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La mañana del día 14 de febrero el casillero de los zapatos de Langa estaba lleno de cajas de chocolate y cartas. Reki no podía decir que le molestara, aunque sabía que las cartas para Snow iban a aparecer si o si, no había manera de evitarlo y una parte de él sabía que a Langa aquellas cosas le daban igual. Langa no perdía el tiempo con cosas que no le interesaban y sabía cuando algo le interesaba porque ponía esa cara de cachorrito fascinado como si acabara de descubrir las chucherías para perros o que el pan a veces se manchaba de salsa y tenía mejor sabor. Cuando Langa se colocó frente a su casillero, a primera hora de la mañana, revisó todos los chocolates y no los tocó, los dejó ahí para seguir pasando el día, no fue hasta última hora de la tarde, al volver a casa cuando sacó todo y lo metió en una bolsa que llevaba con él.
El plan de aquella tarde era practicar un rato y después ir a casa de Langa, ver una película y comer todos los dulces juntos. Quizá Miya se pasaba por allí, aunque era poco probable y Reki no quería que eso ocurriera, era su amigo y aunque no lo había dicho en voz alta aquel era un plan de San Valentín... Aunque.. quizá quizá no era así exactamente para Langa, porque no era como si lo hubieran explicitado de ese modo.
Reki había preparado con Kiyomi unos chocolates que de alguna manera iban a ser para Langa si o si, aunque no lo dijera en voz alta o... Quizá si quería decírselo, incluso si las palabras entre ellos no salían tan fácil cómo podrían aparecer en su cabeza, en que se había preguntado qué estaba sintiendo millones de veces y se había respondido otras mil.
Llegaron a casa cerca de las siete, la madre de Langa le había dejado dinero para pedir pizza y estaba todo en calma. Ella no iba a estar, había salido con unas amigas del trabajo y no volvería hasta tarde. Langa dejó la bolsa con dulces en la cocina y subió a su habitación a dejar las cosas de clase.
El problema con todo aquello era que a Reki le daba miedo, mucho miedo, no quería arruinar su amistad. Las cosas ya habían ido regular en el pasado por su culpa y no quería estropearlo todo más. Al final si había algo que sabía era que no quería dejar nunca de patinar con él, no quería dejar nunca de ser su amigo, incluso si las cosas avanzaban en una dirección más íntima. No quería perder lo mágico de su relación, lo que le hacía sentir de aquel modo. Había tardado siglos en darse cuenta de qué pasaba, pero por fin lo había hecho.
Reki se sentó y miró en su mochila, quizá si dejaba la caja de chocolate con las otras. Quizá le daba tiempo. Abrió su mochila, saltó hacia la bolsa y dejó la caja que había preparado en la bolsa. Aunque había una nota, esperaba que Langa no reconociera su letra, su humor no estaba para que las cosas volvieran a ser incómodas, tenía mucho miedo de golpe. Sentía su corazón latir con fuerza y algunas partes de su cuerpo quizá no respondían como quería, si tenía que moverse muy rápido igual se caía. Gracias al cielo no hacía aquello sobre la tabla.
Cuando Langa volvió pelearon por qué pizza pedir. Nada serio, pero a Langa parecía gustarle la pizza hawaiana. — Langa, la pizza con piña no es pizza — suspiró Reki mientras el otro ponía cara de cachorrito y le hacía sentir mal por insistir en aquello. Tenía aquella carita inocente en la que se notaba en cada milímetro de su expresión que a él sí la gustaba y quería comerla.
— pues es que la pizza de pepperoni americana tampoco es una pizza típica napolitana — argumentó con aquellos ojos más grandes y dejando ver el puchero infantil que había empezado a formar segundos atrás.
Reki no supo qué hacer o decir, la verdad es que él no había probado la pizza con piña nunca . Aunque a Joe le daría un parraque si le decían que pedían pizza hawaiana, Joe no sé tenía que presentar para nada allí. Ni tan siquiera sabía por qué pero creía de verdad que siendo chef de comida italiana igual se le paraba el corazón o llamaba a la policía por algo como una pizza con piña.
