Actions

Work Header

Segunda Oportunidad

Summary:

Las voces sonaban como ecos en su mente. Se sentía volando, perdido. Los tonos de voz de pronto se sentían familiares, como si ya los hubiera escuchado antes. Una caricia lo regreso al presente. El hombre de cabellos blancos acaricio su labio partido y nariz rota. En sus ojos pudo ver una especie de anhelo, algo entrañable. Cómo si el arrepentimiento y la esperanza se tomarán de la mano...

Un Au moderno donde Lucerys no recuerda que tuvo una vida pasada con la Danza de dragones y los demás tratan de hacerlo recordar. En especial Aemond.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Un Targaryen solo en el mundo es algo terrible…

Chapter Text

Un Targaryen solo en el mundo es algo terrible…

-Jodida máquina, vamos- Con ambas manos sacudió tanto como sus delgados brazos le permitieron. Enojado pateo y sacudió la máquina de latas de soda esperando que el “sprite” cayera.

-Joder no te tragaras mi ultimo billete.- Exhalando y con algunas gotas de sudor corriendo por su frente, Luke dio una ultima sacudida y por fin obtuvo la bebida que tanto deseaba.

Satisfecho tomo la lata, dio un apretón al anillo y con gusto se la llevo a los labios. El gas combinado con el cítrico de la bebida alivió el sofocante calor que lo estaba asfixiando.

Mientras se refrescaba un leve ardor en los labios le causó pequeñas molestias. Y no era para menos. El día anterior tuvo una pelea con uno de sus compañeros de clase que dejó como resultado un hematoma de tonos rojizos y morados en sus labios.

El golpe en sí no fue tan agresivo, pero su pálida piel hacia que todo golpe luciera escandaloso.

Si lo pensaba mejor no fue su culpa, simplemente se dejó llevar cuando el imbécil de Josh le llamo “huérfano”. Su cuerpo reaccionó antes que su mente y cuando se dio cuenta estaba sobre el otro chico golpeando sin precisión pero con irá. Aunque la maestra de la clase intervino, Luke ya se había ganado un golpe en el labio mientras que el otro chico tenía el ojo hinchado y la nariz sangrando. Eso le valió una suspensión de 5 días.

Por eso, podía darse el lujo de vagar tan temprano por la mañana sin ninguna ocupación ni responsabilidad. Ya era su tercer día sin quehacer y en la casa de acogida su “madre” Rosa, no tenía interés alguno por sus actividades, únicamente le importaba el cheque que llegaba cada mes para gratificar su hermoso corazón por acoger niños de la calle.

Luke no se quejaba, en el pasado estuvo en lugares peores y con personas que prometieron cuidarlo y solo lo dañaron, la última vez incluso termino en el hospital por culpa de su violento cuidador que abusaba del alcohol y cuando se aburría de ello lo golpeaba sin razón. Los doctores llamaron a servicios infantiles y de nuevo fue reasignado, con la etiqueta de “chico problemático” gracias a la declaración que dio el ebrio de su ex cuidador.

Esta vez, Rosa lo acogió, le dio un cuarto propio y lo alimento con cajas y cajas de pizza. En sus dieciséis años la vida no era tan mala junto a esa mujer. Simplemente vivía con una extraña que le dejaba su ración de comida sobre la mesa, compartía algunos billetes con el y se la pasaba sentada frente al televisor.

Por eso, Luke no entendía que le molestaba tanto de ser llamado huérfano, pues no era una mentira. Desde que nació jamás conoció el calor maternal o paternal. No sabía lo que era tener hermanos o primos, mucho menos el calor de un hogar. Su conocimiento giraba a personas que iban y venían, algunas peores y otras mejores. Los pocos amigos que hizo mientras crecía eran pasajeros, pues nunca duró más de dos años en el mismo lugar.

Ya había conocido algunos sitios de Dorne, Highgarden y está vez, termino en Kingslanding. El lugar más aburrido y con el peor clima de todos, aunque su mayor distintivo era la separación de la clase adinerada con la clase baja, algunos barrios parecían sacados de alguna película y otros eran tan precarios que incluso el olor se confabulaba para dar una peor imagen.

