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Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2013-05-14
Completed:
2014-02-10
Words:
75,941
Chapters:
17/17
Comments:
91
Kudos:
87
Bookmarks:
5
Hits:
3,064

The Deep Blue Sea

Summary:

Luego de una ruptura amorosa, Harry Styles se siente inestable, frágil y solo, tal como un barco en altamar en medio de una tormenta. Harry quiere volver a sí mismo, y sin quererlo poco a poco va encontrando su camino en un ex compañero de secundaria, un chico que siempre llamó su atención, un chico con los ojos del color del mar, quien quizá lo hará sumergirse en lo más profundo de aquel terreno en el cual ya había incursionado y en el que tan mal le había ido.

Notes:

Mi primer fic Larry, espero les guste (:

Chapter Text

The Deep Blue Sea

 

 

 

 

 

I

 

Compass, Ship & Helm

 

Sus torpes pasos, sus hombros caídos y su vista perdida, denotaban cansancio y frustración mientras caminaba por las frías y vacías calles de la ciudad. Un suave viento movía el follaje casi inexistente de aquellos árboles que seguían dándole la lucha al implacable otoño, y también movían su abrigo, colándose a través de éste, congelándole los huesos.

La lluvia de la noche anterior había dejado pequeños charcos de agua que yacían prácticamente congelados bajos sus pies. El cielo se encontraba completamente nublado, cubierto por aquellas inmensas nubes de oscuro color que se apoderan de él, logrando que cada viva tonalidad se rinda ante su lúgubre majestuosidad.

Todo el mundo debía haberse dirigido a sus empleos o simplemente se encontraban bajo las mantas de sus camas en busca de calor. Él, en cambio, necesitaba despejar su mente, alejar todos sus pensamientos de aquel hombre que le atormentaba, aquel que se apoderaba de su mente, aquel que ocupaba cada especio de su día a día, haciéndole temer por su salud mental. No quería seguir pensándolo, viendo su rostro en cada lugar, le estaba haciendo mal, lo estaba matando poco a poco y no, no podía permitírselo, él no tenía ese derecho…

Pero sí tal vez el poder de hacerlo.

 

Suspiró y luego mordió fuertemente sus labios para no dejar escapar ninguna lágrima. No quería seguir llorando, no lo merecía. Él no merecía absolutamente nada, ni sus lágrimas, ni sus suspiros, ni sus lamentos, sin embargo, aún así no podía evitar sentir aquel terrible dolor en su pecho.

¿Cuándo pasará? ¿Cuándo volvería a ser él mismo?

Llevaba así casi dos semanas y ya era tiempo de que se detuviera. Se odiaba por no dejar de verlo en su mente, por no dejar de pensar en todo lo que pasaron. Se odiaba por no dejar ir aquellos recuerdos de lo que alguna vez fue una bella relación.

Se odiaba por no poder dejar de amarlo.

 

¡Y dolía! Sólo él sabía cuánto, sólo él sabía hasta dónde, y no podía hacer nada para que dejara de doler. Las heridas seguían allí, abiertas, sangrando…

Decidió pasar a la cafetería que le quedaba de camino, ya que en serio no sería capaz de soportar el frío por sí sólo. En cuanto ingresó, el exquisito olor del lugar le reconfortó e incluso casi le hizo sonreír. La cajera coqueteó con él mediante miradas y eso sí terminó por sacarle una sonrisa, ya que la chica era bonita, bastante, pero él era completamente homosexual, lo cual no dejaba ninguna posibilidad para ellos.

Por lo menos alguien cree que soy apuesto aun con estas terribles ojeras y mis labios resecos, inconscientemente relamió sus labios, acto que los ojos cafés de la chica admiraron sin vergüenza alguna.

— ¿Cuál es tu nombre? –preguntó ella para escribirlo en el envase de su café.

— Harry. –su voz grave al parecer agradó aún más a la muchacha, cuya sonrisa lasciva se acentuó.

