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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-03-05
Completed:
2026-03-05
Words:
15,889
Chapters:
3/3
Kudos:
5
Hits:
25

Llegamos tarde a un "nosotros"

Summary:

Cuando el nuevo profesor de religión del Instituto Hamilton descubre que el profesor de ciencias es el hombre que una vez lo dejó en la estación con un anillo en el bolsillo: viejas heridas y debates sobre fe, ciencia y amor amenazan con reavivar algo que ninguno de los dos está preparado para enfrentar.

Chapter 1: Ecos de una estación vacía

Summary:

Se prometieron un futuro a los diecisiete. Años después, apenas pueden soportarse como compañeros de trabajo

Chapter Text

 

El sonido grave del órgano se desvanecía lentamente entre las columnas de la capilla del Instituto Hamilton mientras los últimos acordes del himno matutino flotaban en el aire como una plegaria susurrada.  

Aaron Burr ajustó su corbata y observó a los estudiantes levantarse de sus asientos con el murmullo característico del final de la misa. Sus ojos oscuros recorrieron las filas de uniformes impecables pero «algo» en su pecho se agitaba con una inquietud que él no lograba explicar.

 

Esa era su tercera semana como profesor de religión en el prestigioso Instituto y aunque el hombre había comenzado a familiarizarse con las rutinas y protocolos — siempre en silencio y con una sonrisa— esa mañana se sentía diferente. El aire parecía cargado de electricidad como antes de una tormenta de verano 

 

— Profesor Burr— La voz del director Washington interrumpió los pensamientos ajenos—¿ Podría quedarse un momento? Hay alguien que me gustaría presentarle— El hombre mencionó con ligereza y Aarón asintió con cortesía mientras guardaba su libro de oraciones en el maletín de cuero gastado del reverendo prebisteriano que le impidió terminar en las calles tras la más grande decepción de su vida.

 

George avistó con aire paternal cómo los estudiantes se dispersaban hacia sus aulas y sus voces gradualmente fueron otorgando vida a los pasillos centenarios de mármol 

 

—Es nuestro profesor de ciencias— El director continuó mientras guiaba a Aarón al patio de la sección de laboratorios.— Lleva un poco más de tiempo que tú pero he notado que no han coincidido y eso es una lastima porque es un atrevimiento suponer que la moralidad de toda investigación puede mantenerse sin la religión.

 

Aaron escuchó pero él no se sintió agradecido con la postura del director porque su piel comenzaba a erizarse y sus músculos se tensaron de golpe; endureciendose bajo la piel como si una descarga eléctrica lo hubiese atravesado. Su respiración se volvió corta y rápida; entrando a ráfagas superficiales que apenas llenaban sus pulmones de una fragancia conocida y odiada compuesta de sándalo, cedro de Virginia y cardamomo.

 

 

— Mira, ahí está, Alexander Hamilton— El hombre mayor sentenció con naturalidad mientras el estómago de Aarón se le contrajo con violencia, como si una mano invisible lo comprimiera desde dentro. Su cuerpo entero estaba listo para huir o atacar, suspendido en ese segundo tenso antes de la acción mientras él reconocía a la figura a unos metros de sí.

 

Un hombre delgado, nervudo, construido más de tensión que de masa, como si el cuerpo hubiera sido diseñado únicamente para sostener una mente que ardía demasiado. Aaron lo reconoció de inmediato a él y a su rostro afilado, casi esculpido por la determinación. La nariz recta, los pómulos marcados, la mandíbula firme en una línea que rara vez se relajaba. La boca —delgada, expresiva— tendía a tensarse antes de hablar, como si las palabras se acumularan detrás de los dientes, impacientes por escapar.

 

Aaron retrocedió un paso mientras percibía cómo la sangre se agolpaba en sus sienes.

 

—¿ Profesor Burr? — La voz del director sonaba distante; propia de otra época, de una en el centro escolar comunitario de Nueva York al cual acudían los huérfanos para terminar el instituto. 

