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Sangre de Dragón — Siempre unida.

Summary:

Los rumores de los ancianos dicen que existe algo poderoso en el mundo, que va más allá de la razón o pensar: El destino, el lazo entre un alfa y Omega hechos el uno para el otro.

Maekar y Baelor lo ponen a prueba.

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Au Omegaverse: Mención del mpreg (embarazo masculino), lenguaje vulgar, problemas familiares, relaciones sexuales, infidelidad, incesto Targaryen (típico).

¡Lee bajo tu propia responsabilidad! Si no es de tu agrado te invito a retirarte 🫰🏻

Si estás temáticas son de tu gusto... ¡A disfrutar! 🖤

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Maekar siempre sintió que era a quien los dioses odiaban. No tenía suerte.
Nació como cuarto hijo y el último. Una desgracia para muchos, un niño Omega…
Para su padre no. Daeron nunca lo trato como menos en ese aspecto, al contrario amaba a su hijo y agradeció a los dioses por aquel regalo. Sin embargo, a Maekar no le conformaba ser amado por su padre, ya que seguía siendo el hijo del Rey y por ende un príncipe con obligaciones y un futuro como consorte de algún Lord de buen prestigio. A Maekar se le revolvían las tripas de solo saber que debería abrir las piernas para un Alfa que ni conocía.

Su madre decía que no era tan malo como sonaba. Él no le creía. No podía.

No cuando veía los rostros hambrientos de algunos señores poderosos. Maekar juraba verles relamiendo sus labios y posando su vista depredadora sobre él mientras reían por comentarios de mal gusto. ¿Qué guarradas estarían diciendo? Maekar prefería no saber, pero eso no le quita el mal gusto en la boca.
La sangre se acumulaba en su puño cerrado mientras apretaba la mandíbula con disimulo.

¿Nadie se daba cuenta?

— ¿Estás bien? — Su hermano mayor apareció tras sus espaldas, posando una mano sobre su hombro, haciendo sobre saltar al platinado. Maekar lo miro con expresión de asombro, pero a la vez una calma lo invadió.

Sintió que las miradas ajenas se reprimían.
«Idiotas…» pensó.
Todo el mundo respetaba a su hermano mayor, y aunque no era una amenaza, seguía siendo un Alfa dominante, así que todos alfas menores le tenían miedo. Eran patéticos.
«Mi hermano es el único Alfa que vale la pena. Que me gusta su olor.»

En la rama actual de la familia Targaryen todos eran betas. Daeron II, Myriah, Rhagel, Aenys.
Los únicos diferentes eran él y su hermano Baelor. Su favorito.

— Estoy bien. Me hiciste asustar. — murmuró lo último, pero Baelor le escuchó y sonrió.

— ¡Lo siento! Solo que habías empezado a oler agrio…

¿Era eso? ¿Su hermano se acercó porque no soportaba su olor de Omega enojado? Una inseguridad invadió a Maekar, no quería ser desagradable para su persona favorita.

— Estaba preocupado. — Continuo. Y a Maekar se le despejaron todas las dudas. Su hermano era el hombre más bueno de los 9 reinos. — Además no soy ciego. — Agrego, mientras echaba una mirada sería a los alfas que habían estado mirando a su hermanito. Un gruñido primitivo se escapó de sus labios y los alfas se corrieron del lugar.

Maekar contenía una sonrisa.

— Gracias. — Dijo tratando de contener su tono de voz para no sonar emocionado al respecto de ser protegido de alguna manera por el Alfa, quien había esparcido sutilmente sus feromonas. El Omega lo notó, pero no dijo nada. ¿Era raro que le gustará ser celado por su hermano?

— No tienes que agradecer. Ningún Alfa tiene derecho a ser irrespetuoso con vos, sos el príncipe Maekar, sangre de dragón… — Baelor acarició su rostro y luego corrió su fleco plateado largo por detrás de la oreja del Omega.

Maekar tenía ganas de ronronear. Sus mejillas estaban ligeramente rosadas y sus feromonas ligeramente notables. Aunque las controlaba muy bien, después de todo era un Omega dominante.

Si alguien los viera pensaría que son hermanos muy cercanos y tiernos entre ellos, aunque la realidad pesaba. Entre ellos había una química que sobrepasaba la hermandad, un sentimiento primitivo desde la raíz de un Omega con un Alfa.

