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Helpless

Summary:

Inspirada en Helpless de Hamilton

Cuando una joven que prefería pasar las fiestas mirando alrededor, sin sentir la necesidad de tomar la iniciativa en entablar conversación, ve a un soldado hablar apasionadamente sobre sus ideales, su corazón queda completamente indefenso.

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Básicamente Flora y Helia como Eliza and Hamilton durante la canción Helpless.

Notes:

Bien, estaba pensado para San Valentin pero... la sobredosis de azúcar no me dejo terminarlo así que luego de obligarme a regresar a escribir, aquí les traigo mi ultima obsesión:

HAMILTON!, y cuando digo que me obsesione no es de las saludables, ya me se la mayoría de canciones y debo escucharlo completo al menos una vez al día....

Asi que aquí se los traigo, espero que les guste.

Postdata: en esta versión Angelica (léanlo para saber quien es) si esta enamorada de Helia pero Helia no de ella, so aquí nos vamos con la fidelidad hasta la muerte.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Flora recorría el salón de baile dando pequeños sorbos a su bebida mirando a las personas bailar y divertirse, suspiro deseando encontrar a alguien interesante esa noche, aunque algunos le habían intento dar conversación esta se apagaba rápidamente por lo que simplemente se alejó con la excusa de tener sed y prefirió permanecer lejos de la pista de baile por un rato. Se detuvo en una esquina mirando como su hermana estaba rodeada de varias personas, muchos cortejandola, Krystal era un imán natural, iluminaba el lugar con su ingenio haciendo que reciba al menos cinco propuestas por semana. 

La joven rió al recordar como un soldado borracho había ido hasta su puerta cantando una balada mientras pedía la mano de su hermana a gritos, su padre de inmediato sacó su arma y ahuyentó al joven, fue tan gracioso que no ella y sus hermanas rieron por horas recordando la escena. Flora sonrió alejando el recuerdo cuando su hermana la miró preguntando si todo estaba bien con la mirada, ella solo asintió y sonrió para tranquilizar y se alejó de la pared para dar un paseo por el salón o quizás bailar con alguien, empezó a caminar cuando una voz llamó su atención, siguió la voz hasta un joven soldado rodeado de varios otros, esté estaba en el medio de ellos expresando sus pensamientos acerca de la deficiencia en la educación de la colonia, explicando cuáles autores los niños, y cualquier persona, debería conocer. Flora quedó fascinada ante su voz, como sus ojos brillaban tan apasionadamente hablando de literatura y la educación, sintió como su corazón se aceleraba dando pequeños saltos de emoción. 

Camino cerca de su hermana, tomando su mano y llevándola a un lugar apartado,—Este es el indicado— Flora le susurró a su hermana quien siguió su mirada hasta el soldado. Krystal le sonrió y sorprendiéndola cruzó la habitación acercándose al grupo de hombres y una vez encontró un espacio de silencio, se acercó al soldado, separándolo del grupo. 

—¿A dónde me lleva, señorita?— el joven soldado preguntó intrigado por ser abordado por la reina de la fiesta.  

—Estoy a punto de cambiar tu vida— Krystal respondió con una pequeña sonrisa guiandolo al otro lado del salón donde esperaba Flora conteniendo la respiración. 

—Bueno… muéstrame el camino— el joven rió sin entenderla pero curioso por sus palabras. 

—Flora Marigold, un placer conocerlo— logró decir cuando estos por fin se acercaron a ella, —Gracias por su servicio— dijo levantando la vista para mirarlo. 

—¿Marigold?— el soldado la miró extrañado mirando a Krystal brevemente para regresar la mirada a la chica frente a él, no sabía que esa familia tuviera una tercera hija, solo conocía a Krystal y a Miele, y era porque dominaban las fiestas, una con su ingenio y carácter, y la otra con su personalidad directa y tajante. 

—Mi hermana— Krystal aclaró de inmediato observando cómo este observaba a Flora detenidamente. 

—Oh— el joven soldado la miró sorprendido sonriendo, —Si tomo luchar en una guerra para nosotros conocernos, ha valido la pena— dijo inclinándose para besar su mano, —Helia Knight, a sus servicios— levantando la mirada y notando el sonrojo de la joven ante su gesto, —Adorable— pensó sonriente. 

—Bueno, los dejo— Krystal dijo con una media sonrisa alejándose de ellos. 

—El placer es todo mio— Flora respondió aún con sus manos unidas, ninguno de los dos tenía prisa en alejarse, —¿Como está el frente?— agregó rápidamente tratando de iniciar una conversación. 

