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Lando se entera que a Franco le gusta alguien y se autoconvence de que es él.
siguiéndolo se da cuenta que es Kimi el dueño de su corazón.
–Hay alguien en el paddock que me aceleraba el pulso más que el motor–, bromeó Franco durante una entrevista con Christine GZ.
Era el día de entrevistas y Lando, el actual campeón del mundo, se encontraba a un par de pasos de distancia de Franco cuando escuchó decir aquello. Tal vez fue cómo su voz sonó demasiado vulnerable para aquel chico de desmedida energía, o tal vez fueron todos esos momentos que corrían por su mente cada vez que cerraba los ojos.
Habían sido momentos que, sin querer, el inglés había grabado en su mente y en su corazón.
Como aquella vez en la que Franco le cebó un mate el martes. –Claramente un ritual de coqueteo, porque sorprendentemente Franco se volvía muy "tímido" frente a él–. O tal vez ese miércoles en donde el argentino se rió de un chiste malo de Lando sobre los neumáticos. –Nadie se ríe de eso por educación, ¿verdad?–. O esa vez durante un vuelo en donde Franco le dijo: "sos un fenómeno". –Lando no sabe qué es un fenómeno, pero suena a 'te amo'–.
Aquella confesión, aunque no directa, lo mantuvo con un excelente humor el resto del día. Fue en el hospitality de McLaren donde, tras una larga charla con Oscar, este le dijo:
–Lando, Franco es argentino; es efusivo con todo el mundo. Te toca el hombro porque es su forma de hablar, no porque quiera casarse contigo. Además, ¿cuándo fue la última vez que te miró con la intensidad con la que mira su telemetría... o a ciertos veteranos del paddock?
Y aunque sabía que aquellas palabras tenían todo el sentido del mundo –afirmación que prefería no admitir en voz alta, especialmente frente a Oscar–, ¿qué podía perder? Él sabía que había algo más allá que simple "compañerismo" con el argentino; lo había sentido en los momentos que había compartido con él, las veces en las que se encontraban en la entrada del paddock o en los metros que tenían que caminar hasta llegar a sus garajes. Así que sí, Lando se decidió a confrontar a Franco con una confesión "espontánea". Lando lo sigue después del briefing. Lo ve escabullirse hacia la zona trasera de los hospitalities, lejos de las cámaras de Netflix.
Lando está listo para salir de la esquina y decir: "Franco, yo también siento algo por ti", pero se detiene en seco.
Franco no estaba solo. Está hablando con Kimi Antonelli. Pero no es una charla de "rookies", esas que veía tener a Franco con Ollie o con Arvid. No. Es la mirada. Es la forma en que Franco, usualmente un torbellino de palabras, se queda callado escuchando al italiano. Lando observa cómo Franco le acomoda el cuello de la camisa a Kimi con una delicadeza que nunca usó con el mate de Lando.
Lando se queda pegado a la pared del hospitality, sintiendo cómo el título de "Campeón del Mundo" no le sirve de nada para procesar la derrota logística que acaba de sufrir.
Observa a Franco ajustar el cuello de la camisa de Kimi, sonreírle, pero no esa sonrisa que le da a las entrevistadoras, sino una sonrisa que hace que sus ojos brillen y alrededor de sus ojos se formen algunas arruguitas. No es solo un gesto, es un lenguaje que Lando no habla. Para Franco, Lando es el ídolo, el "fenómeno" al que admira y con quien bromea para calmar los nervios. Pero Kimi es con quien él elige estar; es el lugar donde el torbellino argentino decide dejar de girar. No necesita ser "Franco" el piloto, sino... Franco Alejandro.
Lando da media vuelta antes de ser descubierto. La "confesión espontánea" se le queda atragantada, amarga como la bilis que amenaza con quemar su garganta.
