Chapter Text
La última celda de la hilera estaba en un silencio pesado, lleno de culpa y remordimiento, en la esquina yace Draco Malfoy, habían pasado ya doce meses desde su juicio luego de la segunda guerra mágica, ¿su condena? Un año en Azkaban y sin poder usar magia por cinco años con arresto domiciliario incluido.
Estaba pálido, demacrado y con ojos cansados y vacíos, ya no habían dementores, pero su esencia aún reinaba en el lugar, Draco se sentía especialmente solo en ese momento. Su madre había sido condenada a cinco años de arresto domiciliario, su padre a veinte años en Azkaban, todo gracias a San Potter y su ayuda en los juicios de la familia Malfoy, pero no ahondemos en eso. Draco solo pudo ver a lo lejos a sus padres mientras un auror lo escoltaba a Azkaban, solo viendo la mirada aguada de lágrimas de su madre y la clara culpa de su padre al ver su estado.
Los primeros meses fueron de sobrepensar su vida, recordar momentos que pudieron cambiarlo todo pero era tan idiota y ciego qué no lo hizo, y ahora estaba recibiendo su castigo. Luego del quinto mes, sus pensamientos dejaron de llegar, empezó a sentirse cada vez más vacío, perdiendo la cuenta y de no ser por los constantes recordatorios de los aurores qué disfrutaban ver la miseria de los presos, no sabría cuanto tiempo había pasado.
Una semana, eso era lo que le quedaba en ese miserable lugar, debería haberse puesto feliz por volver a ver a su madre, pero ahora, desangrándose en su celda como si fuera un animal sin valor con una herida en su estómago, no podía sentir mucho.
Había recibido una visita inesperada, una mujer algo mayor vestida con el uniforme de aurores siendo seguida de un verdadero auror al que lo había visto rondar su celda la última semana, quien se quedó en la entrada de la celda vigilando mientras la mujer se apresuraba a sacar una navaja y hundirla en su estómago.
—No puedo dejar que una persona miserable como tú salga de este lugar, tu familia me arrebató a mi hijo, y ahora tus padres sentirán el dolor de perder el suyo —había dicho con odio apenas contenido mientras retorcía la navaja para causarle más dolor.
Le dió otra apuñala más antes de salir como si nada, mirando a los lados mientras lo dejaban desangrarse como si su vida no valiera nada, y realmente creía que fuera así.
¿Qué había hecho en su vida?
Mirar con desprecio a personas que no fueran sangre pura o no tuvieran su mismo nivel socioeconómico, para al final ver que cuando eran torturados, solo eran personas, sin importar lo demás, todos sufrían por igual y al final todos morían.
Hacerle la vida infeliz a Potter durante su vida escolar para que este al final lo ayudara en su juicio.
Ser un mortífago.
Meter mortífagos en Hogwarts durante su sexto año.
Hacer un aburdo intento de proteger a sus padres, pero solo terminó hundiéndolos más.
Si, realmente no había hecho nada bueno, por lo cual no se queja de su merecido destino, pero aún así no pudo evitar la soledad al saber que moriría sin ver la sonrisa cálida de su madre, sin mirar los ojos cálidos de su padre en su dirección, sin poder ver a las personas por las cuales se convirtió en mortífago en un intento de protegerlos.
Y cuando sus párpados empiezan a pesar, Draco solo puede arrepentirse de como acabo su vida, como acabo su familia y en todo lo que pudo haber cambiado, pero no lo hizo.
Es un suspiro lo que escapa de sus labios, el último, mientras sus párpados se cierran y se sume a la oscuridad en el momento en que deja de sentir frío.
Draco abre los ojos y ve que está en medio de un bosque, noche de luna llena y había una hoguera cercana, levanta la vista al escuchar el sonido de un cuervo qué se posa en uno de los grandes árboles de su alrededor.
—¿Dónde estoy? ¿Es esto el inframundo? —Su voz sonaba plana, no tenía ninguna molestia al hablar y al bajar su mirada, no había herida ni traje de prisionero.
Estaba en una camisa blanca formal al igual que unos pantalones del mismo color, su cabello seguía con el largo qué obtenido en sus meses de Azkaban, un poco más abajo de su barbilla, pero no estaba sucio como lo había tenido los últimos meses.
—Draco, este es un lugar mucho mejor que el inframundo aunque Hades no lo vaya a admitir—habla una voz divertida que no sabe de donde proviene, porque al girarse no encuentra a nadie.
Al regresar la vista al frente, vio a una mujer sentada en la tierra frente a la hoguera, estaba vestida con telas moradas, su cabello suelto y con una corona de picos, la luz de la luna resplandecía en ella mientras tenía una de sus manos extendidas al fuego sin quemarse y la otra estaba en el pelaje de un gran perro negro, similar a un lobo, tenía un cuervo en su hombro y en la mano que acariciaba al perro había una serpiente de color marrón enrollada en su brazo. No tardó mucho al saber de quien se trataba, por lo cual se dejó caer en el suelo de rodillas.
—Mi señora Hécate... —Su voz salió algo temblorosa por la sorpresa, tenía la vista baja en la tierra y puede que hayan pasado minutos antes de sentir una mano cálida en su mejilla al poco tiempo.
Draco levanta la mirada, sorprendido por dicho acto, pero la mirada de la mujer irradiaba una calidez casi maternal, sus dedos acarician su mejilla de una forma que le recordaba a su madre, sintiendo amargura ante el recuerdo.