 

Tras unos segundos de introspección, Aarón parpadeó y forzó una sonrisa que él esperaba no luciera tan tensa como realmente él se sentía 

 

—Un placer — Aarón afirmó con formalidad frente a aquel que esperó en vano en la estación de Grand Central con un anillo en el bolsillo y el corazón colmado de sueños que se fueron desmoronando conforme le hacían llegar fotografías de la boda de Eliza Shuyler.

 

Aaron se llevó una mano al pecho a fin de controlar el torbellino de emociones que amenazaba con desbordarse ante la visión del hombre de cabello castaño, camisa azul claro y una corbata que parecía ser anudada apresuradamente; exactamente como Aaron recordaba de su primera cita en la que fueron a comer una hamburguesa con sus mejores ropas.

 

Alexander alzó la vista y Aarón fue testigo de cómo la sorpresa seguida por algo parecido al dolor cruzaban por el rostro de su antiguo…¿ qué habían sido exactamente?, ¿ amigos?, ¿ Algo más que nunca tuvo oportunidad de definirse porque eran demasiado jóvenes y estúpidos? Tanto como para hablar en vano de escapar juntos con anillos en anulares.

 

— ¡Alexander! Es raro que estés tan tímido— El director agitó su mano en dirección al joven profesor; ajeno a la tensión que acababa de nacer en el aire— Ven a conocer a nuestro nuevo profesor de religión.

 

Los estudiantes que rodeaban a Alexander se dispersaron gradualmente cuando éste se acercó con pasos que parecían ligeramente vacilantes y Aarón notó de inmediato la falta de un anillo de bodas en la mano de Alexander; aunque eso no significa a nada porque muchas personas no los usaban por razones prácticas

 

 

— Aaron Burr, supongo que a ti te debemos el frío en pleno mayo — Alexander enfatizó el apellido de su conocido y su voz era más profunda de cómo Aaron la recordaba— Nunca pensé que nos volveríamos a ver — El hombre afirmó de manera casual y Aarón se vio forzado a extender su mano a fin de que el director no notase la evidente barrera de hielo entre ellos y después los obligara a alguna sesión de convivencia

 

Alexander dudó apenas un segundo antes de envolver la mano de Aarón en un contacto breve y profesional que alcanzó a despertar una vieja chispa entre ambos 

 

— El mundo es más pequeño de lo que pensamos— Aaron comentó y hasta él mismo se sorprendió de lo estable que sonaba su propia voz — Aunque supongo no debería sorprenderme encontrarte enseñando porque siempre fuiste bueno en complicar las cosas— Aarón afirmó en tono conciliador, estableciendo una puesta en escena sólo para el director.

 

—Mejor dicho: siempre fui bueno explicando lo complejo— Alexander corrigió y poco después agregó: — ¡Por algo soy el profesor de ciencias en mi propio instituto! — El varón de cabello castaño señaló el escudo sobre su camisa y por un instante, Aarón captó un atisbo de la pasión que solía iluminar sus ojos cuando hablaba de lo que le apasionaba— Este es el laboratorio de física y allá está el de química y tú enseñas religión; eso es… — El varón llevó a cabo una pausa como si buscara la palabra correcta— inesperado 

 

El director, aparentemente satisfecho con las presentaciones se excusó para atender otros asuntos; dejándolos solos.

 

Entonces, un silencio tenso se extendió entre ellos; cargado de años de palabras no dichas y explicaciones que nunca llegaron.

 

— Amo nuestra incomodidad, pero deberías irte — Alexander se estiró y alzó el rostro hacia la torre del reloj de la institución—No querrás llegar tarde a tu propia clase— Alexander río y Aarón intentó moverse, pero fue incapaz de hacerlo.

 

— Alexander— La voz de Burr salió estrangulada, lejana.

 

— Profesor Hamilton, mi estimado profesor Burr— Alexander lo corrigió con una sonrisa que no llegó a sus ojos compungidos— Tenemos que ser profesionales.

