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La mayoría de los jugadores estaban agotados, incluyéndose a sí mismo y al tesoro de Japón, Itoshi Sae, que se unió a ellos temprano para asegurarse de ganar el mundial
Isagi lo conoce. Nadie en Japón que sepa de fútbol no podría no conocer al ídolo de muchos, Itoshi Sae, un genio destacable en el manejo del balón.
Fue una sorpresa saber que se uniría a ellos para el mundial y fue aún más sorprendente saber que lo haría tan pronto. Quizá Isagi estaría un poco más feliz de tenerlo como compañero en la cancha si tan solo el tesoro de Japón tuviera una mejor personalidad.
Fue un reto para todo Blue Lock tratar con él debido a lo difícil que era, pero con el paso de los entrenamientos todo fue un poco más tolerable. Todo estaba en aprender a tratar con él y no tomarte muy a pecho sus insultos.
De hecho, fue gracias a uno de sus insultos más recurrentes que descubrieron que Itoshi Sae tiene un hermano menor.
"¿Eso es lo mejor que puedes hacer? Mi hermano podría hacerlo mejor y ni siquiera es futbolista".
Gracias a eso y variantes de esas palabras es que supieron de la existencia de un hermano menor que no juega futbol. En palabras de Sae, de otro insulto, "estuvo bien que no se dedicara al fútbol, porque así no tendría que convivir con jugadores tan mediocres, que es lo mejor que puede generar Japón".
Después de convivir con insultos de ese estilo, Isagi llegó a la conclusión de que Itoshi Sae no tiene en buena estima a su propio país y que la única razón por la que está aquí debe ser por algo personal. Probablemente por una revancha contra algún equipo o jugador de la Sub-20 que participará en el mundial. Isagi no ha podido descifrarlo, pero está apostando por lo último.
Como sea, en un principio Isagi sintió genuina curiosidad por el hermano menor que al parecer jugaba muy bien al fútbol, pero había decidido no perseguir la vida de fútbolista desde muy pequeño. Se preguntó si aún seguiría siendo bueno jugando o si estaría a la altura de las palabras de Sae: "Mi hermano podría hacerlo mejor y ni siquiera es futbolista".
Sin embargo, fue una curiosidad que se fue tan pronto como llegó. No tenía sentido preguntarse por cosas que no le conciernen a Isagi.
No le concernía ni interesaba, hasta que lo hizo.
Esa misma tarde, en ese descanso, donde estaba bebiendo agua por accidente junto a Itoshi Sae, fue que su mundo se descolocó.
—Oye Sae-chan, es este tu hermano, ¿verdad?
Preguntó Shidou, que estaba sentado en la banca de al lado, también bebiendo agua, mientras extendía su celular a Sae.
Isagi estaba en medio de ambos así que también pudo observar lo que Shidou mostraba en su celular.
No reconocerá jamás que se atragantó audiblemente con su trago de agua en cuanto sus ojos se fijaron en el supuesto hermano menor de Itoshi Sae.
En la pantalla aparecía un chico con facciones prácticamente iguales a Sae, sin embargo sus ojos se veían más animados, salvajes y lucían un poco más grandes. Su cabello era de un verde casi negro, tenía una complexión musculosa, pero delgada; Isagi pudo apreciar bien la complexión física ya que en la foto el chico no tenía camisa, solo usaba shorts y guantes de MMA. La fotografía era tan buena que podía apreciarse el sudor que parecía correr por el cuerpo del chico y también podían verse salpicaduras de sangre en uno de sus brazos.
Detrás del chico había una reja. Todo apuntaba que la foto fue tomada cuando el chico salía del ring después de una pelea.
Era una increíble foto. Isagi espera que le hayan pagado bien al fotógrafo que la tomó.
Isagi nuevamente negará haberse quedado con la boca abierta mientras absorbía los detalles de esta.
Es peleador, el hermano menor de Sae es peleador de MMA. En el pie de foto podía leerse "Itoshi Rin" Algo sobre una categoría y más palabras como "Invicto", "Campeón", y "Futura promesa del MMA japonés"
Rin, su nombre es Rin y es peleador de MMA.
La voz de Itoshi Sae, presumiblemente el hermano mayor del chico al que miraba con la boca abierta, ese Itoshi Sae, que estaba a su lado, lo saco de su aturdimiento.
—¿Qué con eso? —dice sin interés.
—"¿Qué con eso?", Oye tu hermano está loco. ¿Por qué no mencionaste que tu hermano es un maldito peleador de MMA? Me encontré con que envió a uno de sus rivales al hospital. Tienes que conseguirme un boleto a una de sus peleas —dijo Shidou eufórico.
Yoichi notó distraídamente que eso había captado la atención de los demás. Superficialmente notó como otros se acercaban a Shidou para saber más. Escucho algo como "¿Al hospital?", "¿qué tan grave?", sin embargo, Isagi se desconectó de la conversación. Sus pensamientos volvían a la foto, ahora fuera de su vista.
Volvía a ese cuerpo tonificado, esa mirada salvaje y esa expresión complacida.
