su alma gemela merecía más respeto, pero Draco jamás se atrevió a confesar.
Draco tampoco quería que sus amigos lo miraran con lástima, sentía ira y humillación cuando pensaba en abrir su corazón a sus amigos y encontrarse con ojos compasivos.
Potter, sin embargo, no tenía nada de lástima en sus ojos. Los suyos brillaban con lágrimas retenidas y en vez de lástima, lo que encontró fue comprensión.
—Oh, Draco—jadeó Potter, y se movió por el lado del escritorio para abrazar a Draco—. Lo siento tanto.
Fue como si finalmente la cadena se rompiera por tanto peso, y Draco se dejó abrazar mientras sus sollozos salían libremente.
Todas las emociones que Draco había mantenido atrapadas en su pecho finalmente encontraron una salida en los brazos de Potter.
Draco lloró hasta que su llanto se calmó a pequeños quejidos. Una vez calmado, Draco sintió una oleada de vergüenza.
—Lo siento—dijo separándose de Potter—. Lo siento, qué grosero de mi parte perder la compostura de esta forma.
Potter frunció el ceño.
—No tienes nada de qué disculparte, somos amigos—pareció pensar por un segundo antes de preguntar—. ¿Alguien más lo sabe?
Draco negó con la cabeza
—No le he dicho a nadie.
La cabeza le dolía y sentía sus ojos hinchados. Estaba tan cansado que sentía como si no hubiera dormido por días.
—Es por eso te pido que ya no sigas con esta conversación, por favor—Draco le miró suplicante—. No hay nadie ahí afuera para mí, pero sí para ti—era extraño como a pesar del dolor, también sentía que un peso se levantaba de su pecho al finalmente poder expresar sus miedos—. Hay alguien ahí afuera esperando por ti, Potter. Y ese no soy yo.
—Yo también.
Draco estaba tan cansado que casi no escuchó las palabras de Potter.
—¿Qué?
—Yo también perdí a mi alma gemela.
Seguramente escuchó mal. No había forma de que la cabeza de Draco comprendiera lo que Potter acababa de decir. Era imposible.
Draco no lo admitiría, pero más de una vez se había imaginado a Potter con su alma gemela. Por un tiempo, pensó que aquella persona sería la chica Weasley. No fue hasta que, después de un juego de Quidditch en el extranjero, ella anunció que encontró a su alma gemela en el equipo contrincante, que Draco dejó de sospechar. Al parecer, ambos querían disfrutar de su juventud antes de la posibilidad de algo serio, así que acordaron volver a encontrarse en algún futuro. Si es que ambos estaban dispuestos. Durante la conversación, Draco observó activamente las expresiones de Potter, esperando ver algo de tristeza o decepción, pero sus ojos solo mostraban felicidad por quien Draco sabía que consideraba familia.
Después Draco estuvo un poco paranoico, pensando que cualquier persona nueva que Potter conocía era una potencial alma gemela.
También comenzó a notar el comportamiento extraño que Potter tenía con él. Y Draco no era estúpido, sabía que Potter le coqueteaba.
Y aunque Draco a veces caía en la tentación y coqueteaba de vuelta, sabía que era algo que jamás podía pasar.
Hasta ahora.
—No juegues conmigo, por favor…
—No estoy jugando—exclamó fervorosamente. Pareció dudar antes de seguir—. Tu madre debió contarte lo que pasó en el bosque prohibido durante la batalla de Hogwarts, ¿no?
Draco asintió, tratando de transmitir que no era necesario que reviviera esos recuerdos. Podría ver cómo sus ojos se nublaban con tristeza.
—Cuando… volví, mi marca ya no estaba.
Potter se llevó su mano derecha hacia su pecho.
—Creo que el haber muerto destruyó mi vínculo con mi alma gemela. No creo que haya muerto, de alguna forma siento que debe estar con vida, solo que… ya no está conectada conmigo, y ya no hay forma de encontrarle—Potter suspiró y sonrió con tristeza—. Pasó lo mismo contigo, ¿no? La marca desapareció.
