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𝑨𝑵𝑻𝑬𝑺 𝑸𝑼𝑬 𝑺𝑬 𝑨𝑪𝑨𝑩𝑬 — 𝑶𝑺 𝑱𝑼𝑳𝑰𝑬𝑵𝒁𝑶

Summary:

Mientras suena ANTES QUE SE ACABE, Julián se aferra a la ilusión de un amor que ya terminó. Pero cuando todo acaba, entiende que algunas personas solo viven en la memoria, y no en la realidad.

Notes:

Es mi ship favorito. Julienzo o bala.

Pensaba hace mucho hacer algo sobre ellos, pero no me animaba, pensaba que sería complicado, es irónico porque este OS nació muy fácil.

Literal estaba en mi cama escuchando ANTES QUE SE ACABE y de repente le presté atención a la letra y cuando escuché "Pa darte problema' mejor te doy un beso" mi mente empezó a maquinar.

Lo hice en menos de 3 horas asique maybe hay errores, no soy argentino, pero me esforcé por usar los pronombres y palabras que se usan e argentina, fue fácil, pero puede que se me haya escapado alguna. Perdón.

Sin más, aquí tienen:

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

ANTES QUE SE ACABE - Bad Bunny

 

“Antes que se acabe to’ esto, voy a vivir mi vida si me muero es contento”

Ese verso se oyó en el boliche. En una noche en donde la felicidad no reinaba para nada su existencia.

Su corazón en mil pedacitos lo había deshecho aquel chico morocho que le prometió la luna y las estrellas. Aún recuerda los años de pesadillas que pasó a su lado, resignándose a escuchar a sus amigos que en cada momento le advertían del triste e inevitable final.

Y ese final se cumplió por completo.

‘Y hoy quiero alcohol y sexo, en exceso”

El contraste de su vida con esa canción era increíble. No estaba agradecido por nada, su vida estaba llegando al punto más miserable desde que el futbolista de River Plate entró en ella.

“Pa’ darte problema’ mejor te doy un beso”

Aunque si lo pensaba bien esa línea, esa única línea es la que en este momento lo definía, lo definía a él y a su triste corazón.

El instrumental entre el coro y verso lo hizo moverse, sin ningún orden en específico, en una especie de baile de descargo queriendo olvidarse de lo que había vivido durante estos días.

 

“Ante, ante que se, que se acabe voy a vivir, voy a llorar, voy a vivir”

 

 

Y como si el baile fuera un detonante lo hizo recordar esa escena que terminó con la miseria que tenía disfrazada de felicidad junto a Enzo.

Esa escena que está noche lo hizo llegar a un boliche, junto a rodri que se ofreció a ser su soporte está noche.

Rodrigo era uno de los que le decía y le advertía de lo que podría pasar, sin embargo él decidió cegarse por el falso amor que tenían él y Enzo.

Esperaba que un día su mejor amigo lo pueda perdonar por poner primero a Enzo por encima de él…

 

... —¿Qué? —dijo con desconcierto Julián. —¿Es joda, no? —dijo, tratando de buscar en el rostro de su “amor” algo que le dé pistas de una broma de mal, gustó.

—No… Juli. —Enzo agachó la cabeza, con vergüenza y dolor, sin tener la valentía de ver a Julián a la cara, él sabía que era el fin. —Perdóname, por favor. —

Y de tanto buscar un rastro de joda en su rostro, encontró algo completamente.

Había lágrimas… muchas de ellas, brotando por las mejillas del más alto.

Le estaba doliendo.

A él y a Enzo.

—Perdoname, mi amor. —Rogó, esta vez tomando con suavidad las manos del que estaba frente a él. —Te juro que no quería… —Julian lo interrumpió.

—No. —Sacó las manos de Enzo de encima de las suyas con brusquedad. —Por favor, decime que es mentira. —

Sus ojos empezaban a empañarse, es ahí en donde se dió cuenta que también había empezado a llorar. Se había permitido en varias ocasiones dejarse ver vulnerable ante el más alto, sin embargo está vez sentía un tanto de bronca.

Se alejó un paso de él, esperando su respuesta que, desafortunadamente, no fue Concorde a los que quería.

