Work Text:

Aarón entra a su habitación después de un día de entrenamientos y entrevistas. Deja su mochila que casi le cae del hombro, y se tumba en la cama.
— Se coloca los audífonos y da play a su música, como queriendo aislarse del mundo— le ordena a su bocina inteligente.
La música se activa y suena aquella canción que ama pero no le gusta tanto escuchar, no cuando su cabeza está llena de pensamientos. Suena Watercolor eyes de Lana del Rey, mientras decide si cambiar la canción, los recuerdos invaden su mente.
Tres años atrás.
Aarón se encuentra en el Gym de la escuela, está por terminar su entrenamiento de box, cuando se abre la puerta.
Aldo aparece entre la luz que se cuela por la puerta, se ve nervioso, tal vez molesto… Termina el entrenamiento de Aarón y se dirige enseguida a Aldo. Aarón observa alrededor y al ver que no hay nadie, se acerca para darle un beso a Aldo. Aldo acepta el beso, pero de una forma distante y cortante…
— ¿Qué pasa? – Pregunta Aarón, con las emociones a tope por la reacción de Aldo, como si algo se hubiera roto en un segundo.
— Nada, nada, ¿te vas a bañar?, te espero aquí — le dice Aldo.
Aarón, quien frunce el entrecejo, sin entender qué pasa, y sin decir nada, agarra sus cosas, se dirige a las regaderas, se da una ducha rápida, y sale a encontrarse con Aldo quien lo esperaba acostado en una banca.
Como si el momento anterior no hubiera existido Aarón se sienta junto a él y le da un beso, tierno y suave. Aldo que tenía los ojos cerrados y no sintió la presencia de Aarón por estar sumergido en sus pensamientos, reacciona sorprendido, pero al instante se tranquiliza y se deja llevar. Se sumergen en un beso tierno y sin prisa, como si el mundo se hubiera esfumado y el tiempo se hubiera detenido.
— ¿Desde cuándo te dan asco los besos con sudor? — pregunta Aarón.
— No me dan asco, ¿por qué dices eso? — refuta Aldo.
— Pues hace rato casi te limpias y hasta me mandaste a bañar— dice Aarón con un poco de reclamo en sus palabras.
— ¡Perdón! no fue por eso, fue por… ¿Quieres ir a comer? — pregunta Aldo.
— ¿Fue por? — pregunta Aarón con gran duda al no entender por qué evade el tema. — responde, si quiero ir a comer, pero quiero que me digas ¿Qué tienes?
Aldo lo abraza, esos abrazos que hacen que Aarón baje la guardia cuando se da cuenta que está un poco molesto.
— No quiero hablar de eso, no ahorita, vamos a comer, a perdernos un rato y más tarde te cuento, por favor — le pide Aldo con ternura.
Aarón, quien tenía los brazos cruzados, se derritió en el abrazo, perdió una vez más, siempre pierde. Rápidamente se enredó en los brazos de Aldo y aceptó no preguntar más.
— mmm Ok… pero con una condición, vamos a casa de mi abuela, me está esperando con enchiladas verdes y después podemos salir al valle o hacer lo que tú quieras ¿va? — propone Aarón.
Aldo lo ve con ternura y con una sonrisa que parece forzada, pero en realidad es que hoy le cuesta trabajo sonreír.
— Ok, vamos con tu abuela — acepta Aldo, con duda pues lo que quería era estar solo con Aarón, pero él también ama las enchiladas de Mom Vicky.
Caminan a casa de Mom Vicky hablando de todo y nada a la vez, Aarón no dejaba de repasar su entrenamiento y como el couch, casi le rompe la nariz. Aldo solo caminaba junto a él mirándolo como quien quiere grabarse toda la escena en la memoria. Llegan a la casa y Mom Vicky los recibe.
— Hola mis amores — los saluda Mom Vicky con todo el amor que la caracteriza. (Vicky era de las pocas que conocía la relación de Aldo y Aarón, los apoyaba y cuidaba, a veces demasiado).
— Hola Mom, huele delicioso — Saluda Aarón, mientras su abuela le da un abrazo y un beso tronado.
— Hola Vicky, gracias por la invitación — Saluda Aldo con un poco de pena, por no anticipar su visita.
— ¿Qué dices? Sabes que no necesitas invitación, esta es tu casa — responde Mom Vicky con gran amor — Bueno, les dejé todo preparado, solo se sirven lo que gusten ¿ok? Me voy porque tu mamá me está esperando — voltea a ver a Aarón y le guiña un ojo — toma sus cosas y sale de la casa.
