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Los habitantes de la aldea Ishigami no esperaban la abrupta tormenta nocturna de primavera. La lluvia golpeaba sin compasión, el viento rugía con fervor ante la posible idea de destruir la calidez de los hogares, aun cuando hace apenas unas horas atrás el sol se levantaba impasible prometiendo días de tranquilidad. Si bien comprendían jamás confiarse de la impredecible naturaleza, era una situación delicada. El agua inundaba el interior de los espacios privados y la preocupación inminente de que siguiera varios días más le quitó el sueño a todos los aldeanos, alertándolos, defendiendo el perímetro de posibles riesgos y unir a los más débiles en comunidad.
Kinro, Ginro y Kohaku actuaron rápido cubriendo a los niños hacia un almacén protegido con pieles de animales, aislando con mayor facilidad el ingreso de la lluvia y velando por su bienestar.
´´¿Estás seguro que son todos? ´´
Kohaku gritó desde la otra punta del local a sus compañeros mientras se esforzaba en mantener la puerta cerrada. Realizó un conteo rápido, pero aun con su visión no podía fiarse de las variables de la oscuridad. La muerte de los adultos era una lástima, la de los niños, una tragedia no podían volver a permitirse.
´´¡No veo a Suika! ¡Debe estar ayudando a los adultos! ´´ Alertó Ginro, quien trataba de no mostrarse asustado por el ruido del viento.
Kohaku maldijo y salió corriendo hacia el centro de la aldea con una leve idea de donde podría estar, en un vano intento de visualizar alguna silueta de calabaza en la penumbra de la noche y a costa del viento que entorpecía sus pasos, mientras esquivaba a los habitantes desorientados. No podía enojarse con Suika, era una niña dulce y cooperativa, aun con sus venideros ocho años era incapaz de quedarse quieta si sentía que era posible entregar algo de apoyo a sus seres queridos. Pero el suelo era inestable, el río se desembocaba con violencia y los accidentes ocurrían en un segundo, no podía dejarla desprotegida.
Jamás había visto una tormenta tan agresiva en toda su vida, rezaba a cualquier Dios que pudiese escuchar que nadie muriese esa noche por un golpe descuidado o una caída mortal. Que su hermana se mantuviese fuerte hasta mañana. Que pudiese encontrar a Suika aún si el viento no dejaba que su voz se expandiera para ser escuchada.
Que Suika estuviese a salvo y no se hubiese alejado de la aldea como su primera suposición.
´´¡Kohaku!´´
Levantó la vista ante el débil grito de una niña.
Ah, ahí estaba, en el otro extremo del puente.
´´¡Suika, vuelve aquí! ¡Puedes caerte! ´´ Pero en cuanto Kohaku se acercó lo suficiente a Suika para tomarla del brazo, ella se alejó un poco más hacia el bosque. Kohaku gimió frustrada ´´¡No es momento de jugar, vuelve!´´
´´¡No! ¡Alguien llora!´´
Kinro y Kokuyo se acercaron en un intento de llevarlas de regreso, hasta que la voz de Suika resonó sobre el aullido del viento.
´´¡Escuché el llanto de un niño! ¡Hay que ir a buscarlo!´´
Los tres adultos se miraron escépticos, Kinro y Kohaku estaban seguros que solo faltaba Suika entre los niños de la aldea, los habían contado a consciencia. Pero en una circunstancia donde el tiempo apremiaba, Kokuyo tomó a Suika para protegerla de la lluvia mientras Kinro y Kohaku eran guiados hacia el lugar en el cual se escuchó el supuesto llanto.
Era mejor equivocarse, y volverían rápido entre los tres resguardando a Suika para que no volviera a escapar.
La oscuridad no permitía un breve espacio de seguridad, pero conocían el camino de memoria, mientras más se adentraron hacia el bosque, fueron capaces de apreciar, muy levemente, el llanto impío de un infante.
Kohaku y Kinro aumentaron el paso con decisión, los segundos eran escasos, pero ante un pequeño aprecio de misericordia por el destino, el viento comenzó a menguar, dando paso al evidente grito de un niño a pocos pasos de su posición.
´´¡Kohaku, ahí!´´
Kokuyo fue quien lo visualizó primero, Suika se deslizó entre sus brazos para correr hacia una silueta tan pequeña que fácilmente podía ser confundida con un jabalí salvaje. Ahí, en medio del bosque, apenas respirando y con piedra alrededor de su cuerpo, se encontraba un infante que no era parte de la aldea Ishigami.
