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Todo empezó por accidente realmente.
Solo se había cruzado menos de diez veces con Aerion Targaryen, sin embargo aquel chico había despertado algo en él.
Duncan no era de aquellos que solían enviarse con placeres carnales, como usar su mano cada noche para complacerse. De hecho, su vida se basaba en entrenar para mantener su beca deportiva, estudiar para seguir mejorando y conseguir algún empleo que le permita seguir con lo anterior dicho sin perjudicarlo.
Nunca pensé que conseguir aquel empleo ahora le traía este 'pequeño' problema.
— Joder... Sí... — susurró mientras su mano subía y bajaba de su longitud.
Su mano apretaba ligeramente su miembro. Aunque alguna vez quiso pensar cómo sería la mano de Aerion Targaryen alrededor de él, no podía... Su mano era demasiado grande para simular ser la de Aerion.
Pero podía consolarse pensando que era Aerion quién lo apretaba, aunque su imaginación iba más allá de ello.
¿Aerion sería estrecho? ¿Que tanto? ¿Sentiría que partiría en dos su pene al entrar?
Mordió su labio con fuerza, su cabeza hacia atrás, aún bombeando su miembro, buscando su liberación mientras soltaba gruñidos y ligeros 'Aerion' como si pudiera invocarlo frente a él.
Hasta que por fin llegó a su ansiado clímax, su pecho subía y bajaba, se notaba sudoroso, agitado, su mano manchada de aquel líquido blanquecino, sentirse satisfecho, tomándose el tiempo de recomponerse.
Su cabello se pegaba a su frente por todo el sudor que tenía, tenía una ligera sonrisa tonta en los labios, su respiración ligeramente más calmada, sus ojos cerrados aún saboreando aquel orgasmo, luego sujetó un paño húmedo para comenzar a limpiar todo aquel rastro de su semilla, se arregló el polo y subió sus pantalones, tenía que ir a la casa donde estaba su gran anhelado pecado hecho persona.
De solo pensarlo se ponía duro nuevamente, aunque no era algo que deseaba demostrar frente a Aerion Targaryen. Optó por tomar una ducha para olvidar todo aquello... Pero pensar en Aerion, era difícil que su cuerpo no reaccionara a solo imaginar aquella cintura, esas finas manos, su boca con la lengua tan filosa...
Era la perdición de Duncan.
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Tocó el timbre con cuidado y brevemente, como usualmente hacia, ordenó su cabello un poco, colgó su mochila más cómoda en el hombro y la puerta se abrió.
— Uhm, pasa — mencionó Aerion.
Duncan siempre se le quedó viendo unos segundos demás, parecía que media sus movimientos en su mente antes de seguir. Aerion dio un paso al costado para dejarlo pasar, Duncan entraba, sabía si rutina.
Enseñaría algún curso a Aegon en la sala, y él podría apreciar cuando Aerion paseaba por su casa con aquellos shorts que solía utilizar por época de verano.
Amaba el verano ahora, porque siempre que el clima era caluroso, había más piel que ver.
Encontró a Aegon sentado en el sofá, con una pequeña sonrisa y una cantidad considerable de libros en la mesa central.
— ¡Tengo mucho que preguntarte! — exclamó el menor sonriente — ¿Recuerdas los últimos ejercicios que hicimos? Bueno, quise intentar algunos similares y no podía, quería preguntarte cómo resolverlos.
Y la tarde continuo así, aquella tutoría círculo con normalidad y con Duncan forzandose a prestar más atención en lo que Aegon le pidió que le expliqué que en ver a Aerion caminar con aquella bata por casa sin pudor alguno.
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Duncan solía encontrarse con Aerion también en sus entrenamientos en el gimnasio.
Recuerda las veces que lo observaba usando aquellos leggins tan apretados, ceñían bien su figura, su cintura delgada, sus piernas tonificadas, luego aquel polo que se pegaba a su torso por el sudor, cómo hacía sentadillas, usaba la caminadora.
