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Delicioso Agasajo

Summary:

Yuji está de novio con Satoru, su relación empezó luego de haber cumplido sus 18 años. Yuji cree que lo ama con todo su corazón, excepto que a veces, cuando el hechicero más fuerte está de viaje, y los traumas de la soledad se despiertan, Yuji suele tener comportamientos un tanto retorcidos. ¿Pero saben quien es muuuucho más retorcido que él? Su novio.

One shot/GoYu/Satoru x Yuji/Mención de canibalismo/Song fic

Notes:

Hola, hola, Luna de Acero reportándose.

A veces soy bastante retorcida, a veces me invaden pensamientos intrusivos y entonces una cosa lleva a la otra y doy a luz fanfics como estos. Incómodos, extraños, de vibra oscura.

¡¡Si les gusta esa onda, sean bienvenidos al show!!

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Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Gege Akutami. La historia es de mi invención pero la hice para un taller de escritura creativa hace muchos meses y hoy verá la looozzz.

Advertencias: Universo canon pero con algunas concesiones, por ejemplo, aquí no existe Sukuna, Gojo está vivo y hermoso como es, pero un tanto loquito. Ambos personajes son mayores de edad, las personalidades un poco OOC. No hay contenido R18, o algunas menciones muy leves, más bien lo turbio es lo que destaca y si bien queda a libre interpretación, podemos decir que tiene un vínculo con el canibalismo. Asi que, ya saben, si se atreven, avancen.-

Work Text:

Yuji se despertó cansado, su cuerpo dolía, se había sobre exigido en el festejo.

Había sido el cumpleaños de Megumi, se habían juntado en el bar de siempre y había decido beber, reír y bailar con todo. Al final de la noche, cuando la mayoría se caía de ebrio, él seguía de pie por su resistencia sobrehumana natural, decidió alejarse un poco y tomar algo de aire.

Fue donde el sector de fumadores, aunque él no fumaba ni sus amigos tampoco, en un patio pequeño que tenía el local, alejado del bullicio y las luces estridentes. Había un par de parejas apretando sus cuerpos en las oscuridades del lugar, se apostó cerca de una. Podía sentir a una mujer aguantando los gemidos, mientas su novio o lo que fuera le baboseaba groseramente el cuello, el escote y todo lo que tuviera al alcance.

No era un fisgón, pero sin dudas esos resoplidos y murmuraciones lo pusieron caliente, tampoco necesitaba muchos estímulos. Gojo estaba en uno de esos viajes para solucionar problemas de maldiciones de grado especial y con suerte iba a volver mañana.

Se mordió el labio inferior, estaba semierecto y podía sentir como el deseo le trepaba por las ingles y se le metía por el ombligo, profundo, muy profundo. De ninguna manera terminaría su noche con una paja de mala muerte, necesitaba mucho más.

Miró alrededor sin tener ningún pensamiento claro hasta que se tropezó con un par de ojos oscuros que lo tenían en la mira. Un hombre de su estatura, más o menos, con un cigarro en la mano y evidente interés en su persona.

Yuji no pensó si era lindo o feo, solo estaba seguro que el interés era genuino, ese interés que desaparece luego de consumar un encuentro carnal. Bien, tenía preservativos, era la oportunidad ideal. Caminó casual, como si estuviera por retirarse, pero a último momento se apostó cerca del hombre quién giró su cabeza para mirarlo con descaro.

A esas alturas de la noche, lo evidente estaba servido en bandeja de plata. Yuji fácilmente podía saber si alguien se lo quería coger, lamentablemente su sapiencia estaba basada en amargas experiencias de cuando se había quedado solo y no tenía otra manera de conseguir sustento.

Nadie sabía sobre esa pequeña parte de su vida, ni siquiera Gojo. No tenía sentido hablar de lamentos del pasado que ya no se pueden remediar, ni modo.

El hombre le dijo alguna cosa, él le respondió otra en voz baja, tan baja que obligó al extraño a acercarse más. Rieron un poco, aceptó una pitada del horrible cigarro que le dejó un sabor amargo, y después de un rato decidieron irse juntos. Nobara le mandó un mensaje para saber dónde estaba y él le dijo que se había descompuesto y que mejor se volvía por su cuenta, que no se preocuparan.

Eso sí, se fueron a un hotel, Yuji no se iba a ir con un tipejo desconocido a casa de otro, ya había aprendido esa lección. Igual y el tipo era de lo más inofensivo, fue directo al grano, pero sin ser brusco. Diríamos que en general lo pudo disfrutar bastante, solo los besos no eran tan buenos. Ah, pero la chupaba bien. Lo acarició, le devoró el trasero y el desempeño, si bien promedio, fue bastante más de lo que Yuji hubiera esperado. Lo hizo acabar dos veces y no le dejó ni mordidas, ni marcas inconvenientes. Se durmieron agotados, enredados, satisfechos de haberse sacado las ganas.