Al menos la casa de la gorda Rosa estaba situada en un barrio medianamente decente. Con casas recién pintadas, algunos patios con el césped recién cortado y una baja cantidad de chicos adictos a alguna droga.

Para Luke, el mundo solo se dividía en dos, en cazadores y presas. Los cazadores conseguían lo que querían sin importar a quien pisoteaban en el camino; las presas, se dejaban aplastar y vivían lamentándose por su destino.

Luke no iba a depender del destino. Tampoco se dejaba llevar por lo que otros dijeron. Su instinto siempre le gritaba qué tenía que sobrevivir, ya sea que robará a algún pobre tonto qué se topará en el camino, o que se aprovechará de su mejor cualidad: su belleza.

Luke había perdido la cuenta de las veces que chicas y chicos de su edad se acercaron a el por lo lindo de sus rizos o para acariciar la punta de su nariz. También había perdido la cuenta de los adultos qué intentaron pedir un favor sexual o le insinuaron algo que prácticamente era un delito.

Las personas eran una mierda, pero Luke sentía que era peor por aprovechar esas situaciones y robar las billeteras de esos tipos calientes y enfermos.

Detuvo su tren de pensamientos cuando las nubes blancas y esponjosas descubrieron el sol, que era tan caliente como un horno. Terminando su bebida Luke aplastó la lata y la arrojó al cesto de basura.

Entre todo el desastre que era su vida, por lo menos podía contar con Tommy, su único amigo en la escuela y la única persona que se preocupaba genuinamente por su existencia. Su último mensaje había sido un sticker que insinuaba lo aburrido de la escuela. Lastimosamente Tommy estaría fuera de clases hasta las dos de la tarde. Miro su teléfono y apenas marcaba las 12 del día.

Con un bufido y algo perezoso Luke empezó a caminar. Ya era miércoles y sabía que iba a necesitar dinero rápido, Rosa no le daría ningún centavo hasta el domingo.

Luke tenía que buscar algún despistado al que robarle la cartera, alguien que ni siquiera notará que la perdió hasta que llegara a casa.
Creyó que sería difícil hasta que se topo con un hombre alto y de prominente barba. Tenía tatuajes y usaba ropa de cuero. Sin duda era toda la imagen de un hombre rudo pero estúpido al mismo tiempo.

Luke lo observo fijamente hasta que capturo la mirada del extraño. Sus ojos no dejaron de observarlo, cambiando su mirada a una lasciva, sus pupilas se dilataron y parecía necesitado de ayuda para atender la cosa bajo sus pantalones.

Lo sabía, rudo y estúpido.

Como tantas veces su plan era llevarlo a algún baño público, hacerle creer que iba a chupar su polla y golpearlo en las pelotas para robar su billetera.

Ya se estaba acercando cuando por el rabillo del ojo noto un objeto dirigiéndose a él. Con velocidad se agacho y volteo a ver al responsable del ataque. Era Josh.

-¡Wow sí que tienes puntería!- Le grito Luke, sonriendo de la forma mas arrogante posible.

-Esta vez no te vas a escapar de mi.- Grito Josh. Su rostro era rojo como un tomate y sus manos estaban apretadas a sus costados. Toda su pose reflejaba amenaza. -Me jodiste frente a todos Luke, estas muerto-. Incluso sus dientes rechinaban de enojo.

-Y para eso traes a esos grandotes.- Dijo Luke señalando a las personas que estaban detrás de Josh. El primero era musculoso, usaba una camiseta que parecía de la talla de Luke y masticaba a mordidas una barra de proteína. Todo u estereotipo. El segundo se veía ansioso, como un perro que da vueltas en el mismo jardín, su complexión era delgada, pero sin duda era más alto que cualquiera de los presentes. Luke era listo y sabía que ese hombre era adicto.