— Oh Draco, legado mío, no tienes que arrodillarte ante mí, deseo ayudarte, me duele como acabaron las cosas para la familia. —La voz de la divinidad sale con tanto cariño que lo hace sentirse confundido.
— ¿Legado? —La pregunta sale antes que la procese, pero no puede negar la curiosidad por el tema.
La mujer asiente con una sonrisa antes de ayudarlo a levantarse, dejando sus manos en sus mejillas mientras lo miraba con una sonrisa suave.
— Hace bastantes años me encariñé de un mago, Arcturus era su nombre, tuve un hijo con él, Licorus. Arcturus fundó la casa Black, y toda ella es mi legado, tú eres mi legado —añade al final, algo similar a la nostalgia pasando por su mirada al hablar sobre el fundador de la casa Black, pero suspira antes de continuar— todos los Black de sangre tienen mi bendición en la magia, muchos de ellos se han perdido por eso mismo, pero muchos también han encontrado la grandeza, y me deja devastada qué mi legado se pierda por la gente con sed de poder, como esa excusa de mago que era Tom Riddle.
El desprecio en su voz fue notable al hablar del último, siendo un gran contraste de cuando hablaba de Arcturus con cariño diferenciado con el asco por Tom Riddle, el único culpable de la miseria del mundo mágico.
—Es por eso que, hijo mío, hoy te doy una nueva oportunidad, que inicies desde cero y encuentres el camino, guíes a todos como yo lo hago por el camino y arregles las cosas que no pudiste arreglar en esta vida, a cambio solo pido que no dejes a la familia Black caer, qué la defiendas como lo más sagrado y que tu lealtad sea solo a la familia, porque ustedes son más fuertes que solo un hombre, y tienes que dejarles claro eso, y si necesitas cambiar las cosas, cámbialas. Así que dime, Draco Malfoy, ¿Aceptas?
Draco se queda sin palabras ante las palabras de la mujer, tragando saliva ante lo último mientras ella lo miraba expectante, no sabía que decir o hacer, ella solo sonríe mientras le pasa la serpiente, la cual se desliza por su muñeca, soltando un siseo mientras subía por su hombro.
—Acepto —dijo luego de unos segundos y ella solo sonrío.
—Pues entonces también te dejo esta bendición para que te ayude, toda la magia, de destrucción y de creación sin juzgarla, será tuya, solo tienes que aceptarla y controlarla, los animales te ayudarán como mi descendiente y que la familia te guíe como mis antorchas por el camino —Dice esta con tono solemne, sonriendo antes que Draco sienta un tirón en su estómago, similar a cuando se aparecía.
Puede sentir como todo se empieza a desvanecer, sintiendo como si fuera jalado mientras miraba a la deidad aún sin procesar la información.
—No me defraudes Draco, sé que estás destinado a la grandeza y siempre que me necesites, estaré ahí para ayudarte y guiarte —Es lo último que escucha antes de desaparecer.
Abre los ojos lentamente, sintiéndose distinto, podía escuchar suaves arrullos y al notarlo, el rostro de su madre era lo que ocupaba su campo de visión, pero no era ella, era más joven, sin preocupación en sus ojos, solo un hermoso brillo y una mirada llena de amor mientras lo abraza contra su pecho, pudo notar que ella estaba recostada contra Lucius.
—Oh mi hermoso dragón —dice con una gran sonrisa antes de seguir canturreando una canción de cuna en francés.
—Es todo un Malfoy-Black —es ahora la voz de su padre, saliendo con bastante orgullo al decirlo.
Había renacido con lo que podría decir, una misión. No iba a decepcionar a Hécate y esta vez haría lo que fuera para proteger a sus padres y ponerlos a salvo, sin importar si tendría que enfrentarse a Voldemort por eso, iba a proteger a su familia.
Los primeros meses de su nueva vida fueron... Bueno, aburridos, no podía hablar, solo podía llorar y era frustrante no poder decir lo que quería, aunque su madre parecía poder entenderlo todo. Su padre en cambio, no podía evitar frustrarse igual que él sin saber que quería el pequeño Draco de cinco meses pero igualmente hacía todo lo posible para complacerlo.
Draco no podía evitar sentirse orgulloso al respecto, más cuando ambos adultos a veces solo se quedaban frente la cuna mirándolo con ojos llenos de amor y completa adoración hacia él.
Cuando aprendió a gatear le divertía escabullirse de un descuido de su madre para aparecer en el despacho de su padre o en los jardines. Provocando varios micro infartos en sus progenitores, provocando que siempre que lo dejaban en un lado subirán barreras invisibles para que no se escapara.
Sus primeras palabras fueron "dragón", haciendo que tanto su madre como su padre lo vieran con traición mientras Draco se abrazaba feliz a su peluche de dragón.
En palabras de su madre, Draco era un niño encantador y gentil, en palabras de su padre, Draco era un maldito torbellino que no podía quedarse quieto.
Cuando cumplió dos años y se escapó de su propia fiesta de cumpleaños con Theodore Nott para luego aparecer lleno de tierra con una pequeña serpiente del bosque en sus manos qué había salvado de los pavos reales albinos, mientras que a su lado Theo lloraba por haber recibido el picotazo de uno, bueno, su madre solo había negado con cansancio mientras su padre se reía con sus amigos sangre pura.