Su propio padre los veía como “tiernos” prefería a sus hijos juntos y compartiendo todo el rato antes de peleando y conspirando uno con el otro (como ha pasado ya en otros tiempos…). Jamás recriminó a Baelor por pasar poco tiempo con su esposa y solo tener 1 hijo, aunque ya le había mencionado a su primogénito que al menos debería tener dos.
El Alfa, con el semblante sereno como de costumbre, le respondió que no se preocupara.
“Cumplire con mis deberes como heredero al trono de hierro, padre” — Fue lo único que dijo antes de hacer una reverencia e irse.
Baelor debía admitir que su esposa no inspiraba nada en él, no es que fuera fea, simplemente era una beta sin gracia más que su buen nombre.

— Hueles bien. — Dijo acercándose al oído de Maekar mientras lo atraía a su pecho en un abrazo. El olor agrio había desaparecido. — Me gusta mucho tu olor cuando se que estás bien. — Sonrió.

— ¿Qué cosas dices? — Maekar se escondió en su pecho, ruborizado, deseando que nadie notará lo íntimo de la situación. Por suerte andaban en un rincón del gran salón y ya todos estaban muy ebrios para esa hora.

Sólo había una mirada que no pasó desapercibida. La mirada café de su madre estaba afilada. Ella entrecerró los ojos y suspiró. “Malditos genes Targaryen” Pensó mientras mecía su sien. No era tonta, entendía la situación.
Ella los parió a ambos, los conocía mejor que nadie, sobre todo a Baelor, su hijo favorito.
Veía como los ojos de su único hijo alfa se iluminaban con dulzura y devoción silenciosa cuando compartía un momento con su hermano, como las feromonas los rodeaban y se volvía territorial.
Baelor no hacía eso con nadie, nadie despertaba su lado más posesivo y sincero. Nadie le importaba tanto como Maekar.

Y en el caso de Maekar, Myriah notaba como su último hijo que se la pasaba gruñendo y de malas, se veía vulnerable al lado de su hermano, como si bajará la guardia por un segundo. El Omega era duro, severo y algo grosero para hablar. Sin embargo, jamás insultó a Baelor, tampoco hizo falta. Tampoco le alejó o grupo. Era lo más genuino y la forma de amar de Maekar: Permitir estar.

— Son tan lindos juntos, me gustaría haberme llevado así de bien con todos mis hermanos. — Mencionó Daeron, sentado a su lado con la cara tintada de inocencia. A Myrian le conmovía. - Tal vez vez se hubieran evitado guerras -

— Si. — Dijo fingiendo demencia. Haciendo la sonrisa mejor actuada que pudo y desviando la vista para no darle más lugar al tema. — ¡Bebamos! — Alentó, sujetando la mano de su esposo y arrastrándolo a la otra punta de la sala, donde hombres y mujeres bebían y cantaban.

Baelor notó aquello y de alguna forma se alegró. Quería que su familia fuera consciente sin tener que decir nada. Estaba algo molesto con ellos por casarlo sin su permiso. Pero entendía que fue por la corona, un matrimonio político nada más.

Además no podía pedir la mano de su hermano en ese entonces, ya que Maekar no se había presentado cuando se casó. Tenía 13 años y una presentación tardía. Es decir, no había pasado su primer celo como Omega, por ende se decía que no estaba “Maduro” o “apto al matrimonio” ya que hasta pasado el primer celo, los Omega macho no son fértiles.
Baelor se casó con solamente 17 años.

— ¿Nos vamos a otra parte? — Susurro el Alfa contra el oído del Omega, quien solo asintió.

Ambos se retiraron del lugar y no volvieron a aparecer hasta el día siguiente.

… / Antes de eso…/

Al año siguiente, en sus 15, Maekar vivió su primer celo y el inicio de su tortura. Su olor se intensificó, los alfas empezaron a mirarle con ojos mal intencionados y los malos comentarios hacia él no dieron fin, ya que Maekar no encajaba en el estereotipo de Omega. No era bajito, delicado ni mucho menos de carácter tranquilo y sumiso.
Maekar era capaz de luchar contra alfas en los entrenamientos y vencerlos. Antes lo admiraban por ser el hijo del rey y digno guerrero. Ahora lo despreciaban por eso mismo y murmuraban, porque no estaba bien visto eso en un Omega que debería estar preparándose para el casamiento y luego llevar cachorros.

