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Shanks estaba rebosando de emoción, de no ser porque Rayleigh sostenía fuertemente su mano habría salido a correr hacía rato. Pero es que no podía evitarlo ¡Por fin estaba yendo al circo! Todas las historias que había escuchado de sus amigos en la escuela sobre circos, payasos y acróbatas lo dejaban encantado, por eso cuando vio el cartel del circo en su camino de regreso a casa le rogó a Roger que lo llevara.
Su insistencia dio frutos y ese sábado Roger y Rayleigh lo llevaron al circo. Incluso desde la entrada todo fue como una película. Todo era de colores brillantes, los trabajadores tenían las caras pintadas de formas chistosas ¡Y había algodón de azúcar en todas partes!
Cuando entraron a la gran carpa donde sería el espectáculo se asombró por lo grande que era y por todas las cosas que habían en el escenario, no sabía para qué eran pero se veían increíbles. Se sentó en medio de sus papás, con una gran sonrisa en el rostro que solo se hizo más grande cuando el show empezó.
Había todo tipo de cosas. Todo lo que había escuchado cobró vida frente a sus ojos y fue cien veces mejor de lo que imaginó. Se rió con las bromas de los payasos, observó con asombro a los acróbatas que se movían por el cielo y a los que andaban en monociclos, contuvo la respiración cuando hicieron malabares con cuchillos y fuego.
Todo fue espléndido, pero nada pudo superarlo a él.
En un momento todas las luces se apagaron y solo un reflector se encendió enfocando a un chico de nariz roja y brillante, con el cabello azul largo peinado en una cola de caballo, tenía ropa a rayas y los pies descalzos, y parecía ser de la misma edad que Shanks. Estaba arriba, tanto que parecía que si se estiraba podría tocar el techo de la carpa, y frente a él había una cuerda floja.
Shanks miró con miedo y admiración cada paso que el chico daba. La cuerda temblaba y tenía que usar sus brazos para equilibrarse, pero no parecía asustado, parecía en su lugar, parecía la única estrella de la noche que era imposible no mirar, como si hubiera nacido para estar bajo los reflectores.
El chico no solo cruzó la cuerda, se acostó sobre ella, incluso llegó a saltar y a caer de nuevo sobre la cuerda. No hubo un segundo de vacilación, ni el más mínimo error, todo fue simplemente perfecto. Y entonces, estando en medio de la cuerda, de un momento a otro, se dejó caer. Toda la audiencia que había estado aplaudiendo hasta ese momento gritó con horror, Shanks incluido.
Pero el chico no cayó al suelo, agarró sus manos a uno de los aros colgantes que habían usado los acróbatas antes. Se balanceó para conseguir impulso y se soltó para llegar a otro aro que estaba más abajo. Hizo lo mismo varias veces, dando volteretas en el aire un par de veces, hasta que finalmente sus pies tocaron el suelo. Hizo una reverencia indicando que su parte del espectáculo se había terminado, y todo el mundo empezó a aplaudir y a vitorear, había sido increíble.
Shanks no tenía palabras para explicar lo que sintió al verlo. Sus ojos no podían apartarse de él, pero fue diferente a cómo había visto a las demás personas del circo. Algo en él era diferente. Incluso cuando salió del escenario y entraron nuevas personas para pasar a la parte final del show, Shanks ya no pudo concentrarse. Su mente seguía ocupada visualizando el cabello azul moviéndose en el aire, los movimientos tan controlados, la nariz roja que atraía la atención, el rostro más bello que ha observado en la vida.
– ¿Te gustó el show, Shanks? – Roger le preguntó cuando salieron de la carpa.
– ¡Fue increíble! ¿¡Podemos volver!?
– Si vuelven a venir podemos verlos de nuevo. – Rayleigh le respondió con calma. – Por ahora tenemos que ir a casa.
Shanks hizo un puchero, no quería irse, pero terminó aceptando igual. Aunque claro, eso cambió cuando lo vio a él.
– ¡Papá! ¡Papá! ¡Míralo, es él! ¡Es el niño de la cuerda! – Cerca a ellos había varios de los artistas del circo tomándose fotos con algunos niños y dándoles autógrafos. Entre ellos estaba el niño de cabello azul, y Shanks nuevamente no pudo despegar su mirada de él.
– ¿Quieres una foto con él?
– ¡Sí!
Hicieron la fila para que pudiera tomarse una foto con él, también les dieron un cartel del circo para que les diera un autógrafo. Shanks sentía que se quedaba sin aliento entre más avanzaban en la fila, era incluso más hermoso de cerca. Cuando por fin fue su turno pudo decirle lo increíble que le había parecido su espectáculo, el chico lo miró con una sonrisa, él sabía que lo que Shanks le estaba diciendo era cierto.
– ¿Cómo te llamas? – Le preguntó mientras empezaba a escribir en el folleto que Shanks le había dado.
– ¡Shanks! – Dijo con una sonrisa
– Gracias por venir, Shanks. – Le dijo terminando de escribir en el folleto.
Cuando le devolvió a Shanks el folleto también pasó un brazo por sus hombros y sonrió para la foto.
Estuvo todo el camino a casa mirando la foto y el folleto. Le había escrito un “Gracias por venir, Shanks. Espero que este día sea memorable.” También había una firma con su nombre Buggy. Todavía no podía explicar lo que sentía al verlo, pero algo tenía claro, ir al circo había sido la mejor idea del mundo.
Años después cuando el nuevo alumno que sería parte de su salón entró para presentarse y se encontró de nuevo con ese cabello azul y esa nariz roja supo que era él incluso antes de que dijera su nombre. Entonces fue capaz de entender qué es lo que sentía por él. En ese entonces y también ahora mismo, tenía un crush por Buggy.
Sintió que su rostro se sonrojó cuando el profesor le indicó a Buggy cual sería su asiento y este lo miró. Buggy, el hombre más lindo del mundo, se sentaría junto a él, no podía ser más feliz.
– Eres Buggy, ¿cierto? El del circo. – Preguntó, para confirmar lo que ya sabía.
– Oh, así que eres un fan ¿Te gustaría un autógrafo?
Buggy no le dio tiempo a responder. Le quitó el cuaderno que tenía en el escritorio y comenzó a escribir sobre él.
Espero que este día sea memorable, Shanks.
Eso fue lo que pudo leer cuando le devolvió el cuaderno, pero no solo estaba el detalle de que se acordaba de su nombre. Bajo ese mensaje estaba escrito un número de celular, y esa misma firma que estaba en el folleto enmarcado en su cuarto.
