Chapter Text
「 I guess no one ever taught you
how to be a real man
Would you hold it down and take it
if I gave you a chance? 」
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I.
Han pasado tres años desde lo ocurrido en Edonia en el año 2012.
Sherry Birkin sigue siendo una exitosa agente de su país, Estados Unidos, cada vez es más reconocida entre los suyos, convirtiéndose en una ídola tal como Leon S. Kennedy o Claire Redfield, a quienes ella considera sus ejemplos a seguir. Con 30 años de edad y una realidad tan estable, se terminó comprometiendo con uno de sus compañeros. Todo el mundo envidiaba a Christopher Grimm, el hombre afortunado de tener como futura esposa a una mujer tan bonita, hábil, inteligente y respetable como la señorita Birkin. A escasos meses de la tan esperada boda, Christopher y Sherry estaban teniendo un recorrido por una de las casas que eran candidatas para su próximo hogar.
—Creo que esta sí es la buena, cariño. —dijo Sherry volteando a ver su prometido —. Es muy linda y espaciosa, ¿No te parece?
—Creo que sí. —respondió él con una media sonrisa —. Definitivamente este será nuestro nidito de amor, cielo.
Se miraron a los ojos y se dieron un pequeño beso en los labios, ¿No eran tiernos? Tanto cariño, tantos buenos tratos, tanto dinero para costear lo que sería la boda del año... Vaya, la vida que muchos quisieran pero que no todos podían alcanzar por más que dedicaran su vida en ello. Un excelente caso de estas injusticias de la vida era Jake Muller, el joven de 23 años de edad que alguna vez fue compañero de la ahora futura novia Sherry.
Seguía siendo un mercenario, era el trabajo que probablemente jamás dejaría, pues era lo único que sabía hacer bien y que había hecho gran parte de sus días en la tierra. Sin embargo, ahora más que ser un simple mercenario, sus servicios se extendieron un poco hasta llegar a ofrecer lo que un asesino a sueldo hace.
Es importante mencionar que, a pesar de anunciarse como sicario, no había tenido encargos referentes a eso hasta un día jueves 26 de abril del año 2015. Un hombre trajeado lo citó en un lugar poco recurrente en algún rincón de Inglaterra.
—Es una puta arpía. —dijo el misterioso varón con odio en sus palabras —. De verdad me enferma que esa mujer siga viviendo en mi propia casa...
—¿Pero qué te hizo, hombre? Tampoco pienso darle cuello a una pobre anciana para que te lleves su herencia. —mientras hablaba, Jake le daba vueltas en el aire a una navaja, recargado en la pared, mirando con desgano al tipo frente suyo.
—No es una anciana... La muy perra se acostó con mi jefe. Trabajamos juntos y el puesto que me iban a dar a mí se lo dieron a ella por andar abriendo las piernas, ¿Te parece eso justo? Denunciarla no es una opción, mi jefe la respalda y piensan demandarme si hago algo. —fastidiado de contar su historia, el hombre escupió al piso —. No te pido que los mates a ambos porque eso sería muy sospechoso.
—¿Y que tu esposa muera repentinamente no es sospechoso? —cuestionó Jake —. Supongo que nadie te enseñó a ser un hombre de verdad, eh.
—Nadie sospechará. Vivimos en una zona peligrosa, seguido hay balaceras y asaltos, no sería muy descabellado que hubieran entrado a nuestra casa a robar y la hayan matado en el transcurso. —se acercó más a Muller, alzando la mano —. Además, te estoy pagando una millonada por esto, ¿No lo aceptarías si te diera la oportunidad? Sólo un imbécil dejaría pasar esta oferta... Venga, ¿Es un trato? Te mandaré la ubicación por correo, el dinero te entregaré por adelantado si es que aceptas.
Tentador. Para Jake, las banalidades como la infidelidad no era un buen motivo para que alguien muriera pero tampoco lo sentía como algo fácil de sobrellevar. Aquel varón le ofreció una cantidad exagerada de dinero que le caería muy bien en esos momentos. Se imaginaba dándose unas vacaciones por unos tres meses, viajar a uno o dos países y darse la vida de un rey en ellos.