-Y quedar como un idiota de nuevo, no Luke.- los tipos detrás de él se codearon y empezaron a reír de manera sínica.

-Eres tan marica que no puedes arreglar tus problemas solo.- escupió Luke. Ya estaba metido en este rollo, provocarlo no hacía diferencia. Estiro el brazo y extendió la mano enseñándole el dedo medio a los tres.
-¡A él!-. La reacción fue inmediata y de pronto los tres corrían en dirección a Luke.

El azabache se dio la vuelta y corrió tan rápido como sus piernas pudieron. En el camino empujó y casi hace caer a un hombre que regresaba a casa con la compra.

-¡lo siento!-. Grito mientras corría sin mirar atrás. Sabía que iban detrás de él porque escuchaba las maldiciones de Josh y todas las groserías de sus “perros”.

Ya estaba cansado cuando a lo lejos noto una malla de al menos metro y medio de alta. Sabía que del otro lado se ubicaba la estación del metro, así que el plan era saltar y subir a cualquiera de los vagones.

Apenas llegó, con años de experiencia intento trepar hasta que un jalón en el tobillo lo detuvo. Por instinto soltó una patada.

-Ah mierda… hijo de puta.- se quejó el tipo con esteroides. El pie de Luke le dio directo en la cara.

Sin perder el tiempo Luke intento seguir escalando pero Josh fue más rápido y lo alcanzo tirando de sus piernas y provocando que ambos cayeran al suelo.

-Te tengo.- le forcejo Josh, quien era más alto que Luke, pero en un intento por separarse Luke sujeto su brazo y mordió a Josh tan fuerte que un sabor a metal invadió su paladar.
Tan pronto lo soltó escupió al suelo completamente asqueado.

-Sabes horrible viejo.- Le dijo Luke aun escupiendo los restos de la sangre de Josh. El otro chico comenzó a lloriquear tirado en el suelo.

Luke cantaría victoria, sino fuera porque la fuerte patada que recibió en la espalda. Mierda, se dijo asimismo, culpando a su pésima memoria por olvidar al tercer tipo.
Y Luke lo juzgo mal, creyendo que era el más débil de los tres. Una mano lo jalo de los rizos para levantarlo del suelo.

-¡Suéltame idiota!-. Le dijo Luke, forcejeando sin resultados. Tambaleándose Josh y el hombre musculoso se levantaron del suelo. Luke no pudo ocultar su satisfacción al ver la nariz rota de señor músculos y la sangre escurriendo del brazo de Josh.
-De que te ríes imbécil.- Le dijo el flacucho, apretando su agarre.- deja de llorar primo y muéstrale quien manda.-

Eso no sonaba nada bien, pero si pensaban que eso lo iba a doblegar estaban equivocados.

-Vamos porque estás tan molesto si fuiste tu quien me jodió primero.- le dijo Luke. Y la verdad es que tenía la razón. Si alguien lo insultaba su derecho es defenderse del ataque. Justo como decía, ser una presa o ser el cazador.

-Y eso que, mira como me dejaste la cara.- Se señalo Josh así mismo.- Y esta puta mordida que, eres un jodido animal.- Refunfuño el adolescente.- Te crees la gran cosa y caminas por todos lados como si fueras la gran mierda, con esa estúpida sonrisa y tus mejillas rosas. No te soporto.-

-Sabes, si no te conociera diría que estás enamorado de mi.- le respondió Luke con una soberbia latente. Josh se puso tan colorado del rostro. Había dado en el clavo.- Me gustaría darte una oportunidad pero no salgo con feos. Aunque puedo reconsi...- Luke no termino la oración pues un puñetazo en el estómago lo hizo exhalar de dolor.

-Primo dale unos tú, arruina esa naricita, anda.- incito el hombre delgado. Obediente a la orden de su primo el siguiente golpe atino exacto en la nariz de Luke, que al instante sangro y comenzó a hincharse.

