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14 de Febrero
El 14 de febrero cuando Xeno tenía 10 años, su madre le regaló su primer pañuelo bordado.
Aún estaba en su caja, era de seda en un hermoso color Cloud Dancer que Xeno no tardó en descubrir como el Pantone 11-420. Lo encontró espantosamente aburrido y caro, pero debía admitir que los bordados de oro eran exquisitos. Era de Christian Dior.
XHW
Su madre volvió a cerrar la caja antes de entregárselo por completo.
“El amor y la amistad son importantes en la vida Xeno… me preocupa que aún no hagas amigos. Sé que la ciencia es tu pasión y adoro que seas tan brillante, pero también hay que alimentar el corazón y cultivar el espíritu. Es importante tener pasiones, pero más importante aún tener con quien compartirlas. Cuando era niña, tu abuelo me enseñó sobre la importancia de los pañuelos, antes todo el mundo tenía los suyos, las mujeres en sus bolsos, los hombres en la solapa de sus trajes. Son para darle un apoyo a alguien que lo necesita y nunca sabes cuando ese pequeño gesto será lo más grande para la otra persona, incluso podría ser el nacimiento de una amistad o el amor mismo. Consérvalo, amor, y cuando ya no lo tengas contigo… sé que serán por las razones correctas.”
Xeno no comprendió eso último, hasta años después.
Y esa tarde, regalaría su tercer pañuelo personal.
La mascara de pestañas color azul corría por sus mejillas casi como si una declaración pública de su dolor.
Xeno se sobresaltó al verla en ese estado, detuvo lo que escribía con su pluma fuente en su valiosa bitácora científica, el café que estaba a punto de alcanzar sus labios se detuvo a medio trayecto y lo puso sobre la mesa. Se levantó de la silla frente al escritorio compartido y fue a recibir a Rebeca.
Ella, olvidando todo recato e ideal del espacio personal lo abrazó con fuerza, desahogándose con el rostro escondido en su hombro.
El científico se sorprendió por el gesto, pero familiarizado con la cercanía previa hacia Rebeca, correspondió el abrazo.
Le costó horrores calmarse, Xeno la sentó en una silla frente a él, le sirvió café y tendió ese pañuelo con sus iniciales. Siendo ahora un diseño de D&G
—Terminó conmigo Xeno… ¡Y un día antes de San Valentín! —
Algo en su pecho se estrujó como siempre ocurría cada que vez que se hacía una mínima mención de él.
—Lo siento mucho Rebeca. — Fue lo único que pudo decir.
Ella tardó en calmarse. Y Xeno vio la fragilidad en ella.
Y casi como una aparición divina, no tardó en llegar Alexa.
Se le notaban las lágrimas en las pestañas y Rebeca vio a su mejor amiga compartir su tristeza. Alexa también comprendió de forma silenciosa que ocurría y también se agachó a abrazarla.
Ambas comenzaron a llorar.
Y Xeno no sabía cómo sentirse al respecto.
La historia entre ellos tres era extraña… pero honesta, plagada de altas y bajas, y eso la hacía tan humana y con una confianza que nunca pensó conocer por parte de dos chicas tan increíbles como ellas.
Solo existía una persona en el mundo a quien le confiaba hasta su vida entera… pero esa amistad terminó demasiado rápido, demasiado abrupto y aun a la fecha a Xeno le costaba entender qué pasó, eso le lastimó por mucho tiempo, preguntándose que pudo haber hecho para alejar a su mejor amigo; si dijo algo inapropiado, se hizo algo indebido… nunca lo entendió y por su propio bienestar; aceptó que simplemente existen preguntas que jamás obtendrán respuesta.
Y aceptó vivir con la duda de nunca entender porque Stanley Snyder dejó de hablarle.
Ambas chicas se calmaron.
—Lo siento Xeno… — Dijo ahora Alexa rompiendo el silencio,
—Está bien Alex… —
—No, Xeno… lo siento por lo de hace un año. —
Y esa confesión lo descolocó por completo.
Rebeca también añadió.
—También lo siento Xeno… por terminar contigo. —
Esto era… extraño. Demasiado extraño.
—La ruptura fue cordial y amable, chicas. Saben que estamos bien desde el primer día. —
Alexa interrumpió.
—Xeno, fuimos irresponsables contigo. Las dos te engañamos. —
El río por esa afirmación.
—Yo entiendo. —
Rebeca ahora tomó la palabra, aun con lágrimas en su rostro.
—Xeno, Alexa y yo estuvimos hablando y ambas estamos de acuerdo en que quizás fuimos usadas para hacerte daño. —
“Yo también lo he pensado…” murió en la boca de Xeno.
—Chicas, es demasiado pensar algo así. Solo fue una coincidencia. Quiero decir, ambas son preciosas, inteligentes y es un placer hablar con ustedes. No me pareció extraño que el chico más popular de la escuela se fijara en… ambas. No al mismo tiempo, pero… sí. Ustedes me entienden. —
—¡Ves! Tú también te estás dando cuenta que es extraño. —
La tensión y tristeza de ambas chicas poco a poco se desmoronaba como la primavera entrando a derretir la nieve del invierno.
