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No lo terminaba de entender. Tampoco sabía cómo solucionarlo.
Había pasado un tiempo desde que empezó a agitarse de esta forma. No es algo que dejase entrever a sus compañeros, pero cada vez que se encontraba cerca de Kyoya, se sentía acorralado, algo que no ocurría ni en sus batallas más desbalanceadas contra los Momo. Los síntomas eran claros, corazón agitado, sudoración fría por la parte de la nuca, tensión muscular en zonas como los brazos y las piernas y aunque Mudano siempre fue alguien de pocas palabras, a su lado sentía que olvidaba por completo como generar sonidos para articular palabras. ¿La causa? Siempre ocurría al lado de su amigo que se preparaba para la unidad médica de la agencia Oni.
En un inicio llegó a la suposición de que era algo que podría pasarle con cualquiera a quien le tuviese aprecio, pero al acercarse a Masu no encontraba las mismas dificultades físicas para desarrollarse con normalidad. Por lo que descartó por completo esa opción (no es como que su lista de allegados sea demasiado extensa).
Por eso mismo empezó a rebobinar sus encuentros una vez tenía tiempo en soledad. Analizar por qué se daban y si es que sentía algún tipo de peligro cerca del de hebras salmón, cosa que tampoco aplica a su predicamento pues tras haber pasado por situaciones de tensión en su corta vida, cortesía de su raza de nacimiento y que son vistos como amenazas, llega a la conclusión que lo que siente con Kyoya en definitiva no es ese tipo de tensión. También ha logrado deducir que no siempre ha sido así.
Todo esto ya que decidió que solo analizar eventos recientes no sería suficiente para completar su estudio. Así que trato de recordar su relación desde que estaban en primero en Rasetsu, cuando se conocieron en esa prueba y como nunca se sintió de esta forma aun cuando su contemporáneo siempre fue el más extrovertido de los tres y una persona que definitivamente desconoce el concepto de “espacio personal”. Si tuviera que definir una época en la que empezó está sensación sería a finales de su segundo año y estando en inicios de tercero, solo se ha ido acrecentando.
No estaba siendo eficiente. Normalmente solo iría directamente hasta Kyoya y le preguntaría ya que al estar capacitado en temas de medicina seguro tiene una solución, pero saber que es a causa suya seguramente le ponga triste. No se lo demostraría, le diría algo como “¿Eh? Eso es cruel Dannochi” pero estando solo no dejaría de darle vueltas, con un puchero en la cara.
No se vería mal, se vería bastante lindo. Pero Kyoya siempre luce lindo. Solo verlo con las mejillas un poco infladas piensa que no sería tan mala opción consultarlo con él.
—¿Dannochi? — Enfrente del sujeto de su dilema y habiéndose hecho a la idea de consultárselo, acabó por quedar en completo silencio. En su defensa, su compañero decidió almorzar bajo un árbol y no dejaba de ver esa hoja que se había posado en su mejilla. Ah, ahí está el puchero, también ladeó un poco la cabeza, le recuerda a un gato — ¿Me estás escuchando?
Sin poder evitarlo, su mano se acerca hasta poder retirar la hoja, logrando tocar un poco de la piel de su acompañante qué se tornó rosada al segundo — Hablabas sobre lo que querías ver y comprar en tú salida a Hokkaido con la unidad de apoyo y que como no te diría qué quiero de recuerdo ya pensarías en que traerme. Tenías una hoja.
La luz que se cuela entre las hojas del árbol le da una sensación etérea, casi como si Kyoya no fuese de este mundo y junto a su expresión, se plantea la idea de tomar una foto y quedarse con el recuerdo. Suele estar de acuerdo con la norma de Rasetsu de prohibición de celulares, pero en estos momentos se le cruza el pensamiento de que le gustaría poder capturar una imagen de Kyoya estando así — ¿Ah? Ah, sí, sí. Claro Dannochi. Deberíamos ir yendo, dentro de poco sonará la campana y sé que odias llegar tarde a clase. —
Se lamenta de la velocidad con la que su amigo se levanta y que perdió la oportunidad de preguntarle sobre su dilema. No es nada eficiente la forma en la que se distrae. Otro síntoma que añadir a esta sensación a la que aún no puede darle un nombre.
Las clases siguen su rumbo y al final de éstas planeaba acompañar a Kyoya quién le había pedido ayuda con sus maletas, pero de pronto dijo que recordó algo muy vergonzoso y que ni él ni Masu podían entrar a su habitación hasta nuevo aviso.
Que extraño. Kyoya nunca rechaza cualquier tipo de proximidad, ya sea que la imponga o se la ofrezcan.