—No, Juli. Hoy en la mañana Valentina se hizo la prueba… —A Enzo el nudo en la garganta no le permitía hablar muy bien, aunque su mensaje fue bien recibido.

Se negaba a creer que esto acabara de esta manera… algo en los que había depositado todas sus experiencias.

Sus ojos, antes vidriosos, empezaron a despedir lágrimas de dolor, de decepción, de bronca.

Enzo notó esto, no quería hacerlo llorar más de esa manera, quizás debió pensar en eso hace mucho tiempo, sin embargo era terco.

Le había pintado un futuro juntos, uno en donde vivirían juntos y serían felices para toda la vida, aunque eso no fuera real.

Lo retuvo con él, con promesas vacías que el mayor siempre creía.

“Esto será temporal” dijo Enzo cuando salió la noticia que había empezado a salir con una chica llamada Valentina Cervantes.

“Tenés que ser paciente” dijo Enzo cuando una foto de él y Valentina besándose con “evidente amor” se hizo viral por todos lados.

“Yo te amo a vos” dijo Enzo cuando en una entrevista dijo que Valentina era el amor de su vida, que era con quien quería pasar la vida entera.

“Te amo” le decía Enzo.

Nada de eso fue verdad.

—Amor, por favor. Escuchame. —Enzo tomó con sus grandes manos las mejillas de Julian, buscando que otra vez lo escuchara, que otra vez le creyera.

Julián estaba cansado, física y mentalmente.

No soportaba otro día más, otra mentira más, otra ilusión más que su corazón le planteaba.

—¡Soltame! —Casi gritó Julián, quitando las manos del más alto de su rostro.

Enzo lo miró con confusión, aunque la tristeza también decía presente. En esos dos años que estuvieron juntos Julián jamás se había negado a su toque delicado y amoroso.

Está vez parecía ser diferente, y más doloroso para el mayor.

—¿Por qué me hiciste esto, Enzo? —preguntó Julián aún con lágrimas, y la pregunta no era solo por ese suceso.

¿Por qué lo había atado a él sin considerar el dolor que viviría siendo escondido, siendo un secreto que nadie jamás descubriría?

¿Por qué lo enamoró de tal manera que se creyera todo lo que le decía?

¿Por qué le decía que lo amaba y nunca lo trataba como se debía tratar a alguien que tan siquiera le tienes estima?

Su relación era exclusivamente a escondidas, como quien esconde el secreto más repugnante y asqueroso…

O al menos así se sentía cuando llegaba cada miércoles, se lo cogía y se iba a la media hora.

Se preparaba cada miércoles, se perfumaba de manera exagerada para Enzo y todo para que las únicas veces que le dijera “te amo” fuera cuando estaba dentro de él.

 

—¡Respóndeme! —Exige, llorando del enojo. —¿Por qué me mantuviste aquí si sabías que nada de esto sería real? —

Empujó levemente a Enzo, las manos chocaron con el pecho de más alto haciéndolo mover mínimamente.

—Lo siento, de verdad lo siento. —Enzo buscó con sus brazos alcanzar a Julián, quería fundirse en un (quizás último) abrazo con el castaño que lo hacía feliz.

—No, Enzo, vos nunca me quisiste. —Se negó, moviéndose levemente, sabía que si lo alcanzaba todo empezaría de nuevo, como en un bucle sin fin con el mismo final triste de siempre.

El mismo final desde hace dos años.

—Mi amor… —llamó Enzo. —Te lo juro. Ellos me dijeron que lo hiciera. —se justificó.

Ambos lloraban, aunque por cosas diferentes.

Enzo lloraba por quizás perder a una de las pocas personas que lo había querido por lo que es y no por quién se había convertido.

Valentina era una chica que conoció en una fiesta del club, en una noche de copas se dejó llevar por los encantos de esa mujer, tanto que ella se convirtió en su novia a la semana.

En cambio, Julián, lo conoció en la secundaria, siendo una de las pocas personas que se acercaron a él durante ese período tan caótico.

Sus padres lo despreciaban, pero Julián lo amaba, recibía de él lo único que le faltaba.

Julián lo apoyaba los días que parecía querer morirse, ambos siendo el sostén del otro.