El único deporte que siempre le ha interesado ha sido el fútbol, fuera de eso, Isagi tiene prácticamente nulos conocimientos de cualquier otro deporte. Por otro lado, nunca le llamó la atención ningún deporte de contacto tan agresivo. Nunca ha sido fan de la violencia como seguramente lo es Shidou, ni un poco, pero quizá más tarde pueda dedicarle algunos minutos a ver una pelea de Itoshi Rin.
Solo por curiosidad.
Yoichi debió haberlo visto venir, pero no lo hizo, ni siquiera con su meta visión.
Incluso existe un dicho al respecto:
"La curiosidad mató al gato…"
Maldita sea el gato.
Maldita sea todo.
Isagi Yoichi se volvió un fan de Itoshi Rin.
Ni siquiera fue como que le haya gustado el deporte que practica o que se haya enamorado de esas patadas increíbles por las que Itoshi Rin se está volviendo tan famoso (quizá sí, solo un poco) o que haya quedado encantado por su técnica a la hora de pelear, una técnica que incluso alguien como Isagi que nunca había visto una pelea de MMA puede reconocer lo buena que es; no, ni siquiera es por algo como eso.
Quedó atrapado en los hilos de Itoshi Rin por la precisión y perfección en cada uno de sus movimientos. Itoshi Rin había alcanzado un dominio de su propio cuerpo tan asombroso que Isagi sintió escalofríos al verlo.
Isagi, a quién no le gusta la violencia, no pudo apartar la mirada de cada uno de los movimientos de Rin.
Cada músculo y nervio le obedecía, tan preciso como un bisturí, en cada movimiento.
No creía en la perfección, pero al ver a Rin pudo creer por primera vez que la perfección existía.
Era tarde en la noche, Isagi ya debería estar dormido, siguiendo su rutina, sin embargo no podía conciliar el sueño. No era la primera vez en la última semana.
"Mi hermano podría hacerlo mejor y ni siquiera es futbolista".
Ese insulto finalmente cobró todo el sentido del mundo para Isagi.
Si Itoshi Rin jugara como golpea, Yoichi no sabría si debería estar agradecido o decepcionado hasta las lágrimas de que Itoshi Rin no siguiera a su hermano en el gusto por el fútbol.
Isagi lo imagina, ese control y dominio sobre su cuerpo implementado en una cancha de fútbol. Sería imparable.
Da vueltas en su cama mientras imagina una de las patadas que vio hacer a Itoshi Rin, pero dirigidas a un balón. Rin ha demostrado tal dominio de sus patadas que puede controlar a la perfección la fuerza para desmayar a un oponente o solo la fuerza justa para descolocarlo o doblarlo. Podría patear el balón con la fuerza justa para marcar o para pasar de maneras fantásticas.
Imaginarlo dominando la cancha a su lado es infructuoso, lo sabe. Imaginarlo siendo su rival y llevándolo a nuevos niveles cada vez, no tienen sentido, lo sabe. Imaginar que podría devorar la perfección de Itoshi Rin es estúpido, lo sabe. Pero joder, sería increíble.
No tiene caso lamentar algo como esto. Rin podría haber sido increíble como futbolista si era tan bueno como Sae le ha hecho creer a base de insultos dirigidos a él o sus compañeros, pero Isagi no es ciego, se dedicó a observar detenidamente a Rin a la hora de pelear y pudo apreciar la mirada en sus ojos. En cada pelea Rin tiene la mirada de alguien que sabe dónde está parado y tiene la certeza de que es donde debe de estar.
Ya ha visto esa mirada antes. La ha visto en distintas personas en Blue Lock y él mismo la ha mostrado a la hora de marcar un gol o pisar el estadio.
Si Rin hubiese tenido esa mirada para el fútbol lo más seguro es que estaría aquí. Quizá a unas habitaciones de Isagi. Ese pensamiento desató otra ola de curiosidad, pero está vez por cómo sería Itoshi Rin fuera del Ring. Qué le gusta o disgusta, ¿le gustan las chicas o los chicos? ¿le daría oportunidad a alguien más bajo que él? ¿le gusta el color azul?
Pero Rin no escogió el fútbol, así que está ahí afuera, lejos del alcance de Isagi.
Por lo tanto Isagi no puede seguir desvariando o perdiendo el tiempo con pensamientos tontos. Hay un mundial a la vuelta de la esquina e Isagi debe verter todo de sí en ello.
Cuando se había resignado al hecho de que Itoshi Rin estaba fuera de su alcance, el destino le sonrió.
Resulta que Itoshi Rin estaba en las gradas.
Había venido para demostrar su apoyo a su hermano mayor y se quedaría durante todo el mundial Sub-20.
Isagi no necesitaba motivación para dar todo de sí y marcar hasta llevar a Japón a la victoria…
Pero no le diría que no a un empujón extra.
En el partido contra Nigeria, Isagi se aseguró de sobresalir como el egoísta que es.
El parido contra Francia fue un dolor. Isagi dudó y se puso en juicio su ego. Fue una mierda, necesitaba reivindicarse.
Por accidente terminó haciendo contacto visual con Itoshi Rin.
A partir de ese momento, Isagi no puede expresar con palabras aquello que lo poseyó.