Duncan disfrutaba la vista mientras él usaba una máquina detrás, viendo el cuerpo de Aerion ejercitarse, siempre se había preguntado qué hacía para tener tan esbelta figura, ahora lo sabía y le encantaba ver la forma de su cuerpo ejercitándose.
Solo podía imaginar en sus sueños húmedos, cómo se sentiría sujetar aquella cintura, mientras él saltaba recibiendo toda su longitud. Cómo se sentiría tener esas piernas en cada uno de sus hombros, mientras saboreaba cada pedazo de Aerion.
Tuvo que tomar agua para intentar despejar su mente.
Aerion a veces lo descubría mirándolo, y parecía no sospechar nada o fingir que aquel tutor de su hermano menor lo deseaba realmente. Aerion solo movía la cabeza como un saludo cordial sin más y se retiraba.
Duncan relamía sus labios al ver esos glúteos bien formados moverse, ¿Podría su mano sujetar todo eso? Esos sueños húmedos, sabía que sí.
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Aún podía recordar la primera vez que lo imaginó, que lo soñó, que venía gracias a que lo conoció aquel día...
Fue cuando Maekar Targaryen lo había contactado tras recomendaciones, lo llamó para asistir a su casa, Duncan estaba más nervioso que en los partidos que jugaba en los campeonatos. Sus manos sudaban torpemente, tenía miedo de dar un paso en falso, o de decir algo que no iba acordé y que Maekar terminé diciendo el clásico “bien, no me llames, yo me comunicaré contigo”, y joder... Necesitaba el empleo.
Al entrar, siendo guiado por uno de los sirvientes, él observó toda la casa, era lujosa, Grande, sin duda Raymun no exageraba cuando decía que los Targaryen eran dueños de una gran fortuna que prevalecía con su apellido.
La entrevista de trabajo fue relativamente bien, cuando iba a empezar, al salir, tropezó con Aerion Targaryen.
Por la diferencia de tamaños, Aerion terminó dándole un cabezazo en la quijada, Duncan se sujetó la quijada adolorido y entonces... Cuando captó con sus ojos la figura delante de él... Su alma abandonó su cuerpo.
Juraba ver un ángel, un hermoso ser parado justo enfrente de él.
— ¡Joder, eres un idiota ciego! —bien, el dulce rostro no iba con nada de dulzura de su boca.
— ¡Aerión! Diez más respeto —mencionó Maekar —. Es Duncan, el nuevo tutor de Aegon, así que tendrás que aprender a comportarte.
Duncan tragó saliva, Aerion se cruzó de brazos, molesto viendo a su padre, él no sabía que decir:— h-hola, mu-mu-mucho gusto.. soy Duncan, puedes decirme Dunk.
Aerion rodó los ojos, le dió la espalda y se marchó. Llamenlo masoquismo pero le encantó esa actitud tan borde del Targaryen.

Cuando regresó a casa luego de ese largo día, su cuerpo no lo dejaba dormir, daba vueltas en la cama, había hecho algo de ejercicio pensando que así se cansaría más rápido pero nada de eso ocurría.
Su mente tenía fragmentos repitiéndose, cuando lo vio, cuando habló... Todo.
Cerró los ojos, intentando conciliar el sueño, pero solo pensaba en Aerion. Si mente lo imaginaba ahora, ¿Estaría como él dando vueltas en su cama? ¿Estaría sintiendo un calor inexplicable en su cuerpo, más preciso, en su zona baja?
En su momento, no lo diferenciaba, podía ver a Aerion nuevamente delante de él, pero ahora lo tentaba. Duncan bajaba su mano a su entrepierna, donde comenzaba a tocarse lentamente primero, luego empezaba con un movimiento lento, subiendo y bajando, se imagino cómo sería la mano de Aerion ahora, sujetándolo, dándole placer, pero no era igual... Había visto sus manos, más pequeñas de forma significativa que las suyas.
