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Algo Tan Valioso

Summary:

Zoro gruñó. Veía lo que Sanji estaba haciendo bajo los insultos, intentando sacrificarse para salvar al otro. Bueno, no se lo iba a permitir.

Zoro y Sanji son capturado por esclavistas, pero estos no necesitan a ambos...

Notes:

N.A.: Basado en el prompt: "Llevenme a mí en su lugar"

Nota de traductora: ¡¡Feliz día de San Valentín!! Hoy les regalo un 2x1, asi que, ¡¡espero que disfruten la lectura!!

Work Text:

Fue una completa estupidez que los hubieran atrapado en primer lugar. Habían estado demasiado ocupados discutiendo sobre algo estúpido como para notar la obvia trampa en medio del bosque, y una vez que estuvieron en el agujero, estos esclavistas de segunda les inyectaron una droga paralizante y los ataron.

Aparentemente, estos no esperaban atrapar a dos idiotas en su estúpido agujero. Así que ahora estaban determinando cuál de ellos llevarse para venderlo a algún cabrón que buscaba luchadores para su combate a muerte.

—Nos llevaremos a este —dijo la líder mientras pateaba el costado de Zoro y lo agarraba por la camisa—, tiene los músculos y las espadas.

Él gruñó y la fulminó con la mirada. Si tan solo pudiera tomar una de sus espadas, podría acabar con esto, pero sus dedos seguían inertes.

Una sonrisa burlona se dibujó en el rostro de la mujer mientras esta desenvainaba su espada—. Y un espíritu de lucha. Se venderá a un buen precio.

Zoro refunfuñó. Si ella creía que podía venderlo, se llevaría una gran sorpresa.

—Llévenme a mí en su lugar.

Los esclavistas dejaron de hacer lo que estaban haciendo para girarse y mirar fijamente a Sanji.

—¿Disculpa? —La líder dejó caer sin miramientos a Zoro en la tierra cuando se giró hacia él.

—Llévenme a mí en lugar de a él. —La boca de Sanji se torció como si quisiera un cigarrillo, pero este tenía tanto control sobre su cuerpo como Zoro y permaneció inmóvil.

Ella se rio y le agarró la barbilla con brusquedad—. Podría encontrarte un comprador, ciertamente eres bastante lindo, pero nuestro cliente busca luchadores, no juguetes sexuales.

El ojo de Sanji se crispó, y Zoro solo podía imaginar lo que le habría gritado si no fuera mujer.

En lugar de eso dijo—: Puedo pelear mucho mejor que ese espadachín mediocre. Y mi recompensa es mayor que la suya. Pueden conseguir mucho más conmigo.

Zoro gruñó. Veía lo que Sanji estaba haciendo bajo los insultos, intentando sacrificarse para salvar al otro. Bueno, no se lo iba a permitir.

—Está mintiendo —dijo Zoro—, solo es un cocinero de mierda. No sabe pelear ni lo más mínimo, y apenas tiene recompensa.

Los ojos de la mujer se entrecerraron y miraron del uno al otro, evaluándolos a ambos.

—No está mintiendo —dijo uno de los otros mientras revisaba una pila de papeles—, bueno, al menos no sobre el botín.

Esta le arrebató el cartel de recompensa de la mano. Al examinarlo, una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro—. ¿Vinsmoke Sanji?

El ojo del rubio se volvió a crispar ante el nombre, pero logró contener su ira mientras respondía—: Sí, soy yo.

Ella regresó lentamente hacia él y le levantó la barbilla con la punta de su espada—. ¿Dónde nació usted, señor Vinsmoke?

—No veo cómo–

Ella le dio un fuerte golpe en la cabeza con el lado plano de su espada, echándole la cabeza hacia atrás y abriéndole la frente.

—Yo decidiré qué es relevante o no —dijo ella con frialdad—, solo responde a la maldita pregunta.

—Los marines pusieron el nombre equivocado en el cartel —volvió a intentar Zoro—, tenían información errónea. En serio, él no es nadie. Él no–

Dos de los esclavistas sacaron las espadas y las sostuvieron contra su garganta.

—No te necesito en una sola pieza —dijo la líder sin darse la vuelta—, una palabra más y te arranco el otro ojo. Dos más y te corto la lengua.

Zoro le gruñó, sus dedos moviéndose buscando sus espadas.

Ella presionó su espada bajo la barbilla del rubio nuevamente—. Responde mi pregunta.

Sanji la miró mientras la sangre corría por su cara. Se giró hacia un lado y escupió un chorro de sangre, sin apartar la mirada de ella, y luego dijo—: Germa.

La sonrisa de la mujer se hizo más amplia, mostrando las muelas doradas en la parte posterior de su boca—. Nos llevaremos a este.

—El cliente no estará contento con este —dijo un esclavista mientras ataba a Sanji.

—Que se joda ese imbécil —dijo ella mientras envainaba su espada—, tengo otro comprador en mente para el señor Vinsmoke.

La mujer pateó a Zoro de modo que este quedó boca abajo en la tierra—. Si actuamos rápido, quizá podamos volver a buscar a este más tarde.

