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Adelfi psychi

Summary:

Un susto médico lleva a la introspección.
Porque Sae y Rin pueden entenderse, conocer la profundidad de lo que los une. Sin embargo, no verlo reflejado en el mundo, aún puede doler.

Notes:

Esto iba a ser un one-shot para el día 03 de la rnsern week 2026 con el tema de aborto, pero terminó cambiando un poco el tono y el tema en general, convirtiendose en un twho shot que pienso hilar con el tema de mañana. puede verse como parte del universo que escribí para la primera week de sae y rin o como un trabajo independiente.

Chapter 1: 01

Chapter Text

El sonido del cloruro de sodio al caer, lento como reloj de arena, era el único compañero de Sae en esa habitación.

Las primeras horas en la clínica de emergencia habían sido, para usar palabras amables, agitadas.

La madrugada lo había saludado con la sensación más horrible y escabrosa que alguna vez hubiera conocido. El sudor frío pegado a su frente, la respiración agitada y cortada, como si el aire peleara por llegar hasta sus pulmones. Las contracciones y el dolor viajando desde su espalda baja hasta su a ligeramente abultado vientre de 18 semanas, y… entre sus piernas, un pequeño charco de sangre.

Sae no recordaba exactamente qué había pasado después. Pedazos de su memoria parecían grabados con doloroso e ínfimo detalle -como el grito que había abandonado su garganta, y la mirada aterrada de Rin. El continuo sentimiento de líquido caliente deslizarse por entre sus muslos, junto con el latido desbocado de su corazón. Así como los gritos de Rin en la puerta de la clínica, cuando el personal de seguridad le dijera que no podía quedarse con él.

Protocolos de seguridad y el maldito covid-19, o algo así.

Mientras que otros se habían perdido, unidos como una amalgama confusa llena de momentos cortados y memorias difusas. Como el viaje en ambulancia, y todo lo que había dicho el único médico que lo había atendido en emergencia.

Así como también las primeras horas de tratamiento donde él estaba seguro de que había maldecido a toda la dinastía de los malditos desgraciados que habían tenido la mala suerte de tener que atenderlo.

Su conciencia aferrándose más a la realidad con el paso del tiempo y con la disminución en la sensación de constante contracción en su vientre. Lo primero en parar había sido la sangre, que a diferencia de lo que había pensado al despertar; no era realmente una cascada imparable de flujo: sino, más bien, pequeños cúmulos que parecían escapar del interior de su cuerpo, como si se burlaran de él.

Lo que sólo hacía que pensara que las malditas contracciones habían estado ocurriendo desde muchas horas antes de que él lo notara y se levantara.

Después, las contracciones habían bajado en intensidad y en frecuencia. Pasando de un punzante puñal destrozando sus entrañas a un incómodo y constante recordatorio de lo que acababa de pasar.

Un trabajo de parto precipitado.

A las 18 semanas.

Técnicamente hablando, un aborto.

Sus manos descansaron sobre su vientre, presionando con fuerza. En su mano, un ligero ardor le recordó que no debía moverse mucho, aunque no le importaba mucho en ese momento.

Su mente no podía abandonar el circulo infinito y torturador de esas dos nociones: que casi había perdido a su bebé. Y que no permitirían que Rin lo acompañara.

Sae conocía al pie de la letra las restricciones que se habían implementado gracias a esa maldita enfermedad, se las habían repetido una infinidad de veces en sus controles en la clínica de fertilidad y en los pre natales.

Para toda esa cháchara sobre cuidar de la salud mental de los omegas y lo importante que era contar con soporte emocional durante el embarazo, las malditas enfermedad y técnicos sanitarios parecían ponerse especialmente quisquillosos cuando Rin decía que quería entrar con él a la consulta, negándose bajo la premisa del posible contagio, excusa que se hacía más severa cuando descubrían que Rin era sólo su hermano, no su compañero.

Ha.

Sae siempre había encontrado algo de gracia en como la mirada de Rin parecía mutar cuando esto ocurría. La ira que bullía detrás de sus irises y cómo es que Sae simplemente sabía que la frase “sabes que fui yo quien puso a ese bebé allí, ¿verdad?” estaba bailando en sus labios, siendo detenida únicamente por la ligera presión de su mano sobre la de Rin y un pequeño cambio en su aroma que parecía decirle “woah, contrólate, chico”

Sin embargo, ahora no habría nada en la situación que le pareciera divertido, o que le trajera si quiera algo de gracia o paz al asunto.

Con la frustración bullendo en su cabeza, cerró los ojos y presionó con más fuerza su vientre.

Lo único que podía hacer, era intentar dormir.

.

.

Cuando despertó nuevamente, el cielo afuera ya había estado pintado de rojo y naranja.

A un lado de su cama, el celular que no sabía que había traído vibraba con una canción de un programa infantil japonés que le gustaba a Rin de pequeño. Una especie de copia de super sentai que estaba muy de moda durante su infancia y que Rin había colocado en su teléfono como una especie de broma interna.

Sae estiró la mano, notando como ahora había una nueva cinta en esta y que el dolor de la mañana ya se había esfumado.

Tomó el aparato entre sus dedos, y; como no- el nombre de Rin le saludó desde el otro lado de la pantalla.

Presionó el botón de “aceptar” y la voz de su hermano resonó contra su tímpano, en un grito desesperado.

—¡Nii-chan!

Sae apretó los ojos. Auch.

—Rin…—No grites, que no estoy sordo. Habría sido lo que tenía que decir. Lo que siempre respondería a esa clase de interacción. Sin embargo, se encontró con que su voz se cortaba en la garganta, vibrante y algo temblorosa. Abrió los labios, pero nada salió de ellos.

Presionó con más fuerza el celular entre sus dedos.