Ese año, por primera vez en su vida, Baelor también fue criticado.

— Lady Jenna aún no da noticias de estar en cinta mí señor. — Dijo el maestre frente a Daeron y Myriah.

Habían pasado dos meses del casamiento y 2 días desde que Maekar se presentó como Omega.

— ¿Comprobaron que lo consumaron? — Miró a los dos septons. Con mirada severa. Myriah sabía que todos en el castillo tenían una debilidad por Baelor, si incluso él les pedía mentir -con su sonrisa amable y ojos bicolor cálidos- lo harían.

Ellos asintieron. Pero sin mirarla a los ojos.

— Todavía es muy temprano. No hay que hacer presión sobre los recién casados. Son jóvenes…
Además los mejores huevos de dragón a veces tardan en romperse! — Dijo Daeron, tranquilizando el ambiente con su temperamento angelical y naturalmente bueno. Por eso lo apodaron así.

Myriah pareció tranquilizarse. La había convencido por ahora, pero la duda sembrada no se iba.

— Iré a ver cómo está Maekar… — Aviso la mujer después de un rato. No era la más unida a su hijo menor, pero no dejaba de ser una madre. Daeron asintió, sonriéndole. “Todo va a estar bien” dijo él a sus espaldas mientras ella caminaba a la salida. Ella esperaba que fuera así.

Camino por los amplios y fríos pasillos del castillo hasta dar con el último. Al final se encontraba el cuarto temporal que le dieron a Maekar para pasar su celo, pero antes de llegar a la puerta, unas sirvientas abrieron la puerta del otro lado.

Estaban llevando sábanas sucias, ropa para lavar y unos baldes de limpieza. Al parecer habían terminado de dejar el lugar impecable.

— Oh, mí señora. ¿Se le puede ofrecer algo?

Ella les miró sorprendida. Se suponía que nadie debía entrar al cuarto hasta que pasara el celo de su hijo. Solo le llevaban agua y de comer, pero no podían estar mucho tiempo cómo para limpiar.

— Ehh. A mí hijo…? — Sus cejas expresaron su confusión. — ¿Dónde está Maekar?

— Oh, el joven príncipe salió por la mañana de su cuarto y avisó que ya había pasado su celo. Nos pidió personalmente que limpiemos la habitación.

La mirada de Myriah se desvío a las sábanas, por impulso, estiró las manos y sujeto de un manotazo, dejando a las jóvenes ligeramente asustadas, Myriah no solía ser así. Pero un miedo interno la invadía.
El celo de un Omega sin atención dura al menos 5 a 4 días. Solamente se reduce el calor si el Omega es tomado y anudado. Rompiendo el ciclo de deseo reproductivo.
A Myriah se le había hecho un hueco en el corazón.

¿Alguien había tomado a su pequeño? ¿Cómo nadie decía nada? ¿Por qué Maekar actuó tan tranquilo?
Si alguien lo había tomado a la fuerza…prometió cortarle la verga con sus propias manos. Pero de no ser así, prometía castigar a su hijo. Un Omega deshonrado antes del matrimonio era un pecado, algo indigno.

La mujer extendió la sábana y examinó por todas partes. No había sangre, solo olor a sudor, pero eso era normal.

Se sintió cómo una loca. Una paranoica que no confiaba en su propio hijo. Suspiro pesadamente y dejo la sábana entre las manos de una sirvienta.

— Lo siento. En serio. — Estaba avergonzada. — Mejor me retiro.

Mira avanzo y las otras dos Omegas sirvientas quedaron atrás, muy lejos de ella.

— ¿Será que se dio cuenta de que las sábanas apestan a Alfa dominante? — Murmuró una de ellas entre risitas.

— ¡Lo dudo! Ella es beta, no podría haberlo sabido. Me pongo contenta por el príncipe Maekar, su madre es una castradora. — Respondió la otra.

— Si, sin duda. — Asintio. — Además nos pago muy bien por mantener este tonto secreto, los alfas lo hacen todo el tiempo y nadie les dice nada.

— El príncipe es muy generoso. Pensé que era un Omega creído y arrogante, pero solo es serio, tiene buen corazón! Aunque me preguntó que Alfa habrá sido el afortunado.