 

Y mientras Aarón se dirigían a su aula, él sintió todo el camino la mirada de Alexander en su espalda; casi como un peso físico y al voltear de reojo mientras abría la puerta del salón de clases Aarón vio a Alexander aún parado frente al laboratorio de física con una expresión inescrutable en el rostro.

 

 El varón de piel oscura cerró la puerta y trató de concentrarse en las parábolas del Nuevo Testamento en vez de las dudas acerca de qué habría sido de la vida de Alexander, ¿ Él seguiría con Eliza?, ¿ alguna vez ese cabeza hueca había pensado en la noche en la que ellos estuvieron por jugarse su futuro para estar juntos? ¿ Serían ciertos los rumores acerca de lo ocurrido en su anterior empleo? 

 

Tres filas atrás, Laura Collins intercambió una mirada significativa con su compañero de banco Oliver Wolcott

 

— ¿ Por qué está tan tenso el profesor Burr? — Ella fingió tomar notas y su compañero bufó divertido.

 

— Parece que una zarza divina realmente le habló, quizá Alexander no es una persona de su agrado; ambos estuvieron en el sistema de acogida.

 

Laura escuchó y sonrió porque su vena dramática le indicaba que estaban presenciando el comienzo de algo muy interesante.

 

Mientras tanto, en el laboratorio de química, Alexander intentaba concentrarse en preparar el experimento del día, pero sus manos temblaban ligeramente mientras organizaba los tubos de ensayo. Así que Aarón. Después de todo ese tiempo y cuando él finalmente se había perdonado por llegar tres horas tarde a la estación de tren en dónde se suponía que ambos comenzarian una vida juntos.

 

El sonido de las campanas de la bendición de mediodía sacó a Alexander de sus pensamientos.

 

—¿ Necesita ayuda con el experimento de hoy? — Charlotte Johnson se aproximó a su maestro y sus ojos analizaron la tensión en el rostro ajeno— ¿ Se encuentra bien? Parece un poco…

 

— ¡ Un poco falto de café! — Alexander terminó la frase con falsa algarabía antes de salir en búsqueda del asqueroso café de máquina del lugar; puesto que su mente jamás lograría enfocarse en ácidos y bases si él se seguía preguntando si Aarón pensaba tanto en él como él había pensando en Aarón durante todos esos años. Y más importante aún, ¿podrían reanudar esos castillos en el aire que habían construido en diálogos a voces exhaustas tras las sesiones amatorias a escondidas de sus tutores de ese entonces? 

 

Días después, el café matutino en la sala de profesores se había vuelto amargo en los labios de Alexander; porque cada día debía avistar la figura familiar de Aaron Burr con su elegancia serena y su carpeta contra el pecho.

 

El aire entre ellos continuaba siendo espeso como la miel; cargado de palabras no dichas y roces que todavía cosquilleaban en sus memorias.

 

— Buenos días, profesor Hamilton— La voz de Aarón era suave como siempre lo había sido cuando se dirigía a aquel con quién compartió su primera cerveza.

 

— Burr— Alexander respondió secamente mientras ajustaba sus lentes y fingía revisar sus notas de química orgánica— Así que has sobrevivido a tu primer mes en mi instituto.

 

Aaron acortó distancia y Alexander pudo percibir ese aroma familiar a cítricos y cedro que él solía aspirar cuando se acurrucaba contra su cuello durante esas tardes de estudio que inevitablemente terminaban en algo más.

 

— Pienso que es tiempo de encontrar mi lugar en este mundo— El afroamericano comentó tratando de mantenerse estoico junto a Alexander y así comenzó un baile de miradas esquivas en los pasillos y conversaciones cortas y forzadas en la sala de profesores. Y Alexander no tardó en encontrarse observando el perfil de Aarón mientras éste organizaba sus libros de teología y el ingeniero no podía evitar recordar cómo esas mismas manos habían explorado cada centímetro de su piel con devoción casi religiosa 

 

Y quizá eso habría incómodo a Alexander Hamilton si éste no fuese un descarado.