Draco al igual que su anterior vida, no había tardado mucho en terminar juntándose con Blaise Zabini, Theodore Nott y Pansy Parkinson como sus más grandes amigos, siendo el terror de los anfitriones en las fiestas al ver el grupo de los cuatro niños de tres años, siendo liderados por Draco, hacer una pequeña travesura por aquí y por allá.
Draco por muy inquieto que sea, al conservar sus memorias había empezado con el plan de alejar a sus padres del sin nariz poco a poco.
Cuando su padre decía que no debía juntarse con mestizos y sangres sucias, su única respuesta era "¿Por qué?" Y lo seguía repitiendo hasta que su padre se frustraba y dejaba el tema de lado para poder leerle un cuento.
Su madre en cambio no era tan insistente en ese tema como Lucius, Narcissa prefería mantenerse al margen en esas situaciones, cuando a los cinco años preguntó el porqué de eso, ella solo dijo "cuando alguien tiene poder que quieres, no te importa tanto si es sangre pura o no" y ese se convirtió en su lema, usándolo en contra de su padre en ocasiones, haciendo que guardará silencio ya que Lucius Malfoy no se atrevía a contradecir a su esposa.
Con el tiempo sus padres solo miraban sorprendidos y curiosos como algunos animales parecían totalmente inofensivos y encantados con su hijo, cosa que provoco más de una vez un micro infarto en sus padres cuando a los seis años Draco estaba en el inicio del bosque que rodeaba su mansión jugando con un ciervo qué se le había acercado.
La vida era buena, pero Draco no podía alejarse de su camino, a los cuatro años fue cuando tuvo su primera magia accidental, que había roto todas las ventanas de su habitación cuando se cayó por accidente al enredarse en la alfombra. A los seis años ya podía levitar algunas cosas cuando se encontraba en sus tardes de juego con sus amigos.
Aunque Draco considerara a Blaise su mejor amigo, no podía evitar enfrascarse en la biblioteca con Theo, ambos niños parecían que succionaba cada libro nuevo que veía, siempre teniendo curiosidad por algunos hechizos que veía a su madre o padre hacer, pero de igual manera había recorrido casi la mitad de la biblioteca de la mansión Malfoy a la edad de los diez años. Siempre investigando sobre nuevos temas, sobre magia ancestral de las familias antiguas mágicas, sobre los comienzos de la familia Black y las cosas que hicieron los miembros, aprendió la teoría de algunos hechizos importantes para el futuro y esperaba poder practicarlos nada más consiguiera una varita.
Traga libros, como solía llamarlo su padrino. Severus Snape desde los tres años acostumbraba a visitarlo una vez a la semana durante el fin de semana, siempre dándole nuevo conocimiento que dejaba a Draco emocionado, a veces sobre pociones, a veces sobre magia, pero Draco estaba muy complacido de su conocimiento extra.
—Escuché que logró colar una serpiente a su habitación —comenta Severus entre aburrido y divertido al ver a Draco saltar emocionado ante el libro que le había traído ese día, un libro que hablaba sobre el uso de las criaturas mágicas en la creación de pociones.
—Parece ser amado por los animales —habían sido las palabras resignadas de su padre, pronunciadas con gran sufrimiento.
—Padrino toma —llama la atención Draco emocionado, entregándole a Severus un muy bien hecho dragón de origami.
—En vez de utilizar tu tiempo en estas cosas banales, deberías estudiar que pronto cumplirás once años, ¿Ya practicaste tus escudos de oclumancia? —Severus miraba sin expresión al dragón en su mano, pero aún no lo había quemado lo cual era una gran ventaja para Draco.
La oclumancia era otro tema, Draco al igual que otro heredero sangre pura había empezado a practicar oclumancia bajo la instrucción de Severus, el cual varias veces miraba intrigado a su ahijado al sentir el gran poder mágico de este.
—Sí, y también aprendí a diferenciar los ingredientes que trajiste la última vez —dice Draco orgulloso mientras aún tenía el libro abrazado entre sus manos.
Draco ante la sociedad mágica se dejaba ver como el perfecto heredero que era, alguien encantador y educado, pero cuando estaba en presencia de sus padres o padrino, simplemente se permitía ser el niño mimado que ellos sabían que era, ya que ellos mismos habían contribuido a formarlo por mucho que Severus lo niegue.
Sin decirle palabra, Severus realizó el hechizo en voz baja, levantando una ceja al sentir las paredes mentales del niño ya bien formadas, era un completo logro para un niño de su edad mientras Draco solo lo miraba curioso, antes de escogerse de hombros y salir corriendo en busca de su madre.
Si bien Severus al principio odiaba el hecho de estar ligado a un mocoso mimado como lo era Draco, el mocoso había logrado que le tuviera algo de aprecio, aunque claramente Severus lo negaría incluso bajo tortura.
Draco era un niño curioso, siempre queriendo saber más de lo que debería saber para su edad, pero el niño siempre lograba procesar toda la información de una forma u otra que lograba sorprender a los adultos de su alrededor, haciendo que siempre esté bajo vigilancia constante. Draco era un misterio, como el niño de diez años lograba entender cosas que a algunos adultos les costaría, como siempre parecía relajado alrededor de animales que podrían matar a un mago normal, y con todo eso Severus no pudo evitar recordar a Regulus Black, tan similar a cuando Severus lo conoció cuando entró a Hogwarts.