-Ahora me toca a mí.- El primo que había pateado en la cara le devolvió el gesto con un golpe en las costillas. Ese impacto hizo flaquear al azabache, que escupió sangre sobre los jeans de su captor.

-Mierda ya me ensucio.- El tipo que lo estuvo sujetando en ese tiempo lo soltó y apenas Luke tocó el suelo recibió una lluvia de patadas de parte de Josh. Cada golpe asestó en sus costillas, brazos y espalda.

Solo escuchaba de fondo las voces que gritaban -¡más fuerte!- ,- ¡golpea al marica!-y se burlaban de su situación. Hasta que el ruido se detuvo. Escucho voces, algunos gritos y de pronto sintió unas manos que lo levantaban con suavidad, de pronto los dedos comenzaron a acariciar con cautela y pasividad su rostro.

Cuando pudo enfocar la mirada frente a él estaba una chica, de piel pálida, cabellos blancos y ojos azules, su rostro era suave, de nariz pequeña y labios delgados. Arrodillada, saco un pañuelo de su vestido azul y comenzó a limpiar suavemente su nariz y labios. Sus movimientos transmitían una calidez que jamás había experimentado.

Al mirar detrás de ella noto a dos hombres, el primero de cabellos azabaches y rizados, alto, con rasgos finos y pómulos marcados; él hombre, tenía sujeto al chico musculoso propinando una serie de golpes que parecían fuertes y desquiciados. Cada puño del extraño impacto en el rostro y cuello del otro.

El segundo, era más alto y de cabellos blancos al igual que la chica que limpiaba su sangre. Luke supuso que tal vez eran hermanos. Sus rasgos también eran finos, aunque su quijada lucía algo tosca, en el ojo derecho tenía un parche negro y el único ojo libre era de tonos azules, como el color del mar. Él tenía en el suelo, al tipo que levantó su cuerpo e insto a Josh a golpearlo. Su rostro se veía furioso y sus patadas lo reflejaban, cada una peor a la anterior.

-Oh Lucerys, mira cómo te dejaron. Tienes tantos golpes, mi querido niño, Mondy y Jace se encargarán querido.- Le dijo la chica, con una voz tan dulce y maternal que a Luke le revolvió el estómago. La sensación de ser cuidado comenzó a enfermarlo. Cada caricia paso a sentirse como una lija en su piel y a pesar de estar sentado en el suelo, un fuerte mareo lo golpeo. Sin darse cuenta ya estaba hiperventilando.

-Tranquilo, respira. Despacio mi niño.- lo insto la chica.

Mareado, trato de enfocar su vista, hasta que se dio cuenta de que Josh y sus primos se habían ido; o, fueron empujados a algún barranco por ahí; pero, ahora tenía a los dos extraños hincados frente a él y junto a la chica.

-Hel, esos golpes se ven mal, sé que tienes que limpiar esas heridas pero deberíamos llevarlo al hospital.- Dijo el castaño, que sin permiso estiro la mano y acaricio levemente sus mejillas. Y como si fuera costumbre estiro el rizo que caía de su frente.

El toque le causó un hormigueo en la zona. Esto estaba mal. Quienes se creían para tomarse tantas libertades con él. No los conocía, no quería saber nada ahora. Solo quería estar solo.

Vagamente volvió a escuchar el nombre de Lucerys. ¿Quién mierda era? No entendía nada y mientras más tiempo pasaba se sentía peor.

Luke trato de levantarse pero su cuerpo vaciló, al instante el hombre del parche lo sujeto del brazo y rodeo su cuerpo. Ese toque fue fulminante. Su estómago cayó al suelo y de pronto sintió un terror enorme, como si fuera a ser tragado en cualquier momento. Un pavor enorme lo cegó, y de pronto, como si de un sueño se tratase, estaba viendo el mar, las nubes, su cuerpo se sentía frío y húmedo.

Jamás había permitido que alguien lo acorralara de esa manera, y jamás se había sentido tan débil como para oponerse.