Draco volvió a morder su labio inferior tratando de suprimir quejidos lamenteros que amenazaban con salir. Potter suavemente tomó su barbilla y con su pulgar le obligó a soltarlo.
—Sí—asintió débilmente—. No sé cuándo pasó. Estaba ahí antes de la batalla, pero cuando esperaba mi juicio… ya no estaba ahí.
Potter se arrodilló frente a Draco y tomó sus manos en las de él, apretándolas firmemente y con convicción.
—Incluso antes de eso, ya no me importaban demasiado las almas gemelas.
A pesar de lo que Draco dijo previamente sobre Potter, eso lo dejó boquiabierto. Las almas gemelas eran tan especiales que incluso algunas familias de sangre pura disolvían compromisos cuando alguno de los comprometidos encontraba sus almas gemelas antes de la boda. Era un secreto a voces en círculos de sangre pura que la infidelidad era común y aceptada cuando parejas casadas encontraban su alma gemela en otra persona.
Que Potter dijera que no le importaban era extraño en el mundo mágico.
Él pareció ver la confusión en el rostro de Draco porque sonrió amablemente antes de explicarse.
—Como mencionaste anteriormente de forma tan elocuente, crecí en el mundo muggle, en donde no existen las almas gemelas, y sin padres que me educaran—Draco se sonrojó de vergüenza—. Yo también me emocioné cuando supe de su existencia, la idea de saber que habiera alguien allá fuera exclusivamente para ti, alguien que nació para ser compatible con tu magia, para acompañarte y, posiblemente, amarte…
La idea me trajo consuelo—siguió—. Pero luego, a finales de quinto año… descubrí que había una profecía que definió mi vida. No tenía autonomía, mi vida fue predicha desde el momento en el que Voldemort mató a mis padres y me marcó como su igual—había furia en los ojos de Potter, los cuales se suavizaron al mirar a Draco—. Como puedes ver, el pensamiento de incluso tener a mi pareja de forma predestinada, sin que haya sido mi elección… dejó de ser un consuelo y empecé a resentirla.
Draco seguía mirándole perplejo, sin saber qué decir.
—He notado la tristeza en tus ojos cada vez que nuestros amigos anuncian que encontraron sus almas gemelas. Solía pensar que era porque todavía no encontrabas la tuya, y lamento la razón de por qué nunca la encontrarás. Pero Draco— Potter tomó aire y sus ojos se endurecieron con decisión. Apretó nuevamente sus manos y llevó una de ellas a su boca, besando suavemente los nudillos de Draco—, me gustas—confesó, robándole el aliento—. Incluso sabiendo la posibilidad de que haya alguien a quien esperabas, no pude evitar enamorarme de ti. No fue de la nada, han sido años en los que hemos forjado nuestra amistad, nos hemos visto crecer el uno al otro y me llena el corazón de alegría el saber que has estado en mi vida incluso desde antes de volvernos amigos. Conoces lo peor y lo mejor de mí… y te elijo, Draco. No al destino, no por una profecía. Te elijo porque me enamoré de la persona en la que has crecido, Draco.
Toda pelea se evaporó de su cuerpo y Draco se lanzó a los brazos de Potter. Potter claramente no lo esperaba y ambos cayeron al suelo con un quejido de dolor.
—Godric, Draco, ¿qué-
—Yo también—confesó—. Yo también me enamoré de ti, Potter.
Los brazos de Draco apretaban el cuerpo de Potter con suficiente fuerza como para doler, pero en vez de reprocharle, Potter abrazó el cuerpo temblante de Draco con la misma intensidad.