Tras el partido contra Francia su ego había evolucionado y se había expandido. Nigeria y Francia, dos partidos, dos victorias. Isagi los había devorado a ambos.
Fue tras ese partido que Isagi tuvo la audacia de buscar a Itoshi Rin.
La parte racional de Isagi se esforzó por detenerse a sí mismo, pero joder si dos victorias no le dieron la confianza para hablar con aquel chico.
Itoshi Rin solía acercarse a las gradas al lado del túnel de entrada y salida de los jugadores para felicitar y animar a su hermano aunque este apenas le dedicara un asentimiento, pero al parecer al menor no le importaba y le dedicaba una pequeña sonrisa feliz.
Isagi se posicionó al final de sus compañeros para salir del estadio a los vestuarios. Realmente no tenía ningún plan, pero no permitiría que eso lo detuviera. Pensó que decir, había tantas opciones, pero debía ser algo rápido, conciso y genial si quería obtener su atención en el poco tiempo que pudiera detenerse a hablar con él sin que otros fanáticos interrumpieran y arruinaran su momento.
Con cada paso su corazón se agitaba. Todavía no bajaba de la euforia de haber ganado así que le era difícil que su cerebro cooperara correctamente ahora.
Ahí estaba Itoshi Rin, lucía una camisa azul marino, lo que hizo que Isagi registrará que probablemente a Rin si le gustaba el azul, usaba también pantalones negros ajustados, llevaba una gorra azul que claramente era parte de la mercancía de Blue Lock, la edición Sae; además llevaba un cubrebocas negro que ocultaba bien esos labios rosados.
Isagi vio el momento habitual donde Itoshi Rin se inclinaba lo más posible, mientras Sae pasaba, y se bajaba el cubrebocas para que nada estorbara las palabras de aliento y las felicitaciones que le dirigía.
Isagi podía ver la sonrisa discreta que adornaba su rostro.
Itoshi Rin era tan hermoso como lindo.
Sae continuó su camino con normalidad y el hermano menor volvió a cubrir su rostro.
Ahora era el turno de Isagi y todavía no sabía que decir. Tendría que improvisar.
Después de Sae, Rin continuó observando a los jugadores que pasaban, su mirada se tornaba seria, volviéndose a su mirada habitual, como había aprendido Isagi. Era perfecto.
Entonces sus miradas se encontraron e Isagi no pudo evitar la sonrisa que se extendió por todo su rostro. En los ojos de Itoshi Rin había reconocimiento, Isagi pudo notarlo.
Se detuvo y, sin perder el contacto visual en ningún momento, habló con la confianza con la que disparaba a la portería.
—¿Qué tanto te gusta el azul? En mi opinión, te va perfecto, tanto como yo.
Rin lo miró sin impresionarse por unos segundos, pero ni la sonrisa, mirada, ni confianza de Isagi titubeó.
Isagi no tenía forma de saberlo, pero estaba mirando a Rin con la fuerza con la que veía un gol entrar a la portería del rival.
Rin bufó.
—Que rey demonio tan engreído.
Y contra todo pronóstico arrojó un papelito enrollado a Isagi, que lo atrapó con facilidad y con sorpresa en el rostro.
Rin no esperó más, se dio la vuelta y empezó a caminar.
Isagi continuó su trayecto a los vestuarios mientras desdoblaba el trozo de papel que le habían arrojado. Sus ojos se abrieron como platos y su sonrisa se volvió más triunfante.
No sabía que esperaba de la interacción con Itoshi Rin, pero desde luego no esperaba tener su número en sus manos tan pronto.
Lo primero que hizo Isagi al entrar a los vestuarios fue registrar el número.
Si a alguien se le hizo extraña la actitud de Isagi durante el resto del mundial, no lo hizo notar.
Y si Itoshi Sae lo miraba con sospecha cuando se hizo más evidente que Isagi solía mirar recurrentemente en la dirección donde estaba su hermano menor, bueno, él tampoco lo mencionó.
Yoichi descubrió más tarde que Rin no dominaba su cuerpo por completo como había pensado en un principio. Los músculos que le obedecían a la perfección, dejaban de hacerlo cuando Yoichi tenía sus manos sobre él.
Movimientos de mano, toques aquí y allá sobre Rin y obtenía espasmos involuntarios, sacudidas instintivas, estremecimientos inconscientes, Yoichi lo observó y devoró todo.
Fue Yoichi quien terminó dominando el cuerpo de Rin cuando lo tuvo a su alcance.
Isagi Yoichi no creía en la perfección, entonces conoció a Itoshi Rin y descubrió que existía.
Luego, tuvo a Rin debajo de él, con emociones en sincronía con las suyas y latidos idénticos que hicieron que Isagi reinventara el significado de perfección.
Por supuesto, la definición de esto eran Rin y Yoichi juntos.
Cuando terminaban, Rin miraba a Isagi con la misma expresión de suficiencia salvaje con la que Yoichi lo conoció en aquella foto que lo comenzó todo. La misma expresión con la que Rin bajaba del ring en cada victoria.
Cada vez Yoichi se preguntaba quién estaba dominando a quien.
