Chapter Text
Mudarse a un lugar desconocido y lejos del hogar nunca era fácil, sobretodo cuando era de manera repentina y toda la cultura del lugar al que te mudabas era completamente distinta y distante de lo que has entendido toda tu vida, Kim Jongseob lo sabía muy bien, pero el bichito de la ambición siempre estaba ahí, picando constantemente para que hiciera cosas que hace segundos nunca se le pasarían por la cabeza, aceptar trabajar en la otra punta del mundo era arriesgado, irse a un país de habla hispana siendo él coreano era ridículo, más aún sin saber el idioma. Aunque la situación por la cual Jongseob aceptó ir a Chile, instalarse en el complejo de casas del observatorio ALMA era porque añoraba algún día estudiar los astros en ese lugar, sabía que era uno de los mejores lugares del mundo para verlos con claridad, muchas veces, cuando era pequeño y sus padres le querían enseñar a bailar, él aceptaba, pero al llegar a su casa y entrar a su dormitorio, se desvelaba viendo imágenes del Desierto de Atacama de noche plagado de estrellas y planetas resplandecientes que hacían brillar sus joviales luceros, así que ahora no sonaba tan descabellado, ¿verdad? Para el joven y talentoso astrónomo ir allá era un gran honor. Kim Jongseob aceptó sin pensarlo dos veces, le dijo a sus padres que, aunque preocupados, aceptaron la decisión algo descabellada de su único hijo.
—De verdad espero que nos visites pronto, cariño —mencionó la mujer abrazando a su hijo con fuerza. Jongseob sintió su pecho pesar, pero su mente le decía que era lo correcto, que allá podría ver mejores oportunidades y lo que siempre soñó.
—Lo haré, lo prometo —al separarse de la mujer le sonrió y luego le hizo el mismo gesto a su padre.
El hombre no podía quejarse, tenían un hijo sano, hermoso y sobre todo inteligente, que se fuera a perseguir su sueño solo lo hacía sentir en la dicha máxima.
—Triunfarás allá, lo sé —le aseguró mientras le palmeaba los hombros y luego apoyaba su palma en la mejilla de su hijo mientras la acariciaba.
Jongseob miró por última vez a sus padres antes de caminar a la puerta que lo llevaría a un país remoto. Las horas fueron largas, tediosas y solo hicieron que el joven se cansara bastante, el cambió de horario se notó enseguida bajó del avión. Frotó sus ojos y caminó por la manga, pasó por policía, cuando salió de las puertas buscó con su mirada a quien sería la persona que se encargaría de él en la adaptación. Un cartel con su nombre llamó su atención, este era sostenido por un chico de cabellos negros, de mirada penetrante como los de un depredador, pero en cuanto cruzó miradas con el rubio, una amable sonrisa se formó en sus labios y si antes parecía un zorro ahora tenía la apariencia de un amable ratoncito.
—Hola, debes ser Jongseob, soy Jiung, Choi Jiung —el joven que parecía ser solo unos años mayor que el rubio extendió su mano.
—Un gusto, ¿es…es coreano? —preguntó en un titubeo y el chico sonrió.
—¡Sí! Por eso me asignaron como tu guía —sonrió ayudando de manera amable al menor con sus maletas—, por favor sin tantas formalidades, ¡estamos en Chile! Acá la diferencia de edad no importa para ser amigos o compañeros, pero si quieres saber, tengo 24 —Jongseob asintió algo cohibido, pero solo porque no conocía mucho al contrario, pero Jiung desprendía un aire de confianza que hacía que Jongseob se sintiera menos tenso.
—Un gusto…
—El gusto es todo mío, es genial tener a más gente coreana, por ahora solo somos tú, un compañero de lo más molesto y yo.
—Ya veo —asintió el chico.
—Por cierto, algunas de tus maletas, las que más pesaban, ya están en la residencia.
El camino fue ameno, tranquilo, Jiung le daba de vez en cuando pequeñas indicaciones del país en general, del clima, cosas comunes para entender el país en el que vas a vivir de ahora en adelante, en otras ocasiones Jiung dejaba que Jongseob disfrutara de la vista que el paisaje le entregaba, no era mucho, era desierto después de todo, pero Jongseob sabía que al llegar la noche todo eso sería hermoso.
