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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-26
Words:
2,364
Chapters:
1/1
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10
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70
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7
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424

Para verte mejor

Summary:

Enzo no ve nada.
Bueno, a Julián sí.

Notes:

¡Feliz cumple, Mafi! Te quiero millón.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Julián odiaba el verano.

A demás de por lo obvio – los mosquitos, los treinta y ocho de térmica a la sombra, la humedad que volvía al cuerpo pegajoso y denso– también odiaba el verano porque, desde los quince años, que los veranos eran sinónimo de ayudar a su papá en el trabajo.

No solo no les había bastado con arrancarlo de su Calchín amado, sino que ahora tenía que trabajar en la óptica de su familia.

Resopló, refunfuñando por décima vez en el día y acomodándose en la incómoda banqueta alta para que le diera mejor el aire acondicionado en la cara y no se le aplastaran los rulos con la humedad.

Casi que quiso rodar los ojos del hartazgo cuando escuchó la campanita de la puerta, pero sabía que su papá era capaz de dejarlo un siglo sin salir si se enteraba que había atendido con mala cara a algún cliente, así que se paró y puso su mejor sonrisa para atender al señor que acababa de entrar.

—Buenas tardes, ¿cómo puedo ayudarlo?

—Hola, sí, queríamos unos lentes con esta receta —dijo amablemente el hombre.

Julián toma la receta entre sus manos y mientras leía se tuvo que morder la lengua para no sonreír y decirle que qué bueno que había venido porque no veía un pingo. En cambio, se acercó a la computadora y tecleando los códigos se fijó los precios.

—¿Prefiere los cristales con el filtro de luz azul? ¿Antirreflejo? ¿O simples?

—¿Qué me recomendás?

—Yo le diría que sí a los dos tipos de filtro, porque al ser de uso diario van a ser más útiles.

—Sí, dale, entonces con todo.

—Bien —continuó el castaño ya haciendo el pedido en la máquina— ¿Está buscando algún tipo de marco en particular?

—No sé, ¿Enzo? ¿Cuáles querés?

Es recién entonces que, en el momento en que Julián levanta la cabeza, siente que se queda sin aire y que tres millones novecientos noventa y nueve mil mariposas le llenan la panza de golpe.

Es el chico más lindo del mundo.

Y está totalmente avergonzado.

—Qué sé yo, pá, los que vos quieras.

—Sos vos el que los va a usar, así que elegí alguno o te compro esos de animal print —lo amenaza el señor y Julián tiene que hacer otro esfuerzo por no reírse.

Resoplando, el morocho de flequillo y tatuajes se acerca a las vitrinas que exponen los distintos modelos, rascándose la cabeza y visiblemente perdido.

—¿Querés que te ayude a elegir? —pregunta el castaño con un tono que le suena demasiado suave.

Su mamá se daría cuenta enseguida que se ha enchochado como un idiota.

—Sí, por favor, estoy re perdido.

—Bueno, podés probar con marcos de color si tenés alguna preferencia o si querés algo que quede bien en cualquier outfit pueden ser marcos negros, o transparentes…

Mientras habla, Julián va sacando poco a poco distintos marcos y poniéndolos sobre el mostrador.

—Podés mirarte en el espejo para ir viendo como te quedan.

El chico —Enzo— asiente, mordiéndose el labio inferior y primero agarra unos con marco rojo, pero en cuanto se ve en el espejo frunce el ceño y va por otras opciones. No es hasta que llega a unos con el marco completamente negro que Julián tiene que bajar la mirada para soltar un suspiro.

La puta madre, si ya era lindo, con esos lentes está fuertísimo.

—Estos me gustan ¿qué te parecen, pá?

—Facheros.

—¿Me quedan bien? —pregunta más tímido, dirigiéndose a Julián. — este me va a decir que son facheros todos.

Julián se ríe y asiente, mientras siente como se le ponen las mejillas coloradas por la mirada fija de Enzo sobre él.

—S-sí, te quedan muy bien.

—Gracias…—le hace un gestito con la mano que el castaño entiende al toque.

—Julián, me llamo Julián.

—Gracias, Julián, me llevo estos.

Enzo le sonríe y no deja de mirarlo lo que hace que el castaño se ponga más rojo todavía mientras guarda los marcos elegidos con el pedido y el comprobante de pago.

—Listo, en dos días pueden pasar a buscarlos.

Se despiden, y el morocho le regala otra sonrisa que lo deja con las piernas flojas y los cachetes calientes, por lo que volver a sentarse en la banqueta debajo del aire acondicionado no le parece para nada una mala idea.

Odia el calor, aunque eso no sea lo que dice su sonrisa.

***

Dos días pasan y Julián está listo para ir a la óptica mucho más temprano que su papá, al que no se le pasa desapercibido porque por lo general tiene que pelearlo un poco para salir de la casa a horario.

—¿Te pasa algo a vos hoy?

—¿Qué? No, no ¿qué me va a pasar?