— ¿Cómo? ¿No vas a comer con nosotros? — Pregunta confundido Aldo.
— Ya comí, vamos a ir de compras, me quedo tranquila de que se quedan cuidando mi casa, portense bien, ¡los amo! — le responde Mom Vicky.
“Los amo” esas palabras retumban en su cabeza, son palabras que nunca ha escuchado de su propia familia y que Vicky se las diga, no solo le llena el alma, también le duelen un poco.
— ¿no me dijiste que íbamos a comer con tu abuela? — preguntó Aldo confundido.
— Nop, te dije vamos a comer a casa de mi abuela, no con mi abuela — responde Aarón mientras sirve dos platos de comida.
Aldo se ríe y se dirige a servir agua en una jarra y pasar los cubiertos. Se sientan a la mesa los dos a disfrutar los alimentos mientras siguen platicando de nada y todo al mismo tiempo. Terminan de comer, recogen la mesa, lavan la loza y se disponen a salir con un balón de básquet en las manos.
— Vamos, tiros libres, quien haga más es el papá y el otro su hijazo – le dice Aarón a Aldo.
— ¿Seguro? — le pregunta Aldo, como quien sabe que siempre gana esos juegos.
Salen al patio, y comienzan a lanzar algunos tiros, Aldo falla, Aarón encesta, cada que Aarón hace un punto festeja como quien gana la copa mundial. Aldo se ríe, le causa ternura verlo feliz encestando una simple pelota en un aro.
— Ponte pilas Papi, o vas a ser mi hijazo — le dice Aarón, quien realmente está haciendo todo el tiempo posible para no tocar el tema que sabe que no puede tocar.
Aldo se da cuenta que la noche está por caer y que no puede postergar más el tema, le pide a Aarón que paren, que necesita decirle algo. Aarón al escucharlo, lanza el balón con torpeza y lo deja caer olvidándolo por completo.
— ¿Decirme qué? ¿Ahora si me vas a decir que traes, desde la mañana? — pregunta con temor Aarón.
Aldo asiente con la cabeza, mientras se sienta en una banca vieja. Aarón se acerca y lo toma de las manos.
— ¿Sabes que puedes contarme lo que sea verdad? — le dice Aarón.
— Lo sé — responde Aldo, mientras las lágrimas se desbordan de sus ojos.
— ¿Qué pasa? Ya me preocupaste — dice alarmado Aarón.
— No puedo seguir… — empieza Aldo.
— ¿No puedes seguir con qué? — pregunta Aarón con duda.
— Con lo nuestro — suelta Aldo con el mayor temor y vergüenza que ha sentido.
— No estoy entendiendo, ¿cómo que con lo nuestro? ¿Aldo de qué estás hablando? — interrumpe.
— Perdóname — susurra Aldo mientras sus lágrimas caen.
— No te puedo perdonar, si no sé qué es lo que tengo que perdonar — responde y toma a Aldo del rostro obligándolo a voltear a verlo.
— ¿Me quieres? — le pregunta.
— Te Amo — le responde Aldo con firmeza — pero no es por falta de amor.
— Pues explicame porque no entiendo nada — responde Aarón, con los ojos inundados, watercolor eyes.
Aldo destruido, porque quería prolongar que sucediera este momento, le explica…
— Por favor escúchame antes de juzgarme — comienza Aldo.
— Mis padres volvieron a discutir, mi padre está molesto porque mamá sigue tomando mucho, no ha superado su depresión. Y mi padre cree que nos hace daño dejarnos con mamá… (Aldo hablaba, pero Aarón dejó de escuchar palabras. Solo veía su boca moverse mientras algo se rompía por dentro.)
»Así que decidieron que nos tenemos que ir con él, Andrea y yo, al menos hasta terminar la universidad. Sé que ya soy mayor de edad, que podría decidir quedarme, pero él paga mis estudios… y…
…sabe de lo nuestro… (Aarón solo lo escucha, con lágrimas en los ojos, como quien no entiende nada de lo que está escuchando)...
— Está molesto… dice que no es correcto… le dije que podía quitarme su apoyo económico, que no lo necesitaba, pero me amenazó con quitarle la pensión a mi mamá y mi hermana, me dijo, que si tomaba esa decisión desde ahora tendría que trabajar y hacerme cargo de todo, acepté claro está, pero mi mamá, mi hermana y mi abuela se pusieron muy mal, me pidieron que no les hiciera eso, que ningún trabajo que pudiera conseguir, subsanaría los gastos y tendría que dejar de estudiar… y… no le puedo hacer eso a mi familia, no a ellas. ¿Lo entiendes, verdad?
