Chapter Text
Él, Reed Richards, tiene un secreto un tanto vergonzoso.
Es decir, no es algo realmente tan terrible saben, no es como si quisiera lastimar a alguien o como si planeara inventar algo que pudiera ocasionar una catástrofe. Más bien, si lo piensa mejor, le gustaría ser él al que lastimen, al menos un poco. Se siente como algo tonto y no sabe cómo conseguir algo como eso. No es como si pudiera ir y decirle a la primera persona que viera pasar: oh hey, que tal? Te gustaría ponerme de rodillas y hundir el taco de tu zapato en mi? Obligarme a rogar por ello? Hacer que me vuelva un tonto desesperado? Si? Genial.
Sabe que no funciona de ese modo realmente, lo ha pensado muchas veces, a calculado los riesgos, evaluado el porcentaje de probabilidad de éxito y en todos los escenarios, la otra persona se iría tan rápido como decir hasta nunca. Tampoco le atraía la idea de incursionar en uno de esos sitios web fetichistas de encuentros sexuales, aunque sería más sencillo, una parte de él cree que no estaría bien y se siente avergonzado por ello.
Por otro lado, no puede dejar de pensar que no debería querer algo como eso, no cuando ha empezado a salir con una chica tan dulce.
Sue, Susan Storm.
Ella es realmente algo sabes, como el tipo de chica que te atrapa completamente con solo conocerla. A veces, se siente tan cálida, tan segura y le encantaría dejarse caer en sus brazos, que lo sostuviera, lo acariciara, le dijera lo buen chico que era para ella mientras lo tiene atrapado debajo de ella. Y ahí estaban de nuevo, esos pensamientos lo acosaban. Se sentía malo y sucio por pensar en algo así, en desearlo tanto.
Y es un poco patético. Siempre se siente así.
Él ha salido con otras mujeres, ha tenido citas antes de conocerla. Pero al final nunca parece funcionar, aunque ellas sean lindas, inteligentes, amables, sexys. Parecía no ser capaz de encajar con ninguna luego de salir un par de veces, estaba empezando a perder la esperanza hasta que la conoció a Sue.
Ellos llevan saliendo cuanto? Tres citas? Cuatro? Y se siente tan torpe y estúpido, la última vez se había puesto tan nervioso que había derramado todo su café solo porque ella lo había tomado de la mano y había acariciado sus nudillos debajo de la mesa de la cafetería.
¿Era una tontería? Por supuesto que si, él era un sujeto adulto que siempre había sido completamente independiente, con un trabajo estable y una mente extraordinaria. Entonces por qué la idea de ella acercándosele lo ponía tan nervioso.
Ni siquiera había podido besarla todavía.
Claro que ella solo había sonreído y le había ayudado a limpiarse la mancha, le había dado una última caricia reconfortante en el antebrazo y le había dicho tranquilamente que todo estaba bien. Y él se había sentido avergonzado y frustrado.
Ella le gustaba, de verdad que si, desde la primera vez que la vio, era tan bonita y con una personalidad naturalmente encantadora. Cuando estaban en la misma habitación Sue era quien solía liderar la conversación, era locuaz y divertida.
En definitiva ella estaba fuera de su alcance, es decir, solo tenías que verla para saberlo. Era el tipo de chica que indudablemente no se fijaria en él, ella era demasiado hermosa y despampanante, solo necesitaba estar presente en un lugar para que los demás la vieran. Mientras que él era un aburrido sabelotodo que la gente suele evitar. Oh, él sabe lo extraordinario de su mente y que muchas veces ha sido requerido para investigaciones importantes pero, ya sabes, a las personas, por lo general, no les gusta escuchar de ecuaciones cuánticas y enigmas multidimensionales sin resolver. En realidad, él no habla de todo eso todo el tiempo pero la gente muchas veces cree que si y no quiere ser él quien rompa esa imagen de científico loco. Algunas veces, le gusta saberse más listo que las demás personas, compensaba un poco su torpeza con lo que respecta a las relaciones sociales.
Reed era demasiado tímido para siquiera insinuar acercarse a ella, solo quería admirarla, guardar su imagen en su memoria. Ya después podria tenerla presente en sus cavilaciones nocturnas, mientras se imagina la idea de estar junto a ella, de poder tocarla, de suplicarle que lo toque.