Zoro intentó mover su cuerpo, agarrar su espada y cortarlos, hacer algo más que quedarse allí y ser un inútil mientras se llevaban a Sanji lejos de él, pero eso fue exactamente lo que pasó. Sus improperios y escupitajos solo le valieron unas cuantas patadas más en el costado mientras los esclavistas recogían sus cosas y seguían adelante.

La impotencia lo invadió por un momento, pero rápidamente fue reemplazada por una ira candente, y dejó que lo consumiera.

¿Cómo se atreve Sanji a sacrificarse así? ¿Cómo se atreve él a quedarse allí y dejar que sucediera? ¿Cómo se atreven estos cabrones a quitarle a Sanji?

Mucho más lentamente de lo que le hubiera gustado, apretó el puño y se puso de pie.


No tardó mucho tiempo en encontrar el escondite de los esclavistas. Y le llevó aún menos matarlos a todos, ahora que podía moverse. Se aseguró de tomarse su tiempo, siendo extraminucioso para garantizar que ninguno estuviera respirando cuando terminó.

Le habían inyectado a Sanji más droga paralizante, por lo que este quedó inútilmente tirado sobre la espalda de Zoro mientras regresaba al barco.

—Eso fue una estupidez —dijo Zoro cuando el silencio lo estaba afectando—, lo de ofrecerte a ti mismo de esa manera.

—Funcionó, ¿no? —murmuró Sanji en su hombro.

El espadachín frunció el ceño—. Casi te venden a un científico de mierda que iba a diseccionarte y experimentar contigo.

—Meh —su tono era indiferente, y el desinterés en su propio destino casi hizo que Zoro se volviera a enfurecer—, es mejor que la alternativa.

Quería gritar. Que Sanji se valorara tan poco era increíblemente frustrante. ¿Acaso no sabía cuánto significaba para él? ¿Que Zoro haría o diría cualquier cosa si eso significaba que Sanji estuviera aquí y a salvo?— ¿Qué podría ser peor que eso?

—Perderte a ti.

Eso lo detuvo en seco. El peliverde miró por encima de su hombro, pero el cabello de Sanji le estaba cubriendo la cara.

—Así que en lugar de eso, ibas a hacer que yo te perdiera a ti, ¿eh? —dijo él eventualmente—. Eso es bastante egoísta de tu parte.

—Sí, bueno —suspiró el rubio, su aliento rodando por su cuello y haciendo mover sus pendientes—, si me pierdes, siempre puedes conseguir otro cocinero. Yo no puedo conseguir otro Zoro.

—Eres un maldito idiota —dijo el espadachín mientras seguía caminando—, no es como si yo pudiera conseguir otro Sanji.

—Podrías conseguir otro amante —prosiguió el otro, y si no fuera por el hecho de que no podía moverse ni defenderse, Zoro le habría dado un puñetazo—, estoy seguro de que tienes opciones.

—No quiero a otro amante —gruñó el peliverde. ¿Qué tan denso podía ser?— Te quiero a ti.

Sanji se quedó en silencio por un momento, y luego dijo—: No voy a disculparme ni a decir que no lo volveré a hacer. Porque sé que lo haré. Si la elección es entre tu muerte o la mía, voy a elegir siempre la mía.

Zoro apretó los dientes y frunció el ceño. Conocía a Sanji desde hacía tiempo suficiente como para no esperar nada diferente, pero aun así era frustrante lo rápido que este se sacrificaba a sí mismo como si su vida no significara nada, cuando en realidad significaba todo.

Pero Zoro tampoco podía culparlo. Si tuviera que elegir entre su muerte y la de Sanji, también elegiría la suya.

Por lo que suspiró y dijo—: Lo sé. Pero no me gusta.

Un silencio inundó el bosque, así que Zoro volvió a caminar. Eventualmente, Sanji dijo—: Gracias por venir a buscarme.

—Si vas a seguir haciendo estupideces como esta, entonces yo iré tras de ti —el peliverde lo miró por encima del hombro—, cada vez. No puedes deshacerte de mí tan fácilmente.

Sanji logró girar la cabeza lo suficiente para poder mirar al otro—. Tengo ganas de besarte ahora mismo, pero no puedo moverme.

—Te lo tienes bien merecido —Zoro sonrió con picardía—, es tu propia maldita culpa.

—Imbécil. —Sanji frunció el ceño y desvió la mirada.

El espadachín se rio entre dientes, luego se inclinó y lo besó en la parte superior de su cabeza—. Por ser un maldito idiota.

—Como sea —dijo el rubio mientras hundía aún más la cara en su hombro, las puntas de sus orejas poniéndose rojas—, estás yendo por el camino equivocado, tarado.

—Si te vas a quejar, ¿por qué no caminas tú y me llevas en tu espalda?

—Lo haría si pudiera moverme, joder.

—Deberías haber pensado en eso antes de quedarte paralizado.

Sanji lo insultó, y su discusión volvió a su nivel normal mientras recorrían el camino de vuelta al barco.