— Por el costado te entregarán tu pedido. –señaló ella mientras le pasaba el recibo. Él sólo se limitó a asentir.

Luego de un par de segundos, un chico le llamó para entregarle su pedido, y con un quedo “gracias”, abandonó el lugar.

Dio un sorbo a su café de vainilla y cerró sus ojos disfrutando del exquisito sabor que inundaba su boca. Iba a tirar la boleta, pero se dio cuenta de que había algo escrito al reverso de ésta: el nombre y el número de teléfono de la chica. Hilarante, él pensaba que eso sólo ocurría en las películas.

Guardó el número, quizás algún día necesitara hablar con alguien, o tal vez sólo pasar el rato. Claramente sabía que Camille probablemente no quería precisamente hablar con él, pero bueno, ella se había arriesgado a darle el número.

Já, como si algún día la fueras a llamar, pensó.

Para cuando llegó a su destino, un par de rebeldes lágrimas habían escapado de sus ojos, acariciando sus mejillas con delicadeza, finalizando su recorrido en sus pálidos labios.

Se sentó en el lugar de siempre, tomándose unos minutos para admirar su alrededor, y posteriormente cerrar sus ojos para sentir el sonido de las hojas cayendo al suelo, el sonido de algunos valientes pájaros que aún se atrevían a salir pese al frío. Sus músculos se relajaron, y el nudo de su garganta se había aflojado un poco, probablemente gracias al café de vainilla que tanto a amaba, lo cual era una muy buena señal.

Extrajo de su bolso la copia de “Cómo matar a un Ruiseñor” para continuar su lectura, y así poder realizar el ensayo que su profesor le había pedido para esa semana.

Sin embargo, él seguía en su mente, estaba presente en cada uno de sus latidos, en cada pulsación, en cada respiración…

Oh, Dios, esto tiene que parar.

El viento pasó por su lado dejando un sutil beso junto a una caricia en su tan atractivo y característico cabello, logrando desordenarlo un poco. Se sintió como un consuelo, como lo que su madre y su hermana habían hecho cuando él les había contado lo acontecido.

Suspiró nuevamente y miró la tapa del libro y, sólo se quedó allí, sollozando, interrumpiendo la tranquilidad del lugar, sintiéndose un poco culpable por eso.

~

Harry Styles, un chico especial desde el día de su accidentado nacimiento. Queriendo liberarse antes del vientre de su madre, adelantó su llegada al mundo en un día, lo cual tomó por sorpresa a sus padres y hermana mayor, quien ansiosa esperaba la llegada de aquel nuevo integrante de la familia a quien había jurado proteger con su vida.

Durante su infancia llamó la atención de sus padres la facilidad con la que aprendía cosas nuevas. Tardó un poco más de lo esperado en comenzar a hablar, pero siempre estuvo un paso más adelante que sus compañeros. Era un niño bastante tímido y retraído, al cual siempre podías ver dibujando o pintando con una prolijidad poco común en los chicos de su edad.

Al comenzar la escuela, las cosas no cambiaron mucho para él. No tenía mucha “habilidad social”, por lo que hacer amigos nunca fue uno de sus fuertes, mucho menos una preocupación. Se las arreglaba bien él solo. Como era de esperarse fue un alumno sobresaliente en todas las asignaturas, incluso en los deportes, sobre todo en su favorito: soccer. Ganó más de una vez el concurso de literatura que su escuela organizaba anualmente. Incentivado por sus profesores, su gusto por aquel arte se fue incrementando con el paso de los años, haciendo que, una vez graduado, optara por profundizar sus conocimientos e ingresar a la carrera de Literatura.

Allí fue donde conoció a Tyler, su profesor de lingüística, diez años mayor que él, prácticamente su primer amor, con quien había aprendido lo que era sentirse enamorado, con quien había descubierto lo mágico que se sentía amar. El mismo por quien había estado llorando, el mismo que había hecho mierda su corazón.

El mismo que había dejado su autoestima por el suelo, haciéndole sentir miserable sin su compañía. Tyler, quien le había hecho saber lo que poco y nada valía.

