Work Text:
Figura de chocolate
Shizuku x Kasumi
Como ese año el catorce de febrero había caído un día sábado, Shizuku y Kasumi planearon una cita con la intención de pasar todo el día juntas. No había entrenamiento en el club y, gracias a que la actriz estaba pendiente de su novia y su desempeño académico, llevaban sus tareas del instituto al día.
Así que no había inconveniente en reunirse el sábado por la mañana en el centro comercial.
El plan era pasar un buen día: irían de compras, almorzarían en un lugar nuevo que Shizuku encontró por internet, pasarían por el cine y luego verían una obra de teatro que presentarían en un edificio cercano. La misma trataría acerca de unas chicas que, a pesar de que estaban destinadas a estar juntas, se enemistarían en el proceso, dificultándole la tarea a un cansado Cupido. Por lo tanto, el encargado de disparar las flechas del amor tendría que hacer todo lo posible para llevarlas a cumplir su destino.
Cuando se reunieron en el sitio acordado y Shizuku le robó un beso rápido a su novia, quien solo la miró con reproche mientras hacía un avergonzado puchero, lo primero que pensaron hacer fue darse sus respectivos chocolates de San Valentín.
Caminaron hasta un parque cercano y, tras encontrar un banco desocupado, tomaron asiento una al lado de la otra.
Shizuku no era experta cocinando, pero quería darle a su novia un chocolate hecho a mano como lo dictaba la tradición, así que le pidió ayuda a Konoe para que le enseñara lo necesario y, de esa forma, preparar un chocolate que estuviera a la altura del amor que le tenía a su hermosa Kasumi.
—¡Feliz San Valentín, Kasumi-chan! —Le entregó una caja rosa y aplanada. Tenía un estampado de corazones blancos y estaba cerrada con un vistoso moño amarillo—. Quise que fuera un regalo lindo para alguien mucho más linda —sonrió ante la reacción de Kasumi—. Espero que te guste.
Kasumi tomó el regalo, enternecida. Despedía un olor muy dulce y, ciertamente, era muy lindo y esmerado en lo que a presentación se refería. Quitó el moño y, con cuidado, retiró la envoltura.
Al destaparlo, observó que adentro había alrededor de diez porciones de chocolate en forma de pingüinos, ositos y demás animales que le parecieron muy tiernos. Todos estaban envueltos en papel transparente y atados con cintas azules y amarillas.
Encima de cada envoltura había pegada una pequeña nota con palabras para ella.
—¿Te gustan? —Shizuku frotó sus manos, algo nerviosa—. Los hice yo misma.
—¡Awww, me encantan! —Kasumi estuvo tentada a darle un abrazo, pero cambió de opinión al pensar que podría tirar accidentalmente el regalo debido a que estaban sentadas en un banco y eso limitaba muchas cosas.
Así que, con dolor, desechó la idea mientras negaba y pensaba que eso era lo mejor. Frente a ella, Shizuku la miraba con duda; se preguntaba en qué debía estar pensando su alocada novia, pues parecía tener alguna clase de conflicto interno.
Finalmente, Kasumi volvió a cerrar la caja y, con cuidado, la dejó a un lado. Tomó su bolso y lo puso en su regazo. Shizuku notó, curiosa, que ese era un poco más grande que los otros que su novia solía llevar cuando salían a citas.
Kasumi, por su parte, abrió el bolso y hurgó en su interior. Unos segundos después, su rostro perdió color y, con una mirada incrédula, volvió a requisarlo una y otra vez.
—¿Kasumi-chan? —Al ver la vacía expresión en el rostro de su novia, la preocupación se hizo presente—. ¿Estás bien? Te noto algo pálida...
—No está.
—¿Eh?
—Tu regalo, Shizuko —Kasumi dejó el bolso a un lado y se llevó las manos a la cabeza—. ¡Tu regalo no está! ¡Juraría que lo guardé aquí! ¡Yo... yo...!
—Tranquila, Kasumi-chan —Shizuku la tomó por los hombros, llamando su atención. Kasumi estaba al borde del llanto—. Seguro lo dejaste en casa...