—Cada día un poco más tenso— murmuró preocupado en hablarle de temas desagradables a una joven, —Me concedería esta pieza— dice notando como la música volvía a sonar. 

—Claro— Flora dijo demasiado rápido y alto, sonrojándose al darse cuenta de su error, —Digo— murmuró nerviosa, —Será todo un honor— hizo una pequeña reverencia temblando de los nervios. 

—El honor es todo mio— Helia ríe besando nuevamente su mano y guiandola al medio del salón. 


—Flora, carta— Miele grito entrando con el correo escuchando de inmediato los pasos apresurados de su hermana bajar la escalera para saltar sobre ella. 

—Por fin— gritó haciendo girar a la menor, —Por fin— suspiro abrazando el sobre con cara soñadora. 

—Eres patética, apenas recibiste una hace unos días— Miele río alejándose de la chica para regresar a sus tareas. 

—Nunca es suficiente— Flora responde de inmediato mirando con añoranza el sobre con su nombre escrito en la perfecta caligrafía de su amado, ya llevaban cuatro semanas escribiéndose cada dos o tres días y sentía que podría volar de tanta felicidad. 

—Por favor…— Krystal salió de la cocina encontrándose a su hermana ya sentada en el suelo con la carta abierta y devorando cada palabra, —Al menos siéntate adecuadamente, eres una dama— le reprende divertida por su comportamiento, la normalmente tranquila y reservada Flora, ahora era todo una joven enamorada que soñaba despierta y hacía locuras por amor. 

Krystal siguió observando a su hermana que gemia de la emoción ante las palabras en el papel mientras suspiraba cada pocos segundos, la chica por un segundo sintió envidia, envidiaba que ella sí pudiera escoger con quien estar, podía enamorarse de quien sea sin importar su estatus o riquezas. Sabía que su hermana no tenía la culpa, nadie tenía la culpa de que ella fuera la mayor, pero a veces simplemente quería poder huir y dejar sus responsabilidades a sus hermanas, pero su corazón no se lo permitía.

—Helia viene, Helia viene— Flora interrumpió sus pensamientos mientras saltaba abrazando la carta, —Hermana, ¿papá estará la próxima semana?— se acerca preguntando, —Helia dice que le encantaría hablar con él— chilló pensando en como quizás pediría su mano en matrimonio. 

—Creo que sí— Krystal comentó pensando en que tendrían que preparar una cena adecuada para recibirlo.

—Que emoción— Flora la abrazó haciéndola dar vueltas, —¿Te imaginas que venga a pedir mi mano?— exclamó emocionada bailando por el salón. 

—Seguramente— río, —Bueno…— la chica la miró con malicia, —Ya que soy tu hermana adorada deberías compartirnos un poco— dice tratando de tomar la carta, aunque sin éxito ya que Flora se abrazó al papel negándose.
 
—No— dijo con una sonrisa, —Solo son cosas que yo puedo leer— comenta bailando distraída mirando fijamente la carta, ignorando la mirada de celos de su hermana, Krystal hubiese deseado que esas palabras fueran dirigidas para ella, —Pero te puedo decir que lo amo, cada palabra suya me hace la mujer más feliz del mundo— Flora le sonríe interrumpiendo sus pensamiento mientras tarareaba rumbo a su habitación lista para responder a la carta. 

La siguiente semana fue todo un caos en el hogar de los Marigold, Krystal como la mayor, y en ausencia de su madre, tuvo que encargarse de organizar la cena y asegurarse que la casa estuviera presentable ya que a pesar de ser una de las familias más nobles de la colonia, su padre las crió con demasiadas libertades haciendo que su hogar se vea no adecuado para los ojos externos. 

—Krystal ¿necesitas ayuda?— Flora entró a la cocina cargada de un enorme ramo de rosas dejándolo en la mesa de la cocina. 

—No, pero creo que tú deberías irte a bañar— dice acercándose a ella y tomando una flor de su pelo, —Quizas limpiar tu cabello— le entrega la flor haciéndola sonrojar. 

—Oh, ¿cómo llegó allí?— Flora río tomando la flor ignorante de que todo su cabello estaba lleno de pétalos, hojas y ramas. 

—Ve, yo me encargo de todo lo que falta— Krystal la empujó fuera de la cocina obligándola a subir por las escaleras. Flora asintió corriendo hasta su habitación lista para darse un baño y prepararse para la noche más feliz de su vida. 


Cuando cayó el sol, Helia se acercó cautelosamente a la residencia Marigold, limpio el sudor de sus manos y respiro hondo dandose animos antes de tocar la puerta con firmeza en espera de que alguien atendiera. Luego de largos segundos, el rostro de Flora se asomó por la puerta, —Helia— esta le sonrió con las mejillas sonrojadas abriendo la puerta completamente. 