Dios, ¿qué andaba mal con él? ¿Por qué simplemente no había podido prosperar aquella relación? ¿En serio había sido sólo su culpa?

No, no, claro que no. O al menos eso decían sus amigos. Sin embargo, si él le hubiese dado un poco más de espacio, si no lo hubiera buscado cada vez que se sentía solo, si no hubiese salido cuando Tyler le había dicho que no lo hiciera, si no hubiese visto a sus amigos cuando él se lo hubiese prohibido, si no le hubiera aburrido su mierda de persona, tal vez sí seguirían juntos…

— Quizá deberías salir con Brad. –sugirió su madre luego de intercambiar miradas de preocupación con Gemma mientras tomaban el té. Él suspiró.

— Estoy bien, mamá. –habló bajito mientras le daba una mordida a su tostada con mermelada de frambuesa.

— ¿Qué te parece si vamos al cine mañana, eh? –ofreció su hermana con fingido entusiasmo.

— Tengo mucho que estudiar.- mintió. Harry jamás estaba demasiado ocupado con su estudio ya que era un chico bastante ordenado con sus horarios, por lo tanto, tenía tiempo para todo. Siempre.

— Pero…

— Saldré. –Anunció.- Iré a visitar a la abuela. –dijo como último recurso.

— Debes salir a divertirte. Está bien que vayas a ver a la abuela, pero… supongo que entiendes a lo que me refiero. –habló su madre.

— Tengo muchos exámenes, mucho que leer, ya saben, no puedo permitirme muchas salidas. –prosiguió sin mirarlas, temiendo que su mentira fuera descubierta.

Odiaba mentir, sobre todo odiaba mentirles a su madre y a su hermana, pero probablemente aquella mentira no sería contada, ya que ellas sabían de sobra que en realidad no quería salir y sólo estaba inventando excusas.

Ni su hermana ni su madre siguieron insistiendo en que saliera y se distrajera, lo cual agradeció mentalmente, y aunque él, de vez en cuando pensara en ir a alguna fiesta, en salir a divertirse como lo hacían los demás chicos de su edad, no sabría con quién hacerlo; desde su relación con Tyler, había perdido a la mayoría de sus amigos. Para su suerte, aún estaba Brad, quien siempre estuvo a su lado, su mejor amigo y el enemigo número uno de su ex novio.

Bradley Aldridge, un rubio de ojos esmeralda muy bueno para las fiestas y la vida nocturna, amante de las fiestas, las chicas y la vida, lo cual contrastaba bastante con la personalidad de Harry. Si bien ambos eran muy distintos, con caracteres y personalidades totalmente opuestos, de alguna manera se compenetraban muy bien, logrando así tener una amistad que sólo se volvía más fuerte con el pasar de los años y a pesar de todos los altibajos.

Entonces lo pensó: Quizá… sólo quizá podría pedirle a Brad que me… lleve de fiesta algún día.

Se levantó de la mesa, no sin antes agradecerle a su madre, y luego volvió a su habitación. Una vez dentro, tomó su móvil y estuvo dispuesto a llamar al oji-esmeralda para preguntarle si había alguna posibilidad de salir a… bailar, o algo así.

¿Bailar, Harry? ¿Estás loco?, se cuestionó devolviendo el aparatito a la mesita de noche tan rápido, como si quemara. No hizo más que suspirar y luego su móvil vibró obligándole a tomarlo nuevamente.

La pantalla anunciaba la llegada de un nuevo mensaje, justamente, de Brad.

“¿Recuerdas que mañana es la exposición, verdad Rulos? Te espero. ¡Estoy ansioso!” Una sonrisa danzó en sus labios al leer el final de aquel mensaje.

Casi había olvidado aquello, así que agradecía al cielo que Bradley fuera tan precavido y le hubiese enviado un mensaje para recordarle.