Es así como mientras observa el barco alejarse con Kyoya, su predicamento queda en Stand By a la vez que parece empeorar.
En clases se queda observando el puesto de Kyoya quién se suele sentar al lado suyo, se queda unos minutos esperándolo en la puerta a la salida por costumbre, las conversaciones no pasan de un “Qué incómodo” de Masu en los descansos (cosa con la que concuerda, Kyoya tiene la increíble capacidad de hablar por los dos) y en las noches encuentra complicado conciliar el sueño mientras que su cabeza se llena de imágenes del cobrizo y una opresión le llena el pecho. Su estado empeora cada día y no puede quedarse así solo siendo alguien que pierde tiempo que debería ser efectivo.
Esto lo lleva a recurrir a Masumi. Su otro compañero no tiene los conocimientos médicos con los que cuenta el de lunares, pero siendo de la unidad de reconocimiento seguramente sabe lo suficiente para poder darle una solución por más temporal que sea. Lo que recibe tras hablarle de los síntomas, la causa y que se está agravando con cada día, es un chasquido de lengua del más bajo como expresión de molestia.
—Déjalo Mudano, no tienes gracia. Esa fue de lejos la broma más patética que escuché para estar tan ridículamente elaborada. Es bueno que seas fuerte porque de payaso solo tienes ese ridículo chiste—
—¿Qué parte pareció una broma? He estado documentando todo y no considero que sea algo para tomarse a la ligera. Si no te quedó algo claro puedo buscar otra forma de explicarlo — A Masumi solo le tiembla un ojo, suspira y se masajea la cien, alcanza a escuchar “Mira que para ser idiota” escapar a modo de susurro.
—Nunca creí que tendría que llamarte a ti de entre todos retrasado, Mudano— Posa sus dos índices en la cien, repitiendo el gesto en movimientos pequeños muy seguramente para acentuar su punto — ¿De qué sirve ese estúpido cerebro tuyo si no eres capaz de darte cuenta de algo tan obvio?
—No tengo capacitación médica más allá de primeros auxilios para poder emitir un reporte sobre lo que me pasa. Además, todos tenemos diferentes fortalezas y la mía no radica precisamente en el área de la salud.
—Lo que tienes, imbécil, no es nada médico. Se llama “amor” y tú junto a tú estúpido cerebro están enamorados del intenso metiche de Kyoya— mientras dice eso apuntando a su pecho, Mudano analiza lo que le acaba de decir como si fuese la revelación más grande que ha tenido hasta el momento. Las relaciones jamás han sido lo suyo y quien le suele enseñar de ellas es precisamente, quien está lejos en este momento y quien, al parecer sin su consentimiento, decidió enseñarle todo tipo de relación interpersonal y social.
—Hmm. Tiene sentido — Es lo único que suelta ocasionando que una vena se le brote al más bajo. Considera que tal vez él no necesite medicamentos, pero su compañero podría probar algo para esos niveles de cortisona con los que suele manejarse — ¿Qué se hace cuando se está “enamorado” para dejar de sentirse negativamente? Según lo que Kyoya nos dice y de lo que he leído de sus novelas, el amor es un sentimiento maravilloso que no debería sentirse así.
—Ese no es mí problema. Resuélvelo tú solo, idiota. Usa ese pedazo de carne qué tienes para algo que sirva, tsk. Me largo, no soporto tú estupidez —
Tras quedar solo Mudano se encamina hasta la biblioteca para poder investigar más a fondo los pasos a seguir y prepararse adecuadamente. Así es como el sentimiento de opresión en su pecho se cambia a uno de añoranza y expectación, y el tiempo perdido en tiempo usado en planificación y ejecución. Tal como Mudano siempre es.
Por eso cuando el barco qué lleva a su interés amoroso está de regreso a puerto en la Academia, Mudano está ahí listo para recibir a Kyoya quién baja apresuradamente con una carga excesiva de energía a saludarlo. Aunque Masumi dijo que se negaba a vomitar con la actuación acaramelada que iban a montar, presiente que está por los alrededores escondido.
—¡Dannochi! No es muy usual que me recibas tras los viajes porque dices que “igualmente llegarás a mí cuarto así que sería poco eficiente”. ¿Acaso me extrañaste? — En cuanto acaba su excesiva verborrea, baja la mirada, fijándose en la maceta qué el moreno tenía en sus manos — ¿Eh? ¿Y eso? ¿Dejaron alguna asignación de jardinería?