— Si, él siempre se muestra a la defensiva con otros alfas, cómo si los odiara a todos.

Ambas se rieron al unísono y continuaron sus labores sin volver a mencionar el secreto que se llevarían a la tumba fielmente.

Por otro lado, Myriah se encontró con sus hijos en el jardín tomando té con aperitivos. Una merienda simple pero familiar. Estaban al final del balcón interno, así que tendría que caminar hasta ellos.

Aerys estaba con un libro en mano, en un extremo de la mesa, sin prestar mucha atención a sus hermanos pero de igual forma compartiendo el momento.
Del otro extremo, Baelor estaba con la mirada perdida en el paisaje,como si estuviera pensando algo importante. Aunque su mano estaba disimuladamente entrelazada con la de Manejar por debajo de la mesa. Se veía radiante, cómo si combinara con el atardecer que los rodeaba.

En el medio se encontraban Rhaegel y Maekar charlando entre ellos.

— ¿Entonces ya estás bien? — Preguntó el beta de cabello castaño oscuro.

— Si. — Maekar asintió.

— Es una bendición, a muchos Omegas les dura entre 5 a 4 días. Incluso hay algunos que lo han vivido una semana! Que tortura…

Maekar lo miró con atención, pero no dijo nada. No quería prolongar ese tema.

— Nuestro Maekar es especial. — Dijo Baelor, volviendo de su reflexión y disociación.

Maekar se volteó a mirarlo. Sus manos por debajo de la mesa se acariciaron. No había que dar más explicaciones.

— “¿Nuestro?” — Replicó. Manteniendo su aura y reputación de Omega indomable.

— Bueno es una forma de decir… Eres NUESTRO hermano. — Remarcó la palabra. — Y especial así que…

— ¡Si lo es! — Interrumpió Rhaegel, quien no percibía la tensión mutua en el ambiente. No por ser beta. Era medio tonto para algunas cosas. — Maekar es súper fuerte y alto, incluso siendo un Omega es mejor que Aerys y yo luchando — Exclamó con entusiasmo. No envidiaban a su hermano. Incluso Aerys asintió en su lugar, dando la razón sin dejar de prestar atención al libro.

Maekar sonrió ligeramente. Estaba agradecido por los hermanos que los dioses le dieron.

— Hijos… — Llamó la atención de los 4, girándose a verla. Myriah estaba parada frente al primer extremo, cerca de Aerys. Maekar soltó la mano de Baelor por puro reflejo y este le miró con una expresión disimuladamente triste, pero tuvo que pretender que no le dolía ese pequeño rechazo. — ¿Cómo están? Me alegra que estén pasando tiempo juntos, pero debo hablar con su hermano. — Ella se escuchaba tranquila, alegre. Pero Maekar no podía evitar tensarse. — Maekar, ¿Puedes venir? — Los ojos oscuros de Dorne se posaron sobre el Omega, quien deseaba que su paz durará un poco más.

— Si, madre. — Maekar se levantó de la mesa, con la mirada en alto y la mirada firme, sin nada que tener, aunque su corazón latiera rápido y ansioso bajo la tela del traje Targaryen.

Caminaron hasta una sala de estar y Myriah le hizo una señal para que se sentará en el sillón. Maekar lo hizo. Y ella busco lugar en el otro sillón individual. Cruzó las piernas y respiro profundo.

— ¿Qué clase de Omega eres, Maekar? — preguntó ella. Sin rodeos, con una naturalidad abrumadora que hizo descolocar a Maekar. No parecía que estuviera hablando con su propio hijo y los filtros morales no servían de nada. — No te juzgaré. Mucho menos se lo diré a tu padre. — Por alguna razón el Omega se sintió tranquilo, pensaba que la primera en juzgarlo sería su madre. — Vengo de Dorne, un lugar orgullosamente libre y animado. No serías el primer ni el último Omega en sucumbir a sus instintos y encamarse con un alfa. — Maekar iba a responder pero ella no le dio lugar y siguió hablando. — Sin embargo, soy tu madre y reina. Tú eres mi hijo. Un príncipe. — Ella agachó la cabeza. Tardó unos segundos, pero la pregunta más abrumadora salió: — ¿Te forzaron? — Su mirada se alzó y se encontró con la de su hijo. En los ojos dornienses se reflejaba la preocupación y contención de llorar, no quería. No podía. Myriah nunca lloraba, decía que porque era inquebrantable: Una Martell.