Al día siguiente, Yuji se dio una ducha y aunque le pareció curioso que el hombre se hubiera ido sin siquiera decir adiós, aceptó los hechos como eran. De todas formas, no estaba en sus planes tener una relación paralela.

Al menos había pagado la habitación, cosa que agradeció mentalmente y se retiró para caminar hasta alguna parada donde tomar el autobús. Decidió pasar por casa de Megumi que se estaba recuperando de la resaca, era igual de flojo que Gojo para el alcohol.

Gojo. Su novio oficial. Su flamante y hermoso compañero.

Mientras reía del rostro de pena de Megumi, su mente comenzaba a llenarlo de pensamientos intrusivos, una espiral negra y deforme que lo iba apretando hasta costarle respirar. “¿Y si Gojo sensei se entera? Va a dejarte por infiel. Enloquecería. ¿Qué haría el hechicero más fuerte? ¿Sería capaz de lastimarnos? Me gustaría que me lastimara un poco, así podríamos estar en igualdad de condiciones”. No estaba seguro si ese comportamiento tan poco ético era a propósito, si al final de cuentas en su ADN había un poco de maldad impregnada.

—¿Siquiera estás escuchando?

—¿Uh? Lo siento, Megumi, yo también me estoy reponiendo de anoche.

—No mientas, tú tienes más estamina que cualquiera que yo conozca. Pensé que estarías con tu sensei, considerando que no paraste de suspirar por él todos estos días.

—Aún no ha regresado.

—¿Qué dices? Como su novio deberías ser el primero en saber cuando esa rata albina ya ha vuelto de una misión, ¿no te lo dijo?

—Bu-bueno, no me aclaró a qué hora volvería, ¿a ti si te lo dijo?

—Llegó a la madrugada, me mandó un mensaje como a las cuatro de la mañana, ¿de verdad no te escribió?

Yuji revisó su celular, no, no había mensajes o llamadas. Sintió una horrible sensación, una premonición nefasta.

—Creo que mejor vuelvo a casa, que te mejores Megu.

—Dile a sensei que no se olvide nuestra cita mañana en el shopping o Nobara se enojará.

—Se lo diré.

Abordó un taxi, el estómago le dio un vuelco antes de entrar en la casa. Había un aroma exquisito saliendo del interior y música a todo volumen. “Every breath you take”, de The Police, resonaba a todo dar. Que mal timing para elegir esa canción, pensó Yuji, porque fue, justamente, escuchando esa canción, una noche de verano, hacía un lustro atrás, que Gojo se le había confesado y le había pedido de ser novios, apenas había cumplido los dieciocho. Ahora, a la luz de las nuevas circunstancias, no hacía más que sentir una culpa pesadísima al escucharla.

Every single day
Every word you say
Every game you play

Yuji entró con sigilo, casi que parecía un espía en su hogar. En su nido de amor, así lo llamaba Satoru. Una casa preciosa que había comprado para que ellos convivieran. Yuji tenía 23, y se había mudado a los 21. Su sensei le llevaba menos de 10 años de diferencia. Al principio todos habían puesto el grito en el cielo cuando se enteraron de su relación, eventualmente se acostumbraron o tuvieron que resignarse.

Every night you stay
I'll be watching you

Satoru era el equivalente a un príncipe de un cuento de hadas. Incluso cuando le hacía pucheros y berrinches tontos, que lo desternillaban de risa. Se preocupaba auténticamente por su bienestar, le estaba dando aquello que Yuji había perdido cuando su abuelo había muerto, una familia. Si bueno, una familia de dos, una pequeña y un poco extraña, pero a fin de cuentas se preocupaba por él.

Y él, ¿qué le había dado a cambio? Bueno, lo amaba, ¿lo amaba?, también se preocupaba, lo consentía, lo escuchaba cuando estaba preocupado o divagaba con reflexiones de lo más retorcidas, lo acompañaba, lo seducía y le hacía el amor apasionadamente. Ah, cierto, y le metía los cuernos. Puta madre.

Oh, can't you see
You belong to me?

No es que lo hiciera para desquitarse por algo, porque de hecho no le daba motivos, tampoco lo hacía por necesidad, excepto cuando debía irse a las misiones por algunos días. Además, Gojo lo complacía de formas que eran excepcionales, no existía amante que pudiera siquiera acercársele en cuanto a rendimiento, duración, tamaño, placer. ¿Satoru era perfecto? Era temible cuando se enojaba, lo había visto desvivir hechiceros, maldiciones, hasta personas si así lo requerían sus misiones, sin temblarle el pulso ni una sola vez. Sin embargo, con él, jamás, jamás, tal vez algún enojo fingido, pero nunca… ¿podría enojarse de verdad con él? Muy en el fondo, Yuji sintió un poco de miedo, y a la vez una excitante emoción. ¿No sería bueno que eso sucediera? No, no, ¿o sí?