Los tres adultos se quedaron en silencio, tratando de comprender las circunstancias de la situación. No era un niño de la aldea, estaba perdido, empapado de pies a cabeza, sin nada que lo cubriera de la lluvia, ahora menguando levemente gracias a la calma del viento, los retazos de piedra que se desprendían de su cuerpo delataban un origen imposible de ignorar
Era una de aquellas piedras con forma humana… y ahora respiraba.
Asumieron como grupo mientras Suika lo calmaba con una palmaditas en la cabeza, Kohaku se acercó por inercia al pequeño niño, cubriéndolo rápidamente con su abrigo de invierno, quien la miró con ojos expectantes.
´´Jefe, ¿alguna vez ha presenciado algo así?´´
Kokuyo negó con la cabeza, no sabía cuánto tiempo había pasado desde la carrera hacia el encuentro, pero se sentía lejano ya con la lluvia amainando su furia alrededor de la aldea. Ahora podían escuchar con mayor claridad el llanto del niño.
´´¡Kohaku! ¡Kohaku!´´
Fueron las palabras que apenas registraba su entorpecido lenguaje mientras Kohaku lo levantaba del suelo, solo lo abrazó tratando de contenerlo.
´´Así es, me llamo Kohaku. Lo escuchaste cuando veníamos de camino, ¿eh? que niño tan listo eres. ´´ El pequeño desconocido ahora solo lloraba en silencio. Temblaba y se presionaba con gran frustración sobre el cuerpo de Kohaku en búsqueda de calor.
´´¿Qué hacemos, jefe?´´ preguntó Kinro, Suika se levantó rápidamente para ser reconocida.
´´No lo vamos a dejar aquí, ¿verdad? es más pequeño que Suika…´´
´´No, que Kohaku lo cargue de vuelta, hay que volver a la aldea. No lograremos nada mojándonos aquí; debemos comprender la situación con calma y con algo de ropa seca.''
Nadie replicó, si bien la furia de la tormenta parecía haber menguado, podría volver a activarse con fuerza en cualquier momento. Todos regresaron hacia la aldea Ishigami, mientras Suika se mantenía cerca de Kohaku para ver al pequeño niño en brazos de su nueva protectora, cubierto por la capucha para protegerlo de cualquier peligro.
El llanto del pequeño resonaba en el pecho de Kohaku, los temblores y gemidos apenas cesaban mientras entraba en calor. Suika tenía razón, era demasiado joven para estar fuera de una tormenta tan pesada, y las circunstancias de estar solo era una incógnita aún más grande. Ella lo presionó solo un poco más para hacerle entender, de alguna manera, que estaba a salvo junto a ella. Apenas escuchó un breve suspiro que le alivió un poco la preocupación.
Cuando entraron a la cabaña de Kokuyo, Kohaku trató de dejarlo en el suelo, pero el pequeño desconocido solo se apretó con más fuerza a su torso con sus diminutas piernas.
´´Ehh, creo que tengo un problema.´´
Kinro y Kokuyo trataron de ayudarla, en vano. El niño se quejaba fuertemente por la idea de estar lejos de su nueva protectora, no quería estar en el suelo, quería el confort de los brazos. Suika en un intento de ayudar, se acercó a él para saludarlo, mientras Ruri, quien permanecía en silencio, visualizaba la escena con desconcierto, se acercó para comprender lo que sucedía a los recién llegados.
´´¿Padre? ¿Quién es ese niño que se pegó a Kohaku?´´
´´¡Ruri, no te acerques! ¡Podría ser peligroso! ´´
Qué comentario más absurdo, pensó Ruri. ¿Qué peligro sería un niño tan pequeño como él? cuyo cuerpo estaba completamente cubierto por el abrigo de su hermana, y apenas entendía lo que sucedía bajo los rostros de personas desconocidas.
Pero no se acercó.
´´¡Hola! ¿eres una especie de habitante del bosque? ¡Soy Suika, un gusto!´´
El niño levantó la vista cuando prestó atención a la voz de Suika, siendo tomado por Kinro y bajando la capucha ya empapada que se le había prestado minutos atrás. Todos reaccionaron expectantes, y atormentados al mismo tiempo.
Un niño de cabello desordenado, tan blanco que parecía absorber la luz de la habitación. Las puntas negras enmarcaban sus mejillas redondas y delicadas, aún húmedas por la lluvia. Su mirada entornaba el miedo y la frustración de su propia realidad, mientras los retazos de la piedra tapaban partes de su piel delgada y brillante.
Lo más inquietante, era la sangre que descendía desde su cuello hasta el pecho, armonizaba inquietantemente con el color de sus ojos.