Helia la miró sonriente, —Flora— murmuró tomando sus manos y acercándose a ella, ya había pasado más de dos semanas desde la última vez que se habían visto y la extrañaba bastante, —Estas preciosa— murmuró observando detenidamente su vestido verde esmeralda. 

—Gracias— Flora sonrió nerviosa mirando sus manos unidas, —Sigue— murmuró guiandola dentro de la residencia sin soltarlo.

—Buenas noches— una voz grave retumbó por la casa alertando a Helia de la presencia del padre de la chica.

—Señor, es un honor que me haya permitido venir hoy— Helia de inmediato se quitó el sombrero e hizo una pequeña reverencia en reconocimiento del hombre sentado en un sofá mirándolo con aire intimidante.

El hombre analizó al soldado que había tenido la osadía de codiciar la mano de su hija del medio, analizó su postura, como mantenía la vista baja y parecía verdaderamente nervioso, además de que a pesar de haberse volteado completamente hacía él, aún sostenía la mano de su hija, —Bien, venga, creo que es mejor hablar antes de la cena— dijo indicando el camino hasta su oficina. 

—Pero papá— Flora refutó de inmediato, —Cenemos primero— dijo temerosa de que su padre lo rechazará antes de conocerlo bien. 

Su padre solo la miró dándole a entender que no cambiaría de parecer y con pesar Flora soltó la mano del soldado pero no sin antes apretarla en signo de apoyo y se fue hasta la cocina desde donde sus hermanas miraban la escena riendo. 

—Sígame— Roldos repitió empezando a caminar hasta una puerta en el costado del salón, la abrió indicando que podía pasar y sin demora caminó hasta una pequeña mesa donde esperaban botellas de licor, —Y dígame, ¿Soldado Knight?— Cuestionó sirviendo solo un vaso.

—Teniente Coronel señor, trabajó en la división de inteligencia de la mano del Comandante Saladino— Helia trató de no sonar pretencioso sobre su rango pero tampoco quería que el hombre considerara que no estaba a la altura de su hija.

—Ya veo…— este murmuró dándole un trago a su bebida mientras tomaba asiento en su escritorio, —Bien, al punto, ¿que intenciones tiene con mi segunda hija?— dijo sin más mirándolo fijamente. 

—Tengo las intenciones de casarme con ella, señor— Helia dice claro y fuerte, —La amo señor y estoy seguro que la puedo hacer feliz y darle todo lo que merece— termina apretando los puños sin apartar la mirada tratando de transmitir su determinación al hombre que lo analizaba en silencio. 

El hombre a propósito se mantuvo en silencio observando al joven nervioso, Roldos ya había investigado sobre él antes de permitir su acercamiento con su hija y, hasta donde pudo investigar, realmente era un hombre de confianza, pero verlo allí nervioso solo le había confirmado su decisión, —Ya veo– murmuró levantándose y caminando de regreso hacia él. 

Helia lo miraba nervioso pensando en qué haría si el hombre le negaba la mano de Flora, como tendría que buscar otra forma de impresionarlo, —Espero que la haga feliz— Roldos dijo finalmente sorprendiendo a Helia quien miraba sorprendido la mano del hombre frente a él. 

—Gracias señor— exclamó estrechando rápidamente su mano. 

—Te estaré vigilando— Roldos dijo palpado su hombro con una sonrisa que contradecía su amenaza, —Ve con ella, estoy seguro que mi hija te espera— le dice animando a irse mientras se volvía a sentar pensando en lo feliz que se había visto su hija tras la llegada del joven a su vida. 

Helia asintió dándole las gracias nuevamente, mientras salía de inmediato en busca de su amada quien de inmediato se levantó del sofá donde esperaba a su salida, —Flora— le sonrió tomando sus manos mientras las besaba dándole a entender la decisión de su padre, la joven no pudo contener su emoción y lo abrazó de inmediato desbordante de feliz, al tiempo que su padre salía de la oficina. 

—Muchas gracias padre— Flora se alejó de su amado abrazando al hombre quien la recibió alegré. 

—Lo que sea que te haga feliz mi niña— este murmuró acariciando su cabello. 