Aarón recibe la pregunta como quien recibe un balde de agua fría.
— Realmente no, no lo entiendo — responde con dolor en su alma.
— Me voy a ir a vivir con mi padre a Monterrey, me voy mañana. Voy a terminar mis estudios allá y no creo volver, necesito ser el hombre que mi familia necesita que sea. — responde Aldo con más claridad.
— ¿Y el hombre que yo necesito que seas? — Pregunta Aarón.
— Por eso, te pido perdón… Perdóname, por favor… — responde Aldo con el dolor más grande en su ser.
— ¿Entonces se termina así? ¿nada más? — Pregunta Aarón, aunque realmente no quiere escuchar esa respuesta.
Aldo se queda en silencio, ese silencio que otorga, ese silencio que rompe todo por dentro, el silencio que duele más que el ruido estruendoso.
— Por favor, vete — le pide Aarón a Aldo entre lágrimas.
— No me corras, por favor, sólo quería pasar este último día y horas contigo, no me eches por favor — suplica Aldo.
— Me está matando tu presencia, tus decisiones que no logro entender — reclama Aarón.
— No te pido que lo entiendas, te pido que lo aceptes y me apoyes con esto — le pide Aldo.
— No sé cómo hacerlo… Me estas matando De Nigris — reclama Aarón.
Esas últimas palabras destrozaron a Aldo, no le gustaba que le dijera “De Nigris”, no de esa forma, él sabía que no era como sus tíos, él no quería seguir esos patrones. Y que Aarón le dijera de esa forma su apellido lo hacía sentir, que Aarón pensaba lo peor de él.
Aldo se acerca a Aarón lo toma de las manos, seca sus lágrimas, y le da un beso, tal vez el último, un beso húmedo, un beso triste, un beso confuso, un beso que ninguno de los dos quería sentir, un beso que marcaba el final, ese final que ellos no escribieron que fueron obligados a escribir.
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La imagen se difumina en la mente de Aarón, quien vuelve a la realidad, por los golpes que se escuchan en la puerta. Las lágrimas habían corrido por su rostro sin darse cuenta. Hay recuerdos que aún pesan.
TOC, TOC , TOC,
— Pasa — responde Aarón.
— Perdón, pensé que estabas dormido, te buscan en la sala… — le dice su Madre.
— ¿Me buscan? ¿quién? — pregunta Aarón.
— Mejor baja — responde su Madre.
Aarón con duda por el misticismo de su madre baja a la sala y lo ve ahí, alto, rubio, más musculoso que la última vez que lo vio. Tres años atrás, Aarón habría corrido a abrazarlo. Hoy solo sentía cansancio.
— ¿Qué hac….? – no termina su pregunta cuando Aldo lo interrumpe.
— Disculpa por venir sin avisar, pero necesitaba… — Dice Aldo cuando Aarón lo interrumpe.
— ¿Necesitabas? De qué hablas Aldo, durante 3 años no necesitaste nada, ni siquiera llamarme para saber si estaba bien o para decirme que tú estabas bien. Lo único que sé de ti es por tus publicaciones en Instagram — reclama Aarón.
— Perdóname — dice Aldo.
— Perdóname, perdóname, perdóname, es lo único que sabes decir, hace 3 años fueron las únicas palabras que escuche que decías. Y hoy vienes ¿sólo a decir lo mismo? — Aarón sigue reclamando.
Aldo sin pensarlo se abalanza y lo besa, Aarón lo rechaza y lo avienta, con las pocas fuerzas que le quedan.
— Perdóname tú, pero las cosas no funcionan así, ¡por favor, vete de mi casa! — le pide con firmeza Aarón.
Aldo accede, baja la cabeza y se retira con el corazón roto, no sin antes dejar una cajita en la mesa.
Aarón se desploma en el suelo, llorando.
— ¿Por qué vuelve ahora?¿Tantos años de silencio y solo regresa así? ¡Creí que era un tema superado para mi!
Toma la cajita que dejó Aldo, era un anillo y una nota que decía…
“Aún te amo, sólo has sido tú en mi vida, perdón por irme, perdón por dejarte. Entiendo que ya no me ames, yo te seguiré amando”.
Aarón vuelve al llanto, 3 años se volvió de hierro, como si nada le afectara, hoy vuelve a estar roto, no sabe qué hacer, él no cree en segundas oportunidades, pero su alma sabe que lo ama, que nunca lo dejó de amar y que solo se tiene que armar de valor, para decidir.
FIN