El día que fue aceptado en River fue uno de los mejores de su vida, y Julián estaba ahí, celebrándolo con él y ahí fue cuando se dió cuenta que la felicidad era traída a su vida en forma de un ángel.

Un ángel llamado Julián.

La noche de esa celebración se dió cuenta de lo que sentía por Julián y también conoció lo que posiblemente eran los mejores labios que había probado en su vida.

Desde ese momento no quiso apartarlo de su lado… incluso si eso significaba ser un sucio secreto.

Tiempo después se dió cuenta de los terribles errores que cometió. Y nuestra de eso era el castaño sufriendo por él, llorando por no recibir el amor que tanto merecía.

El más bajo se quedó en silencio, llorando si, pero no por perderlo…

Lo había perdido hace muchos meses, lloraba por eso cada día que salía una noticia sobre Enzo Fernández y Valentina Cervantes amándose, saliendo de fiesta, saliendo a cenar, en las celebraciones del club y teniendo la felicidad que a él le habían prometido.

La noticia de esta tarde era la que por fin logró romper con la tristeza de perderlo, creando ahora un sentimiento de enojo contra Enzo por haber entrado a su vida y convertirla en una tortura.

Enzo tendría un hijo, o una hija…
Otra persona vería a sus hijos con sus ojitos achinados, su piel bronceada y el pelo azabache, al igual que él padre.

No viviría eso con Enzo jamás.

 

—Tendrás un hijo, Enzo. —Repasó al más alto, también tratando de repetirlo a sí mismo.

La desesperación en Enzo empezó a crecer, no podía ver a su Juli sufrir así, y todo era su culpa.

—Juli, yo no quería- —Julian lo volvió a interrumpir.

—¡Callate, Enzo! —

Ambos quedaron en silencio, por dos segundos solo se oyeron sus respiraciones agitadas.

—¿Qué vas a decir? —Planteó —¿Que no querías estar con ella así? ¿Que no querés pasar toda tu vida con ella? —

Enzo nunca había llorado tanto, nada dolía tanto como las palabras que el castaño le decía, se lo merecía y lo sabía. Nadie que trate así a la persona que ama debe recibir amor a cambio.

—Nunca me amaste de verdad. —Dijo Julián, resignándose a ese pensamiento, ese que pasaba por su mente cada vez que el morocho lo hacía llorar.

—Juli, no días eso. Yo te amo. —Respondió desesperado.

—No, Enzo. No me boludees de nuevo. —Advirtió Julián. —Yo te permití eso por meses, años, ya no soporto más vivir así..—

Las lágrimas empezaban a brotar abundantemente sobre las mejillas de Julián haciéndolas sentir frías debido al aire acondicionado de su departamento.

—¿Qué querés decir con eso? —preguntó Enzo confuso.

Enzo empezó a sentir ese mal presentimiento, ese que decía que todo se acabaría en ese momento. Él no quería…

El más alto se acercó más a Julián quien en ese momento no quería luchar contra él mismo, sabía que su corazón lo amaba, pero su mente lo odiaba.

Esa encrucijada se había resuelto desde que recibió la noticia sobre el embarazo de Valentina.

Pero esa encrucijada no iba a estar más.

Decidió pensar, decidió vivir.

—Esto se terminó, Enzo. —

Enzo no quería dejarlo así, por lo que se acercó bruscamente hacia él. Lo tomó por la cintura con fuerza atrayéndolo hacia sus labios, juntándose en un beso, suave, pero no correspondido.

Se alejaron, suavemente, los ojos de Enzo se posaron expectantes sobre el castaño, buscando en su rostro algo de confusión que lo haya hecho cambiar.

En cambio, lo que vió fue a Julián cabizbajo y sin rastro de arrepentimiento en lo absoluto.

—Juli… —Susurro el morocho.

 

“Un día bien… al otro mal”

 

—Vete, Enzo. —Ordenó.

El más alto no quería, sin embargo Julián estaba decidido.

—Juli, por favor— lo interrumpió por tercera vez esa tarde.

—¡TOMATELA, ENZO. ¡NO TE QUIERO VER! —Gritó.

Julián se dió la vuelta, no quería mirarlo, no quería ver su cara llena de tristeza y volver a caer por él. Ya no quería seguir viviendo así. Ya no quería vivir.