Regulus, pobre Regulus, si bien Severus no pudo protegerlo ni hacer algo para salvarlo de su horrible muerte, se había jurado que lo haría con este niño.
Draco había despertado ese día igual a cualquier otro, Dobby había preparado sus ropas para cuando salió de la tina y había ido a desayunar, Draco en el camino no dudo en saludar a todos los cuadros de los antiguos miembros Malfoy que lo miraban con orgullo, en el comedor como siempre su padre leía el diario El Profeta mientras los elfos servían los platos, su madre le dio un beso en su frente antes de sentarse al lado de su padre.
—Te llegaron algunas cartas dragón —dice su madre con una gran sonrisa mientras Twinky se acercaba con la bandeja la cual contenía tres cartas.
—¿Blaise, Theo y Pansy? —pregunta curioso mientras las tomaba.
Su madre no responde, porque no es necesario, Draco suelta un chillido feliz al ver de quien eran las cartas.
De: Colegio Hogwarts de Magia.
Para: Señor D. Malfoy.
De: Academia Beauxbatons de Magia y Hechicería.
Para: Draco Malfoy.
De: Instituto Durmstrang de Magia.
Para: Señor Draco Malfoy.
—El mejor es Durmstrang —habla su padre, atrayendo de nuevo su atención, Draco levanta la mirada para ver que su padre había dejado el periódico a un lado y lo miraba en busca de respuesta.
—Pero Beauxbatons también es una gran opción —contradice su madre haciendo a su padre bufar.
—¿Y Hogwarts? —Su voz sale confundida, pero puede ver como sus padres hacen una mueca al escuchar el nombre del colegio.
En su anterior vida solo había recibido la carta de Hogwarts, pero su padre igualmente había ofrecido la idea de mover contactos para que fuera a Durmstrang, ¿Será la bendición de Hécate el porqué de las tres cartas? No lo sabía, pero eso era algo para otro momento.
—Hogwarts tiene a Dumbledore como director —explica su padre, como si el mago fuera motivo suficiente para evitar ese lugar.
—Pero ahí fueron ustedes —dice Draco con un puchero, no sabía que tanto cambiaría si no va a Hogwarts.
—Pero solo por eso no tienes que ir precisamente ahí —contradice su padre.
—Aún puedes pensarlo dragón, no es necesario que tomes la decisión ahora —calma su madre dándole una sonrisa cariñosa.
Draco solo asiente en silencio, dejando las cartas de lado para poder comer su desayuno y seguir con el paso del día, en el cual recibe distintas cartas de sus amigos emocionados por sus cartas a Hogwarts.
Solo Draco había recibido las tres cartas, en algún momento durante la tarde, mientras sus padres tomaban el té, Draco se escabulló hacia su habitación, cerrando la puerta con seguro antes de quedarse en medio de la habitación, se arrodilla en su alfombra y deja una vela encendida en frente, suelta un suspiro mientras baja la cabeza y cierra los ojos, ya lo había hecho antes así que sabía qué hacer.
—Oh Hécate, le pido que escuche mi ruego y acepte mi llamado...
Draco se queda en silencio luego de decir eso, solo el sonido de su respiración se escuchaba en la habitación antes de sentir como la presión en la habitación aumentaba, Draco en su vida anterior no era tan receptivo a la magia, pero ahora podía sentir demasiada magia en la habitación qué lo hacía sentirse bajo el agua.
Una suave caricia en su cabello lo hace levantar la cabeza para ver como ahí estaba, igual que la vez donde la mujer le dio la oportunidad de iniciar desde cero, la diferencia es que esta vez no tenía animales a su alrededor y no estaban en ese bosque.
—He de admitir que me sorprende tu llamado, dime querido dragón, ¿Qué te aterra esta vez? —Su voz sale suave, pero estaba claramente curiosa a lo cual Draco suspira.
—En mi anterior vida solo había recibido una carta para Hogwarts, ¿Por qué en esta tres?
La mujer parece meditar un poco su pregunta, ladeando levemente la cabeza antes de sonreír.
—En tu anterior vida tampoco eras tan cercano a los animales, tampoco cuestionabas lo que tu padre decía, ¿Por qué en esta sí? —devuelve a la pregunta haciendo a Draco suspirar.
En su anterior vida había odiado la mayoría de cosas que tuvieran que ver con animales y tierra, odiaba estar sucio y veía con asco algunos animales, su mayor prueba fue el pajarraco en su tercer año, solo dejaba a su lechuza y la de su familia acercarse.
—¿Ha tenido que ver contigo, mi señora?
—En parte, pero también ha tenido que ver contigo, has cambiado, y como tal las cosas también, recuerdo haberte dicho qué si tenías que cambiar algunas cosas, lo hicieras, pero también hay cosas que cambian por si soplas.
—¿Entonces no habría problema si no voy a Hogwarts? —pregunta algo nervioso, realmente quería que su familia se mantuviera al margen de la guerra que estallaría en algunos años, quería que estuvieran a salvo junto a su padrino.
—Puede que sí, puede que no, no puedo darte una respuesta en concreto. Pero tienes que recordar que tus acciones tienen consecuencias, consecuencias buenas o consecuencias malas, eso ya dependerá de lo que hagas, pero puedo decirte qué aunque aún no lo notes, vas por buen camino mi querido dragón guardián.
La mujer le da una última caricia, sus ojos con una chispa divertida por un momento.