—¡No! —Kasumi apretó los dientes—. ¡Lo guardé aquí, estoy segura! ¡Tal vez lo dejé en el metro...!
—Kasumi-chan, escucha —llevó sus manos a las mejillas de su novia y la sostuvo con firmeza—. Iremos a tu casa y lo buscaremos ahí, ¿está bien? Puedo apostar lo que sea a que lo dejaste en alguna parte de tu casa —sonrió, con expresión amable y divertida a la vez—. No sería la primera vez que lo haces.
Kasumi se calmó y Shizuku retiró con sus pulgares algunas lágrimas que habían comenzado a deslizarse por las pálidas mejillas que sostenía.
—Ven, vamos —se levantó y le tendió la mano a su novia.
Kasumi respiró profundo y, determinada, tomó su bolso, la caja de chocolates que acababan de darle y la mano que le ofrecía su novia.
—Vamos.
Mientras caminaban hacia la estación, tomadas de la mano, Kasumi pensó que, en el caso de que el regalo no estuviera en su casa, tendría que hacer algo para compensarlo.
No dejaría que su día de San Valentín se arruinara por algo como eso.
☼☼☼
Una vez que llegaron a la residencia Nakasu, Kasumi se adelantó y subió rápidamente las escaleras seguida por Shizuku. Abrió la puerta de su habitación y entró.
Shizuku entró después y cerró la puerta.
Tras haber dado unos pasos dentro de la habitación, Kasumi vio el regalo encima del escritorio que usaba para estudiar. Tal como pensó —mentira—, el regalo se había quedado en esa parte. No se había quedado en el metro y tampoco se le había caído de camino al lugar donde había estado reunida con su novia hacía casi una hora.
Se trataba de una caja envuelta con un azulado papel de regalo que brillaba mucho. Tenía un estampado de flores y un moño tan rojo como la cinta con la que Shizuku ataba su cabello.
El alivio que Kasumi sintió cuando lo tomó entre sus manos fue demencial.
—Jeje —recuperando la compostura, y su forma de ser de siempre, Kasumi se giró hacia Shizuku, quien la miraba expectante—. ¡Tal como lo ves, sí que te hice un regalo, Shizuko!
La mirada de Shizuku se hizo repentinamente brillante, cruzó sus manos encima del pecho y dejó ver una hermosa sonrisa.
—¡Es muy lindo! —expresó Shizuku, caminando hacia ella.
—¡Por supuesto que es lindo! —Kasumi le entregó el regalo a su novia, quien lo recibió con ojitos ilusionados—. ¡Todo lo que tiene que ver conmigo lo es!
Shizuku observó el regalo con detenimiento y luego miró a su novia.
—¿Puedo abrirlo?
—Claro —respondió Kasumi, que parecía más impaciente que ella—. ¡Ábrelo, ábrelo! Seguro te va a gustar.
Shizuku asintió y, con cuidado, deshizo el moño y la envoltura azul, quedando solo la cajita, que era roja con estampado de estrellitas y corazones blancos.
Con manos trémulas, Shizuku abrió la caja y miró, sorprendida, lo que contenía.
—Esto es...
—¡Así es! —Kasumi se acercó a ella y sostuvo la caja mientras su novia sacaba el contenido.
Descansando en una cesta de color castaño y envuelta en papel transparente, atada con un lazo de color azul, se hallaba la figura de una Kasumi versión chibi de unos quince centímetros de altura.
Tenía ojos grandes y una sonrisa pintada en un rostro redondo y adorable. Sus brazos eran pequeños y regordetes; su mano derecha estaba apoyada en su cintura y la izquierda hacía la señal de paz y amor; era un saludo dedicado a un público en específico.
Un público que estaba frente a ella en ese momento.
—Y, ¿qué tal? ¿Te gusta?
Shizuku tardó unos segundos en responder, atontada frente a semejante obsequio.
—Me... ¡me encanta! Es una pequeña Kasumi-chan —respondió Shizuku, haciendo que la Kasumi real adoptara una expresión soberbia—. ¡Está genial!