Bien, lo mejor que podía hacer si pretendía levantarse temprano para acudir a la primera exposición formal de su mejor amigo, era dormir en ese mismísimo instante, por lo que fue al baño, lavó sus dientes, se puso el pijama y se acomodó bajo las mantas.

Perfecto, algo diferente para mañana. Quizás así podría volver a retomar el curso normal de su vida. Tal vez pudiese volver a ser el chico retraído, pero risueño una vez que entraba en confianza, aquel chico cuya sonrisa dejaba ver unos adorables hoyuelos que todo el mundo adoraba y que tan poco se habían dejado ver durante las últimas semanas.

Quizá podría volver a tomar el timón de aquel barco, quizá podría encontrar su propia brújula y así hallar el camino de regreso a sí mismo.

~

Había olvidado poner la alarma de su móvil, por lo cual había sido prácticamente un milagro que se despertara sin ningún tipo de aviso. Pese a levantarse un poco más tarde de lo que debería haberlo hecho, logró llegar justo a la hora, cansado, con sus piernas rogando por un lugar en el cual sentarse, pero lo había logrado y eso era lo que importaba.

Había mucha gente para ser sábado por la mañana y eso le sorprendió un poco, ya que si no fuese porque Brad era su amigo y era su obligación estar allí en un momento tan importante, se hubiese quedado en su cama durmiendo plácidamente.

Sin quererlo, bostezó pero intentó disimularlo.

— ¡Viniste! –oyó a sus espaldas y luego sintió unos brazos rodeándole.

— Claro que sí. –contestó con media sonrisa.

— Muchas gracias, Rulos. –dijo su amigo con notable emoción.

— Hey, ¿cómo iba a perderme esta maravilla? –bromeó.

— ¿Cómo has estado? Siento no haberte visitado durante esta semana, pero ya sabes, todo esto implica mucho tiempo. –lamentó sinceramente.

— Oye, no tienes nada por lo cual disculparte. Yo estoy bien.- Una segunda mentira, eso estaba mal.

— No, no lo estás. Te conozco. –el rubio le dedicó aquella mirada de compasión que él tanto odiaba.

— Brad, estaré bien, ¿sí? No te preocupes por mí, mucho menos ahora que tienes algo mucho más importante que atender. –le sonrió para tranquilizarle.

— Tú eres muy importante para mí, lo sabes, ¿verdad, Rulos? –preguntó el rubio mientras le abrazaba nuevamente.

— Claro que sí. Tú también eres muy importante para mí, Brad. –respondió.- Y ahora vete a atender a todo este público. –le golpeó suavemente el brazo.

— Está bien, nos vemos luego. –indicó el oji-esmeralda para luego perderse entre la gente.

Sus ojos verdes se pasearon por las pinturas y más de una llamó su atención. Brad siempre había sido muy bueno con esas cosas, y se sentía más que orgulloso de tenerlo como amigo, de saber que le estaba yendo bien pese a lo difícil que era la vida de un artista. Estaba realmente muy orgulloso porque sabía cuánto le había costado al rubio llegar hasta allí. Ciertamente no sabía mucho sobre pintura, pero cada vez que tenía tiempo libre con su amigo, le pedía que le explicara algunas cosas, por lo que el pequeño conocimiento que tenía, se lo debía enteramente al rubio.

Recorrió la galería y se detuvo en el lugar de las esculturas. Vio trabajos preciosos e incluso se atrevió a tocar algunos aunque eso estuviese estrictamente prohibido. Recorrió un poco más y sin saber cómo, en un torpe descuido, tropezó quién sabe con qué e intentó afirmarse en una de las esculturas, la cual por suerte no cayó, mas él no corrió la misma suerte y de todas maneras terminó en el suelo.

— Hey, ¿estás bien? –escuchó una particular voz y posteriormente una mano lo tomó fuertemente del brazo para ayudarle a ponerse de pie nuevamente.

— Sí, gracias.- volteó un poco el rostro para ver de quién se trataba y a primera vista no reconoció a ese chico de llamativos ojos azules y cabello castaño claro.

