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En los rincones más dolorosos de nuestra experiencia humana a veces no hay solo heridas: hay un nombre que no pronunciamos, una verdad que evitamos mirar de frente. Hay un amor que vive adentro, latiendo en silencio, creciendo en la oscuridad del miedo, esperando el momento en que nos atrevamos a dejarlo respirar.
No es un amor que nació de la nada. Sino que se fue construyendo en pequeños detalles: en miradas que duran un segundo más de lo que deberían, en esos instantes donde el mundo alrededor se apaga y solo existe el otro. En silencios compartidos que dicen más que mil palabras, más que cualquier confesión apresurada. Silencios que no incomodan, que pesan distinto, que están cargados de algo que ninguno se anima a nombrar.
Vive en momentos que parecen simples desde afuera, pero que por dentro se sienten gigantes. En risas que se sostienen demasiado tiempo, en conversaciones que podrían no terminar nunca, en esa conexión inolvidable e irrepetible que no se fuerza, que simplemente se da. Esa clase de vínculo que no se explica, pero que se reconoce. Que se siente en la piel, en el pecho, en la forma en que uno busca al otro sin darse cuenta.
Pero junto con todo eso también aparece el miedo. El miedo al rechazo. A que el otro no sienta lo mismo, que al decirlo todo se rompa, que lo que hoy es complicidad mañana se vuelva distancia. Y entonces el amor se guarda. Se disfraza de amistad, de ironía, de “no es para tanto” y se minimiza, se reprime o se intenta domesticar algo que en realidad solo quiere ser sincero.
Y cuando lo que se siente no se habla, empieza a notarse. La comunicación se vuelve más frágil. Lo que antes fluía ahora tropieza. Las conversaciones ya no son tan largas, los tiempos compartidos ya no se sostienen igual. Ya no se quedan después como antes, ya no buscan cualquier excusa para coincidir. Y aunque nadie lo diga, hay algo distinto en el aire.
Se instala una tensión constante, una especie de carga silenciosa hecha de todo lo no dicho. De palabras que se quedan en la garganta. De mensajes que se escriben y se borran. De miradas que preguntan lo que la boca no se atreve. Esa tensión no nace de la falta de amor, sino todo lo contrario: nace del exceso de este y de sentir demasiado y no saber qué hacer con eso.
Aceptar lo que sentimos, aunque todavía no podamos expresarlo, es el primer acto de honestidad con nosotros mismos. Mirar ese amor sin juzgarlo. Reconocer que no es debilidad, que no es un error, que no es algo de lo que haya que huir. Es, en el fondo, una de las mayores cualidades de nuestro ser: la capacidad de conectar profundamente con otro ser humano.
Porque incluso si el miedo es real, también lo es lo que se construyó. Esa amistad, ese vínculo tan hermoso, esa complicidad que no se improvisa. Algunas conexiones no se repiten en la vida. Son únicas. Irrepetibles. Y merecen, al menos, la oportunidad de ser cuidadas con verdad.
Pero la realidad es más complicada que las historias que nos contamos. La realidad es que dos personas pueden amarse y aun así no estar juntas. Pueden tener la conexión más profunda del mundo y aun así elegir la seguridad sobre el riesgo. Pueden ser perfectos el uno para el otro en teoría y en la realidad estar demasiado asustados, demasiado rotos, demasiado perdidos en sus propios miedos para encontrarse realmente. Y no está mal. No es cobardía, aunque a veces lo parezca. Es humano. Es el peso de vivir en un mundo que no siempre hace espacio para los amores que no encajan en los moldes tradicionales, para las conexiones que asustan por su intensidad, para las verdades que preferimos no decir porque una vez dichas no se pueden deshacer.
Espero puedan encontrar el valor para hablar lo que callan. Para arreglar sus problemas, atravesar sus diferencias y recuperar la falta de comunicación que se nota que los está afectando. Ojalá entiendan que la tensión no es enemiga, sino señal de algo importante que necesita ser atendido.
De todo corazón, espero que logren salvar esa amistad y ese vínculo tan especial que tienen. Que lo no dicho no termine pesando más que todo lo vivido. Y que, si el amor está ahí aunque haya miedo, encuentren la forma de honrarlo, sea cual sea el desenlace. Porque amar en silencio puede ser noble, pero amar con honestidad es profundamente sanador.
Con esto me despido de toda esta locura. Fueron meses en los que lloré, me emocioné, me reí, me enojé y sentí mil emociones, todo empezó por esos tres pelotudos que me hicieron vivir cada cosa, pero lo más lindo no fue solo eso, sino todo lo que vino después.
Haber coincidido con mis hermanas del gc kitty fue lo mejor que me pasó en este último tiempo. Entre cientos de teorías, risas y crisis que compartimos encontré personas increíbles, que sin darse cuenta fueron una curita al corazón en medio del caos que es la vida misma. Gracias a miki que es tremenda pelotuda pero una hermosa persona, Alexa una de mis editoras y personas favoritas dentro de toda esta locura, mi sofi tini de central querida, la mujer que mas ama y tiene un corazón muy noble te amo mucho nunca cambies mi corazón de melon, kikis mi coneja malvada jajaja te extrañaré, lina pedazo de trola te amo, Juli, meli, yami, mai y mumi, mis mogolicas estúpidas jskhdjdh las amo mucho y las extrañare, gumsita te amo posta mi chica del under, velvet mi admin fav y dictadora te extrañare mucho, lyla mi amiga therian zorrita te extrañare demasiado. Lo mas probable es que se me olvidan muchas, pero solo queda agradecerles a todas por ser tan maravillosas y únicas, las amo a todas.
No está demás decir que mi ilusión sigue intacta de que Mernoski Merloschini terminen juntos, porque en el fondo lo creo y sostengo con una fe casi terca, como si ciertas conexiones no fueran casualidad sino el destino, siento que están hechos el uno para el otro. Pero también entendí que cuando el shipeo empieza a consumirte, cuando deja de ser algo que te ilusiona y pasa a ser algo que genera ansiedad, enojos y tristeza constante, lo mas sano es dar un paso al costado.
Las amo mucho a todas, gracias por bancarme en todo, por leer mis fics y siempre estar apoyándome, dándome ideas o correcciones, y pase lo que pase, que nunca, pero nunca se les olvide:
Por siempre mernoski.