—No sé, estuviste listo temprano y te ¿arreglaste los rulos? ¿No decís siempre que eso demora un montón?

El castaño puede sentir como la vergüenza de que lo hayan pillado en sus esfuerzos de estar más lindo le sube por las mejillas, por lo que se limita a mirar por la ventana.

—No, me pintó nomás.

—Ajam.

Hacen el resto del viaje en silencio, ahora con Julián pensando que capaz está flasheando demasiado definiéndose los rulos y aplicándose con más cuidado el skincare, pero ya no puede hacer mucho.

La campanita vuelve a sonar esa tarde, mientras Julián limpia con cuidado una de las estanterías.

—¡Hola!

Dios. Esa voz tan grave debería ser ilegal en un pibe de su edad.

Julián respira profundo mientras cierra la estantería antes de girarse.

—Hola, ¿cómo estás?

—Bien…Vengo a buscar mis lentes…¿Julián era?

—Sí, sí —afirma ya sintiendo como las mejillas empiezan a traicionarlo— ¿Tenés el recibo? Así los busco.

Enzo le sonríe cuando le da el papel y Julián sinceramente tiene ganas de chillar como cuando tuvo su primer crush aunque espera que su cara lo disimule un poquito más que en ese entonces.

Va hacia atrás, al taller y hace un poco de tiempo para no mostrar que tenía más que calados cuales eran los anteojos del morocho.

—¿Todo bien, hijo? —pregunta su papá, sin voltearse a verlo mientras sigue trabajando.

—Sí, estoy buscando un pedido.

—Si no está ahí, deciles que va a estar mañana.

—No, tranqui, acá está.

Vuelve al frente del negocio y le sonríe al morocho que estaba atento a su vuelta.

—Por suerte ya estaban…—le dice tendiéndoselos— probátelos a ver que tal.

Enzo se coloca los anteojos mirándose al espejo y después mirándolo fijamente al castaño.

—Bueno, sos aún más lindo en HD.

Julián se muere.

La palma, la queda ahí mismo.

Abre un par de veces la boca, pero no sabe que decirle a la sonrisa del morocho que lo mira con ojos pícaros detrás de los cristales.

—G-gracias —Balbucea imposiblemente colorado. — permitime, así te los doy en el estuche.

El morocho se quita los lentes y se los tiende, sin dejar de sonreír, es evidente que está disfrutando el efecto que tiene en el otro chico.

—¿Algo con lo que tenga que tener cuidado?

—Sí, no los limpies en seco, se rayan más…limpialos con agua o con líquido limpiacristales. Cuando los seques hacelo con un pañuelo descartable, esto…—dice mostrándole la pequeña microfibra que viene en el estuche— es una estafa, no la uses.

Enzo ríe por las expresiones en la cara del castaño y la seriedad con la que dice todo, pero termina asintiendo.

—Entendido, gracias por preservar mis ojos.

—Un gusto, Enzo.

El mencionado sonríe más grande al notar que se acuerda de su nombre y toma la bolsa que le da Julián.

—Gracias, Julián.

Los dedos de ambos se rozan en el intercambio y se quedan mirándose, los dos con una sonrisa mucho más tímida.

Tiene que decirle algo, lo que sea.

En ese momento suena la campanilla del local, avisando la entrada de un cliente, por lo que dejan caer las manos y ambos se sonrojan furiosamente. Enzo se despide todo colorado y a Julián no le queda otra que seguir atendiendo, maldiciéndose en su interior por ser tan cagón.

 

***

Los días pasan, el calor aumenta y el mal humor de Julián aumenta.

Si le preguntan a sus papás, sí, es por el calor.

Julián sabe muy bien que es por otra cosa.

O por otro alguien, en realidad.

¿Cómo va a ser tan boludo de dejarlo ir sin si quiera pedirle el Instagram?

Bueno…en Instagram lo ha encontrado.

Pero tiene la cuenta privada y le da pavor verse como un pajero que buscó entre las facturas el apellido de su papá a ver si lo encontraba y después tuvo que stalkear otros doce Enzo Fernández hasta que el número trece por fin era él.

Quería gustarle, no asustarlo.

En esas de putearse mentalmente está cuando vuelve a sonar la campanita.

—Buenas.

—¡Hola! —Probablemente su saludo fue con demasiada emoción, pero no puede explicar lo que siente en el pecho al volver a verlo.

Se quedan en silencio, mirándose, divertidos por la emoción en los ojos de ambos. El morocho se aclara la garganta.

—¿No me vas a preguntar que necesito? —rompe el silencio con la risa en la voz.

—¡Sí, sí! ¡Perdón! ¿qué necesitás?

—Quería ese limpiacristales que me dijiste la otra vez…

Enzo realiza la compra, paga y…

Otra vez silencio.

—Bueno, nos vemos.

—Que estés bien, Enzo.

Suena la campanita, señalando la salida del morocho del local.

Pelotudo, pelotudo, pelotudo.