Hay que llevarlo con Alicent, está de turno y ella sabrá que hacer. Jace tu llama a Daemon y dile que encontramos a Lucerys. Es importante que él lo sepa antes que Rhaenyra.-

-Ya lo estoy llamando. Por favor, cárgalo para llevarlo al auto, o creo que sus piernas tengan la fuerza para sostenerse.-

-Si no fuera porque Hel corrió, Dioses, esa corazonada, los dioses nos arrojaron a este momento.-

-No debimos dejar que se fueran así de fácil. Daemon jamás permitiría que se fueran así. No sabes lo difícil que fue para contenerme. Quería arrancarles la cara.-

-Eso lo arreglamos después, tenemos que llevar a Lucerys al hospital con Alicent.-

-Madre estará tan feliz, esta es la pieza que nos faltaba. Después de tantos años al fin está aquí.-

Las voces sonaban como ecos en su mente. Se sentía volando, perdido. Los tonos de voz de pronto se sentían familiares, como si ya los hubiera escuchado antes. Una caricia lo regreso al presente. El hombre de cabellos blancos acaricio su labio partido y nariz rota. En sus ojos pudo ver una especie de anhelo, algo entrañable. Cómo si el arrepentimiento y la esperanza se tomarán de la mano.
Lentamente empezó a ser arrastrado por los brazos ajenos. Su cuerpo se dejó llevar y cuidar. Algo en el fondo de su corazón le decía que todo estaría bien. Que la vida lo empujaba a cosas nuevas y una vida nueva. Estas personas no eran malas y tampoco le harían daño. Su familiaridad calentó su pecho con sensaciones desconocidas.

-Aguanta un poco más lucerys, ya casi llegamos.- le susurro el platinado.

-Pero que mierda.- Su subconsciente lo hizo reaccionar. Estaba dispuesto a irse con unos completos extraños solo porque fueron amables. Que se jodan.
.
Frenético, empujó al extraño y corrió de regreso a la malla que lo separaba de la estación, la trepo tan rápido como pudo, quejándose en el proceso al rozar sus heridas con el alambrado. No se atrevió a voltear y corrió hasta que encontró la entrada de la estación. A lo lejos escuchaba el mismo nombre lucerys siendo gritado repetidamente.

Bajo las escaleras y se saltó el pase de cobro para subir al primer vagón. Justo cuando apenas se cerraban las puertas pudo ver al tipo del parche llegando a la estación. Se veía alterado, mirando frenético a todos lados, hasta que sus miradas se encontraron.

En ese microsegundo, por primera vez en años, sintió una emoción que jamás lo había atravesado.

Nostalgia.

El tren siguió su curso y perdió de vista a esas personas. No le importo a donde lo llevara, siempre fue bueno con los lugares y las direcciones. Su verdadera preocupación era lo que acababa de pasar. Su mente repetía la escena una y otra vez.

Sentado, pudo ver en la ventana su reflejo. Tenía la nariz y labios morados. Sus rizos estaban alborotados por la persecución. Cerrando los ojos decidió que no le daría importancia al suceso. No había razón para preocuparse por unos locos y sus delirios.

Tal vez si Luke se hubiera quedado habría recuperado a su familia.

Tal vez si Luke se hubiera quedado habría recuperado sus recuerdos.

Tal vez si Luke se hubiera quedado habría recuperado su pasado.

Pero, Luke se fue. No miro las lágrimas en el rostro de Helaena. No miro la frustración de Jacaerys y como golpeaba furioso una pared. Y no miro como el ojo descubierto de Aemond estuvo observando el mismo lugar por el que el metro se fue. Sin parpadear, sin distracción. Con ambas manos apretadas hasta que las venas comenzaron a marcarse.

 

Solo ahí, de pie, mirando.

Notes:

Leyendo de nuevo la historia de "Mala suerte" que publique hace tiempo me di cuenta de que tenía que reiniciar la temática de Lucerys encontrándose con gente que no conoce hasta que empieza a hacerlo.

Tengan paciencia, hace tiempo que deje de escribir así que estoy retomando la experiencia.