Ese día, su respiración agitada, las manchas blanquecinas en las sábanas, lo hicieron querer olvidarse de lo ocurrido y que no se repetiría... Se repitió muchas noches.
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No entiende que estaba pasando, por más que intentaba acomodarse en una pose cómoda y menos... Reveladora, su entrepierna parecía no querer obedecerle, teniendo una tienda de campaña ahí abajo de tamaño considerable.
Dejó varios ejercicios para Aegon y se disculpó diciendo que iría a los servicios. Aegon no sospechó nada y simplemente avanzó, comenzando a resolver los ejercicios.
Duncan en el baño, tragó saliva, no quería hacer esto... De tocarse, sentirse, complacerse, en otra casa, no era tan cómoda, no había nada mejor que estar en la seguridad de su cuarto oscuro, pajearse y ser feliz.
Ahora no estaba así, sentía tensión.
Se mojó la cara intentando calmarse y fueron varias veces pensando que el agua fría ayudaría en algo, pero por dentro queriendo tranquilizarse, pero nada funcionaba.
Solo podía imaginar a Aerion con aquella bata rojiza que dejaba ver sus piernas firmes, su pecho asomándose peligrosamente. Soltó un gruñido leve al pensarlo.
— será rápido, sí... Rápido...
Susurró más para sí que para otros.
Buscó su cremallera, bajándolo con cuidado seguido de sus boxers, se sintió peor que un ladrón a punto de asaltar un banco. Sentir adrenalina, su corazón se aceleraba como cuando estaban a punto de ganar en sus partidos.
Bajó la tapa del inodoro, se sentó en ella con cuidado, su respiración ya se notaba tensa, su rostro rojizo, sus pupilas dilatadas levemente.
Su mano comenzó a moverse con agilidad, cerró los ojos lentamente, soltó un suspiro que no sabía que contenía, se sintió más relajado, su cuerpo solo se concentraba en la parte inferior, su mano subía y bajaba, se dió cuenta que quizás hacia muchos ruidos bajos, no quería levantar sospechas, se estiró un poco, con su mano libre sujetó una toalla pequeña, y la mordió suavemente.
Esto quedaría para él, el momento donde se masturbó pensando en Aerion... En la casa de Aerion.
Sus jadeos salían amortiguados de su boca, su mano tenía un vaivén firme y preciso, podía pensar en Aerion y cómo lo estrecharía si pudiera follarla.
Podía sentir ya una gran satisfacción recorrerla el cuerpo, como si fuera electricidad... Pero era más de adrenalina, estar masturbándose en el baño de una casa ajena.
Podía imaginarse a Aerion abrir la puerta, quedando asombrado si pudiera ver lo que le causaba a Duncan y su cuerpo, no sabía si Aerion lo golpearía y echaría cual exhibicionista o si a Aerion más bien lo calentaría tal escena y se unirá a él.
Sentía un calor juntarse en su zona baja, sus dedos apretaban un poco más, buscaría su anhelada revelación, Duncan imaginó a Aerion saltando ahora en su regazo, montandolo como si de un caballo se tratase.
Mordió la toalla con fuerza, su pecho subía y bajaba rápido, la semilla blanquecina salió con rapidez, grabándole todo el placer que contenía.
Su cuerpo estaba ahora relajado, quizás demasiado ido, su respiración agitada levemente, ahora, el líquido manchó su mano, parte del suelo, su cabello se pegaba a su frente sudorosa.
Estaba por recomponerse, sujetar algo de papel y limpiar todo aquel desastre... Hasta que escuchó.
Toques suaves nuevamente. Intentó subir sus pantalones y boxers, quiso ser rápido... Pero el destino trabaja de formas extrañas.
Aerion abrió la puerta: — ¿Estás bien? Aegon me dijo que llevas más de diez min--
Se quedó sin hablar cuando vio aquel desastre que hizo Duncan.
Para Aerion, un hermoso y exótico desastre, que debía ser suyo pronto.
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