— Supongo que no podemos medir la pizza americana y la italiana con los mismos parámetros... — pensó en voz alta — pero ¿Y si no me gusta? Langa no habló en principio pero miró el precio de las pizzas y el dinero que su madre le había dejado y sonrió.
— ¿Una Hawaiana y una carbonara por si acaso? Reki se rió y Langa le miró confundido. No lo dijo, esperó a que Reki le contara lo que ocurría.
— Pensaba en que quizá le daría algo a Joe. Langa también se rió a la vez que asentía.
— Bueno, menos mal que no sabe dónde vivo. La pizza no tardó en llegar y minutos más tarde empezaba la película. Una que les había recomendado Shadow sobre una chica que haciendo skate conocía un grupo de chicas y se escapaba de casa con ellas...
— No sé si me acaba de gustar, recuerdame no recomendar Skate Kitchen a nadie — dijo Langa sacando las cajas de bombones y mirándolas. Reki temía que descubriera la suya y se la devolviera, pero sus manos fueron a por una caja rosa en forma de corazón. Dentro de esta había unos chocolates en forma de skate muy detallados. Reki tomó uno y lo miró con pena.
—No puedo comerme esto...— admitió.
Langa se levantó para ir a buscar algo y regresó con una bolsa de plástico de gomitas en forma de oso. Sacó una y la colocó sobre aquel diminuto skate de chocolate.
— Ahora da más pena — añadió — pero no me he podido resistir, la verdad...
—¿Estará bueno? — preguntó Reki mirando la combinación. Langa asintió.
— Es comestible.
Reki miró de nuevo y estiró el brazo para recoger el skate de chocolate con su corredor de gominola y mordió para encontrarse con la mezcla de sabores dulces. Sus ojos se abrieron mucho y mientras miraba a Langa, pero no dijo nada. El chico le miraba mientras el chocolate se deshacía en su boca y sonreía satisfecho de compartir aquella combinación tan rara. Aunque se moría de ganas de decirle que en América se hacían las combinaciones más raras, casi podía oírle decir "oye, acuérdate que soy de Canadá" . Solo que al no hablar, la mirada se intensificó y solo podía notar el sabor de aquel invento a la vez que su corazón se aceleraba al mirar a Langa, quizá si debía decírselo, quizá si era buena idea hablarle de los chocolates que había preparado, quizá debía confesar…
-Lan.. — empezó a decir cuando el timbre sonó. Miya... Seguro que era él... Langa se levantó para ir hacia la puerta y abrió. Aunque Reki quería moverse se había quedado paralizado en el sofá,con las cajas de pizza abiertas delante de él, los osos de gominola y las cajas de chocolate. Quizá debería recoger su caja, que Langa no la abriera delante de Miya, que él reconociera su letra... Respiró hondo, ninguno de sus amigos excepto Langa iba a clase con él, nadie más podía reconocer su letra.
Cuando Miya pasó por la puerta no lo hizo solo. Shadow, Joe y Cherry aparecieron allí... Y aunque que Shadow se acoplara parecía normal, resultaba muy muy extraño que los otros dos también aparecieran allí. Reki miró la pizza y después a Langa que iba detrás de todos con cara de haber estropeado el ordenador nuevo de la escuela. Era como si compartieran un secreto oscuro que estuviera a punto de ser revelado. Sí, él también pensaba en Joe y la pizza... Pero el primero en hablar fue Miya:
—¿Pizza con piña?
Reki asintió. ¿Qué otra cosa podía hacer?
—La pizza americana y la italiana no se pueden medir con los mismos parámetros — repitió viendo como Joe se encogía de hombros y tomaba un trozo de aquella pizza.
Era Miya quien tenía algo que decir. Langa se rió y Cherry miró a Joe antes de emitir un chasquido.