— ¿Harry? –preguntó el muchacho mirándole incrédulo mientras una sonrisa tímida se dibujaba en sus finos labios.

— Uhm… sí. –respondió inseguro arreglando sus ropas.

— ¡Oh, no me recuerdas! –Exclamó con una sonrisa, mas se notaba un tanto desilusionado.- Soy Louis, Louis Tomlinson, el presidente del Consejo estudiantil en la secundaria.  – Oh y ahora que hacía un poco de memoria, lograba recordar a ese chico.

— Oh, Louis, ¡claro! Qué estúpido soy. –Respondió él con gesto neutro - ¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí? –inquirió sin saber por qué, ya que no le interesaba en lo más mínimo.

— Estoy bien, muchas gracias y ando aquí con mis alumnos.- Sus ojos azules se dirigieron hacia un grupo de muchachos quienes les miraban atentos.

— ¿Traes a tus alumnos un día sábado por la mañana a ver una exposición de pintura? –preguntó con notable curiosidad.

— Así es. Créeme, sus madres están más que contentas de saber que sus hijos estarán en una galería de arte en lugar de tener los ojos pegados al televisor durante horas. –Explicó de manera graciosa- ¿Tú qué haces aquí? –averiguó.

— Nada, pasando el rato, mi amigo expone hoy sus pinturas. -respondió mirando a su alrededor.

— ¿Sí? ¿Cuál es su nombre? –el castaño se mostró interesado. Harry se sintió un poco intimidado por aquel par de ojos azules que le miraban expectantes.

— Brad, Bradley Aldridge. –señaló.

— ¿Lo juras? –Louis parecía muy contento, como hiperactivo, tal y como lo recordaba. El castaño siempre había sido un chico alegre, lleno de energía. Sin embargo, se veía distinto, había algo nuevo en él, sin embargo, nunca fueron tan amigos como para que Harry pudiera dar con ese “algo” que había cambiado en Tomlinson.

— Ahá. –asintió.

— Brad también es amigo mío, de hecho fue él quien me invitó. – Eso sí que era una sorpresa. – Bien, yo… debo volver con los chicos. –Anunció- Espero que nos volvamos a ver pronto, ponernos al día y esas cosas, ya sabes. –sonrió nuevamente. –Nos vemos, Harry. -estrechó su mano.

— Claro, nos vemos. –Louis volteó para volver con sus alumnos.

Harry igualmente volteó y siguió curioseando en el lugar. A medida que caminaba fue recordando más y más cosas de la secundaria, de su curso, de Louis y oh… recordó que durante tres años, Louis Tomlinson, el chico con el cual acababa de toparse, había sido algo así como su amor platónico. Sus mejillas se tiñeron de un adorable color escarlata al recordarlo e instantáneamente llevó sus manos a su rostro para asegurarse de que nadie lo notara.

Dios, que vergüenza, pensó con una mueca en su rostro.

Luego de eso se rió, lo cual llamó la atención de algunos visitantes. No sabía por qué estaba riendo, no sabía si era una risa nerviosa, o sólo le parecía gracioso haberse topado con quien tuvo una especie de “flechazo” durante prácticamente toda la secundaria. Bueno, en realidad la situación era graciosa, pero aun así se sorprendió al oír su risa por primera vez en un par de semanas.

— Rulos, ¿te sientes bien? –preguntó su amigo llegando a su lado.

— Bastante, ¿por qué? –respondió volviendo a la normalidad.

— No lo sé, eso fue… extraño, es decir, genial, pero extraño. –Harry sabía a lo que se refería, y sólo sonrió.

— Estoy bien. –afirmó.

— Genial. Oh, me he topado con Louis, me dijo que habían ido a la misma secundaria. –Brad le miró inquisidor, dejando la idea abierta, claramente esperando a que él hablara, le contara de qué se conocían y eso.

— Uhm sí, él era el presidente del consejo estudiantil y ya sabes, fui presidente de mi curso durante toda la secundaria, por eso nos conocíamos. –dijo escuetamente intentando obviar un pequeño detalle para así no estallar en risas nuevamente.