 

Una tarde de junio cuando los alumnos comenzaban a demostrar que necesitaban de vacaciones y faltaban a casi todas sus clases; Alexander decidió que había tenido suficiente de esa distancia artificial, por lo que él preparó dos tazas de buen café y una sonrisa traviesa se esbozó en su rostro mientras se dirigía al aula de Aarón al final de su clase innecesaria 

 

— Pensé que podrías necesitar esto— Alexander mencionó mientras deslizaba una taza hacia Aarón con un gesto que rozó deliberadamente sus dedos— Las clases de filosofía divina tienen que ser agotadoras con todo lo que estás obligado a imaginar debido a la falta de dogmas.

 

Aaron cambió de lugar la taza y después levantó la vista de sus papeles y por un momento Alexander vislumbró un destello de la calidez que alguna vez compartieron.

 

— ¿ Filosofía divina sin dogma alguno?¿Ese es tu bajo intento de menospreciar mi trabajo? — Aarón arqueó una ceja con esa sonrisa apenas perceptible que solía proceder a sus debates más intensos 

 

— Para nada, yo soy un buen cristiano— Alexander se recostó sobre el escritorio; lo suficientemente cerca para que Aarón pudiera percibir el aroma de su colonia— Sólo me pregunto si realmente crees que necesitaremos de ello cuando la ciencia puede explicar los misterios del universo con mayor precisión 

 

Aaron escuchó y sus ojos se encendieron con un fuego familiar que provocó una descarga de anticipación por la espina dorsal de Alexander.

 

— ¿ Precisión?— Aarón se levantó lentamente, inclinándose hacia Alexander hasta que el espacio entre ellos se volvió eléctrico. — Dime Alexander, ¿ Tu ciencia puede explicar por qué el corazón humano anhela algo más grande que sí mismo? ¿ Por qué buscamos significado en lugar de simplemente existir? 

 

 

Alexander tragó saliva, hipnotizado por la intensidad en la voz de Aaron y por la forma en que sus labios formaban cada palabra como una caricia.

 

— Aarón, el corazón es solo un músculo y los sentimientos son química. La oxitocina, la dopamina, la serotonina…— Su voz se fue volviendo un ronco susurro.— Todo puede explicarse 

 

—¿ Incluso esto?— Aarón se aproximó al perfil ajeno y Alexander pudo sentir el calor radiando de su cuerpo— Dime, ¿ la ciencia puede explicar la forma en que tu pulso se acelera cuando estoy cerca o cómo tus pupilas se dilatan cuando digo tu nombre?— Burr sentenció sin dejar de invadir el espacio personal de Alexander, quien experimentó la tentación de ocluir la distancia entre ellos y probar esos malditos labios que habían gemido su nombre en aquellas torpes primeras veces.

 

 

Pero antes de que Hamilton tuviese la oportunidad de actuar, Aaron retrocedió.

 

— Alexander, la fe es creer en lo que no se puede medir ni cuantificar y brinda sentido y orientación a la vida. Yo no enseño a adorar a ídolos si no a que los alumnos lleven a cabo preguntas sobre el sentido, el propósito y los valores y eso complementa a tu enseñanza mecánica acerca de cómo llegar a explicar este mundo— Aarón sonrió y su gesto fue devastadoramente hermoso.

 

Los días siguientes se convirtieron en un campo de batalla sutil en el cual cada conversación entre ellos terminaba convirtiéndose en una escaramuza y cada mirada en una declaración de guerra.

 

Sí bien, lo anterior sólo llevó a Alexander a buscar excusas para visitar el aula de Aarón; así como él también inventaba motivos para rozar sus dedos al pasar documentos o inclinarse lo suficientemente cerca como para susurrar comentarios provocativos al oído ajeno 

 

— La evolución es un hecho, Aaron— Alexander murmuró una tarde mientras fingía revisar el horario de los cursos de verano— Ningún Dios existió porque la intervención divina no es necesaria para la evolución de la vida— Hamilton guardó silencio. Una pausa dramática en espera a la respuesta de Burr, quién se encontraba organizando los libros de teología comparativa antes de girarse hacia su interlocutor con una mirada apasionada

 

Aaron, que estaba organizando libros de teología comparativa, se detuvo y giró lentamente hacia él. Sus ojos tenían ese brillo dorado que Alexander recordaba de sus discusiones más apasionadas de la universidad.

