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Fue el mejor momento de la vida de Júpiter cuando Saturno dijo entre lágrimas "Sí, acepto" cuando le propuso matrimonio. Ha decir verdad, fue un momento sumamente bello, con todos los demás presentes muy felices, incluso comenzando a hablar de los preparativos de la boda un segundo después de que el mayor le pusiera el anillo a Saturno.
El día de la boda fue de ensueño, fue todo perfecto. Hubieron muchas lágrimas de felicidad, cuando el ramo fue lanzado hubo una batalla campal por agarrarlo. Lo más hermoso fue el baile entre los recién casados, se veían como personas de realeza, con una perfecta sincronización en su baile, demostrando que estaban hechos el uno para el otro.
Sin duda alguna su vida de casados empezó con el pie derecho.
A las pocas semanas terminaron de mudarse a un pequeño departamento, uno que entre ambos habían pagado durante todo un año; era de suma alegría tener un hogar propio.
Y así empezó una rutina donde ambos trabajaban, siendo Saturno quien tenía un horario menor de trabajo, por lo que él se encargaba de la mayoría de tareas de la casa (como la limpieza, el cocina, lavar la ropa, etc.). Júpiter ayudaba más en cosas que tenían que ver con reparaciones (cada que Saturno no lograba arreglar el asunto); pero, por lo general, el mayor llegaba muy agotado del trabajo y llegaba a casa a descansar.
Saturno siempre lo recibía con un beso, con un abrazo y con un plato de comida caliente.
Pero un día, hubo un pequeño cambio en esa rutina, un cambio que traería consecuencias.
ㅡ¿Tenemos algo más para cenar?ㅡ pregunto Júpiter tras comer el último bocado.
ㅡ¿No te gustó la cena?ㅡ Saturno mostró preocupación.
ㅡSí, sí me gustó, pero, aún tengo un poco de hambre, el trabajo fue muy pesado hoy.
ㅡBueno, creo que tenemos en el refrigerador las sobras de un tiramisú que nos trajo Uranoㅡ se levantó de su asiento y fue hacia la cocina.
Un minutos después, Saturno regresó con aquel tiramisú (la mitad del tiramisú que había sobrado) además de traer un vaso con leche.
ㅡOjalá esto pueda calmar un poco tu hambreㅡ mencionó mientras ponía la comida sobre la mesa.
ㅡYo espero que sí, porque cada día aguanto menos el hambre.
ㅡ¿Ya te habías quedado con hambre antes? ¿Por qué no me lo habías dicho?ㅡ se cruzó de brazos.
ㅡNo quería molestarte.
ㅡJúpiter, no es molestiaㅡ puso su mano sobre el hombro de su parejaㅡ Mañana prometo hacerte más de cenar, y si tienes más hambre, dímelo, en verdad.
ㅡEstá bien, te lo diré.
Júpiter comió aquel tiramisú como si no hubiese comido en años, incluso pidió más leche, terminándose litro y medio de esta (prácticamente toda la leche que tenían en casa). Comió y bebió tan rápido que al terminar el extra de su cena terminó eructando.
ㅡL-lo sientoㅡ dijo estando muy apenado.
ㅡNo te preocupes Jupi, no hiciste nada malo.
Fueron pasando los días, la cena con la que era recibido Júpiter se había vuelto ligeramente más grande, pero a su vez, la carga en su trabajo también se volvió mayor. Cada semana que pasaba llegaba más cansado del trabajo, así como también llegaba aún más hambriento.
Fue entonces que ambos decidieron que comprarían comida extra, cosas como galletas o papas fritas para calmar un poco el hambre del mayor. Pero poco a poco se fueron sumando más cosas, como comprar helado o pasar de vez en cuando a reposterías para comprar una docena de cupcakes o incluso rebanadas de pastel; todo aquello lo comía con muchas ganas, de forma bastante rápida.
El comer más y más, el añadir a su dieta alimentos altamente calóricos y el solo llegar a su casa a comer y después acostarse en el sillón o la cama, fue provocando cambios en el físico de Júpiter.
ㅡ¿Acaso mis pantalones se encogieron en la lavadora?ㅡ el mayor trataba de abotonar su pantalón.
ㅡ¿Otro más se encogió?ㅡ Saturno salió del baño tras quitarse su mascarilla para el cuidado de la piel.