—¿Verdad que sí? —Kasumi se cruzó de brazos mientras disfrutaba de cómo las lindas reacciones de su novia ante su forma chibi de chocolate inflaban más y más su hinchado ego—. ¡Lo hice yo misma! ¡Siempre supe que te gustaría!
Sin perder la sonrisa, Shizuku observó el regalo más de cerca. La pequeña Kasumi de chocolate estaba vestida con una versión comestible de su uniforme del instituto y hasta llevaba su característico suéter amarillo.
Realmente, era su novia en miniatura.
Tras mirar el regalo con más detenimiento, una idea comenzó a gestarse en la mente de la actriz. El brillo en su mirada fue trocando poco a poco, pasando de uno ilusionado a ser uno malicioso y perverso.
—Me encanta este regalo, Kasumi-chan —dijo Shizuku, dejando de prestarle atención al regalo en sus manos para empezar a mirar a su novia real con fijeza—. Entonces, ¿puedo hacerlo ya?
—¿Hacer qué?
—Comerme a Kasumi-chan —respondió con simpleza, mientras elevaba el regalo ante ella—. Muero por probarla.
Kasumi miró el regalo y después a su novia. Luego, sonrió con suficiencia al pensar que Shizuku estaba desesperada por comer su chocolate de San Valentín. Era entendible ese comportamiento; después de todo, ¿quién no querría probar un chocolate tan espectacular hecho a mano por la gran idol Kasumin?
«¡Hasta yo estaría desesperada por probar algo que alguien tan linda y carismática como yo hubiera preparado con estas manos!», pensó Kasumi, irracional como solo ella podía ser a veces.
—Está bien, preciosa —Kasumi hizo un saludo teatral y le lanzó un coqueto guiño—. Puedes comerte a la pequeña Kasumin.
Mientras Kasumi hablaba, Shizuku sonrió y puso su regalo encima del escritorio que estaba cerca de ellas.
Kasumi, al estar tan ensimismada en su persona y monólogo, no se dio cuenta de eso último, así como tampoco supo lo que vendría después.
—Amarás su sabor —siguió hablando Kasumi, sin notar cómo Shizuku caminaba hacia ella—. Debes saber que usé tres clases diferentes de chocolate y lo rellené con crema de pistacho y kataifi, ¡justo como esos chocolates que salen en internet! —Se llevó una mano a la barbilla—. ¡De esa forma el sabor es mucho mejor!
Kasumi detuvo su arrogante monólogo cuando Shizuku, que ahora estaba justo frente a ella, a menos de dos pasos de distancia, puso ambas manos encima de sus hombros y, con una sonrisa aterradoramente amable, le dijo:
—Gracias por la comida.
—¿Eh?
Acto seguido, Shizuku la atrajo hacia ella, juntando sus labios en el proceso. Kasumi se quedó de piedra mientras la impaciente actriz movía sus labios encima de los suyos con insistencia, apegándose a ella y demandando su aliento.
Cuando Shizuku rompió el beso, Kasumi lucía una expresión aturdida. Sus labios estaban entreabiertos e hinchados.
—Sí, es tal como dijiste —expresó Shizuku, relamiéndose con gusto—. Definitivamente, amo el sabor de Kasumi-chan.
Kasumi se quedó quieta unos segundos y, finalmente, reaccionó.
—¡¿Por... por qué fue eso?! —Kasumi estaba alterada y roja en partes iguales—. ¡¿No dijiste que te ibas a comer tu chocolate...?!
—Nop —Shizuku quitó las manos de sus hombros y las bajó con lentitud hasta situarlas en su estrecha cintura—. Pregunté si podía comerme a Kasumi-chan y tú me diste permiso —se encogió de hombros, sin perder su expresión amable—. Así que eso hice.
—Pe... pero tú... ¡Hmph! —Kasumi dio un respingo al sentir a su novia pegada a su boca una vez más.
No se esperaba una primera acometida contra ella; mucho menos imaginó que podría haber una segunda.
Aprovechando lo fuera de lugar que se sentía Kasumi frente a sus inesperadas acciones, Shizuku se apretó contra ella sin romper el beso, haciéndola retroceder.