—Señor podría…— Helia empezó a murmurar cuando el hombre solo asintió animando a su hija a regresar con el joven, Helia le sonrió extendiendo la mano hasta su amada —Flora…— susurró sosteniendo la mano de la joven quien feliz se dejó llevar hasta uno de los sofás de la sala de estar, —Flora, quizás no sea el hombre más rico de Linphea— inicio sin apartar la mirada de la joven, —Aunque tengo algunas deudas académicas, están casi saldadas— agrego rápidamente sin intenciones de ocultarle nada, —Mi mayor virtud es mi honor y quizás mi terquedad, por eso no pude dejarte ir aunque sabía que no te merecía— bajo la mirada mirado sus manos entrelazadas, —Pero te juro que nunca dudarás de mi amor por tí, te daré la casa con el jardín más enorme en toda la ciudad y nunca tendrás que preocuparte por nada más allá de lo común— continuó regresando la mirada a sus ojos transmitiendo toda su determinación a hacerla feliz, —Quizás no sepa lo que es una familia, mis padres murieron cuando era muy joven y he estado toda la vida vagando de un lado a otro, pero aún recuerdo las ultimás palabras de mi madre cuando me dijo que encontraria a una persona a quien llamaría mi familia, y ese eres tú mi amor, quiero que seas mi familia de hoy hasta la eternidad— profeso llevando su mano al rostro de Flora limpiando una lagrima que se deslizaba por su mejilla mientras ambos se miraban con adoración, — Juró por Dios que mientras esté vivo haré todo lo imposible porque me sigas amando como el primer día— susurró levantando la mano de su amada y besando su palma aunque sin negar que hubiese matado por besar sus labios pero sabia que no saldria de allí con vida si lo hacia, —Flora Margarita Marigold me harias el hombre más feliz de la tierra al convertirse en mi esposa— finalmente dijo levantandose y arrodillados frente a ella intentando sacar el anillo que guardaba en el saco pero antes de lograr su cometido, Flora ya estaba arrojandose en sus brazos. 

—Acepto, acepto, por supuesto que acepto— Flora susurró entre lágrimas sintiéndose la mujer más afortunada de la tierra, —Te amo— se apartó para mirarlo y sin importarle que no era propio de la etiqueta, o que su padre y hermanas estaba allí mirando, unió sus labios brevemente sonriendo ante el sonrojo de Helia cuando se dio cuenta de que acaba de pasar. 

—Flora— sus hermanas exclamaron riendo por la audacia de su hermana mientras su padre solo tocio detrás advirtiendo a Helia que no se atreviera a devolverle el beso a su hija mientras ocultaba una sonrisa feliz por presenciar aquel momento de felicidad. 

—Creo que es momento de cenar y hablar de los preparativos de la boda— Roldos dio unos pasos rumbo al comedor, —Vamos— ánimo a sus hijas y a su yerno. 

La pareja recién comprometida se levantó del suelo siendo abrazados de inmediato por las hermanas quienes habían estado todo el tiempo junto a su padre presenciando la propuesta, —Felicidades mi flor—Krystal se acercó primero a su hermana uniéndose en un cálido abrazó, —Mereces toda la felicidad del mundo— susurró uniendo sus frentes, luego se apartó para acercarse a Helia, —Te aconsejo que la hagas feliz o conocerás porque soy temida en la sociedad— le dijo mientras le abrazaba brementente lanzándole una mirada de advertencia. 

Helia asintió de inmediato, —Juro por mi honor que así será— le dijo riendo. 

—Vamos a cenar— Krystal finalmente dijo acercándose a Miele quien le estaba haciendo una serie de propuestas a Flora para la boda. 

—Sí— Flora susurró tomando la mano que Helia le ofreció y ambos siguieron a las hermanas a la mesa donde ya los esperaba su padre. 

Tres meses después en una iglesia de Linphea, se reunieron la familia Marigold con todos los soldados del ejército para celebrar a la nueva pareja que había leído sus votos ante Dios y ahora estarían unidos por la eternidad. 

Quedando así grabado en la historia un amor tan puro e intenso que deja indefenso hasta al corazón más fuerte.

Notes:

Bien, espero que hayan notado que hasta me puse a tomar clases de escritura estos días porque... bueno... para escribir mejor,

pero ¿cosas que debo decir?
Lin Manuel mi nuevo amor, me gusta que Hamilton y Helia inicien con la misma letra por eso uso su apellido en vez de nombre porque me dio mi gana.

Quien no haya visto Hamilton, vaya a verlo!, Krystal si esta enamorada de Helia pero no vi necesidad de reflejarlo tanto aquí, para mejor escribir otra historia como en Satisfied pero nop, no suficiente inspiración.

Tambien me negué a que Helia le dijera a Flora que era pobre, ósea no es que el dinero sea todo pero rayos, tampoco así, o que le diga que su hermana trato de coquetear con él pero todo bien! ¿en serio?

y espero que les haya gustado, see you in a next story.