—Dos cosas querido, te veías bastante guapo con el cabello largo, deberías dejártelo crecer, y segundo, cuando busques una varita, deberías ir a dar un paseo por el número 12 de Grimmauld Place, espero que aún sepas como aparecerte —es lo último que comenta antes de desaparecer, quedando ahora solo con la vela qué estaba enfrente ahora apagada.
Bien, ahora, ¿Cómo conseguía ir a Grimmauld Place solo?
La decepción en sus padres (más que todo en su madre que había iniciado a hablar francés a su alrededor como indirecta) fue notoria cuando dijo que quería ir a Hogwarts, pero Draco había estado investigando y ofreció que en su segundo año fuera de intercambio de Beauxbatons.
Su madre había estado encantada mientras su padre resignado solo los había dejado, ya habían aceptado la carta a Hogwarts y solo tocaba esperar el día que fueran a comprar sus materiales y libros a el Callejón Diagon. Draco tres días estaba inquieto, buscando una forma de quedarse a solas para poder ir a Grimmauld Place como Hécate quería.
Esa noche decidió Draco, estaba en su habitación comiendo unas grageas qué tenía escondidas de su madre mientras esperaba, y para cuando el reloj dio las once de la noche, Draco se apareció en la calle de Grimmauld Place, buscando entre las casas el número 12, pero solo puede ver la casa número 11 y la casa número 13, medita un poco sobre que hacer antes de suspirar, tomar una piedra especialmente puntiaguda del suelo y pasarse justo donde esta la división entre la casa número 11 y la casa número 13.
Suspira ante el leve dolor que siente al ser cortado por la roca en uno de sus dedos, había aprendido a las malas que era el verdadero dolor cuando se enfrentaba a los crucios de Bellatrix cuando hacía algo mal. Deja que las gotas caigan, tragando saliva antes de pronunciar inseguro, era magia de sangre por lo cual no necesitaba varita.
—Sanguinem... —Draco apenas y puede hacerse para atrás cuando ambas casas se separan y del medio empieza a aparecer otra.
Draco suelta una risa incrédula, no podían juzgarlo por no tener fe de que sucediera, solo había leído ese hechizo en un libro que un niño de ocho años no debía ni siquiera saber de su existencia, pero bueno, detalles sin importancia.
Al entrar al número 12 puede ver como todo está lleno de polvo y un horrible olor de humedad qué lo hace arrugar la nariz. Entra en silencio mientras mira como todo estaba tan descuidado y frío, las casas mágicas respondían a sus dueños, y suponiendo que su dueño actual estaba en Azkaban y sin ver esta casa desde hace más de diez años por el hecho de que escapó, eso demostraba la horrorosa situación en la que estaba.
Al escuchar un "plop" a su lado qué lo hace sobresalta, puede ver un elfo doméstico aparecer a su lado, era pequeño, de nariz bulbosa, ojos inyectados en sangre, piel llena de pliegues y pelo blanco en sus orejas mientras tenía una expresión de desprecio. Pasaron varios segundos sin que dijera nada antes que el elfo cambiará su expresión por una algo emocionada.
—Oh, Kreacher sabía que la honorable casa Black no se había perdido por completo, querido amo Draco, Kreacher recuerda al pequeño amito que venía con la ama Narcissa a visitar a mi antigua ama, Kreacher esta contento de ver de nuevo un Black —habla el elfo emocionado mientras hacía una reverencia demasiado marcada para un elfo de su edad.
—Kreacher... Hola, pasaba por aquí y quise ver la casa, espero que no haya problema por eso —Draco mantiene una sonrisa tensa en sus labios, sin saber dónde debería buscar por lo que deducía le dijo Hécate, una varita.
—Oh, Kreacher esta feliz de poder ver al heredero de la casa Black, Kreacher no tendrá problema en servirle al amo Draco.
Alzó una ceja con interés en lo último, tenía a Dobby, si, pero si todo sucedía como recordaba, Dobby sería liberado en segundo año, por lo cual no le servía mucho, pero un elfo que solo siguiera sus órdenes era demasiado interesante y tentador.
—Bien Kreacher, pues me gustaría saber si sabes si hay alguna varita aquí.
—Kreacher sabe de una varita, esa varita está en el despacho del antiguo amo Orión, Kreacher podría guiarlo al despacho —dijo el elfo feliz de volver a recibir órdenes.
Bueno, si el elfo quería ayudar, Draco no se iba a oponer, y con un asentamiento de cabeza dejó que Kreacher lo guiara por la casa, Draco pasó una mano por una de las paredes, sintiendo sus dedos sucios por el polvo pero también sintiendo como a la casa le hacía falta magia de sus habitantes, y si todo salía tal cual como lo recordaba con la fuga de Sirius Black en tercer año, no tardaría mucho en que esta casa tenga un lord Black nuevamente.
Había veces que la madera del piso crujía, recordaba poco de esta casa, recuerda que en esta vida cuando tenía alrededor de cuatro y cinco años vinieron a visitar a la tía Walburga, una pobre mujer viuda, y Draco en esos momentos son los que más se dio cuenta a lo que se refería Hécate, por culpa de Voldemort y esos ideales su hijo mayor Sirius escapó, su hijo Regulus murió, nadie sabía cómo, simplemente se enteraron cuando el tapiz se actualizó, nunca encontraron un cuerpo al cual hacerle los respectivos ritos fúnebres, su esposo que había salido a buscar a su hijo cuando esté no volvió a aparecer y no habían revisado el tapiz, fue mordido por una serpiente y murió por el veneno de esta. Recordaba vagamente a la mujer, rostro severo, ropas conservadoras, cabello atado y con una mirada y aura llena de arrepentimiento.