— ¿Tu no eres chef de comida italiana? —puntualizó segundos después al verle comer. Quizá todos esperaban que hablara de ello. Joe se encogió de hombros y Shadow se lanzó a por otro trozo de pizza sin que se diera la más mínima intención de hablar sobre el tema. La mirada de Langa se posó sobre Reki que suspiró con alivio. Sin saber bien por qué, Langa seguía con la cara de haberse cargado el ordenador del colegio. ¿y si no era por la pizza? Se atrevió a imaginar Reki, pero no, no, no era tampoco un buen momento para pensar en aquello.
— ¿Pero no tenéis citas vosotros en San Valentín? — preguntó Reki evitando con la máxima eficacia hacer notar lo que pensaba. No quería que sonara como una recriminación. Él quería estar a solas con Langa, pero no quería que el resto lo notaran, claro que no. Joe suspiró.
— Tenia una, y encima que me han dado el día libre del restaurante... Pero este se ha presentado y la ha asustado - resignado señalaba a Cherry - Con lo guapa que era… Cherry chasqueó la lengua pero no habló.
— Shadow también había quedado con su jefa, pero ella ha dicho que estaba bien cuando le he dicho que veníamos aquí — explicó Miya — entonces estos dos han aparecido y les hemos dicho que teníais pizza y chocolate...
Langa frunció el ceño, y negó.
— Ese es mi chocolate, me lo han regalado a mí. Lo dijo con un tono neutro. No había queja realmente en aquello. Se acercó a la bolsa y sacó todas las cartas y la caja de Reiki y las llevó a la cocina.
— Así que no quieres que leamos las cartas — Bromeó Shadow. Cualquier persona se hubiera sonrojado, pero no Langa. Langa solo negó con la cabeza y aunque parecía que si estaba tímido solo era él al hablar.
— Sería desconsiderado — se limitó a decir. No era que no quisiera que se rieran de él, le preocupaban los sentimientos de las chicas que habían escrito esas cartas.
— Cuando yo estaba en el instituto… — Empezó a decir Joe.
— Ay qué pesado, haciéndose el interesante — le cortó Cherry que se lanzó a mirar los bombones en forma de skateboard —. Está muy elaborado.
Langa asintió, sacó uno de los ositos de goma y lo puso sobre la tabla.
— Esto es una maravilla en sándwiches de manteca de cacahuete — añadió Joe.
— ¿Ya te da para mantener tus músculos comer chocolate? — preguntó Miya. Parecía más curioso que recriminándole, pero su voz tenía siempre aquel deje de niño que no quedó del todo claro por donde salía.. Joe suspiró, Cherry de nuevo chasqueó.
Quitaron la película de Skate Kitchen para poner otra, una de terror muy mala. Todos pegados juntos entre el sofá y el suelo del salón. Habían decidido ir a casa de Langa para no estar con sus hermanas, y de todos modos no había salido como esperaba Reiki. Sonrió cuando se dio cuenta de que Shadow ocupaba mucho espacio. De alguna manera, Langa se sentó a su lado y se quedaron juntos, pegados, de manera que podía sentir el champú que Langa usaba sin tener que forzar el acercamiento hacia él. Su olor, su energía, todo él.. La película le pareció tan poco interesante como la anterior, pero que hubieran llegado todos no había sido tan mala cosa. Estaban juntos, y aunque no había podido confesar, los cambios no eran tan horribles. Si solo pudiera acercarse y decirle que se moría por repasar sus labios con sus dedos, con sus propios labios, quería besarle. Queria decirle que se estaba pasando la noche tratando de contenerse para no acariciarle el pelo mientras él se centraba en la película. Langa… no sabía cómo en poco tiempo se había convertido en una persona tan importante, y no sabía cómo demostrarlo, después de todo quizá siempre sería raro decírselo. No es que Langa fuera una persona de muchas palabras.
