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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-23
Words:
1,277
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
8
Hits:
49

Escala de grises

Summary:

Ilya nunca toma el autobús, pero una noche en Boston se detiene frente a un cartel de Calvin Klein: Shane Hollaner lo mira desde la publicidad, perfecto y distante. El deseo, o un recuerdo o quizá solo la necesidad de provocar... lo arrastran a enviar mensajes que tal vez no deberían enviarse.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La noche en Boston olía dulce, entre una mezcla de humo y alcohol derramado cuando Ilya salió del club. Podía oír la música aún sonando, con aquel latido vibrándole en el pecho. Se pasó la mano por el pelo, sintiendo el aire frio golpeándole en la cara. Caminó por la acera levemente hasta la parada del bus.

No, él no iba a coger un autobús. No tenía por costumbre usar el transporte público compartido en aquella ciudad. Solo esperaba allí un taxi.

Exhaló y miró como salía el vaho de su boca. El frio. Pensaba en aquello cuando se percató.

El cartel ocupaba toda la pared de la parada. En blanco y negro. Sumamente minimalista, como el mismo Hollander, en escala de grises: Calzoncillos blancos con unas letritas Calvin Klein pero con la media sonrisa de Shane Hollander de acompañamiento.

Ilya se mordió el labio resiguiendo la mirada la silueta de la cadera del jugador de hockey en el póster público. Esa expresión, en la que no tenías claro si te desafiaba o solo estaba profundamente incómodo.  Era una foto, pero miraba directamente como diciendo “ya sé que estás mirando”.  Como si le mirara a él.  El jodido Shane Hollander.

Ilya Sintió un vuelco en el estómago, como un tirón extraño y un calor que poco tenía que ver con el alcohol que había consumido.

En su mente, la cara tímida pero al mismo tiempo dispuesta de Hollander el día que se coló por primera vez en su habitación. Su particular olor y la forma en la que escupía las palabras con dificultad a pesar de que el que estaba aprendiendo a dominar el inglés era él.

Una sonrisa idiota se dibujó en la cara de Rozanov mientras sentía el calor subirle de la entrepierna a la cabeza. Al percatarse apretó la mandíbula.

— Puta mierda.

Sacó el teléfono sin pensar demasiado y buscó a “Jane” entre sus contactos. Tecleó sin más.

“¿Sabías que sales en todas las putas paradas de Boston?” Borró. No, no era aquello.

“Acabo de verte en una parada de Bus. La verdad, deberían poner advertencias. Es peligroso distraer a la gente de esta manera”. Sí, eso sí. Lo envió sin pensarlo.

El taxi llegó, y antes de subirse miró de nuevo el rostro de Hollander en el cartel. Esa boca, esa jodida boca. Se mordió el labio y subió al taxi intentando no pensar en lo que quería que hiciera aquella boca.

“Si sigues mirándome así desde la valla publicitaria, voy a tener que hacer algo al respecto cuando nos veamos”.  Mandó el mensaje de forma impulsiva, no era como que se pensase las cosas demasiadas veces antes de hacerlas.

No cerró la pantalla del chat. Se quedó mirándola unos segundos. Aparecieron los tres puntos como si “Jane” fuera a contestar. Pero luego nada.

Revisó la pantalla durante el trayecto varias veces. Nada. Solo el silencio puro de un tipo que parecía controlar hasta el horario de cuando iba a cagar.

Ilya se fue a dormir, que más le daba. No era como si tuviera planes de pensar más en el caso, después de todo el no cogía nunca el autobús. Había sido una coincidencia.

Pocos días después, caminando por la calle, se encontró con otra parada del bus. Otro poster del puto Shane Hollander en calzoncillos y con sonrisa de no haber roto ningún plato todavía. Se quedó mirándolo unos segundos y sacó su móvil, como si esperara a alguien o… El nunca cogía el autobús.  Y aun así, se descubrió notando cada vez que pasaba frente a una parada qué publicidad había.

Y aparecía aquella sensación pegajosa, como de hambre. Y cuando uno tiene hambre… Un pedazo de comida nunca es suficiente. Sí, exactamente eso. No podía coger solo un bocado e irse de aquel maldito idiota.