Walurga había visto la caída de su familia sin poder hacer nada, primero escapó Sirius, Regulus se convirtió en mortífago, murió, Orión en búsqueda de su otro hijo falleció, luego Sirius fue llevado a Azkaban y la mujer quedó sola, el apellido Black, el que una vez fue motivo suficiente para recibir respeto y el que la mujer tanto intentaba preservar, se había esfumado ante la mínima brisa.
Un suspiro pesado escapó de los labios de Draco mientras entraba al despecho qué perteneció a los distintos jefes y lores de la casa Black, miró con curiosidad las repisas, tomando un libro que estaba mal colocado, podría haber sido el último que fue tocado. Con cuidado quita el polvo para alzar las cejas al leer el título.
"Los Más Sagrados Rituales de la Diosa Hécate"
Dejó el libro a un lado, claramente se lo iba a llevar, "lectura provisional" sería su excusa por si alguno de sus amigos o sus padres lo encuentran. Sigue paseando por el despacho hasta que sus ojos se fijan en una varita, estaba en una vitrina que estaba encima de una estantería, le hace un gesto a Kreacher para que la baje con su magia, cuando la vitrina queda en el despacho, Draco solo se permite observarla con una gran sonrisa en su rostro.
En el mango habían escamas de dragón incrustadas, en medio tenía una obsidiana negra y era de madera de espino negro, lo pudo reconocer ya que es la misma madera que la varita de su madre y la varita que tuvo en su vida pasada. Lo que si no pudo saber era el núcleo, al tomarla siente como una corriente pasa por su brazo y se extiende por todo su cuerpo, como la varita que debería estar fría por las temperaturas, se sentía cálida, agitó la varita provocando que saliera un muy brillante lumus qué apagó rápidamente. Sonrió mientras encogía el libro y lo guardaba en su bolsillo.
—Muy bien Kreacher, estoy bastante agradecido contigo, es posible que regrese algunas veces.
—Kreacher estará feliz de que el amo Draco regrese, oh Kreacher limpiará toda la casa para el regreso del amo Draco —dijo el elfo con felicidad mientras Draco solo siente.
—Muy bien Kreacher, la casa necesita estar de vuelta a su esplendor, no dejes que vuelva a quedar en este miserable estado.
Y con una última reverencia de parte de Kreacher, Draco se volvió a aparecer, esta vez en su habitación, dejo la varita debajo de su almohada mientras escondía el libro entre sus ropas.
Draco tenía algo claro, iba a regresar la grandeza de su familia.
Ese día Draco había iniciado con un muy buen humor, era el día acordado para hacer sus compras para Hogwarts con sus amigos.
Realmente no recordaba el día que conoció a Potter en Madame Malkin, por lo cual solo podía rezar a Hécate con respecto de que no se lo encontrara, no se sentía preparado para ello.
Escode su nueva varita en su bolsillo y baja a desayunar, tenía planeado volver a comprar su anterior varita, la de cabello de unicornio, y así usar esa cuando estuviera en la mansión Malfoy y la que sacó de Grimmauld Place cuando estuviera en Hogwarts.
—Apresúrate Draco, Bianca debe estar ya en el Callejón Diagon con Blaise —es el único que dice su padre mientras leía el periódico cuando llega al comedor.
Bianca Zabini, la famosa viuda eterna, era una hermosa y encantadora mujer si lo podía decir y también una gran amiga de su madre, razón por la cual con el que pasaba más tiempo era Blaise.
Draco apenas y termina su desayuno cuando su padre lo hace ponerse de pie y caminar al salón donde los esperaban su madre, la cual le deja un beso en la mejilla al verlo al tiempo que tomaba el brazo de su padre y tomaba su mano.
Puede sentir el tirón de su estómago por la aparición conjunta, apenas y tiene tiempo de arreglarse su abrigo cuando el abrazo asfixiante lo recibe.
—Déjalo Pansy, serás viuda antes de ser señora —es la clara burla de parte de Blaise mientras Pansy resopla al alejarse.
Se da un breve abrazo a Blaise y un saludo a Theo, quien estaba a su lado ignorando todo con un libro en sus manos, Pansy y Theo estaban a cargo de la señora Zabini y sus padres, por lo cual debería haber llegado con Blaise.
—Primero vayamos a Ollivander, luego a Madame Malkin, luego a Flourish & Blotts y dejamos lo demás del último —es la ruta que hace a su madre que hace a los cuatro niños asentir sin refutar.
Su madre podría ser muy cariñosa, pero ella sabía imponer respeto y lo mejor era no contradecirla. Los cuatro se adelantaron los adultos mientras empezaban a hablar emocionados.
—Mi varita será de núcleo de fibra de dragón —habló Blaise fanfarrón.
—La mía será de cabellos de sirena, estoy segura —dijo Pansy con la mirada altiva.
—¿Y tú Theo? —Draco fue curioso al ver al niño sin participar.
–No lo sé, quizás pluma de ave de trueno como la de mi padre —dijo antes de encogerse de hombros y regresar a su libro.
