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Plastic man no pensó en la posibilidad de que Batman tuviera un patio tan amplio como un parque, repleto de arboledas dirigiendo una tierna brisa a la estructura detrás de él.
Después de pasar las últimas horas resistiendo explosiones, transformándose en escudo y transporte, esta fue sin duda una gran recompensa.
Se tomó la libertad de dejarse caer al pasto recién cortado. A merced de la sombra de un árbol y sus hojas susurrando. Sus pulmones se llenaron de aire puro. Allí, quedó atrapado en algún tipo de hipnosis y se hubiera quedado dormido de no ser porque una gruesas botas negras se colaron cerca de su rostro.
—Nos vamos en cinco minutos.
Qué desengaño. Él hombre poseía una mansión fotográfica y no se dignaba a darle un tour. Esto de ir a tomar aire fresco fuera de la baticueva era todo un complot contra su persona; lo dejó deseando por más. ¿Quién le iba a negar la existencia de una piscina de 5 metros de profundidad llena de oro ahora?
—Oh, ¡vamos! Nadie morirá si estamos dos minutos tarde. ¿Sirven langostas hervidas aquí? Me muero de hambre —dijo Plastic man, y por mucho que acababa de volver de una misión más que extenuante, se convirtió en el simpático animal.
Y juzgando por el sonido que soltó Batman, demasiado caricaturesco.
—La liga se reúne semanalmente, es decir hoy, para discutir misiones, horarios y observaciones. Pero tú ya sabías eso —respondió Batman, un golpe certero en su rol como miembro oficial.
Batman se encaminó directo a su base eliminando cualquier queja del otro héroe. Suspirando Plastic Man se arrastró con tedio por el pasillo. Su ojos capturando todo lo que lucía ya sea caro, anticuado o simplemente ridículo. Debió adivinarlo desde el primer día, ¿cómo es que un hombre es capaz de costear un excéntrico alterego? Riqueza. O la vida criminal, y pensándolo bien, incluso en eso hay que acumular riqueza. En sus días de fugitivo desperdició el dinero en negocios estúpidos, apuestas, bebida y el ocasional objeto de lujo; jugando al mafioso. Quizás debió invertir todo en un plan de retiro.
O en una buena membresía en algún club de alto nivel. Oh, cómo añoraba comer bajo las cinco estrellas.
Sin embargo, no es como si la posibilidad estuviera lejos. Robar ya no era parte de su trabajo, ahora era parte de algo más grande. Y para bien o para mal, se debió a que cierto caballero de la noche vio su excusa de héroe como una piedra preciosa. Los estándares eran altos y el simple hecho de pasar de la baticueva a lo que pretendía ser un parque nacional en vez de un portal le decía en letras grandes:《Confío en ti》y si achicaba un poco los ojos, debajo se lee en letras pequeñas 《...y quizás si tienes un chance conmigo, el mismísimo Batman》.
Se estremeció, el hombre tiene derecho a soñar con un gran anillo entre los dedos. Y aferrarse como una garrapata a ello; ahora que sentía como el agua pasaba delicadamente entre ellos, no iba a dejar que nadie lo alejará de tomar un baño en las tres piscinas (no confirmadas) de la mansión.
—Todo listo, señor —dijo Alfred, el mayordomo.
Batwing estaba listo con Batman ya en el volante, ingresando coordenadas. Plas siguió sin más preámbulos, silbando ritmos de los ochentas mientras se ajustaba el cinturón.
—¿O'brian?
—¿Si, Bats?
—Habrá langosta la próxima semana.
Plas sonrió y su cabeza explotó en confettis.
Puede que el anillo no sea tan lejano.