— ¡Genial! Quizá podríamos salir juntos esta noche, u otro día y así me cuentan más acerca de ustedes. –su amigo sonrió ampliamente; le gustaba mucho la idea y a decir verdad, para él eso constituía un escenario bastante divertido, aunque la idea no le convencía del todo.

— Claro. –respondió de todas maneras.

— Bien, entonces iré a decírselo. –Oh, genial.- Nos vemos luego, Rulos. –Brad le sacudió el cabello y posteriormente desapareció.

Al rato se aburrió, por lo que decidió irse, no sin antes enviarle un mensaje al oji-esmeralda disculpándose por haberse retirado sin despedirse, pero se le había hecho imposible encontrarlo.

Una vez en su casa, en la cocina específicamente, Anne y Gemma le preguntaron acerca de la galería y quisieron sacarle hasta el más mínimo y estúpido detalle, logrando que incluso les contara que había caído al suelo sin saber cómo, obviando el hecho de que alguien le había ayudado a levantarse, ya que definitivamente no quería que se enteraran que había vuelto a ver aquel chico, ya que sabían acerca de los sentimientos que alguna vez tuvo por él.

— ¿Entonces lo pasaste bien? –inquirió su hermana ayudando a su madre a preparar el almuerzo.

— Si olvidamos el hecho de que me caí, sí, estuvo bien.- respondió con simpleza mientras mordía una manzana.- Además, Brad parecía fascinado, me dijo que había recibido muy buenos comentarios con respecto a su trabajo.

— ¡Eso es genial! Me gustaría poder ir a ver sus pinturas. –señaló Anne.

— Claro, puedes ir. Creo que estarán hasta el próximo sábado o algo así. Le preguntaré. –señaló.

Subió hasta su habitación y abrió las cortinas, dejando entrar los débiles rayos del sol que mantenían una silenciosa lucha con las nubes allí arriba. Ordenó un poco, topándose así con un par de fotografía de él junto a Tyler. Sus ojos se humedecieron y los cerró, impidiendo que las lágrimas nuevamente hicieran aparición.

Todo había estado genial hasta ese momento. ¿Por qué no había tirado aquellas cosas? ¿Por qué aún conservaba las fotografías, las cartas y todo ese tipo de cosas?

Nuevamente se sintió solo, vacío, y era estúpido porque tenía a su familia, tenía a Brad y ellos se preocupaban por él, sin embargo, él necesitaba sentir otro tipo de amor, aquel que al parecer no estaba destinado para él. Aquel que al parecer sólo le correspondía mirar desde fuera.

Demonios, en serio necesitaba saber qué andaba mal en él.

— ¿Harry? –escuchó desde la puerta de su habitación. – Hey, ¿qué pasa? –preguntó su hermana sentándose junto a él en el suelo.

No respondió, sólo se refugió en el cuello de su hermana y lloró durante mucho tiempo.

— Todo irá bien, Harry, ya verás. –dijo ella acariciándole la espalda.

Luego de un rato, logró calmarse y decidió que estudiaría cada segundo libre para así evitar pensar, ya que eso le hacía terrible, le dañaba en lo más profundo.

Agradeció a su hermana y ésta le hizo prometer que le diría cuando se sintiese mal, a lo cual él asintió con una pequeña sonrisa.

Hizo su cama y luego se tendió sobre ésta para leer; tenía montón de exámenes durante la semana, así que sólo le quedaba leer y tener, una vez más, una enorme taza de café en la mesita de noche.

Una sonrisa se le escapó al pensar en Camille, la chica que le había dado su número de teléfono.

Por lo menos tendré toda la semana ocupada, ese era su consuelo.

Suspiró mirando todo el material que debía leer y se preparó mentalmente durante unos minutos. Cerró sus ojos, respiró profundo y comenzó.