Cuando llegaron, Pansy fue la primera en adelantarse, para su suerte solo estaban ellos en Ollivander's por el momento.
—Señor Malfoy, señora Malfoy, señora Zabini —fue el saludo del anciano hacia los tres adultos detrás de ellos— puedo ver a muchos jovencitos, a ver, ¿Quién será el primero?
Pansy no dudo en adelantarse al mostrador luciendo emocionada, Ollivander exhalo una sonrisa antes de girarse y rebuscar entre las cajas, la primera en ofrecerle fue de cabello de unicornio, pero no provoca nada al igual que la siguiente que fue de bigotes de kneazle, y al llegar a una de escamas de sirena y madera de tejo logró provocar chispas.
—Casi igual —fue el único que dijo Pansy antes de encojerse de hombros y pagar, el siguiente fue Blaise.
Ollivander probó con la misma de bigotes de kneazle, la siguiente de fibra de corazón de dragón y madera de nogal también provocó chispas, lo que hizo a Blaise sonreír altivo mientras su madre pagaba.
Cuando fue el turno de Theo, Ollivander probó primero con una de fibra de corazón de dragón, pero al final al igual que había dicho la varita que lo escogió fue una de pluma de ave de trueno de madera de pino.
Cuando fue el turno de Draco, se sintió algo emocionado mientras miraba las varitas de enfrente.
—Empecemos con fibra de corazón de dragón, como la de tus padres —dijo Ollivander con una sonrisa mientras le ofrecía la misma que le había ofrecido a Theo, era de madera de nogal.
Draco agitó la varita, pero no provocó nada, haciendo que Ollivander asentiera pensativo mientras tomaba otra caja.
—Quizás algo más suave, esta es de núcleo de pelo de unicornio, madera de espino, 25 centímetros —comenta Ollivander mientras le pasa la siguiente.
Una sonrisa se formó en los labios de Draco, esta era su varita, la varita que lo escogió en su vida anterior, pero su sonrisa comenzó a decaer cuando al agitarla no provocaba nada.
—Bien... Probemos con otra, pelo de sirena, madera de tejo, veintiocho centímetros —luce pensativo mientras sacaba otra caja y le pasaba la varita.
Draco sabía que no debía preocuparse, pero joder, claro que lo hizo cuando volvió a agitar la varita y no produjo nada, pero se empezaba a poner pálido cuando luego de la cuarta varita seguía sin provocar reacción, sus amigos lo miraban preocupados.
—Dígame, señor Malfoy, ¿Ha usado alguna varita antes? —pregunta Ollivander cuando guarda la quinta varita.
—Mi hijo no es un squib si es lo que insinúa, Ollivander —su padre saltó rápidamente ante el comentario.
—Draco ya ha logrado hacer hechizos con mi varita, siempre la usa en mi presencia o la de mi esposo —dice su madre con calma, pero una sonrisa tensa mientras le pasaba su varita.
Draco sintió su pecho palpitar mientras mueve la varita de su madre y susurra "lumus", provocando que la punta de la varita de su madre se ilumine y su padre suelte un suspiro relajado.
Le pasa la varita a Ollivander quien la examina curioso, moviendo la varita entre sus dedos.
—13 pulgadas, núclero de fibra de corazón de dragón y madera de espino —dice Ollivander con calma antes de llevar su vista curiosa a Draco— dígame joven Malfoy, ¿Ha usado usted alguna otra varita que no tenga un dueño o lealtad marcada?
Draco sintió la mirada de su padre en su nuca, solo puede tragar saliva antes de sacar la varita de escamas de dragón de su bolsillo y pasarla a Ollivander, provocando más de un jadeo.
—Doce pulgadas, núcleo de pelo de thestral, madera de espino negro, tiene escamas de dragón en el mango al igual que una obsidiana negra incrustada, una muy linda varita si se me permite decir —la voz del hombre sale con genuina sorpresa y curiosidad— esta varita parece ser especialmente posesiva, lo que explicaría el porqué no dejó las otras, pero si la de su madre la cual ya tiene una lealtad marcada. El pelo de cola de thestral es un núcleo interesante: la varita no le brindará su lealtad simplemente ganándosela como ya ha hecho. Solo puede ser dominada por un mago o bruja que sea capaz de enfrentar la muerte.
—Draco, ¿De dónde sacaste esa varita? —escucha el siseo de su padre y Draco solo traga saliva mientras rápido piensa.
—Estaba en el bosque hace unos días, estaba en una vieja caja de madera y un ciervo estaba al lado —fue una respuesta vaga, pero luego buscaría reforzar más su mentira.
—Puede que sea cierto, esta varita parece no haber sido usada en bastante tiempo, más de un siglo podría jurar, pero se encuentra en perfectas condiciones —la voz de Ollivander sale curiosa al mirarlo a él, pero Draco solo pudo intentar ocultar su sonrojo avergonzado.
Puede sentir la clara mirada de "Vamos a hablar" de su padre que solo hace a Draco escalofriarse. Cuando salen de la tienda lo hacen en silencio, ninguno de sus amigos dice nada pero lo miran de forma curiosa y preocupada al igual que la señora Zabini.
—Bianca, creo que nos retiraremos ya, te mandaré una carta luego —la voz de su madre sale tensa al despedirse de su amiga, la cual asiente de forma distraída.
Apenas y tiene tiempo de reaccionar antes de sentir que se aparecían en la mansión, Draco cayendo al suelo al no ser avisado mientras su padre empezaba a pasearse por el salón molesto y su madre lo ayudaba a ponerse de pie.
