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Momento inevitable || Ai x Rina

Summary:

Para el resto del mundo, la relación entre Ai y Rina es una mezcla perfecta de energía y calma.

Sin embargo, ambas han comenzado a sentir que el afecto cotidiano ya no es suficiente. Aparece entonces una necesidad física que late con fuerza, obligándolas a ir un poco más allá.

✿ Miyashita Ai x Tennoji Rina ✿

✯ Drabble ✯

••• Disclaimer: Love Live! School Idol Project no me pertenece, es propiedad de ASCII Media Works (Kadokawa), Lantis (Bandai Namco Music Live) y Sunrise (Bandai Namco Filmworks).

••• Advertencias:
*Yuri
*Contenido un poquito subido de tono
*GL
*Personalidades algo Ooc
*Datos ficticios inventados por el autor
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Work Text:

Momento inevitable
Ai x Rina

Siempre llega ese momento; es inevitable. Ai y Rina lo saben; de hecho, más que saberlo, lo sienten.

Ha llegado ese punto en el que entrelazar las manos resulta insuficiente, y los besos dejan de ser simples contactos cariñosos para transformarse en conexiones más profundas y traviesas. Se vuelven más duraderos, más intensos y demandantes.

Pronto, surgen otras necesidades.

Las manos de Ai se tornan inquietas, más osadas. Ahora se desplazan con una curiosidad inusitada por lugares en los que antes no se habrían aventurado. Ya no se conforman con acariciar las tersas mejillas de su inexpresiva novia o con hacerle cosquillas para jugar; ya no permanecen quietas en la pequeña cintura de su Rinari mientras se besan o se abrazan.

Rina no se queda atrás. Nunca pretendió ser del todo inocente, aunque tampoco fuera su intención demostrarlo. Después de todo, alguien que pasa tanto tiempo en contacto con la tecnología, en investigación constante, navegando de un sitio a otro, acaba inevitablemente por toparse con cierto contenido tarde o temprano.

Rina acaba viendo cosas que, aunque al principio le resultaban inconcebibles, ahora despiertan su interés y curiosidad. Ambas desean experimentar; lo anhelan más de lo que ellas mismas son capaces de admitir.

Ahora, durante la hora del descanso, se encuentran a solas en un rincón del patio donde han almorzado en más de una ocasión. Comienzan a besarse con la certeza de que nadie las interrumpirá; ese lugar les brinda la privacidad necesaria y, de hecho, solo las demás integrantes del club saben que suelen pasar tiempo allí.

Este beso es distinto a los anteriores: es más apasionado, más exigente. Ai no tiene reparos en profundizar el contacto, buscando con su lengua la de su novia, y esta última no duda en responder con la misma intensidad, envolviéndola para presentar batalla. Finos hilos de saliva comienzan a escapar por la comisura de los labios de Rina, deslizándose por su mentón hasta caer en su regazo.

Cuando rompen el contacto, excitadas y jadeantes, Rina suplica con un hilo de voz. Sus ojos amarillos, habitualmente inexpresivos, se clavan en el rostro de su pareja mientras pide ir a un lugar donde puedan avanzar un poco más. Ai asiente, incapaz de negarle nada a su hermosa novia, y toma su mano para buscar algún salón vacío donde calmar las ansias que las consumen.

No les importa que falte poco para que termine el descanso, ni que esté por comenzar el siguiente periodo; ni siquiera recuerdan el compromiso del entrenamiento especial ideado por Setsuna para el evento que se aproxima. En este momento, solo existen ellas y el deseo que se profesan; nada más tiene relevancia.

Revisan un salón tras otro sin éxito. La impaciencia crece y las ansias devoran la cordura de ambas desde el interior. Finalmente, encuentran un aula en la tercera planta del segundo edificio. A esta hora está desierta y el silencio es absoluto. Es probable que las echen de menos en sus respectivas clases, pero esa es la última de sus preocupaciones.

Ai es la primera en entrar y tira de Rina, cuya mano no ha soltado desde que abandonaron el patio. La rubia es impulsiva, mientras que su novia es más precavida y se asegura de echar el cerrojo antes de continuar.

Dada la diferencia de estatura, Ai desliza sus manos vibrantes por los muslos de Rina y la eleva, cargándola con facilidad. La pequeña no pesa mucho y Ai busca que sus rostros queden a la misma altura. La rubia sonríe con fiereza al notar el ligero desconcierto en los ojos amarillos y lacónicos de la joven. Se ve tan vulnerable, tan linda y apetecible.

La emoción es casi imperceptible en esos rasgos habitualmente inmóviles, pero Ai la detecta. Saber que su novia está tan urgida como para mostrar esos débiles, pero presentes, destellos de pasión en un rostro tan escueto, hace que su temperatura corporal se dispare.

Rina apenas tiene tiempo de rozar el rostro ansioso de la deportista antes de ser besada con voracidad y, sin la menor delicadeza, ser presionada contra la pared. Siente las fuertes manos de Ai sosteniéndola con firmeza; es consciente de cuánto entrena su pareja y sabe que no la dejará caer. Por ello, se concentra en corresponder el fogoso beso y en rodearle el cuello con los brazos para estrecharse contra ella tanto como sea posible.

Están listas para terminar lo que empezaron en el patio; no es su estilo dejar las cosas a medias.