 

— Alexander, ¿ Entonces cuál es tu opinión acerca del amor?— La pregunta fue expresada incluso antes de que Aarón pensara en las consecuencias y tal cuestión cortó el aire como una espada— ¿ El amor es también un accidente evolutivo? ¿ Una ventaja adaptativa para asegurar la supervivencia?— Aarón preguntó dando un paso hacia él frente y Alexander sintió cómo su respiración se entrecortaba porque la forma en que Aarón había pronunciado la palabra « amor» como una caricia en su piel desnuda 

 

— El amor— Alex comenzó pero su voz se quebró ligeramente. — El amor es un conjunto de respuestas químicas diseñadas para promover los vínculos de pareja y el cuidado de la descendencia. Simple supervivencia— El hombre declaró con una seguridad que realmente no sentía

 

 — Entonces, eso es lo que fuimos para ti— Los ojos de Aarón se oscurecieron y Alexander sintió cómo si el mundo se detuviera, pero no fue capaz de replicar al respecto.

 

El silencio se extendió entre ellos como una herida abierta y Alexander pudo sentir su propio corazón latiendo tan fuerte que estaba seguro que Aarón podía escucharlo.

 

Y Aarón lo miró fijamente con sus ojos oscuros antes de decir: 

 

— Entonces, supongo que eso fuimos para ti un simple mecanismo de supervivencia.— Burr repitió con una calma que era más peligrosa que cualquier grito o exabrupto.

 

Alexander se encogió en sí mismo, sintiendo que « algo» valioso y primordial se quebraba en su pecho. Él no podía permitir que esa conversación avanzara, por lo que él pronto se irguió;adoptando la postura rígida que él solía utilizar cuando 

 defendía un proyecto frente al Consejo Académico.

 

— Fuimos jóvenes— Alexander puntualizó con dureza— Confundimos intensidad con trascendencia— Alexander determinó y los ojos de Aarón reflejaron al instante dolor contenido y orgullo fragmentado.

 

— No todo lo humano es lógico.— Aarón replicó de inmediato— Es como nuestras materias: la religión no compite con la ciencia; si no que la complementa y tú lo sabes.

 

Y ahí radicaba otro problema porque Alexander era consciente al respecto; sin embargo, cada discusión era una excusa para estar cerca y cada roce ideológico era deliberado porque el debate sobre Dios era, en realidad, una forma torpe de hablar de ellos y eso lo aterraba más que cualquier hipótesis sin demostrar.

 

Por lo que el orgullo fue más rápido que el corazón.

 

— Como de costumbre, te equivocas, Aarón— Hamilton sentenció y apretó los puños a fin de evitar que sus manos buscaran contacto con aquel al que falló. — La moralidad no necesita religión para sostenerse porque la ética puede construirse desde la razón y— Alexander aspiró con las pupilas dilatadas y el cuerpo totalmente tenso, — tal vez sea tiempo de modernizar el currículo de este instituto y retirar una materia tan obsoleta como religión de su plan de estudios— El hombre expresó y tras ellos un silencio lapidario se apoderó del lugar.

 

Y Alexander quiso convencerse que su convicción era académica y nada personal, pero si la asignatura de religión desaparecía, también lo harían las discusiones que los obligaban a enfrentarse, las excusas para buscarlo.

 

— Alexander, no puedes borrar lo que te incomoda sólo porque no sabes enfrentarlo— Aarón afirmó y su interlocutor se levantó de súbito para dejarlo atrás antes de que su expresión lo delatara porque él sabía que acababa de declarar una guerra en contra del único hombre que alguna vez había amado con algo más que simple química.