—Por años, yo… lo siento, sabía sobre tus sentimientos y nunca dije nada, incluso a veces no podía aguantarme y te coqueteaba de vuelta sabiendo que podría lastimarte. Pero tenía tanto miedo de darnos una oportunidad, de caer incluso más enamorado de ti y de que me dejaras en el momento en el que encontraras a tu alma gemela.
Su cuerpo temblaba con el llanto reprimido, Draco se sentía patético de tanto llorar en frente de Potter, pero Potter daba suaves palmaditas a su espalda y paseaba cariñosamente sus dedos por su cabello.
—Incluso si todavía tuviera una, Draco. Incluso si encontraba a mi alma gemela, no te dejaría—le aseguró.
—Mentira, probablemente lo harías.
—Bueno, nunca vamos a saber de todos modos.
Y era terrible el alivio que recorrió a Draco. Egoísta, siempre egoísta. Incluso cuando la pérdida de un alma gemela era algo tan grave, Draco sentía alivio.
Pero Draco nunca se jactó de ser una buena persona.
—Draco, ¿puedes mirarme?
Él sabía que sus ojos estaban hinchados, sus mejillas mojadas por las lágrimas silenciosas que caían sin su permiso y probablemente rojas también, al igual que su nariz.
Draco jamás le mostraría una cara tan indigna a nadie, pero este era Potter.
Draco confiaba en Potter.
—¿Puedo besarte? —le preguntó.
Y Draco respondió chocando sus labios de forma que, sinceramente, fue vergonzosa. Sus dientes sonaron al estrellarse y Potter soltó un quejido de dolor, pero rápidamente dominó el beso. A pesar de la fuerza de Draco, Potter logró calmar sus labios y ambos se movieron lentamente y casi tímidos.
Era perfecto. Draco se sintió eufórico de felicidad y no pudo evitar la risita que escapó contra los labios de Potter.
Su risa rompió el beso, pero Draco no podía sentirse demasiado decepcionado cuando el rostro de Potter reflejaba la misma felicidad que sentía su corazón.
Draco abrió la boca para decir algo, pero antes de que alguna palabra saliera sintió una calidez repentina en su hombro derecho.
Jadeó y se alejó de la cara de Potter, tomando asiento en su regazo mientras se tocaba el hombro con la mano izquierda. La calidez era sospechosamente justo donde estaba su marca.
Potter también tenía una expresión de asombro y confusión, su mano derecha sobando delicadamente su pecho.
Draco recordó a Potter tocando ese mismo lugar mientras hablaba de su marca y, antes de que Potter reaccionara, Draco le abrió el abrigo y comenzó a desnudarlo. Draco no paró a pesar de las protestas débiles y confundidas de Potter, maldiciendo las bajas temperaturas de invierno y a Potter por usar tantas capas. Finalmente llegó a su camisa, una de esas muggle sin botones, y no dudó en subirla hasta su cuello.
Y ahí, en medio de su pecho, se encontraba un fénix revoloteando. Aquel místico animal agitó sus alas dos veces y luego se recostó a dormir. El ciclo se repitió tres veces antes de que Draco escuchara un jadeo y viera la expresión perpleja de Potter.
Sus ojos estaban grandes y su boca abierta, mirando al fénix sin pestañear.
—Imposible… ¿qué?
Potter parecía tener problemas para procesar lo que estaba ocurriendo, pero la mente de Draco siempre fue más rápida.
—Eres tú…
—¿Qué? —repitió Potter.
—Esa vez en el bosque… —las piezas encajaban perfectamente—. Cortó la conexión… es por eso por lo que desaparecieron…
Potter finalmente apartó la mirada del fénix, y Draco podía ver cómo las tuercas se movían en esa hermana cabeza suya y la compresión comenzaba a brillar en sus ojos.
En silencio, Draco se quitó su túnica y desabrochó con dedos temblorosos los botones de su camisa. Descubrió delicadamente su hombro derecho, mostrándole a Potter el mismo fénix agitando sus alas.
Los ojos de Potter se abrieron imposiblemente más grandes. Su expresión era tan boba que apretó el corazón de Draco con afecto.
