Work Text:
Volvía a San Andreas, volvía otra vez y por la misma persona. Parecía que él era su imán para volver al norte, un lugar lleno de nostalgia y hogareño, donde habría pasado perfectamente más de la mitad de su vida. Un sitio lleno de memorias, por el cual pasar por sus calles le hundía en recuerdos de su familia, motor club y de su antigua maya del sheriff, donde también le incluía a él.
Volvía por la llamada de Ford, que además de preocuparse por su búsqueda en Nueva York le informó de la reciente pérdida de memoria del jefe de los Sheriffs. Haciendo que él volviera a esa pequeña comisaría de Sandy, en la se encontró con una rubia de gafas que hace mucho que no veía. Un agradable abrazo y palabras de asombro fueron dirigidas al hombre por parte de Irina, y al entrar a comisaría se encontraría con agentes que el mismo instruyó y otros que su rostro no le resultaba familiar. Fue un gran ambiente de bienvenida ante la visita inesperada.
—Me alegra poder volver a verte Collins — manifestó el de pelo afro con un abrazo y una sonrisa en sus labios.
—Yo a ti también, Norbit.
Abrazos, gestos de cariño y buenas palabras le fueron expresadas antes de que empezara la rueda de preguntas; “¿Dónde estuviste?”, “¿Qué te pasó?”, etc. Mas no lograron ser contestadas tras la entrada del actual adjunto, el cual ordenó salir a patrullar a los agentes, apartando a Collins a una zona en la cual pudieran charlar, porque en ese instante necesitaba ponerle al día sobre la situación el que actualmente estaba su jefe. Aunque Collins se adelantó echándole en cara el no haberle notificado de la pérdida de memoria de Miller. Dimitri se sorprendió de que ya tuviera constancia de eso, entonces solo le realizó una pregunta: “¿Por qué vuelves ahora?”
—Regresé para que recupere la memoria, volví por Armando —contestó como si fuese obvio, abandonando la sala para ir al despacho del sheriff.
Tocó la puerta de cristal pidiendo permiso para entrar, y cuando lo obtuvo esbozó una sonrisa al verle de nuevo. Depuso la mochila que traía de viaje en el suelo mientras que Miller se levantó de su asiento acercando se al rubio. Chris no se resistió, y le abrazó de tal modo que llegó a ser un poco incómodo para el barbudo.
—¿Dónde estabas? La comisaría se ha vuelto loca, hay gente que se hace pasar por sheriffs y no está aquí Ford ni Yakiv para poner orden —expresó pensando que él sería el único que podría entenderle.
—Hicimos un viaje por unas cuestiones, pero yo regresé antes que ellos. Tienen que terminar con algunas cosas —mintió, aun cuando no le gustaba mentirle auto convenciéndose de que ahora debía seguirle el juego.
—¿Os fuisteis sin decirme nada? —Preguntó
—Era una reunión con la jefatura de Michigan, para hablar sobre unos robos que sucedieron con al parecer personas que podrían estar vinculados a nuestros casos —dijo, inventándose todo—. Sucedió a última hora y tú estabas ingresado en el hospital, así que no podías asistir.
—¿Y cómo fue?
—Nada interesante, unos cuantos sospechosos y poco más —respondió, dejando un leve silencio en el ambiente que dejó al mayor mirando por la ventana, inmerso en su pensamiento. Observando un sol durmiente ocultarse tras al horizonte junto a varios agentes que terminaban su turno, y aunque Collins fuera a terminar con esa pausa Armando se adelantó soltando lo que llevaba un buen rato dando vueltas en su cabeza.
—Pensé que te habías marchado por mi culpa —Chris se sorprendió por sus directas palabras, y Armando estaba arrepintiéndose de haberle dicho eso.
—No, ¿por qué piensas eso?
—Te prometí rehacer tu vida aquí, y siento que he podido decepcionarte —expresó con sinceridad.
—Pues no te sientas así, porque no me voy a ir a ningún lado—indicó mirándole a los ojos, haciéndole la promesa de no marcharse ni dejarle como ya lo hizo una vez, lo cual haría que Armando le creyese y confiara en él.
—Bueno, ¿te apetece ir a tomar unas copas en el Yellow Jack? —Chris le invitó, y aun dudoso de si aceptar lo hizo. Porque no lo recordaba, pero en sus memorias viviría su segunda primera cita.