Era lúgubre.
´´Dime pequeño…´´ Ruri se acercó, ignorando la petición en silencio de su padre. Acarició su mejilla en un intento de limpiar las lágrimas de su rostro. ´´¿estás herido? ¿te duele algo?´´
´´No…´´ Fue apenas un susurro, la rápida evaluación de Ruri demostró que la sangre alrededor de su cuello no parecía ser de él, lo que tranquilizó a los adultos.
´´Que bueno, ¿cual es tu nombre? Suika quiere ser tu amiga, ´´ la niña se acercó rápidamente para quedar en su campo de visión. ´´¿recuerdas tu nombre?´´
´´Rui. ´´ahora, con algo más de confianza, se dirigió hacia Suika. ´´Hola Suika…´´
´´¡Hola Rui! ¡Me alegra haberte escuchado, o hubieras muerto en la tormenta!´´
Si bien la aldea vivía continuamente con la muerte acechando entre sus habitantes y lo habían relacionado como parte de su rutina y el ciclo de la vida, no esperaban palabras tan mortíferas en la boca de una infante.
´´¡Kohaku!´´ El niño levantó los brazos hacia Kohaku, exigente. ´´¡Frío!´´
´´Ah, si.´´ Kohaku se acercó sin pensarlo mucho y lo resguardó con un solo brazo, cuidando su desnudez con el resto de su propio abrigo, siendo observado por el resto. ´´Eres demasiado exigente para ser tan pequeño.''
´´¡No soy pequeño, tengo cuatro!´´ Respondió con una rapidez fascinante, haciendo reír a Ruri y a Kinro. El niño comenzó a mirar hacia todos lados, dudando. ´´Kohaku, ¿dónde está mi mami? Mi papá me dijo que fuera con mi mami. ´´
´´Rui, ¿cómo se llaman tus padres? quizás así podamos entender qué ha sucedido.´´ Ruri trataba de ser lo más sencilla para que el niño entendiera, pero sólo fue recibida por la lógica infantil.
´´¡Mamá y… Papá! ´´
´´Ah..´´
Ambas chicas suspiraron resignadas, era comprensible que no entendiese a que se referían, aun cuando hubo una breve duda con respecto a su padre, preguntar de nuevo sería inutil. Esta vez, Kinro se acercó a él.
´´Rui, ¿recuerdas que pasó? ¿cómo llegaste al bosque?´´
´´Mi papá me dijo que me quedara quieto, y me volví piedra.´´
´´Entonces…´´ Kohaku se detuvo. Los adultos se miraron escépticos pero comprendiendo la situación como un hecho irrefutable. ´´Eres parte de las estatuas, tu mamá debe estar por ahí, pero…´´
´´¡La encontraremos!´´
Alcanzó a terminar Ruri, negando a Kohaku con la mirada que no siguiera ese canal de pensamiento en voz alta. Para alguien tan pequeño, la idea de no tener a su madre cerca por demasiado tiempo sería una carga emocional muy pesada en ese momento. Siendo una aparente estatua revivida.
La primera desde que la aldea Ishigami existe.
´´Mientras tanto, ¿te parece que te ayudemos a limpiarte? luego te ayudaremos a buscar a tu madre.´´
´´¡Bueno!´´
Mientras Ruri se dirigía con Rui y Suika hacia los baños, ahora con una lluvia apacible en el exterior. Kokuyo observaba pensativo, mientras los retazos de la piedra del pequeño infante ensuciaba el camino de su hogar.
´´¿Las estatuas comenzarán a romperse? ´´
´´No podemos negar la posibilidad, jefe. Tenemos que estar preparados en caso de ser atacados.´´ Aseveró Kinro con seriedad.
´´Pero, no creen que un niño sea realmente una amenaza, ¿o si?´´
´´Hay que estar preparados ante cualquier posibilidad, Kohaku. Será mejor estar alerta. ´´ Respondió su padre, con un fuerte suspiro relevando el agotamiento de los sucesos de la noche. ´´De momento, te encargo vigilar al niño se cerca, parece que se ha encariñado contigo. No lo dejes solo. Uno nunca sabe dónde puede venir una gran amenaza.´´
Kohaku aceptó sin dudar, aunque su instinto de luchadora le dictaba que no había de qué preocuparse. Era solo un niño perdido de un tiempo olvidado por los dioses, con los ojos más inteligentes y puros que había visto en su vida.
Y en lo profundo de su mente, solo resonaba la necesidad de cuidarlo.