A diferencia del primer beso, esta vez Kasumi sí que estaba correspondiendo y ahora abrazaba a su novia de vuelta mientras se dejaba empujar en dirección a la cama de sábanas rosáceas que estaba detrás de ella.
Shizuku no dejó de apegarse a Kasumi en todo el recorrido a la cama; tampoco lo hizo cuando su novia cayó encima del mullido colchón y mucho menos cuando, aprovechando la situación, se acomodó encima de ella, usando sus manos para apresar las muñecas de la más baja con el fin de evitar que escapara.
—Es increíble cómo pude... cómo pude caer en algo así —musitó Kasumi cuando Shizuku dejó de sorberle la lengua y pudo volver a respirar.
—Es que no caíste en nada, solo me diste permiso para comerte y ya —Shizuku soltó una de sus muñecas para acariciarle el cabello a la hermosa chica que estaba sometida por ella—. Y no puedes retractarte.
—¿Eh? ¿Y por qué no? —bufó Kasumi—. ¿Está prohibido cambiar de opinión o algo así?
—No, pero la ley de «la primera palabra es la que vale» así lo dictamina.
—¿Lo dicta-qué? —Kasumi desvió la mirada mientras se preguntaba qué querría decir semejante palabra y su cabeza empezaba a echar humo—. ¿Y eso qué significa? Además, esa ley no existe.
—Claro que existe —refutó burlona—. La acabo de inventar.
Kasumi abrió la boca para decir algo más, pero Shizuku se lo impidió besándola nuevamente, profundizando el beso hasta robarle el aliento.
—¡Buah, creí que iba a morir! —se quejó Kasumi, boqueando como un pez en busca de oxígeno una vez que su novia volvió a tenerle piedad.
Shizuku solo la miró desde arriba, ansiosa por seguir. Claro, como era una buena novia, tenía que esperar a que Kasumi recuperara el aliento antes de arremeter una vez más.
—¡Wah, espera, espera un momento, Shizuko! —imploró Kasumi, esquivando un nuevo intento de beso que fue a parar a su mejilla—. ¡¿Podrías calmarte un segundo?!
Shizuku gruñó y se apartó un poco, aunque sin terminar de quitársele de encima. Todavía no terminaba de «comerse» a su Kasumi y no tenía intenciones de irse sin hacerlo.
—Habla rápido —la impaciencia teñía su voz y Kasumi lo notó.
—Ugh —Kasumi volvió a removerse, incómoda por la hambrienta mirada que la actriz le dedicaba—. Etto... mamá llegará en media hora.
—¿Y?
—Y… no cerré la puerta de mi habitación —giró el rostro y le dedicó una rápida mirada a la puerta—. Si llega y, por algún motivo, abre la puerta y nos encuentra aquí, pues…
La mirada de Shizuku pareció recobrar algo de lucidez y Kasumi se permitió respirar tranquila.
No es que no le gustara hacer esas cosas con su novia, pero sentía que ese no era el momento. Además, Shizuku la había engañado con ese juego de palabras para poder arrinconarla y hacerle… quien sabe qué cosas. Sentía que su orgullo necesitaba alguna compensación.
Por lo tanto, el plan de Kasumi se reducía a lo siguiente: apenas Shizuku se le quitara de encima para ir a echarle el cerrojo a la puerta, ella saltaría de la cama y procuraría mantenerse fuera de su alcance; así haría tiempo hasta que su madre llegara.
Era una idea sencilla, pero no tenía de otra.
—Entonces, Shizuko —Kasumi esbozó una sonrisa confiada—. Tendrás que ir a cerrarla si quieres que continuemos aquí… ¿o prefieres que la cierre yo?
«Jejeje, apenas sea libre, haré lo posible para que no vuelvas a tocarme por lo que queda de día», pensó Kasumi con una mirada malvada. «¡Será mi venganza por haber engañado a la hermosa e inteligente Kasumin!».
La sonrisa de Kasumi creció al sentir cómo Shizuku aflojaba el agarre en sus muñecas.