Pero imaginarse a su hijo en el peor de los infiernos la ablandaba.

— No. — Dijo Maekar, casi sonando a un suspiro. No podía creer que su madre estuviera así por él. Por amor a él…
Después de todo… ¿Si lo quería?

— ¿Sabes quién es? — Myriah se levantó y caminó hasta quedar frente a él, luego se agachó y tomó la mano de su hijo.

Maekar asintió.

— ¿Te anudo? — Cuestionó. Maekar desvío la mirada, avergonzado. — Dime, no eres tonto para no saber lo que es un nudo.

— Si… — Dijo débilmente. Sin mirarla.

— Bien. — Myriah se paró y extendió su mano. Maekar no dudó y la sujetó. — Vamos.

Maekar no quería preguntar a dónde. Y no lo hizo. Su madre lo hizo entrar a su cuarto y dijo que la esperara.

Maekar lo hizo. Esperó alrededor de 20 minutos y su madre regresó con un vaso entre sus manos.

— Bebelo. Todo. — Dijo mientras se lo entregaba.

— ¿No me vas a envenenar, no? — Myriah bufó mientras Maekar inspeccionaba el contenido. No se veía bien ni de buen gusto.

— Te llevé 9 meses dentro, te parí y sufrí contracciones por 12 horas…¿y tu piensas que te mataría? Sería un desperdicio.

— Tiene sentido. — Maekar hizo fondo blanco. Sus expresiones confirmaron el disgusto. El líquido era amargo como el barro.

— Era Té de luna. — Mencionó después de ver el vaso vacío. Maekar lo entendió. Conocía los rumores e intenciones de ese té. — Tal vez genere un poco de mal estar estomacal pero estarás bien, cualquier cosa me avisas a mí o algún maestre.

Maekar asintió sin decir una palabra.

— ¿No dirás nada?

Maekar tardo en responder, pero finalmente dijo: — Gracias. No quiero cargar con un bastardo.

Myriah sonrió conmovida. Su hijo era maduro al entender al menos esto.

— De todas formas iba a conseguirlo por mí cuenta. — Mencionó el Omega.

— Deberías haber acudido a mí desde un principio.

Maekar volvió a guardar silencio. « Nunca tuvimos esa confianza, madre » pensó.

— Esto nunca pasó. ¿Okay? — extendió su mano, lista para sellar el trato.

— Nunca pasó. — Maekar sostuvo la muñeca de su madre. Ambos se vieron con seriedad. Respeto y complicidad.

— Que no vuelva a pasar. Es peligroso para tu reputación y también para tu cuerpo, no es sano beber mucho Té de luna.

— Por supuesto madre.

Fue lo último que dijeron ese día.
Sin embargo, su relación no cambió. Fuera de ese día, ambos mantenían sus distancias.
Incluso, Maekar volvió a tomar té de luna más tarde y no le dijo a nadie.

… / Después de eso…/

Dos meses después se anunció que Baelor esperaba su primer hijo con su esposa. El reino celebró, pero a Maekar se le hizo un nudo en la garganta.

— Estúpida Dondarrion. — Escupió con bronca. Aunque en realidad no la odiaba, mucho menos le haría daño. Sabía que así eran las cosas y tarde o temprano pasaría.

Abrazo su almohada y suspiró contra la funda.

Un pensamiento fugaz le hizo sonreír.

— Pero yo fui su primera vez. — Le encantaba saberlo, sentirse el primero, el único con el derecho a ese título “El primero”.

« Y él el mío. » Era muy íntimo, casi territorial.

Era algo que ninguno olvidaría.

Baelor por primera vez en su vida se había mostrado nervioso y sin saber que hacer, pero luego las cosas fluyeron.

Baelor había pospuesto encamarse con su esposa poniendo la excusa de que esperaría a que ella se sintiera cómoda con él. Ella estaba encantada, incluso ya le miraba con calidez y respeto. Ella pensaba algo así como “¡Me saque la lotería, es el más bueno!” - Estaba equivocada. Es decir… Baelor si era buena persona, también inteligente y respetuoso pero…

En realidad no quería tener sexo con ella porque tenía miedo que no se le parara la verga e hiciera sentir mal a la chica. No quería ser cruel, pero realmente ella no le provocaba nada, no podía fingir desear algo que no pidió.