—Acepto. —respondió el más joven dejándose llevar por esa repentina fantasía —. Pero quiero que sepas que eres un imbécil por hacerle esto a tu mujer, espero que no sea muy linda o me veré tentado a enamorarla y huir con ella y con tu dinero.
El hombre rió, negando con la cabeza mientras extendía su maletín, abriéndolo frente a Muller, mostrándole así la enorme cantidad de billetes americanos, incontables fajos gordos acomodados satisfactoriamente.
—Espera, hombre... Estos son dólares, ¿No me digas que...?
—Tu vuelo a Estados Unidos sale mañana por la mañana, Jake, y en la noche sucederá lo esperado. —le entregó el pesado maletín que el joven cargó como si de una pluma se tratase —. Te esperarán en el aeropuerto al mediodía... Recuerda revisar tus correos en espera de instrucciones.
—Bien, como quieras. Hasta entonces. —dicho esto, alzó la mano a modo de despedirse y se largó del lugar con una calma impresionante, pues dentro de él había algo de nerviosismo por el simple hecho de tener que atentar contra una dama. Suspiró; en sus vacaciones olvidaría todo seguramente.
[...]
Despertó temprano, fue a cinco dferentes bancos para depositar una cuarta parte del dinero a su cuenta, todo lo demás lo tuvo que utilizar en pagar la renta de un año de un departamento y esconder el resto en este. Fue a darse un desayuno de campeones y tomó un taxi directo al aeropuerto.
Las 11:55 am, buena hora para llegar al lugar acordado.
El cliente le indicó a Jake que esperara junto a una jardinera de las que estaban afuera, puntualmente llegarían tres hombres por él y lo llevarían en un avión privado a Estados Unidos donde se hospedaría en un hotel cerca de donde vivían él y su esposa. Esperaría hasta las 8:30 pm para intervenir en la casa, a las 9:00 su víctima estaría en casa, debía actuar con rapidez porque para las 9:30 tendría que haber huido al aeropuerto más cercano en donde nuevamente le esperarían y le llevarían a Italia. Ya en ese país Jake era libre de hacer lo que quisiera con su vida. Eso sí, tenía prohibido preguntar nombres, preguntar por personas, pedir números e interactuar con cualquier persona que no fuera un empleado de alguna tienda de autoservicio.
—Vaya mierda... —murmuró Muller —. ¿Tantas indicaciones para matar a una mujer infiel? Comienzo a creer que este imbécil no trabaja para una empresa cualquiera.
—¿Jake Muller? —preguntó repentinamente un hombre vestido en traje verde oscuro —. Necesitamos que nos acompañe.
—No me han dicho la palabra secreta. —respondió él con tanta seriedad que el trío frente a él se desconcertó, se miraron los unos a los otros y murmuraron algunas cosas hasta que el joven soltó una estruendosa carcajada —. Venga, no hay tal cosa. Vámonos de una puta vez.
Y así, escoltado por tres, Jake voló de Inglaterra a Estados Unidos durante 7 horas en un cómodo avión privado con una sola azafata que lo atendía como a un rey. Al llegar lo fueron a dejar hasta la puerta del hotel; uno algo pobre pero entendible por la miserable zona.
—¿No trajo nada con usted? —preguntó uno de los hombres que habían ido a recogerlo al aeropuerto.
—No es necesario, hoy mismo me regreso, ¿No? Si necesito ropa la compro y ya, al cabo que el dinero es lo que sobra. —y con esa actitud tan despreocupada subió a su habitación, se echó en la cama y prendió el televisor. El hombre que lo contrató contaba con menos de dos horas para darle la ubicación exacta de la casa y proporcionarle instrucciones detalladas de cómo quería que terminara con la vida de...
—Una mujer. —murmuró Jake —. Mataré a una mujer.
Le apareció un horrible sabor en la boca y un remordimiento más grande que todo el dinero que le dieron. Fue al baño a lavarse la cara; sí, seguía despierto y sí, lo iba a hacer.