Enzo esperó unos segundos más, ahí parado, esperando a que Julián lo voltee a ver, se tire contra él y se junten en un beso.

Pero ese momento nunca llegó, nunca se dió la vuelta. Le dió la espalda, como él se la había dado a Julián en muchas ocasiones.

—Nunca voy a dejar de amarte, Julián.—

Respiro hondo y se fue, dejando atrás a Julián destrozado, pero no por lo de esa tarde, sino por todo lo que antes había pasado con él.

El portazo fue lo último que se escuchó en ese departamento, y fue como una señal de inicio para su profunda tristeza.

Se había terminado.

Enzo Fernández, jamás fue suyo y jamás lo iba a ser.

 

“Así es la vida y eso no va a cambiar”

Sus cadenas pesadas dejaron de amarrarlo a él, la cadena en su cuello desapareció, aunque ahora empezaba a extrañar el encarcelamiento que sentía al estar con Enzo y eso era una alerta.

Tomó su teléfono que estaba en la mesa, y aun con lágrimas marcó el número de su mejor amigo.

—¿Rodri? —

“A veces para sonreír hay que llorar”

 

 

Rodri buscó por todos lados a Julián, quien había desaparecido hace unos minutos, estaba preocupado por él.

Esa tarde lo llamó con la voz quebrantada, diciéndole que necesitaba despejarse, que necesitaba sentirse feliz.

Recuerda que lloró durante el trayecto en carro al boliche, Rodrigo no había preguntado nada aún, confiaba que se lo contaría.

Apenas entraron Julián empezó a beber como si no hubiese un mañana, mientras Rodrigo lo vigilaba.

En un momento Julián le había pedido el favor de acompañarlo al baño y así lo hizo, pero Rodri también tenía ganas así que le pidió a Julian que lo esperara en la puerta.

Cuando salió Julián ya había desaparecido.

—La concha de tu madre, Julián. —Refunfuñó y empezó su búsqueda.

Lo buscó en la barra, y preguntó al barman por él, este le dijo que lo había visto con un chico que se vestía extraño y que al parecer Julián compraría uno de sus “productos” al extraño.

Rodrigo se golpeó la frente con frustración, sabiendo a lo que se refería. Julián no consumía esas cosas. ¿O si?

 

“Abre lo ojos y aprende a volar”

 

Julián se sentía aliviado, liberado, sin peso alguno en su vida, sin ningún tipo de tristeza con que lidiar. Esos dulces lo hacían sentir vivo.

 

No sabía en qué parte del boliche estaba, ni donde estaba Rodrigo.

Había comprado unos brownies a un chico de vestimenta rara y acento cordobés igual al suyo.

Necesitaba sentirse bien y si esos dulces lo harían olvidarse de todo, entonces los probaría.

Consumió 3 en un solo bocado y empezó la “maravilla”, un mundo “alucinante” y maravilloso que lo hacía sacar lo mejor de él. Lo más alegre, liviano y relajado que podía estar.

“Y antes que se acabe to’ esto voy a vivir mi vida, si me muero es contento”

 

Bailaba en la pista, junto a tres diferentes hombres, no tenía ni idea de cómo terminó bailando en una especie de cuarteto que protagonizaban un rubio muy alto, un tipo de pelo negro y un 47 tatuado en el cuello y un tipo con una camitde boca el cual si sabía el nombre ¿“exe”?

En su vista la distorsión de la realidad se había hecho presente desde que mordió el primer brownie, y no podía estar más agradecido por eso, su realidad estaba siendo una reverenda mierda.

Se intercalaba entre los tres hombres, sonando en su cabeza la misma canción desde hace tiempo, como si su mente la hubiese grabado para reproducirla toda la noche en su cabeza, a pesar de que en la vida real se escuchaba RKT de fondo.

 

“Y hoy quiero alcohol y sexo en exceso. Pa darte problema' mejor te doy un beso”

 

Lo encontró, Rodrigo por fin lo encontró luego de una búsqueda incansable de 40 minutos, en donde ya había temido por la vida de su mejor amigo.

En el centro de la pista pudo divisar al castaño bailando y frotando su su cuerpo contra tres diferentes tipos.

