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Fandom:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-19
Updated:
2026-02-19
Words:
1,417
Chapters:
1/?
Hits:
3

Papá Munson

Summary:

Eddie munson siendo padre soltero despues de la perdida de su novia, mucha angustia,

Chapter Text

—Hey... —susurró en un tono bajo, acercándose a la niña de cabellos oscuros que parecía estar soñando profundamente—. Vamos, pequeña, es hora de levantarse. Es tu primer día de clases y debemos ser puntuales.

Sacudió lentamente los rizos de la niña para poner uno detrás de su oreja, a lo que ella se hizo aún más pequeña en la cama. Eddie nunca había sido la persona más puntual del mundo, pero desde que era padre soltero debía arreglárselas para dar un buen ejemplo.

—Papá, no quiero ir —murmuró con voz dormida, corriendo torpemente el pelo de su cara con sus manos.

Mai —llamada así como abreviación de Iron Maiden por una de las bandas favoritas de su padre— tenía apenas unos siete años y era la luz en los ojos de Eddie Munson. Él era padre soltero luego de aquel día en donde su novia, Alana, no había podido superar el parto por complicaciones y falleció al dar a luz a la pequeña. Todo había sido cuesta arriba desde entonces; ellos no habían estado saliendo mucho tiempo, de hecho, bastó un año de relación para que ella quedara embarazada "sin querer" y decidieran tenerla, aunque al principio él no parecía estar de acuerdo. Todo iba bien hasta que el parto se complicó y ocurrió la desgracia. Eddie sufrió más de lo que pareció para los de afuera; más allá de haber perdido a su novia, a la cual amaba, también perdió todo y quedó en soledad con una bebé y conocimiento nulo de cómo cuidarla, qué hacer o a dónde salir corriendo si pasaba algo con aquella persona diminuta.

En los momentos más oscuros, no pudo decir que estuvo solo; tuvo gran compañía. Sus amigos y, sobre todo, Dustin, Steve y Robin lo ayudaron en el proceso, turnándose para darle la mamadera a la pequeña Mai, cambiar sus pañales, ayudarla en sus primeros pasos y curando heridas de golpes por jugar carreras en el parque. Sin ellos, definitivamente el cuidar a Mai hubiese sido algo mucho más difícil, pero estaba agradecido de tenerlos en su vida y de que su hija tuviera a tan excelentes tíos.

—Nada de "no quiero ir" —dijo tomando en brazos a Mai, sacándola de la cama y haciéndola sentar sobre el colchón. Ella lo veía con un poco de miedo y duda en sus ojos ante el nuevo día en su primaria—. Es tu primer día y los Munson no tenemos miedo a nada, jamás salimos corriendo de las situaciones, ¿recuerdas?.

Sonrió viendo la cara de dormida de su hija, quien hacía pucheros mientras peinaba sus cabellos con las manos para sacarlos de su cara.

—Oye, sé que esta es una nueva etapa y ha sido difícil, pero te prometo que estarás bien...

Luego de decir esas palabras, Mai se abalanzó sobre él envolviéndolo en un abrazo. En realidad, ella sí estaba asustada de convivir con otros niños; no había ido al kínder porque Eddie pensó que todo lo que pudiera enseñarle con plastilina y babas una maestra, podría aprenderlo en casa. Eso había hecho que su hija, con tan solo seis años, supiera cómo hacerse sola su leche con chocolate sin derramar ni una gota, cómo limpiar si ensuciaba, cómo estar alerta a cosas del afuera e, incluso, cómo tocar algunos acordes en la guitarra como su padre. En todos los aspectos era una niña independiente e inteligente, pero no podía no enviarla a la primaria porque Servicios Sociales se la quitaría por irresponsable.

Luego de risas y de convencerla de que se cambiara, Eddie fue a la cocina a terminar de prepararle un desayuno rápido. Él la llevaría y la iría a buscar el primer día; de los siguientes se encargarían Steve o Robin, porque él debía trabajar dobles turnos para pagar servicios. Era el único del grupo que se había convertido en padre; fue luego de que casi lo mataran los demobats y lo creyeran muerto. Salió del Upside Down con heridas graves que hoy eran cicatrices ya curadas en su abdomen y pecho. Luego de eso, no quiso perder el tiempo y a los meses conoció a la madre de su hija y surgió todo.

