Chapter Text
No podía evitarlo, ya no, al mirar sus ojos que brillaban a la luz de la luna en aquel balcón del segundo piso, justo después de nuestro baile de graduación. Habíamos salido a tomar aire, apoyados en la barandilla, y ya no aguantaba más: todos esos juegos, las indirectas, las idas y venidas, ese baile interminable entre nosotros. Mientras lo veía allí, con su traje ajustado, las palabras se me escaparon antes de poder contenerme.
—Sal conmigo.
No pude evitar sonrojarme.
Lo vi tensarse, pero no me miró ni siquiera para reconocerme. Lentamente sacó un cigarro, lo encendió y fumó un largo sorbo antes de hablar, con un tono burlón que cortó en seco cualquier esperanza:
—¿Qué te hace creer que saldría contigo? Siempre siguiéndome a todas partes...
Sabía que debía retractarme, pero algo me lo impedía.
—Te conozco, Alastor.
—¿Lo haces?
—Sí. Nos conocemos desde niños y sé que sientes algo por mí. Conozco tus manías, la forma en que te divierte molestar y ver sufrir a la gente, tu pasión por la radio...
Me di cuenta de que estaba divagando, pero cada palabra era sincera. Atrás quedaban nuestras bromas infantiles; esta era una conversación de adultos. Noté que él también lo percibió, porque se tensó aún más, hasta el punto de que parecía un alambre listo para romperse.
—No, no lo haces. Deberíamos dejar el tema aquí.
—Pero sí lo hago. Sé lo mejor y lo peor de ti, y aún así me gustas.
Su voz adquirió un tono peligroso, rasposo y bajo —Solo sabes lo bueno... —Parecía que esas palabras se le habían escapado a pesar suyo.
—No. Sé que eres sádico, que te encanta ver sufrir a los demás y burlarte de ellos, que te apasiona la muerte y te gusta el sabor de la sangre. Sé que te escondes tras esa sonrisa que todo el mundo conoce...
Hubiera continuado si no fuera porque de repente estalló en carcajadas —fuertes, desgarradoras, sin gracia alguna.
—¿Sádico? Querido, va mucho más allá que eso.
En su mirada ví la oscuridad que siempre había intuido. Desde pequeños, solo veía escenas horribles en la tele: películas de guerra, terror o policíacas, y mientras cualquier otro niño habría tenido pesadillas, él la miraba con ojos llenos de satisfacción ante cada desmembramiento, cada llanto, cada gota de sangre. Con el tiempo, comprendí que lo disfrutaba demasiado como para conformarse solo con verlo; sabía que algún día querría ser el protagonista que provocara esos gritos. Y, sorprendentemente, no me importaba en absoluto.
—¿Quieres ser un asesino? ¿Quieres matar? —pregunté de golpe. Se interrumpió, y aunque mantenía la compostura, su mirada se volvió intensa hasta el punto de causar tanto terror como emoción en mí. Antes de que pudiera responder, le lancé otra pregunta—: ¿Quieres matarme?
Eso le hizo alzar una ceja. De repente, un movimiento rápido y preciso: me agarró de la camisa y me estrelló contra la barandilla, acorralándome entre su cuerpo y el vacío.
—Querido, no sabes lo que dices...
—Sí que lo sé, Alastor. Lo veo en tu mirada.
Alcé mi mano y la acerqué lentamente hasta su hombro, sin tocarlo, pero presente, como un desafío y una promesa a la vez.
—Dime... ¿cómo me matarías? —dije mientras me acercaba cada vez más a él, hasta sentir su aliento caliente sobre mi piel.
Lo miró durante un largo instante, sus ojos oscuros absorbían el resplandor lunar. Finalmente habló, con una voz que mezclaba pasión y frialdad:
—Sería personal. No un simple disparo o envenenamiento. Te arrancaría cada parte de tu ser y me la comería, para llevarte siempre conmigo, para que así puedas seguirme como ahora. Lo haría en mi casa esa donde siempre me visitabas y jugábamos hasta altas horas cuando éramos niños. Y la policía encontraría en tu cadáver un crimen tan macabro que serías el titular durante meses: saldrías en la televisión, todo el mundo te observaría... como siempre quisiste, querido.
—¿Lo prometes? —dije, y con cada palabra mis pupilas se dilataban más. Él también mostraba estar afectado por sus propias palabras; podía notarlo en la tensión de sus músculos y el brillo extra en sus ojos. Aunque mi voz tenía una pizca de tono juguetón, lo dije en serio: quería que supiera que no importaba lo que hiciera, yo lo quería.
En ese momento me besó. Fue intenso, el primero de ambos: todo fue fuerza, dientes y deseo contenido durante años. No pude evitarlo y lo abracé con fuerza, tratando de transmitirle en aquel beso todo lo que sentía.
Pese a todo, sabía que no me mataría..
al menos no esa noche. Porque le encanta atormentar, la diversión, el juego... ¿Y dónde encontraría a alguien tan dispuesto como yo a jugar con él hasta el final?