ㅡAsí es, otro másㅡ Júpiter dejo salir un suspiroㅡ Y este era mi último pantalón que me quedaba.
ㅡBueno, podemos ir de compras.
ㅡPero tengo que trabajar hoy.
ㅡNo creo que puedas ir a dar clases si ni siquiera tienes que ponerte, Jupiㅡse adentró más en la habitaciónㅡ Deberías pedir el día libre.
ㅡNo puedo pedir el día libre solo porque no entro en mis pantalones.
ㅡSolo di una pequeña mentira blanca, como que te enfermaste, estoy seguro que no habrá problema si faltas un día.
ㅡSupongo que no. Pediré el permiso.
Pero, para sorpresa de ambos, aquel no sería el único permiso con una mentira blanca que tendrían que pedir.
Mientras más pasaban los meses, Júpiter solo seguía comiendo más y más, a la par que Saturno lo complacía en todo lo que tenía que ver con comida. Si Júpiter quería un pastel, Saturno iba corriendo a comprarlo, si era de noche y Júpiter despertaba con hambre, Saturno se levantaba a prepararle un refrigerio, si iban en el auto y a Júpiter le daba hambre, Saturno se pasaba al asiento del conductor para que fuesen a algún restaurante de comida rápida a pedir comida por el autoservicio y así Júpiter podría ir comiendo mientras regresaban a casa.
Ya se había vuelto rutina incluso que el mayor eructara, y aunque aún le seguía dando un poco de pena, su esposo le decía que no se preocupará, que era algo de esperarse debido a las cantidades de comida que consumía.
Más pronto que tarde la excusa de que la ropa se había encogido en la lavadora quedó obsoleta. Los cambios en el físico de Júpiter se hicieron totalmente evidentes.
Y aunque en un principio aquello comenzó a darle una pequeña inseguridad al mayor, su esposo supo como manejarla.
ㅡSiento que ya no soy atractivo para tiㅡ mencionó un día en el que ambos terminaban de cenar.
ㅡ¿Pero que cosas dices, Jupi? Si tú para mi eres el ser más atractivo del mundo.
ㅡNo me tienes que mentir, solo mírame, he cambiado demasiado y...
ㅡY eso no significa que dejes de ser hermoso.
ㅡNo lo sé Saturno, tal vez debería ser la pareja que tu mereces.
ㅡTú eres la pareja que merezcoㅡ puso su mano sobre la de su esposoㅡ Tú no te preocupes por tu físico, yo te seguiré amando incluso se pesaras mil kilos.
Júpiter sonrió ante esas palabras.
ㅡAunque, científicamente es imposible que alguien llegue a pesar mil kilos.
Ambos se rieron ante ese comentario.
ㅡIgual, ahora te ves más adorable así. Amo como se ven tus regordetas mejillas.
Júpiter no pudo evitar sonrojarse ante ese comentario.
ㅡAsí tengo más lugar donde besarteㅡ tras eso, Saturno le dio varios besos en ambas mejillas a su esposo.
ㅡBueno, pero debemos de admitir que el hecho de que me la pase eructando no es lo más romántico del mundoㅡ mencionó el mayor tras recibir los besos.
ㅡA mi me parece muy adorable escucharte, además, eso me demuestra que si te alimento bien.
Volvieron a reír.
Para finales de año, Júpiter había subido bastante de peso, pero eso ya no le preocupaba, tenía seguridad sobre sí mismo. Al fin habían logrado encontrar un equilibrio en la rutina para ya no estar sufriendo tanto por el hambre y el cansancio.
Pero, la prueba de fuego vendría cuando ambos se presentaron a la cena de fin de año.
Cuando todos vieron a la pareja quedaron boquiabiertos, no habían visto a Júpiter desde el día en que la pareja se mudo a su departamento.
En seguida los primeros en decir sus comentarios fueron Venus y Urano, y Tierra hizo no que parecía una indirecta bastante directa. Claro, tras esos cometarios, Sol regaño a los tres, sin embargo, Júpiter menciono:
ㅡEstá bien, está bien, obviamente soy consciente de mi cambioㅡ estaba bastante tranquiloㅡ Supongo que era algo que tenía que pasar.
ㅡAdemás, lo importante es que mi esposo está feliz, que tiene un trabajo estable, y que sabe que lo amoㅡ añadió Saturno.
ㅡUgh, pero que cursis sonㅡ dijo Venus, los cual provocó las risas de todos.