~

Eran las nueve de la noche cuando su estómago comenzó a rugir por comida. Había estudiado bastante, aunque claramente se había tomado varios descansos para estirar sus piernas, acercarse a la ventana a respirar e incluso se dio el lujo de tomar algunas fotografías al atardecer –aunque éste no tuviera nada de especial- para así olvidar el dolor.

Bajó al primer piso por algo de comer y se encontró solo. Seguramente su madre había ido a trabajar; al ser enfermera debía cubrir turnos y Harry sabía que aquella semana le tocaba trabajar de noche. Gemma probablemente había salido de fiesta, lo cual confirmó cuando vio su nota en la mesita de la cocina, y junto a ésta, la de su madre, diciendo que lo quería y que la cena estaba en el microondas.

Harry sonrió: su madre y su hermana sabían que su concentración era muy frágil, por lo que únicamente interrumpían su estudio cuando era estrictamente necesario, de lo contrario, sólo dejaban notas.

El sonido del teléfono de la casa lo hizo saltar del susto y maldijo por lo bajo para luego tomar el auricular.

— ¿Diga? –contestó.

— ¿Por qué jodidos no contestas tu celular? ¡Te he dejado muchos mensajes y te he llamado por lo menos tres veces, idiota! –le gruñó Brad.

— Lo siento, no me di cuenta. –se disculpó. Su amigo bufó.

— Como sea, ¿estás listo? –preguntó el rubio.

— ¿Listo? –inquirió confundido.

— ¡Claro! ¿Recuerdas que te dije que debíamos salir con Louis? Pues saldremos esta noche. – El tema ya no le causaba risa. Que tristeza.

— No… no puedo salir hoy, Brad. –susurró.

— ¿Por qué? ¡Vamos, Harry, sólo una noche! –dijo en tono suplicante.

— Tengo millones de exámenes, debo estudiar. Además ni Gemma ni mamá están en casa. –se excusó.

— Okay, tu último motivo es un tanto aceptable, pero eso de que tienes que estudiar me vale, Rulos, lo sabes. Puedes darte el lujo de divertirte un día porque eres un excelente alumno. –Harry sonrió ante eso.

— Gracias, Brad.

— Bueno, habrá que postergar la salida… ¡La próxima semana no te escapas, Rulos! –dijo su amigo en tono gracioso.

— Está bien, está bien, ya entendí. Diviértanse, adiós.

— ¡Nos vemos, amigo! –finalizó la llamada.

Nuevamente fue hasta la cocina para calentar la comida que su madre le había dejado. Mientras esperaba se puso a tararear una canción que no sabía de quién era, ni su nombre, sólo la tenía en mente.

Poco a poco fue recordando un par de cosas acerca de Louis y de todo el tema de la “secundaria”, fue entonces cuando se preguntó en qué estaba pensando cuando miró de esa manera al chico de ojos azules. Intentó recordar qué había sido eso que le había llamado la atención, lo primero que había notado de aquel alegre chico cuya expresión denotaba completa amabilidad…

¿Qué había sido eso que había hecho suspirar a Harry como una chica cada vez que debían verse por asuntos académicos? ¿Cuál había sido aquel pequeño detalle que le había atraído de Louis?

¿Su imborrable sonrisa? ¿Su particular tono de voz? O tal vez, ¿sus ojos?

Oh, sí, aquellos hermosos y penetrantes ojos de color azul.

 

Internamente agradecía haberse reencontrado con Louis, ya que recordar aquel sentimiento que tenía por él, la secundaria y todo eso, le habían hecho sentir un poco mejor, de hecho había sonreído bastante gracias a ello. Incluso comenzaba a sentirse un poco como él mismo.

 

Tal vez había encontrado su brújula, quizá aquel mismo día había tomado nuevamente el timón de su barco sin darse cuenta, y en gran parte se lo debía a Louis, al chico de los ojos azules, aquel azul que Harry sólo podía comparar con el azul del mar…

Sí, eso era, los ojos de Louis eran exactamente así, tan azules, tan profundos como el mismísimo mar.

 

:*