¿Era patético? Si, lo era.
De hecho, fue ella quien le había hablado primero en aquella fiesta de Ben, su mejor amigo, donde se vieron por primera vez, fue ella quien había sugerido seguir hablando después de eso y también fue ella quien había sugerido la primera cita.
Si lo piensa un poco, tal vez él estaba siendo muy poco proactivo, era demasiado introvertido y no quería que ella pensara que no deseaba seguirla viendo por nada del mundo.
Debía remediar la situación de inmediato o corría el riesgo de perderla.
Lo que lo llevaba a estar allí, en esa desafortunada situación. Con impulsiva decisión había salido de su casa, había comprado un ramo de bonitas flores para ella en la floristería de la esquina y todo parecía ir de acuerdo a sus cálculos, solo que no había previsto el cambio en el clima y la repentina lluvia que lo tomo por sorpresa, como tampoco advirtió el auto que paso justo frente a él empapándolo y arruinando por completo el ramo.
Reed podría llorar.
De hecho, iba a hacerlo porque Sue estaba allí caminando hacia su edificio bajo la protección de un paraguas y junto a un sujeto que no reconocía pero que le resultaba familiar.
Genial, se veia fatal, se sentía aun peor y la idea de ella viendolo justo en ese momento lo hacía temblar. Estaba a punto de echarse a correr cuando ella lo vio, su mirada algo asombrada se poso de lleno en él y en su aspecto clavándolo en su sitio, observo el momento exacto en el que noto el ramo marchito y sus pantalones empapados. Pudo ver como arrugaba ligeramente el entrecejo y su mirada se volvía compasiva. Como cuando ves a un pobre perro callejero en medio de una tormenta y deseas recogerlo.
Ella compartió un par de palabras con el hombre a su lado, ahora que le daba una segunda mirada al sujeto podia reconocer el parecido entre ambos, debía ser su hermano, ella lo había mencionado un par de veces, y sino se equivocaba el muchacho se llama Johnny. Este mismo, le dirigió a Reed una mirada un tanto burlona repasándolo de arriba a abajo, tenia en sus ojos un brillo malicioso que lo hacían deducir que ese chico era un bravucón, podia jurar que estaba riéndose de él. Luego de dirigirse a Sue, su hermano se despidió de ella y se marcho por el mismo camino por el que habían llegado.
Esto había sido una mala idea, él era un tonto y ahora ella sabría que él era un perdedor. Diciéndose mentalmente que era suficiente humillación por un día, decidió que era el momento de irse antes de que Sue notara que su labio empezaba a temblar y que su vista comenzó a empañarse, y no solo por la lluvia que seguía sin parar.
Reed estaba a punto de cruzar la calle cuando ella lo había llamado por su nombre, pudo sentir cuando lo sujeto ligeramente del brazo deteniéndolo.
-Oh, querido. Mira nada más cómo te encuentras- su dulce voz se oía preocupada. -Deprisa, subamos a mi departamento para que puedas secarte antes de que te de un resfriado- ella no le estaba preguntando, tampoco le estaba dando otra opción más que la de dejarse llevar.
Él no dijo nada, el sentimiento de derrota pesaba tanto que le impedía presentar objeción alguna, era bastante vergonzoso que ni siquiera podia mirarla a los ojos, simplemente asintió tímidamente y se dejo guiar hacia el edificio.
Tan pronto como llegaron a la calidez del interior, fue que él reconoció el frio que realmente sentía. Pero ni siquiera estaba seguro de si era eso lo que lo hacia temblar o la idea de Sue teniendo que lidiar con alguien tan patético como él.
No estaba muy seguro de qué debía hacer, solo se había quedado en el umbral de la puerta, con la vista fija en sus zapatos. Como si de verdad fuese un cachorro rescatado y la situación lo cohibiera. Empezó a retorcer el ramo entre sus manos nerviosamente, estaba bastante seguro que ya no podrían arruinarse más.
-Siento mucho haber interrumpido tu… uh llegada- dijo a media voz. -Yo solo queria traerte unas flores y quizá tomar una taza de té… ya sabes, juntos. No pensé… lo siento de verdad, no era mi intención- susurró como un niño lloroso.