—¡Sé honesto, Xeno! Tú y Stanley tenían algo… ¿no? —
Xeno recordó porque eran tan buenas compañeras de laboratorio, eran inteligentes y quizás incluso más brillantes que él cuando de interacciones sociales se trataba.
—Solo fuimos amigos. — Respondió casi acusatoriamente.
—¡Basta! Xeno, ya mismo vamos a mi casa, algo aquí es extraño… —
Xeno sonrío sin rechazar la cordial invitación.
Fue por sus cosas y se fueron en el auto de Rebeca para arribar a su casa que parecía salir de una portada de revista. Llegaron a su habitación, ese espacio era como ella; dulce, empalagoso, un rayito de sol y calidez.
Sentaron a Xeno en la cama mientras Alexa pedía una pizza y Rebeca sacaba un kit de cuidado para el rostro y le ponía al científico unos parches para los ojos y ella se colocaba una mascarilla de arcilla en la nariz.
Una vez llegaron los sagrados alimentos se sentaron en el centro de la habitación de Rebeca, sobre el tapete rosado y con tantos peluches que parecían ser el público silencioso que atestiguaría el desenterrar de la historia de Xeno y Stan.
—Habla Xeno… y nosotras hablaremos. — declaró Rebeca en tono dramático.
Xeno suspiró, viendo como Rebeca se ponía detrás de él para deshacer su tupé y comenzar a cepillar su perfecto cabello platinado. Él, acostumbrado a eso, no puso objeción.
—Stanley era mi mejor amigo antes de entrar al bachillerato. —
—¿Stanley? ¿Stanley Snyder tu mejor amigo? —
—Aunque no lo creas, Alexa. Éramos inseparables. —
—¿Y qué pasó? —
—Sinceramente… no lo sé. Un día dejó de contestar mis mensajes, mis llamadas, ya no me abría la puerta cuando iba a su casa. Un día lo vi con Tyler, Vanessa y Tina. Justo ese día iba a probar un nuevo cohete a escala y fui corriendo con él para decirle que nos viéramos hoy en mi casa para lanzarlo. Y me alejó de él. Me di cuenta de que se avergonzaba de mí. Dijo que no me conocía y que no me volviera a acercar a él. Se fue con todos ellos, pensé que sólo era una broma, incluso aun lo invité a mi cumpleaños número 15 pero el jamás llegó; ya no volvió a dirigirme la palabra. El último mensaje que le mande fue por su cumpleaños. No me contestó, recogí lo poco que me quedaba de dignidad y acepté que la amistad entre nosotros había terminado. —
El rostro de Rebeca estaba casi en lágrimas y Alexa mordió su dedo pulgar ahogando un sollozo.
Xeno estaba a punto de preguntar porque tanto drama.
—¡Te lo dije Rebeca! ¡Esto fue para lastimar a Xeno! —
—¡No puede ser posible Alexa! —
El científico seguía aún más confundido.
—Chicas, ¿de qué están hablando? —
Rebeca suspiró y ahora se sentó en el abundante tapete rosado frente a él con un semblante serio.
—Xeno… es solo que… ¿No te parece extraño que cuando Alexa y tú empezaron a salir hace un año… Stanley de repente se fijara en ella? —
Sí, fue lo primero que pensó Xeno, pero decidió no darle más vueltas al asunto. Ella continuó.
—Y después… cuando tú y yo empezamos a salir… ¿No te pareció aún más extraño que Stanley de repente se fijara en mí? —
Y finalmente Xeno se rompió.
Un sollozo surcó su pecho atravesándolo en lo más profundo.
Rebeca y Alexa de inmediato fueron a abrazarlo, nuevamente disculpándose por todo.
—No fue su culpa… nunca les he guardado rencor por eso. Y tampoco quería pensar en esa posibilidad, es imposible, pero… claro que también me di cuenta de las coincidencias. —
Rebeca continuó.
—Xeno, hemos descubierto que a Alexa y a mi nos dijo las mismas cosas. Nos convenció de dejarte, nos prometió el cielo y las estrellas, también besamos a Stanley sin terminar contigo antes. A las dos nos pasó lo mismo. No notamos el patrón hasta mucho después. ¡Xeno! Nunca fuimos del gusto de Stanley, realmente él no quería estar con nosotras… estamos seguras de que solo quería hacerte daño. —
Y Xeno seguía sin creerlo.
—Es que… no tiene sentido alguno. No lo tiene. Cuando me dejó de hablar simplemente se fue, nunca buscó activamente molestarme o siquiera insultarme. Solo se fue. —
Alexa se dirigió ahora con Rebeca.
—Becky, no sé si te pasó lo mismo, pero podría jurar que a Stanley no le gustaba besarme. —
La pelirroja abrió mucho sus ojos.
—¡Oh, Dios! Alexa, sentí lo mismo. Que Stanley no me quería tocar, menos besar. —
Esa aseveración extrañó aún más a Xeno y hurgando entre los rincones de su mente encontraba una contradicción en esa teoría que planteaban.
Al parecer, todos en esa habitación habían besado a Stanley, pero él recordaba su experiencia de una forma muy distinta.