—este pibe está loco. —

Empezó a caminar entre la multitud, esquivando cuerpos, vasos con fernet y una que otra pelea.

Cuando llegó al centro vio al más alto de todos susurrando algo al oído de su amigo mientras este le sonreía.

Sus ojos extremadamente achinados le dieron la evidencia suficiente para corroborar que si amigo no estaba en sus 5 sentidos.

Se apresuró hasta llegar al cuarteto y tomó con fuerza a Julián del brazo, provocando quejas en el castaño.

—Daa Rodri, déjame aquí. —dijo Julián mientras forcejeaba.

Los tres chicos quedaron parados, muy confundidos en la pista mientras los dos amigos se alejaban de ellos.

—Julian, estás al pedo. —Recriminó Rodrigo. —¿Viste la pinta de chorro que tienen esos? —

Julián chasqueó los dientes en forma de queja, y la verdad es que no se había dado cuenta de con quienes estaba, solo sabía que la estaba pasando bien.

 

—¿A dónde me llevas? —se quejó —No me quiero ir todavía. —

Rodrigo lo llevó hasta unos asientos acolchonados casi en el fondo, donde normalmente iban las parejas a besarse y toquetearse. No tenían otra opción.

 

“Llorar nunca ha sido un delito, y los días lluviosos a veces son los más bonitos”

 

Esa canción seguía repitiéndose e su cabeza, más precisamente ‘esa línea”, los efectos de esos brownies estaban apenas iniciando.

Estaba recostado sobre el hombro de su mejor amigo, la música sonaba aún demasiado alto para su gusto.

Rodri lo acariciaba suavemente, peinando su pelo enrulado que le quedaba muy bien.

Levantó la vista por un milisegundo, su vista algo borrosa no lograba distinguir entre la multitud ningún rostro.

 

Ningún rostro que no fuera el suyo…

 

“Antes que se acabe to' esto voy a vivir mi vida si me muero es contento”

Y ahí lo vió, parado a unos metros de su amigo y él, con esa sonrisa ladina y sobradora que le enamoró desde sus 16.

Era Enzo. Enzo estaba ahí.

—Rodri… —dijo suavemente.

—¿Mmm? —Respondió Rodri sobre él.

Julián elevó su brazo izquierdo sobre el hombro de Rodri, y llevó su boca hasta su oído para que lo escuche.

—Rodri… —dijo en un susurro —Dejame bailar, pero no me dejes morir…—

—¿eh? —

Se levantó del asiento acolchado y caminó torpemente, Rodri no le dijo nada, no se quejó y eso lo agradeció.

Ese chico pelinegro frente a él era su debilidad, nadie le causaba lo que él causaba en Julián.

Se tambaleó por unos metros más y llegó hasta él.

Estaban frente a frente… mirándose, Enzo con esa sonrisa hermosa y Julián con la vida hecha mierda.

Sintió a Enzo acercarse hasta su mejilla, depositando en ella un beso, uno tan cálido que la fría noche de buenos aires no pudo controlar.

Su corazón dio un vuelco, como siempre era cuando se trataba de Enzo, lo volvía loco.

Julián no perdió el tiempo en juegos, lo abrazo, tan fuerte que cualquiera podría asfixiarse ante la fuerza usada, pero no Enzo, nada que haga Julián le haría daño, en en el buen y mal sentido.

Julián se presionó contra el pecho de Enzo, como si quisiera fusionarse con él, siendo uno para el resto de su vida.

—Te extrañé mucho… —dijo Julián entre lágrimas. —¿Por qué me has hecho esto? —

Se cuestionó eso durante todo el día y no llegaba a una conclusión…

—Julián… —Le susurró al oído —Te amo… —

 

“Hoy quiero amor y sexo en exceso”

—Jamás dejaré de amarte… —continuo. —Jamás voy a olvidarte. —

Las lágrimas en Julián volvieron a salir después de horas, esas palabras le habían dejado otra brecha incurable en su pobre corazón.

—Te amo… —dijo Enzo, mientras le correspondía el abrazo con fuerza, como si nunca antes lo hubiese hecho.

Julián sollozaba fuertemente, Enzo era lo peor y lo mejor que le pasó en su vida.

