Chapter Text
Durante una noche de primavera la atmósfera en la casa de Albrecht Stein y su comprometida Andrea Jäger compartían una cena juntos, una cálida, llena de risas, comentarios sobre libros y pensamientos de cada uno.
Eran cerca de la media noche y Andrea se encontraba muy cansada de todo el trabajo entonces decidió ir a dormir antes que su prometido.
— Buenas noches, querida — fueron las últimas palabras que murmuró Albrecht antes de ver que ella desaparecía al subir las escaleras y entrar al dormitorio.
Seguido por un suspiro largo y cansado, últimamente todo lo consumía de una manera que no le dejaba hacer las cosas simples sin que sienta que hace el triple de esfuerzo que otros.
Tragó un sorbo de vino y sacó de su bolsillo unos cigarrillos, se paró de su asiento para ir hacia el jardín y fumar tranquilamente pero el sonido del teléfono lo detuvo.
Giró su cabeza curioso, era casi la media noche, ¿por qué alguien iba a llamarlos a esa hora?
— Albrecht Stein habla, quién es? — preguntó el pelinegro luego de atender la llamada.
— ¿Albrecht? — esa voz. Albrecht sabía de quién se trataba.
Su mente estaba en blanco, su cuerpo no respondía a nada.
— Albrecht. Soy yo, Friedrich. —
— ¿Por qué me llamás? — le interrumpió Albrecht con una voz seca y un intento desesperado de parecer desinteresado aunque por dentro estaba muriendo de los nervios.
— Te quería pedir perdón, por todo lo que hice, fui un idiota y —
— Basta. — le interrumpió Albrecht pasando su mano por su cabello, sentía sus ojos picar.
— Por favor, Albrecht. — la voz del rubio sonaba desesperada y apagada.
— Friedrich, es tarde. Okey? No vuelvas a llamar — Albrecht se apartó del teléfono y antes de que pudiera lograr colgar Friedrich volvió a hablar.
— No te cases, no con ella por favor. No lo hagas — el pelinegro sentía que quería llorar, su mano temblaba.
— Lo siento, pero soy feliz con ella. — murmuró Albrecht volviendo a acercar el teléfono a su oído.
— Se casarán pronto, ¿no? — se escuchó la voz del rubio apagada y algo monótona.
Albrecht alzó la mirada para ver una foto de su prometida y él juntos, una mujer tan hermosa, rubia, de ojos azules, con un cabello corto hasta los hombros.
— Mjm — afirmó Albrecht sin poder pronunciar una palabra más.
— ¿Cómo es? — hubo un silencio entre ellos, el rubio esperando la respuesta del otro.
— Tiene unos hermosos ojos azules, cabello rubio hasta los hombros, muy clara y le encanta saber de deportes — dijo finalmente Albrecht, otro silencio permaneció entre ellos.
— Albrecht… — lo llamó Friedrich triste y el pelinegro negó con su cabeza.
— No, no, no. Ya sé lo que estás pensando, Friedrich. Pero todo eso quedó en el pasado — dijo Albrecht y comenzaron a caer las lágrimas por su mejilla.
— Entiendo — respondió el rubio — Pero por qué ella sí y yo no? —
— Acaso no lo entiendes, Friedrich? Ella es una mujer, tú no. — las palabras lo apuñalaron como miles de cuchillos por la espalda. Friedrich sabía que esa era la realidad pero no creyó alguna vez escuchar eso de los labios que alguna vez besó, alguna vez probó.
El siguiente sonido que se escuchó fue el del teléfono colgado. Friedrich ni pudo controlar su frustración y terminó tirando el teléfono al piso con rabia y lleno de tristeza.