Mudano solo le extiende la maceta qué Kyoya toma como su cara expresando toda la confusión del momento — Es para ti, está en una maceta ya que esto puede prolongar su vida con los cuidados adecuados. Necesitan de luz indirecta, evita que les dé el sol directamente, idealmente con temperaturas ambiente entre los 18 y 24 grados Celsius. Riegalas solo cuando sientas que la tierra está seca — En eso, es interrumpido por el recién llegado.
—Wow Dannochi, espera, me estás confundiendo. ¿Me estás delegando una responsabilidad o es una tarea en conjunto?
—Aún no término. Escogí específicamente las gerberas ya que su tamaño permite que puedan crecer en una maceta y así puedes ayudarla a crecer en tú cuarto, así como también tuve en cuenta su significado que es “amor, romance y pasión”. Respecto a tus preguntas, no, no es una asignación, no, tampoco es una responsabilidad, es un regalo y sí, te extrañe mucho—
Kyoya quedó estupefacto durante varios segundos, sin apartar en ningún momento sus ojos de los oscuros, con la misma cara de confusión que al inicio. Mudano viendo que tal vez estaba pensando en una respuesta se adelantó a tomar su maleta para ayudarle a llevarla a su lugar en lo que se decidía, pero en cuánto pone su cuerpo en movimiento para regresar al interior de la academia, la voz cargada de pánico del cobrizo lo detiene —E-espera Dannochi, no estoy entendiendo nada de lo que me quieres decir.
—Hmm, que raro, creí que sería lo suficientemente directo— deja la maleta donde está y mira nuevamente a Kyoya sin apartar la mirada — Lo que quiero decir es que me gustas—
Las mejillas del practicante se tiñeron rápidamente de rojo y la maceta se resbala de sus manos, siendo rescatada por Mudano tras esa declaración — Sí quieres rechazarme, no es necesario hacerlo tirando un regalo, es de mala educación
—¡No no no no no! Espera, espera, esa es una broma muy cruel Dannochi, solo necesito un poco para recomponerme, pero no juegues de esa forma. Por un momento me lo creí.
—No hago bromas y lo sabes—
—Pero… tu dijiste… que no te interesa el amor —
—No me interesa el amor, me interesas tú—
El momento que hace unos segundos era caótico pasa a nuevamente ese silencio incómodo de hace un rato. A Mudano no le extraña la posibilidad de que lo rechacé, más algo le punza el pecho — Está bien. Solo espero que esto no— no es capaz de articular en final de la oración pues escucha un murmullo de sus labios qué es incapaz de entender — ¿Hmm?
—¿Desde cuándo?
—Probablemente finales del año pasado.
—¿Por qué no? … Hasta ahora…
—No me había dado cuenta del cambio de mis sentimientos por ti. No sé mucho de relaciones interpersonales.
—…gustas— Apenas es capaz de distinguir aquello
—No te pude escuchar, Kyoya.
—Tú también me gustas—
Oh…
Oh.
Bueno, eso lo resuelve todo, piensa mientras siente algo similar a como si su corazón estuviese llenándose de sangre y que hace unos segundos no fuese más que un tanque vacío. Lo que no tiene sentido porque el corazón está en constante funcionamiento y de detenerse sería un paro cardíaco. — Entonces con eso está decidido—
—¿Eh? —
—Tú me gustas, yo te gusto así que según lo normal estamos ahora en una relación ¿no es así?—
—Pues sí, pero—
—Ya hablaremos de los detalles, si no regresamos a la academia aumentarán las probabilidades de que te resfríes y no me gustaría que mí…— lo piensa, se detiene un segundo para ver al aún estupefacto hombre frente a él — novio, enfermase en nuestros primeros minutos de relación. No sería eficiente.
Dicho eso, con una mano toma la maleta para transportarla y la otra la pasa alrededor de la cintura de quién ahora es su pareja, pues está ocupado con la maceta y lo último que quiere es que se caiga por estar tan distraído. Ante su acción, Oiranzaka suaviza su mirada y ríe, ah, parece que ha vuelto a la normalidad.
—No eres muy bueno con tus palabras, Dannochi — mira las gerberas, su mirada cargada de cariño — Es una suerte que tus acciones puedan hacerlo por ti.
Si pudiese ser poético, podría describir este sentimiento como esas novelas que relatan que el amor es como un fuego artificial o una lluvia tras estar en medio de la sequía del desierto. Para Mudano, era como gerberas floreciendo en las manos de Kyoya con un cuidado constante y atento. Sin imponerse del todo, pero siempre presente.
Y el primer beso, que Kyoya le dio tras sus palabras, probablemente es como una semilla que acaba de dejar una gerbera solitaria qué está a punto de formar un jardín.