Pero luego de compartir un celo con su hermano, tenía las hormonas a flor de piel.
Baelor estaba siendo atormentado por los recuerdos de esa noche.
Solo podía pensar en su hermano, bajo su cuerpo, desnudo, dudando, caliente.
Con las piernas abiertas de lado a lado de su cintura, enredandose y aferrado a su espalda arañada mientras pedía más.
Su boca estaba entreabierta soltando quejidos de placer y suspiros entre cortados por la invasión completa que sentía en la parte baja de su cuerpo.

Pensar que Baelor había tenido miedo de moverse por miedo de lastimarlo. Y ahora no podía parar. No quería. Deseaba llegar hasta el final.

— Baelor, Baelor. — Llamó a su alfa entre gemidos entrecerrando los ojos. — Yo- ahg, siento que me vengo en cualquier momento.

— Entonces vente para mí, mí amor. — Maekar sintió sus orejas quemarle de la vergüenza y enrojecerse por el apodo. Baelor lamió el lóbulo de su oreja calurosa y Maekar se contrajo mientras el Alfa aceleraba las embestidas. Él también estaba cerca.

En un gemido desgarrador, Maekar fue el primero en derramarse sobre las sábanas y su propio vientre mientras las paredes de su vagina se contraían y apretaban con fuerza a Baelor, quien no dejó de moverse, aún con el nudo en la punta de la base a punto de estallar.
Se inclinó hacia su Omega y lo beso con pasión mientras sus dedos se entrelazaban y cerraban en un contenedor agarre.

Baelor gimió roncó, liberándose en el interior de Maekar, llenándolo por completo.
Maekar se quejó ante la nueva sensación. Se sentía lleno, pesado, pero satisfecho.

El gemido escandaloso fue silenciado por un último beso entre ambos. Lento, íntimo, lleno de emociones y sensaciones nuevas para ambos.

— Te amo. — Dijo Baelor, mirándolo fijamente con devoción mientras intentaba regularizar su respiración.

Beso la coronilla de la frente del Omega y se acostó a su lado con cuidado, permanecieron en una especie de abrazo obligatorio por culpa del nudo. Sus piernas permanecían entrelazadas y sus torzos pegados uno al otro.

Maekar uso de almohada el brazo del mayor y suspiró contra su pecho descubierto.

— Yo también te amo. Eres a quien más amo en todo el mundo. — Maekar no se atrevía a verlo, pero si a decirlo.

Con delicadeza, sus dedos levantaron el mentón del Omega. Sus ojos volvieron a encontrarse intensamente.

— Tú también eres a quien más amo.

Y se besaron. El resto es historia.

… Y en conclusión, solo pudo consumar su matrimonio pensando que se estaba encamando con Maekar.

— A mí me ama más, Jenna. Lo siento. — Sonrió el Omega, una malicia escondida -que solo los celos posesivos sobre baelor provocan en él-.

Después de un rato su estómago rugió. El llamado a la comida fue rápido.

Se arregló la ropa y acomodó su cabello largo platinado. Se vio una última vez al espejo y práctico su mirada seria y malhumorada. Salió del cuarto con su típico semblante y caminó hasta el comedor, ya era hora de la cena.

— Llegas temprano. — Dijo Rhaegel. Quien no tenía nada puesto. Probablemente otro de sus brotes psicóticos y de libre albedrío.

Maekar fingió demencia y se sentó en la misma mesa, pero a una silla de distancia.

— Tenía hambre. — Respondió brevemente.

— ¡Yo también! ¡Van a servir pollo como plato principal!

Aerys fue el siguiente en llegar, se sentó al lado de su hermano desnudo, pero no prestó atención a la falta de ropa de Rhaegel ni a Maekar. Estaba con el mismo libro de la otra vez, pero en las últimas páginas, su atención no permitía otros focos de atención ¡Estaba a punto de terminar!

Poco después, llegaron su madre y padre.

— Rhaegel, ¿Y tu ropa?

— No la encuentro, madre. — Respondió con tono que rozaba lo infantil.

La morena suspiró, pero prefirió encargarse de su hijo más torpe después de la cena, estaba muy cansada de liderar con ellos. Ordenó a las mucamas una túnica rápida para cubrirlo mientras negaba con la cabeza.