Ella lo estaba mirando fijamente, podia sentirlo, con esa mirada de tierna resignación que pondría alguien acostumbrado a los imprevistos. No lucia molesta, solo apenada y tal vez un poco divertida.
-No seas tonto, no haz interrumpido nada- chasqueo la lengua restándole importancia con un ademan, ella lo jalo un poco más al interior del lugar.
Pudo observar los cálidos colores pastel que adornaban las paredes y varias de las fotos que estaban colgadas eran de ella, con los que creía eran amigos y familiares, todo allí se sentía como ella, reconfortante, cálido, dulce. Sue también se había mojado un poco durante los minutos que pasaron fuera, podia notarlo en el abrigo que llevaba puesto, aunque no se la veía realmente preocupada por eso.
-Ahora, ven aquí. Debemos hacer que entres en calor- siguió diciendo mientras él solo era arrastrado hasta lo que creía era la sala.
Sue había tomado el pobre intento de ramo arrancándoselo de las manos y lo habia dejado sobre la isla de la cocina de manera delicada, como si para ella siguiera siendo un gesto encantador el haber recibido aquellas flores destrozadas. Se había quitado su abrigo y fue a colgarlo en un perchero que se hallaba junto a la puerta de entrada. Luego, se paro frente a él y le ayudo a quitarse la chaqueta por completo empapada, después el suéter y empezó a desabrochar los botones de su camisa cuando él recordó que era una persona con cerebro y no podia quedarse allí como un monigote del que ella debía ocuparse.
Con las mejillas encendidas y las manos temblorosas la detuvo a mitad de camino.
-Es… espera, yo puedo hacerlo solo- para sus oídos eso no sonaba muy convincente.
-Sé que puedes, pero quiero hacerlo por ti de todos modos, cariño- ella le sonrió de ese modo tan amable, y paso sus manos por su cabello empapado, podia sentir como algunas gotas aun caían por su frente. -Sera mejor que tomes un baño, no te ofendas pero te ves como un raton ahogado- bromeo. -Te dejare aquí mientras tu sigues en ello e ire a prepararte un baño caliente- la vio irse por un pasillo.
Esta era la primera vez que estaba en el departamento de Susan, pero a ella no parecía molestarle para nada su presencia allí. Se movía con total naturalidad a su alrededor, como si acostumbrara estar a cargo de situaciones catastróficas. Él era un caso catastrófico.
Reed terminó con la camisa, se había quitado los zapatos dejándolos junto a la entrada y fue tras ella solo con su camiseta interior y pantalones, al final del pasillo podia oírla tararear dentro de lo que creía era el cuarto de baño.
-Todo listo, Reed- dijo resueltamente poniéndose de pie. Satisfecha consigo misma lo miro con sus manos en la cintura. -Adelante, desvístete. ¿Necesitas ayuda?-
¿Ella a caso hablaba en serio?
No estaba muy seguro, así que con manos algo torpes fue a por el bajo de su camiseta y cuando iba a quitársela, ella soltó una risa muy traviesa. No pudo más que estremecerse al escucharla.
-Es una broma, cariño- fue acercándose lentamente, él podía sentir como el aire iba pesando cada vez más en su pecho, la boca se le había secado y solo pudo intentar tragar saliva. Con un rápido guiño y una sonrisa picara dijo. -Solo relájate, no voy a comerte-
¿Estaba coqueteando?
Sintió como el rubor subía por sus mejillas y el calor inesperadamente lo sofoco, no se sentía capaz de pronunciar palabra alguna para contestar algo ligeramente ingenioso o coqueto a aquello. Sue simplemente volvió a pasar sus dedos por el rizo rebelde de su frente y acarició suavemente su mejilla. Como si fuera lo más normal del mundo, como si la escena pudiera ser algo cotidiano entre ambos. Él había ladeado su rostro buscando desesperadamente el contacto con ella. Tenia los párpados cerrados, no quería mirarla a los ojos y que viera lo mucho que le gustaba su tacto, que lo ansiaba tanto.
-Todo está bien, allí tienes todo lo que necesitas junto a la bañera. Entraras, te darás un baño caliente y yo preparare un poco de té para los dos- lo dejo solo, suavemente escucho el ligero click de la puerta al cerrarse.
Él volvió a respirar.