—Yuuujiiiii, al fin volviste.

Saltó del susto, su novio le estaba sonriendo de oreja a oreja, ¿en qué momento…?

—Se-sensei…

—Oh, vamos, ¿no habíamos dicho que dejaríamos los honoríficos solo para jugueteos candentes? No pareces contento de verme, sino más bien asustado.

Satoru hizo un puchero y Yuji sonrió con alivio. No pasaba nada, eran solo tonterías suyas, su novio seguía ahí, tan lindo e ingenuo como siempre. Se acercó con seguridad, tomó su cabeza entre sus manos y lo acercó hasta sus labios. Se dieron un rico, jugoso beso de lengua. Se sintió casi como una purificación después de su pequeño error nocturno.

Every move you make
Every step you take
I'll be watching you

—Bien, al fin una bienvenida como merezco. Vamos a comer, amorcito, se enfría el guiso.

Las tripas de Yuji rugieron. Era hambriento y tragón, en muchos sentidos, y siendo las tres de la tarde, sin haber desayunado, se le hizo agua la boca. A Satoru le encantaba cocinar, aunque estuviera cansado, se ponía el mandil y le hacía los platillos caseros más deliciosos. ¿O era el amor el que hacía que pareciera así? Ni modo, era rico y eso era lo importante.

La mesa estaba servida, pero su sensei en vez de comer lo que había preparado tenía un plato lleno de dulces. Había muffins de chocolate, alfajores, masitas húmedas. Ni modo, teniendo activo el infinito la mayor parte del tiempo, el cerebro de su novio necesitaba cantidades industriales de azúcar, era común verlo atorarse de esas cosas. Yuji se había acostumbrado.

—¿Está rico, Yuuuji? –dijo alargando la vocal de manera juguetona, mientras con su dedo índice le frotaba la mejilla derecha con cariño.

El chico no podía responder, tenía los mofletes inflados a más no poder. Asintió con énfasis y el albino rio gustoso.

Un total de tres platos de guiso vacíos más tarde, obligaron a que Yuji se acurrucara en el sofá con su novio, mientras miraban El Eternauta, esa serie que estaba dando tanto de qué hablar.

El cansancio y la gran empanzada le pasaron factura a Yuji que comenzó a cabecear.

—Amor, ¿quieres dormir un poco? Se te nota cansado, al parecer festejaron mucho con los chicos.

—Estuvo divertido, pero creo que tomamos demasiado.

Satoru besó su frente con cariño.

—Sería mejor que durmieras, ¿no lo crees?

—Es porque estoy haciendo la digestión, tomaré un poco de agua y se me pasará.

El mayor salió de Netflix y buscó Spotify en el televisor, puso la canción que le pertenecía a ellos en volumen bajo y abrió sus brazos para que Yuji se acomodara. ¿Siesta entre los fornidos brazos de su sensei? ¡Claro que sí!

I'll be watching you

—Yuji, ¿te divertiste, anoche?

—S-sí.

El más joven levantó el mentón para mirar a los ojos más hermosos de este mundo, esos orbes con el poder único de los seis ojos. Algo no estaba…

—Yo también me divertí mucho.

—¿Tú también? ¿En el viaje?

Satoru negó con la cabeza y sonrió alegre.

—Vine antes, para preparar una pequeña sorpresa, y claro quería saludar a Megumi, después de todo no me hubiera perdonado haber perdido su cumpleaños y él tampoco.

I'll be watching you

—¿Fuiste al bar?

Satoru sonrió de nuevo, pero sus ojos congelaban. Yuji se arrodilló a su lado y lo miró preocupado.

—¿Pasa algo, amor? Te pusiste pálido de repente, tal vez se te bajó la presión.

—Sa-satoru, ¿tú…?

No sabía qué decir, o tal vez si sabía, pero no quería, o no podía.

—¿Yo qué?

—¿Me viste?

—Yuuuji, yo siempre, siempre te estoy viendo. Eres mi amado, mi adoración, ¿cómo podría NO verte?

El de cabello blanco tomó su mano y le besó los nudillos con extremo cariño.

—Puedo, p-puedo explicarlo. Bueno, no puedo, no creo que haya una explicación correcta.

—¿Explicación para qué, Yuji?

El más joven dejó caer su cabeza hacia adelante.

—Tú, ya sabes lo que hice, ¿cierto?

—Comiste un delicioso guiso preparado por mí.

—Anoche…

—Oh, si, anoche. Bueno, anoche te atoraste de basura, por eso tuve que convertir esa basura en un banquete digno de ti, amor. ¿Verdad que me quedó delicioso? Aunque la carne no era de primera calidad, así que si te da acidez tengo algo para remediarlo.

Yuji levantó la cabeza con una expresión aterrada, sintiéndose descompuesto.

—¿Verdad que sabía mejor que anoche?

Oh, can't you see
You belong to me?