«Me mantendré fuera de tu alcance así tenga que saltar por la ventana para conseguirlo», se dijo Kasumi, muy confiada en que su plan daría resultados.
Sin embargo…
—¿De verdad creíste que podrías escapar con esa excusa? —inquirió la castaña, afianzando el agarre en sus muñecas una vez más y acomodándose encima de ella.
—¿Eh? —El desconcierto se manifestó en la expresión de Kasumi.
—La puerta está cerrada, Kasumi-chan —sonrió, maliciosa, mientras hablaba. Saboreaba cada palabra que decía—. Yo misma la cerré después de que entramos.
La cara de Kasumi fue perdiendo color a medida que escuchaba.
—¿Cu… cuándo…?
—Oh, ¿olvidaste que tú fuiste la primera en entrar porque estabas buscando mi obsequio? —Entornó los ojos y Kasumi no pudo sostenerle la mirada por mucho tiempo.
—Entonces… desde el principio… —Kasumi estaba tan nerviosa que no podía terminar una frase completa—… ¿tú ya planeabas… atacarme?
—Sí, así es —se encogió de hombros—. Desde antes ya pensaba que terminaríamos así, ya sabes, en esta situación. Fue por eso que cerré la puerta —dejó escapar una risita—. Haría todo lo posible por estar con Kasumi-chan de esta forma hoy… porque sí, tenía muchas ganas de hacerlo.
—Huh, esto no puede ser...
—Sí, si puede ser —la sonrisa de Shizuku se hizo más amplia—. Y ahora, por haber intentado engañarme, no me contendré contigo.
—¿Eh? —Kasumi tuvo un mal presentimiento—. ¿De qué hablas?
—Pues, como castigo por querer mentirme, te haré lo que yo quiera —la malicia se cristalizó en su mirada al tiempo que se relamía de forma sugerente—. No tendré nada de piedad, Kasumi-chan.
—¿Qué... qué vas a hacerme? —intentó levantarse, pero Shizuku la mantuvo quieta en su lugar—. O... oye...
—No te apures, ya sabrás... mejor dicho, lo sentirás a su debido tiempo —se apretó contra ella una vez más—. Solo debes saber que disfrutaré mucho «comerte» de la forma que tengo planeada.
Kasumi puso el rostro en blanco y Shizuku, con todo el afán de torturarla, empezó a recortar la distancia, acercando su rostro más y más al de ella, con lentitud.
—Eres una pervertida —musitó Kasumi, que ya había dejado de luchar.
—Eso es por tu culpa, Kasumi-chan —se detuvo a centímetros de sus labios y luego subió un poco. Acto seguido, le dio un pequeño beso en la nariz—. Eres demasiado linda y eso saca lo peor de mí… un lado que nadie, además de ti, tendrá la suerte de ver.
—¡Eres una actriz! —gruñó, con el rostro ladeado para evitar un próximo beso, aunque sabía que eso no funcionaría—. ¿Podrías, al menos, actuar un poco y fingir que me amas en lugar de solo quererme por mi cuerpo?
Shizuku se quedó quieta y enarcó una ceja.
—Estás siendo muy exigente hoy.
—¡¿Ni siquiera vas a negarlo?!
Shizuku sonrió, divertida e impaciente en partes iguales.
—Mi madre me enseñó que mentir es malo.
—¡Pero...!
—¡A comer!
Y volvió a besar a Kasumi como si la vida se le fuera en ello. No dejó de besarla cuando Kasumi se removió contra ella, intentando liberarse, ni siquiera cuando, una vez que se separaron, ella le pidió que esperara un momento. La ignoró descaradamente al tiempo que la besaba con ardiente voracidad, metiéndole la lengua sin compasión. Deslizó una mano bajo su blusa, pues anhelaba sentir y acariciar su cuidada piel. Luego, tras permitirle respirar, bajó a besar, lamer y mordisquear su apetecible cuello, arrancándole suspiros mal contenidos.
Shizuku estaba dispuesta a llegar al final; después de todo, tenía su entero permiso para «comérsela».