Se quería morir, si la vez anterior ya se había tratado de todo, esa noche el castaño se fue a dormir maldiciéndose.

Pero, mostrando su faceta caprichosa, el destino hace sonar la campanita el día siguiente también.

—¿Vos cuáles lentes de sol decís que me queden bien?

Julián le sonríe, muchísimo y siente tantas cosas cuando el chico se prueba más de cinco pares de lentes de sol y le pide su opinión que no puede hablar mucho.

Este tercer encuentro le deja en claro a Julián que sí, que es un pelotudo, pero no puede hablar más allá de lo profesional o de lo que le pregunta el morocho, es tan mucho lo que le gusta que se le traba todo dentro.

Así que —sonrisas, miradas y silencio de por medio— Enzo se vuelve a ir.

Y vuelve al día siguiente, haciendo que Julián se pregunte si esto es algún tipo de tortura o, todo lo contrario, un milagro.

Esta vez Enzo quiere saber de los lentes de contacto. Y el castaño le responde infinitas preguntas y se ríe de los chistes que le hace, pero otra vez lo vuelve a dejar ir.

Tal vez, al día siguiente regrese.

Enzo y su sonrisa, efectivamente, vuelven a entrar a la óptica el jueves a la tarde.

—Me coparon esas tiritas que tienen, ¿vos decís que son muy de viejo choto?

Julián larga la carcajada y lo ayuda a elegir unas que tienen un strass en los extremos.

Esa noche, cuando se está por dormir, se da cuenta que lo mejor de que ya es viernes, es que sabe que va a ver a Enzo.

***

Llega el viernes y está un poco triste porque pasa toda la tarde y Enzo no ha venido.

Era demasiado bueno para ser verdad.

—¡Juli! ¡Solo vos podés ayudarme!

El tono y la entrada lo asustan al castaño, que deja lo que está haciendo para mirar al morocho que entra apurado.

—¿Qué pasó? ¿Estás bien?

—Sí, pero ¡Mis lentes! —Se acerca al mostrador, tendiéndoselos— mi sobri les arrancó esa gomita…

Julián toma los lentes y tiene que morderse el labio inferior de la ternura que le da el puchero que se forma en los labios contrarios.

Suspira, porque se da cuenta que una de las mariposas dentro de su estómago se llama “ganas de partirle la boca de un beso”.

Qué nombre largo.

—Tranqui, puedo arreglarlos.

—¿De verdad?

—Sí, son frágiles, las cambiamos siempre.

—Sos mi héroe.

No le queda otra que reírse mientras saca lo necesario y comienza la reparación, bajo la atenta mirada del morocho que se ha apoyado e inclinado sobre el mostrador para ver mejor.

—Listo —le dice cuando termina no solo de arreglarlos, sino de limpiarlos también.

—Muchísimas gracias ¿cuánto te debo?

Un beso, un beso, un beso.

—No, nada, si es una pavada.

—¿Juli?

—¿Sí?

—¿Cuántas veces va a tener que romper esto mi sobrinita para que me invites a salir?

Las mejillas le explotan de vergüenza y boquea un par de veces, buscando cómo responder.

—O también puedo venir y preguntarte el precio de cada uno de los marcos que tienen, uno por día, pero me gustaría que fuera antes.

—A…a mí también.

—¿A vos también…?

—A mí también me gustaría que vengas todos los días, digo.

—¿Y no me vas a invitar a salir jamás? —pregunta en un puchero, pestañando lentamente.

—Ah…eso…

—Sí, eso…

—¿Q-querés que salgamos mañana a tomar unos mates al parque?

—Sí, por favor y gracias.

***

—¡Pará! ¡No veo!

Julián se ríe y tira de su puño para atraerlo.

—Te dije que se te iban a empañar si respirabas con la cuellera puesta.

—Ayudame —pide con un puchero que al castaño se le hace irresistible.

Se pone delante del morocho y le quita los lentes con cuidado, antes de bajarle la cuellera, dejando descubierta su nariz roja por el frío.

—Sos muy lindo ¿ya te lo dije?

Enzo sonríe, con los ojos achinados y la sonrisa enorme cuando Julián le vuelve a poner los lentes.

—No más lindo que vos en HD, amor.

—Chamuyero.

—Y así te enamoré.

Hace el amague de irse, pero Enzo lo toma por la manga del buzo (el buzo de Enzo en realidad) para atraerlo contra su cuerpo.

—Dale, que tengo que llegar a abrir o mi viejo me mata.

—Pero dame un beso.

—Pesado.

—Uno chiquito, dale, por los cinco meses de novios.

—Se te van a empañar los lentes de nuevo…—dice con una sonrisa, poniéndose de puntitas de pie y acercando su boca a la contraria.

Se besan, lento y con los cuerpos apretados por el frío, riéndose cuando los lentes de Enzo chocan contra su nariz, así que Julián se los vuelve a sacar.

Para quererse con el alma no hace falta ver.

Notes:

¿Qué les pareció? Me encantaría leerlas.