Daeron tomó lugar en la mesa, con una sonrisa tranquila. Saludo a todos y empezó a preguntar cómo habían ido sus días. Myriah se sentó a su lado.

Faltaban Baelor y Jenna.

Unos segundos más tarde apareció Baelor.
Solo.

— Hola familia. Tendrán que disculpar a Jenna, pero no se encontraba bien, así que prefirió saltarse la cena por hoy.

— Oh, que lástima hijo. ¿Ella está bien? ¿Fueron a ver a los maestres?

Baelor asintió.

— Síntomas del embarazo, dicen que no debemos preocuparnos y que un día sin cenar no es malo.

Maekar abandonó su asiento original y se sentó al lado de Baelor antes de que traigan la comida.
Ninguno dijo nada, era normal que Maekar siempre prefiera su lugar junto a su hermano.

Cenaron tranquilos. Sin conversación largas, solo una que otro intercambio de palabras y nada más.
Fue bueno.

Terminaron y Aerys fue el primero en irse, luego Rhaegel fue arrastrado por su madre a buscar ropa apropiada y su padre se retiró para acompañar a su mujer y contenerla de no darle una bofetada a su hijo.

Quedaron solos. Aún sin abandonar sus lugares en la mesa.

— No te quedaste con tu esposa.

— No cambiaría nada. Soy su esposo, no un médico o brujo.

— Que mal Alfa. — Parecía querer tomarle el pelo, pero su rostro serio y tono frívolo lo disimulaban.

— Ella es beta, no necesita un Alfa ni mis feromonas que ni huele. No soy de ayuda.

— Mmm. Tienes razón. — Maekar se levantó de la mesa. — Aunque bueno, si fuera ella me gustaría que mí Alfa estuviera a mí lado en un momento así… — Maekar estaba a punto de irse.

— Si fueras ella, estaría a tu lado. — Baelor sujeto su muñeca, haciendo que el Omega se girará hacia él.

— Si bueno, qué lástima. — Sonaba sarcástico. — Porque no soy ella. Y aún así te veo aquí conmigo, creo que ganó tu atención en todas las realidades. — Respondió provocando tensión en ambos.

— ¿Qué te sucede? — Baelor fue directo.

— Pff, nada. — De un tirón zafo el agarre del alfa y se fue del comedor. Dejándolo atrás, con mil preguntas en la punta de la lengua.

La realidad es que faltaban pocos días para su próximo celo y Maekar se sentía más sensible e irritable que nunca. -Si perdonaba su pésima actitud de hace un rato- Este sería el último celo compartido con su hermano.

Tenía ya 17 años y lo habían comprometido con una alfa de Dorne. Dyanna Dayne. Así le habían dicho que se llamaba.

No estaba contento.
Después de todo ningún alfa le había caído bien además de su hermano.
« Todos los hombres alfas son un asco, solo Baelor vale la pena….» Pensó, rodando los ojos con desprecio hacia los asquerosos que había conocido.

« Aunque bueno, ella es una mujer. »

Y con ese pensamiento se fue a dormir.
Sin saber que adoraría a esa mujer por mucho de que su corazón perteneciera a otro.

Notes:

¡Hola! ¿Llegaste hasta aquí?
¡Espero que te haya gustado!

+ Espero también que no haya sido confuso por los distintos tiempos que maneja la historia, cualquier duda: respondo en comentarios 🖤.
⚠️ Yyyy, un dato que tal vez paso por desapercibido es que en la escena sexual se da a entender que Maekar tiene pene y vagina...bueno, no es un error. Bienvenidos al OMEGAVERSE! JAJAJA
+ Me gustó escribir a Baelor como virgen aunque fuera mayor para la época, sinceramente odio el estereotipo de que siempre el Alfa está súper experimentado y el Omega es un inocente.
+ No hay mucho contenido sexual porque no me considero la persona más creativa al respecto, lo puse más que nada como un relleno porque se que a la mayoría le gusta.
+ No hay muchas modificaciones en cuanto a la trama de los hijos. Pronto veremos a nuestros primeros niños juntos! (Valarr y Daeron) 🖤.
+ Aquí no muere, no va a morir Baelor. Es mí protegido.
+ Si hay muertes de personajes más adelante pero se que no les importará (Es por el bien de la trama, créanme).