Se sentía imbécil. Pero claro, era Hollander. Estaba en todas partes y en ninguna. Gigante y en escala de grises, intocable pero con una sensación vivida. No podía fingir que no sabía cómo era la temperatura de aquel cuerpo y como vibraba cuando pasaba sus dedos por aquellos abdominales… Y la forma de la cadera. La boca ladeada y su forma de decir “Rozanov”.

Tardó algunos días en darse cuenta de lo que estaba haciendo. Cruzar la calle solo para volver a mirar el cartel. Antes de hacerlo se detuvo en mitad de la calle sintiéndose un puto subnormal.

“¿Por qué cojones haré yo esto?” se dijo intentado conocer un poco más su estúpida conducta. Se apoyó contra la pared más cercana y miró el poster en la parada del bus.

—Ni siquiera eres real, eres una puta foto — murmuró para él mismo.

En aquel mismo momento llegó el mensaje. Había pasado al menos una semana.

Jane: “¿En qué parada? Pensaba que solo era de alcance nacional.”

Había esperado más de una puta semana para ¿aquella respuesta? Ni una insinuación, ni un mensajito de broma, nada. Logística y chorradas.  Menuda puta mierda de tío.

“Vaya, que te interesa más la demografía que distraerme” escribió, para después borrarlo. No, no más provocaciones de ese tipo. No se lo había ganado.

“La de Termont. Aunque deberías saberlo, eres la estrella”. Lo envió sin más.

Y volvió a hacerlo. Tres puntos como si escribiera la biblia. Desparecieron. Volvieron a aparecer. Desaparecieron de nuevo y nada.

En una habitación de hotel, en una fiesta, tenía el poder de desarmarle con la mirada. Pero a través de aquella pantalla Hollander era inaccesible. Controlado, limpio, profesional.

Abrió el chat de Jane al día siguiente.

“Pero no te preocupes, tu alcance en Boston es bastante… efectivo”

El puto “Alcance nacional”. No, él no miraba los carteles porque le gustase tanto Shane Hollander, solo esperaba una reacción.  No mandó el mensaje, lo borró sin más.

Continuó controlado los putos carteles. A ver, a la larga acabarían por cambiarlos por otro tío cachas, un modelo, u otro deportista. Que más daba. Ni que mirar una foto tuviera que cambiar quién era él.   El poder de aquella narrativa no lo tenía Hollander, le gustase o no.

Un paquete llegó un martes por la tarde. Sin remitente reconocible, solo su nombre con una caligrafía limpia perfecta. Ilya ni siquiera le prestó atención hasta la hora de la cena. No tenía ni idea de qué podía ser.

Rompió el precinto con calma mientras comía y miraba la televisión sin prestar demasiada atención. Desenrolló el contenido y vio una nota caer. Y entonces cayó en cuenta.

Recogió la nota y desenrolló el poster. Esa boca torcida, esa mirada indirecta, una escala de grises marcando las pecas de una cara asiática que le obsesionaba. Bueno… El mismo maldito cartel de las paradas de autobús.

Sintió su estómago contraerse y vio la S perfecta en rotulador azul en la esquina. Enrolló el poster y leyó la nota.

“Para que no tengas que cruzar media ciudad”.

Ilya empezó a reírse, sintiéndose el más idiota del planeta. Se dejó caer en el sofá sin darle la mayor importancia. Claro que Hollander sabía que le había afectado, probablemente también se imaginaba que había buscado los putos posters en cada parada.

No lo mencionaba, claro. Menos confrontación. Ahora el cartel lo tenía en casa.

— Eres un cabrón—murmuró sin borrar la sonrisa de su cara.

Lo dejo allí tirado y acabó su cena mirando la televisión, sin prestar atención al cartel.

No tenía por qué buscarlo más en las paradas de autobús.

Cuando recogió su plato y lo dejó en la cocina, aprovechó para guardar el poster en un armario. No tenía intención de colgarlo en ningún lado. Pero ahí estaba. Por si acaso dudaba de qué podía y que no podía hacer.

Notes:

Seguro alguien ya escribió algo asi. Pero tenia que hacerlo o no podría dormir.
Siempre escribo mal los nombres, no me lo tengan en cuenta. Tengo diselxia y se sufre confundiendolo todo pero sabiendo lo que quieres decir.