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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Esa noche
Stats:
Published:
2016-09-06
Words:
692
Chapters:
1/1
Kudos:
18
Hits:
340

Sfiorare

Summary:

Al fin habían avanzado más en lo que respectaba a su intimidad.

Eran tal para cual.

Notes:

Comenzó como algo muy estúpido y al final mi cabeza está atiborrada de ideas.

Work Text:

Pasó su mano derecha por la parte de atrás de su cuello, vergonzoso, recordando lo sucedido la noche anterior. Podía sentir que la cara le ardía y esperaba que en sus mejillas no fuera evidente el sonrojo que le provocaba el recordar.

Klaus era un excelente amante.

Si fuera posible estaría saliendo humo de sus orejas.

Se encogió en su sitio, subió las piernas flexionadas al sofá y hundió la cabeza en el hueco que se formaba entre sus rodillas y su pecho. Era un manojo de nervios. La idea de que estaba saliendo con su jefe se le había antojado tan utópica un par de meses atrás y ahora ya habían dado un paso más en lo que se refería a su intimidad.

No podía ni siquiera mirarlo a la cara. Probablemente ni siquiera él podría mirarle.

Eran tal para cual.

Escuchó de fondo la voz de Steven platicando con el alemán y su atención se centró completamente en el sonido de la grave voz del pelirrojo. Sintió que la punta de sus orejas se calentaba, rememoró los susurros que le dedicó durante aquél momento, su nombre pronunciado con una mezcla extraña de placer y ternura, y en sus oídos sintió que volvía a vibrar su voz, el recuerdo era tan vivo que tenía miedo de que su cuerpo reaccionara de alguna manera completamente indeseada en ese preciso instante.

Esto era malo.

-Leonardo. –Le llamaron.

Se sobresaltó y desorientado volteó a todos lados sin mirar realmente.

-Chico, por acá. –Reafirmó el hombre de la cicatriz.

Cuando finalmente se calmó miró al de cabello negro y tras asentir se levantó de su lugar. Estaba tan abstraído en sus pensamientos que no se dio cuenta de a donde se estaba dirigiendo. Se detuvo frente a Steven y se petrificó al notar al pelirrojo del otro lado del escritorio. El azabache le pidió de favor que entregara un paquete a la dirección que ponía la etiqueta de identificación. Y nunca antes el fotógrafo detestó tanto al mayor. Lo estaba haciendo a propósito. Lo sabía.

El paquete se lo estaba extendiendo el de orbes esmeraldas. Se percató de un ligero temblor en su mano y supo que estaba igual que él. Pasó saliva con dificultad y acercó sus manos para agarrar la caja que Klaus sostenía en su mano izquierda, su movimiento fue tan lento que parecía que nunca llegaría a tomar el objeto, pudieron pasar horas y aún no habría siquiera tocado la envoltura café que cubría la caja. En su nerviosismo no fue capaz de medir la distancia y al sujetar el elemento también rozó los dedos del mayor.

Chilló como un animal asustado y alejó las manos en un acto reflejo. Por su parte el joven alemán liberó su agarre en el paquete y éste terminó en el suelo.

Pero es que ni siquiera podían tocarse.

Se sonrojaron súbitamente y a los ojos del pelinegro parecieron hacerse de piedra, no respiraban.

Su mente se colmó de imágenes de aquello y percibió en su piel las caricias que le ofreció el pelirrojo. Su epidermis se erizó ante la sensación ilusoria de sus grandes y ásperas manos paseando por su abdomen, bajando por las líneas de sus costados, instalándose en su cadera y perfilando los bordes de ésta que se marcaban en su delgada y fina piel, lamiendo sus piernas, acariciando sus rodillas, frotando sus tobillos y subiendo de nuevo, tocando sus corvas y masajeando la parte interior de sus muslos donde se acercaron con parsimonia hasta su bragadura.

Mierda.

Se olvidó por completo de lo que acababa de pasar y salió con rumbo al baño.

El de cabello oscuro lo vio alejarse y sonrió un poco, dirigió su mirada al más alto y pensó en molestarlo un poco, bueno, un poco más.

-¿Ya lo hicieron?

Las orejas del pelirrojo se pusieron rojas, se encogió en su sitio y bajó la cabeza mientras retraía su brazo extendido y colocó su mano sobre sus rodillas junto a la otra. Se sentó más rígido y los lentes de sus gafas se empañaron.

Resopló un tanto divertido pero le alegró el hecho de que finalmente estaban juntos.

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