—¿Por qué no dijiste nada Draco? ¡Sabes que no debes hacer magia sin supervisión, mucho menos tomar una varita qué te dio un estúpido animal! ¿Qué pasaba si la varita pudo haber estado maldecida o hechizada para poseerte? ¡Eres un Malfoy, la gente te quiere ver derrotado! —los gritos de su padre no tardan en llegar, pero aunque haya enojo en su voz, puede notar también la preocupación.
—Lo lamento padre, Admito que fui imprudente...
—¿Lo admite? ¡¿Lo admite?! ¡Vaya, al menos lo admite! Eso fue estúpido Draco, eres un Malfoy-Black, no puedes andar haciendo cosas estúpidas e imprudentes para luego solo admitir que te equivocaste —la furia empezó a bajar, al punto de que solo quedaba preocupación en su voz—. Eres mi hijo Draco, mi único hijo, tú y tu madre son lo que más aprecio, no sabría que hacer si algo te pasara, debes de tener cuidado, la varita pudo haber tenido lo que te hizo daño, no siempre tendrás una suerte como esa.
Cuando el regaño se termina, Draco solo estaba con la vista a sus pies y con una lágrima corriendo por su mejilla, el sentir la preocupación de su padre, dejándole claro que él y su madre eran lo más importante le recordaban que en su vida pasada hizo lo que hizo por ellos, y en esta no dudaría en volver a hacerlo si eso los mantendría a salvo.
Levanta la mirada cuando siente unas manos en sus hombros, la expresión severa de su padre se había suavizado al ver a su primogénito.
—A veces olvido que aún eres un niño, pero hay veces que no actúas como tal y me sacas de quicio. Nunca dudes de todo lo que hago es por ti o por tu madre Draco —Dice su padre antes de palmearle la espalda en in gesto cariñoso—. Ve a tu habitación, tengo que hablar con tu madre, pero igualmente estás castigado.
Añade tardíamente su padre a lo último, su madre le da una suave caricia a su mejilla antes de dejar que se vaya.
Su castigo consiste en estas sin postre una semana y no poder ver a sus amigos, pero Draco eso lo disfruta para poder adelantar con su nuevo libro que sacó de Grimmauld Place "Los Rituales Más Sagrados de la Diosa Hécate".
Ahora estaba sentado en una cómoda silla que había en su terraza privada mientras tenía el libro abierto en sus piernas.
Este libro solo podrá ser abierto por un Black de sangre, el heredero y/o el señor, es información peligrosa en manos equivocadas.
Aquí están los distintos rituales que nuestra señora Hécate compartió conmigo, siempre hay que estar consciente de lo que podemos hacer si los llevamos a cabo.
Arcturus Negro
Era lo que había en la primera página, Draco solo pudo pensar e idear para cuando podría regresar a Grimmauld Place y revisar los demás libros, al escuchar que la puerta de su habitación de abre esconde el libro rápidamente y saca otro de Alquimia, levanta la vista con una sonrisa inocente al ver a Severus.
—Padrino —salta emocionado para intentar abrazarlo, pero Severus solo lo empujó como si tuviera la peste.
—Mocoso, tus padres me dijeron que tienes una varita... Peculiar, muéstrame —dice aburrido mientras se sienta a su lado, levantando una ceja cuando Draco le extiende su varita.
La toma entre sus manos y la examina con cuidado, tomando su propia varita para susurrar hechizos contra la suya, levantando las cejas con sorpresa, Draco se había dado cuenta que su padrino siempre se dejaba ser expresivo cuando solo estaba Draco presente y era algo que siempre lo hacía sentirse presuntuoso.
Draco solo tantea sus dedos sobre el libro mientras esperaba alguna otra reacción de su padrino, pero no recibió nada más y solo tomo su varita cuando este se la ofreció.
—Esa varita tiene 143 años sin ser usada y con 40 años de uso posterior –la voz de Severus sale calmada, pero tensa, este solo suspira antes de hablar— dime la verdad Draco, ¿De dónde sacaste esa varita? Pudiste haber engañado a tus padres que un animal te la dio solo porque unos ya te han traído joyas, pero a mi no.
Draco suspir mientras piensa, no iba a decir la verdad porque no quera terminar en San Mungo y que todos piensen que esta demente, por lo cual sopesa la mejor opcin.
—La encontré, en la casa de mi abuela Druella cuando la fui a visitar con mi madre hace dos semanas, había un pequeño pergamino donde decía que era de Arcturus Black, el fundador de la casa Black...
—Eso tiene sentido con los años, pero aún sigo preguntándome, ¿Por qué no le dijiste eso a tus padres entonces? —Draco maldice en su mente ante eso, juega con sus dedos y hunde sus hombros dándole un aspecto culpable y arrepentido.
—Se supone que no debo subir al ático, padrino... ¿Me prometes que no le dirás a mis padres, por favor?
—En momentos como esté me cuestiono porqué acepté que me ligaran con un mocoso...
—Padrino, por favor...
—Bien, niño insufrible, como compensación me ayudaras a preparar un veritaserum para mis clases, quizás eso te dé alguna reflexión sobre las mentiras y la verdad... —comenta con sarcasmo lo último antes de levantarse para irse, dándole una última mirada no tan dura a Draco antes de salir de su habitación.