—Somos almas gemelas, Potter.
Apenas salieron las palabras de sus labios, un nuevo miedo invadió su cuerpo. Potter acababa de decirle que resentía las almas gemelas, qué tal si…-
—Draco.
Potter le estaba mirando con la misma expresión que portaba cuando se le confesó.
—Puedo ver lo que esa cabecita torpe está pensando. No pienses ni por un segundo más que esto no es lo que quiero.
—Pe-pero dijiste…
—Sé perfectamente lo que dije—habló firme—. Y voy a repetir mis palabras. Te elijo, Draco Malfoy. Estoy enamorado de ti porque he llegado a conocerte de forma en la que nunca pensé que lo haría diez años atrás, y estoy orgulloso de haber presenciado tu crecimiento siendo parte de tu vida.
Potter se sentó y quedó cara a cara con Draco. Tomó su rostro entre sus dos manos, lo besó castamente y siguió.
—Llevo años resignado a no tener un alma gemela, incluso más pensando en que no necesito una, pero eso es porque no quería forzar una relación en la que yo no tuviera una decisión—ladeó su cabeza—. Como Ginny, tal vez. Creo que, de haber conocido a esta hipotética alma gemela, no hubiera querido tener nada con ella porque no tenía sentimientos—Potter volvió a sonreírle—. Tú eres diferente porque te amo desde antes de saber que estábamos destinados. Como Luna y Theo, o Hermione y Ron. Incluso Pansy y Blaise. Los he visto a todos enamorarse antes de saber que eran almas gemelas. Pensé que nosotros podríamos ser como Lavender y Parvati, estaba dispuesto a luchar contra tu hipotética alma gemela incluso sabiendo que podría perder.
—Oh, Potter…
—Creo que ya es hora de que me llames por mi nombre, ¿no?
Y ahí estaba, esa mueca sarcástica y llena de superioridad que hacía hervir la sangre de Draco y querer golpearle esa linda cara. Y tenía sentido, ¿no? Draco siempre vio la conexión entre Pansy y Blaise, siempre fue tan evidente la forma en la que se afectaban mutuamente y era lo mismo con Potter.
Draco recordaba el dolor y la humillación cuando Potter rechazó su mano. La ira en su cuerpo cada vez que Potter siquiera respiraba cerca suyo, la desesperación de mantener su mirada siempre encima suya que llevaba a Draco a desvelarse por diseñar trajes solo para asustarlo o pines solo para humillarlo.
Y Potter, siempre dispuesto a confrontar a Draco cuando Draco le provocaba. Potter, ignorando a todos durante cuarto año cuando la escuela entera lo odiaba, pero dándole atención a Draco inmediatamente cuando este saltó de aquel árbol. Potter, el único que notó que Draco tramaba algo durante sexto año, siguiéndolo por el castillo de forma obsesiva.
Draco, quien se rehusó a identificar a Potter cuando estaba en la sala de su hogar, a pesar de que pudo redimir a su familia ante el Señor Tenebroso.
Potter, quien se rehusó a dejar a Draco en el fuego maligno, a pesar de que nadie le hubiera reprochado por no salvar a un mortífago.
Potter, a quien Draco amaba tanto que deseaba abrir su pecho y acurrucarse justo debajo de su marca para sentir el calor y el amor que le brindaba, por más perturbador que aquel pensamiento pareciera.
Salazar, Draco estaba perdido.
—Ya quisieras—resopló.
Potter. No. Harry echó su cabeza hacia atrás en una carcajada, al parecer feliz de que Draco le contradijera y no hiciera caso a lo que él quería.
Draco supone que ambos podían ser un poco raros juntos.
—¿Y ahora qué? —preguntó Draco.
—Ahora… nos casamos—Harry volvió a enviarle su sonrisa ganadora—. Qué suerte que ya tengo mi traje listo.