—Tendrás al menos un mes para adaptarte antes de entrar de lleno a las investigaciones y trabajos en el observatorio —mencionó Jiung bajando de la camioneta junto con el menor—, ya sabes el jet lag y todo eso, adaptarte a un lugar que tiene 12 horas de diferencia es agotador.
—Lo es —murmuró Jongseob sintiendo sus ojos pesados, si bien le asignaron un asiento clase alta, era cómodo, por supuesto, pero aún así el cansancio ya le estaba jugando en contra.
Jiung lo guió con paciencia y dedicación, le mostraba de manera vaga para que la cansada mente de Jongseob pudiera entenderlo.
—¡¿Dónde te habías metido?! —una voz coreana potente hizo que Jongseob volviera a sus sentidos, miró con sorpresa a la persona que se colgó del cuello de su guía por la espalda.
—Intak… —la voz de Jiung sonaba como una advertencia y el chico alto lo soltó inmediatamente—Te dije que iría a buscar al nuevo —luego con una sonrisa amable se giró al menor—. Jongseob, él es Hwang Intak, de quién te hablé.
—Espero que hayan sido cosas buenas —la sonrisa amable y su mano extendida hizo que Jongseob sonriera de manera tímida, pero aceptara su mano para estrecharla. Jongseob pasó su mirada de Intak a Jiung que esperaba de manera paciente.
—Kim Jongseob —se presentó.
Los ojos de Intak se iluminaron estrechando la mano del menor con fuerza.
—Un gusto, Jongseob, espero que nos llevemos de maravilla —el entusiasmo del pelinegro eran…agobiantes.
—I-igual.
—Ya, déjalo, lo estás espantando —habló Jiung alejando al pobre chico de Intak—. Vamos, estoy seguro de que quieres dormir aunque sea un poco, cuando repongas tus energías te mostraré las instalaciones y donde trabajaremos con mayor detenimiento —mencionó caminando seguido de Jongseob e Intak—. Aquí es.
Jiung abrió la puerta y Jongseob pasó con tranquilidad, dio un vistazo rápido, era bastante amplia, más de lo que esperaba, sus maletas estaban ordenadas en un rincón. Se sentó en la cama y sonrió hacia Jiung que estaba a un lado de Intak.
—Gracias…
—No hay problema, descansa mientras puedas, no parece, pero aquí se hacen bastantes cosas.
Jongseob sonrió— Lo sé.
Jiung asintió con una sonrisa— Ya, no te molesto más, descansa, ah, y si suena una alarma es porque ya es hora de cenar —Intak movió su mano con una sonrisa y luego los dos dejaron a Jongseob solo.
El joven dio un largo suspiro y dejó caer su cuerpo, la cama era cómoda, pero antes de que el sueño le ganara, le mandó mensaje a sus padres, que por lógicas de horario no iban a leer hasta que despertaran, luego dejó su teléfono a un lado, sus músculos se relajaron al instante haciendo que cayera en un sueño profundo.
En efecto, una fuerte alarma hizo que de un salto se levantara de la cama, miró a todos lados de manera desorientada, vio que en el teléfono la hora marcaba las ocho de la noche. Había dormido bastante. Aunque el sonido de la puerta hizo que se girara.
—Pase —soltó y la puerta se abrió, la sonrisa amable de Jiung se hizo presente junto a una bandeja con abundante comida.
—Hola, de nuevo, ¿dormiste bien? —le preguntó entrando a la habitación. Jongseob asintió sonriendo con suavidad aunque luego acomodó su cabello solo por si acaso—Te traje la cena, para que simplemente vuelvas a dormir luego de esta.
—Gracias —le sonrió mientras el mayor le dejaba la bandeja en el escritorio.
Jiung asintió sonriendo.
—Ahora te dejo de nuevo, no te preocupes por entregarlo hoy —el mayor sonrió con suavidad.
Jongseob agradeció nuevamente y Jiung lo dejó solo. El joven comió mientras veía videos en YouTube. Cuando terminó dejó las cosas en su escritorio y se quedó completamente dormido.
La expectación por su nueva vida y nuevas experiencias, borboteaba en su pecho con entusiasmo