Cuando estaba terminando de poner la leche en la taza de Mai, la vio salir con su mochilita a rastras detrás de ella. Su hija era su reflejo: su cabello desordenado, unos ojos muy oscuros y se vestía bastante similar. Aunque, como a toda niña, no le importaba tampoco usar colores, por lo que hoy había decidido que un vestido lleno de calaveritas de colores no era mala idea para su primer día. Eddie sonrió al verla y puso el desayuno frente a ella.

—Termina esto y nos vamos, prepararé tu saco también por si te da frío —dijo el mayor—. Tu tía Robin me dijo que luego de su trabajo en la radio pasaría a ver cómo te fue en tu primer día y quizas por un helado— dijo dandole el ultimo sorbo a su café ya frio, pensando en si dejarle su hija a Robin era buena idea (siempre lo pensaba porque sabia lo distraida de su amiga, pero nunca hubo problemas con ella).

La miró comer, sentándose por un minuto frente a ella, que estaba muy atenta a cada mordida de sus galletas de chocolate. Eddie no sabía si estaba siendo un buen padre, pero lo único que quería y anhelaba para ella era paz y una vida buena, no un infierno como la suya, con un padre ausente que lo metió en mil problemas desde que tenía memoria. Su tío Wayne se había mudado de Hawkins a otra parte de Indiana, pero de vez en cuando iba a visitarlos y, sobre todo, a su pequeña sobrina nieta. Había días en los que la nostalgia lo atormentaba cuando estaba solo; pensaba que había arruinado no solo su vida, sino la de su hija por el capricho de Alana de tenerla aunque no tuvieran idea de lo que estaban haciendo. No era que no amara a Mai, él la amaba con locura, pero tener veinticuatro años y ser padre solo no es fácil; aún más cuando habías planeado ser famoso con tu banda y ahora eres un papá joven.

—Papá —dijo la niña, lo que hizo sacar a Ed de sus pensamientos. Dirigió su mirada hacia ella—. ¿Podemos jugar D&D si logro hacer amigos hoy?— Miró con ilusión, a lo que el mayor sonrió asintiendo, dejando escapar una risa.

—Claro, Mai... claro que podemos, y aun si no lo logras eso de hacer amigos... —se acercó a ella y la tomó por las mejillas—. Serás la mejor maga nivel diez que habrá existido, porque eres mi hija y porque eres la niña más genial que conocí jamás —dijo con una gran sonrisa y besó su frente, haciendo sonreír a la niña, quien arrugó la nariz contenta.

Después de su desayuno, Eddie miró la hora y tomó de volada la mochilita rosa de Mai y las llaves de la furgoneta. Prácticamente corrieron al colegio, ya que estaban llegando tarde, o al menos eso le hacían creer la ansiedad y los nervios de ese padre tan primerizo. Cuando llegaron a la Escuela de Hawkins, estacionó la camioneta y volteó a ver a una Mai con los ojos un poco asustados o mejor dicho: ansiosos. Suspiró, tratando de no mostrarse asustado, ya que estaba igual o más nervioso que ella.

—Okey Mai, ya llegamos —suspiró mirando a la niña mientras ponia el freno de mano—. Ve allí y hazme sentir orgulloso. Eres una Munson: no tenemos miedo y... —cortó la frase con una sonrisa para que ella la terminara.

—Jamás corremos de las situaciones —dijo la pequeña, mirando a su padre con una sonrisa y tomando la mochila de entre sus piernas. Dio un beso en la mejilla del mayor antes de bajar— prometo portarme bien, te amo!

Sonrió antes de dar un portazo. Eddie lanzó un suspiro al cielo al escucharla, apoyando la cabeza en el respaldo de la camioneta, viendo a su pequeña caminar entre tantos niños que no parecían ver que su pequeña bebé iba ahí, abriéndose paso al mundo.

—Cuídala desde donde estés, Alana, por favor. No soportaría verla sufrir como lo hice yo en este basurero —susurró para sí mismo mientras, lleno de nostalgia, terror y mucho amor, vio entrar a la niña por la puerta principal.

Arrancó la camioneta y rezó a todos los santos para que fueran buenos con su único amor y su mejor amiga.