Ante su silencio, Rin continuó.

—Nii-chan…—masculló, con la voz más queda—Te estuve llamando, estaba preocupado.

Sae observó la pantalla un momento. Desde la parte superior, el aviso de más de cuatro llamadas perdidas lo saludó.

—Lo lamento—murmuró, mientras se acomodaba nuevamente en la cama, llevando su mano libre al vientre—Estaba…muy cansado.

Y frustrado.

Y aterrado.

Y solo.

Rin, desde el otro lado de la línea, pareció entender todas sus palabras no dichas.

—¿Nuestro bebé…?

Preguntó, con un ligero tono que parecía danzar con el miedo. Suponía que la tranquilidad con la que él hablaba debía ser suficiente indicador. Sin embargo, de ser la situación invertida, Sae no podría sentirse tranquilo sin recibir una confirmación total y absoluta.

Acarició a su pequeño sobre su ropa.

—El bebé está bien…—masculló, con un peso que había estado presionando su corazón desvaneciéndose con lentitud, dejándolo respirar—ya no sangro. No duele, tampoco.

Los médicos no habían podido hablar directamente con él todavía. Otra de las restricciones de la maldita clínica, suponía. Pues en su mente aún estaban frescas las anteriores visitas que hubiera hecho allí, con galenos entrando y saliendo como si se reprodujeran cual sanguijuelas.

Sin embargo, Sae sabía cuál era el protocolo para dar malas noticias.

Esas se daban rápido y sin anestesia.

Usualmente con un gran número de personas observándote, y con pesados ojos que parecieran no saber a quién derivar la culpa.

Las buenas… bueno.

Esas solían poder esperar.

—Lo lamento…—repitió él, el sonido de fondo de las llaves del departamento cayendo en el pequeño contenedor que habían comprado tan solo el año anterior resonó como ruido de fondo, haciendo que Sae sonriera ligeramente—Debí haber llamado antes, pero tenía que intentar que me dejaran entrar a la clínica…ahora mismo, estaba pensando en regresar, ya que no me contestabas.

Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Sae.

—¿Acaso pensabas que el título de jugador profesional haría el truco?

Porque, bueno; quizá el mismo había pensado en hacer uso de ese truco de mal gusto, en medio de sus enrevesados pensamientos de terror.

Rin, desde el otro lado, bufó.

—Eso o un puño en la cara del guardia—masculló—pero no podría estar en una celda, sin verte. Al final, sólo tuve que regresar… que los informes son en la tarde, dice. La tarde del día siguiente, ha—bufó, con hastío—malditos mata sanos.

Sae rodó los ojos.

—Ese es el seguro del Real Madrid, Rin—giró su cuerpo ligeramente, descansando sobre su lado derecho, mientras sostenía la pequeña curvatura de su vientre cerca de su cuerpo—Te he dicho que deberíamos contratar uno mejor, pero nunca me haces caso.

No como si el dinero les faltase.

—Ninguno de los que investigamos me convenció.

Sae suspiró.

—¿Demasiado básicos para ti?

El sonido de Rin acomodándose en la cama le respondió del otro lado de la bocina. Antes de responder.

—Demasiado excluyentes, diría yo—sentenció—No me dejaban compartir plan contigo. Mucho menos ahora. No si sólo somos hermanos.

La sonrisa de Sae decayó. Su rostro apretando el teléfono contra la almohada, pues de pronto su mano parecía haber perdido fuerza.

­—El seguro del Real… fue tramitado cuando estabas soltero—Cuando no estaba preñado, corregiría Sae. —Es un plan unitario. Como manada… donde podríamos agregar al bebé, una vez nazca.

Si es que nace.

Agregó la mente de Sae. Él silenció el pensamiento con una metafórica patada a su propia conciencia.

—Si cambiamos de seguro… no me dejarían contratar una póliza conjunta. Ya no contaría como parte de tu manada, nii-chan—murmuró. Una clausula estúpida que parecía ser válida sólo dentro de la unión europea. Donde los omegas que ya tenían progenie podían contratar con sus compañeros enlazados, pero ya no con su antigua manada nuclear. Daba muchísimos más beneficios, Una manera de proteger la unidad familiar, impulsando el formalizar las uniones entre alfas y omegas que se habían vuelto tan escasas en pro a ¿cómo lo habían llamado las noticias? Amor libre o alguna mierda así—Ni tomar decisiones por ti… ni… nada.

La voz de Rin pareció titubear.

Sae elevó una ceja.

—¿Rin?

La pregunta ni siquiera había terminado de escapar de sus labios, antes de que Rin respondiera.

—Hoy sentí… que me alejaban de ti de una manera a la cual no podía discutir. —La voz de Rin sonaba contrita. Frágil—me dijeron que llamara a tu alfa, haha. ¿puedes creerlo?

La sorna no le solía sentar bien a Rin. Ni siquiera cuando había tenido aquella etapa de querer intentar copiarlo. Pues, en lugar de sonar prepotente y altivo, parecía más un pequeño haciendo un berrinche.

Ahora, parecía un pequeño herido.

—Tu alfa…—repitió—bah, les dije que no tenías nada de eso. Pero que sí tenías a tu hermano, y que yo era tu contacto de emergencia…—silencio. Pesado y cadencioso—Que no importaba… que si así era el caso, viera como comunicarme con nuestros padres… que en ese caso… no podría tomar ninguna decisión…

La temperatura en la habitación pareció bajar. Sae intentó acomodarse en la cama, pero una nueva punzada contra su mano le recordó que debía ser más cuidadoso.

Rin, continuó.

—Apartado de mi amado y de mi cachorro…sin poder hacer nada…—El sonido de algo pesado pasando por la garganta de Rin—No quiero… no quiero convertirme en un extraño en mi propia familia

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