—Te amo, Julián. —Y sintió las lágrimas de miedo también sobre su piel, como una conexión entre ambas tristezas provocadas por el cruel destino de no estar juntos.

—Jamás voy a olvidarte, Julián. —Dijo Enzo, esta vez saliendo del abrazo. Alzó sus manos hasta las mejillas del más bajo tomándolas con suavidad, como si fueran lo más delicado que había tocado.

Y lo besó.

 

“Pa’ darte problema' mejor te doy un beso”

Y fue el mejor beso que le dieron, un beso que necesitaba. Un beso que era perfecto, que parecía irreal.

El amor entre ellos era tan profundo como la tristeza que vivían.

No estaban destinados a estar juntos, pero el destino a veces destina a quienes no se lo merecen.

Y ellos lo merecían, pero esas son las reglas en este mundo en donde lo suyo era condenado.

El beso puede durar por la eternidad e incluso así parecería poco.

Su vida sería infeliz sin él otro a su lado, esa era su maldición.

—Te amo, Enzo… —dijo aún sobre el beso.

—¡juli! —Gritaba una voz distorsionada en el fondo.

—Te amo, Julián. —Respondió en morocho.

—¡Juli! —Se escuchó otra vez.

No quería que se acabara.

—Te amaré por siempre. —culminó el menor.

—¡JULIAN! —Gritó Rodri, en una especie de ambiente borroso.

Julián abrió los ojos, aún con lágrimas y vio a Rodri. Estaba acostado, y Rodri lo miraba desde arriba, al parecer estaba sobre su regazo.

Al parecer nada había sido real.

Los brownie solo le mostraron la versión más perfecta de ese hombre al que nunca dejaría de amar.

Enzo.

 

—¿Estás bien, juli?—Dijo Rodri preocupado. —Estabas hablando solo, Julián. —

Rodrigo, con su teléfono en una mano y la otra acariciando su pelo, se acercó hasta besar la frente a su amigo.

—Juli, vi la noticia. —

Rodrigo había visto el post donde decían que Enzo y Valentina oficializaron que serían padres, desde ese momento pudo deducir el porqué de la tristeza de su amigo.

—Lo siento mucho juli. —Dijo mientras apagaba el celular y acariciaba el pelo de Julián nuevamente.

Julián empezó a llorar nuevamente, empezó a notar la realidad de las cosas. La decepción, la tristeza, el enojo y la desilusión se mezclaron y salieron de él en forma de lágrimas saladas y abundantes.

Enzo jamás fue suyo. Y mucho menos ahora.

Lloró desconsoladamente sobre el regazo de su mejor amigo, como si una parte de él hubiese muerto, como si le hubieran arrancado una extremidad.

Con dolor pudo pronunciar unas cuantas oraciones.

—Rodri. —Susurro Julián. Rodrigo se acercó para escuchar mejor.

—Dime, ju. —Se acercó tanto que podía sentir la cálida respiración del Castaño.

La cabeza le daba vueltas, le dolía, le quería explotar. Lloró por el dolor, aunque no por la cabeza, por el dolor en su pecho… nadie merece sentir eso, porque todos merecen ser amados y correspondidos.

Julián sollozó con fuerza. —Rodri… —Tragó fuerte. —No me dejes morir.

—¿Qué dices? —preguntó alarmado.

—Rodri… —Sollozo otra vez. —No me dejes morir, por favor. —Lloro.

—Julian… —

No sabía si era por Enzo o por los brownies, pero por cualquiera de los dos moriría… y no estaba preparado para eso…

—Rodri, vos no me dejés morir por favor… —Lloro.

 

“Antes antes, que se que se, acabe acabe…
Antes antes, que se que se, acabe acabe…
Antes antes, que se que se, acabe acabe…
Yo voy a vivir, voy a llorar, voy a vivir.”

Notes:

Fuuuu me encantó, no se, me pareció original robar este camino con final abierto.

Cuenten que les pareció, a mí me encantó, no voy a mentir.

Ojalá también les haya gustado.

Un fun fact es que Julian le dice a Rodri "vos no me dejes morir" es porque juli empezaba a tener una sobre-dxss, pero también porque se sentía morir por no poder terminar con enzo.

Si lo sé, triste.

Pero yo su de finales no tan felices, discúlpeme jsjs