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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-03-07
Words:
1,886
Chapters:
1/1
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6
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30
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186

Suplencia del primer beso

Summary:

Aarón no es un hombre de chismes, pero cuando una revista de farándula llega a su escritorio no puede evitar echarle un vistazo, sobretodo por quienes protagonizan la portada.

Su estómago se revuelve cuando observa a Reid al lado de Lila Archer; sin embargo, todo empeora cuando se entera de que la mujer le robó el primer beso del chico.

Se da cuenta de que debe solucionar tal problema, por lo que se le ocurre una idea que ruega le salga bien.

Sorpresiva y gratamente, así es.

Notes:

Reviví.

Para que pronto mi teléfono muera pipipi 😿

Si no vuelvo a aparecer será por eso. Por mientras, adiós.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Aarón ha estado viendo esa maldita revista desde hace unos diez minutos. No sabe cómo llegó a su escritorio, ni quién la trajo. Probablemente se mezcló con el resto del papeleo pendiente que siempre traen a su oficina. Y aunque eso explique el porqué, no hace que su frustración sea más llevadera.

No es un hombre de chismes, mucho menos de farándula, no es el contenido que suele consumir —si es que tiene algún tiempo para ello—, por lo que una revista de ese estilo sobre su escritorio le parece un chiste de mal gusto.

Mal gusto, sobre todo, por quienes son los protagonistas de la portada.

No es sorprendente que Lila Archer aparezca en ella. Una actriz joven, bella y exitosa sin duda acapara gran cantidad de ocasiones tales espacios; sin embargo, no es común que la imagen de un agente federal la acompañe, más aún cuando es parte de un amorío fantasmagórico que la prensa se inventó.

Porque no hay ningún universo en el que Spencer Reid saldría con una mujer como ella, y Aarón no está siendo injusto ni mentiroso, solo admite lo que está a la vista. Es simplemente imposible tapar el sol con un dedo, en especial con un alma tan noble como la de Reid.

Sigue perdido en sus pensamientos cuando tocan la puerta de su oficina, lo que casi lo hace saltar de la silla. Esconde rápido la dichosa revista entre el resto de papeles y carraspea, luego se endereza en un intento de mantener una postura relajada pero profesional.

Al levantar la vista, se encuentra con él, quien espera en la puerta el permiso para entrar.

—Aquí tienes —dice Reid cuando se acerca al obtener la aprobación de su jefe—. Sé que por lo general soy el primero en tenerlo listo, pero hoy mi cabeza anda en otra parte.

—¿Es así? —pregunta Aarón cuando recibe el informe.

Reid no lo confirma en voz alta, pero asiente con la cabeza, junto a apenas un tarareo bajo. Aarón lo ve con extrañeza, más cuando se queda allí, como si esperara algo más. También nota como su cerebro se sobrecalienta con mil ideas en simultáneo, algo que por lo general no es raro, pero este no parece ser el caso.

Aarón sigue el movimiento de sus labios, los cuáles forman pucheros demasiado adorables para un hombre de pasados sus veintes; aunque ternura no es lo único que provoca en el pecho de Aarón.

Existe un deseo carnal de morder y chupar, como un colibrí que busca la flor con el néctar azucarado que lo alimenta. Sabe que el sabor de Reid es dulce, lo ha imaginado, y el ansia por comprobar su teoría no hace más que crecer cada día.

Hace tiempo que su mente se inundó con la imagen de Reid, encima o debajo de él, suspirando el nombre de Aarón en medio de besos robados.

Una fantasía que le ha rogado a Dios poder hacer realidad.

—¿Sucede algo? —pregunta después de un rato.

—No —responde Reid demasiado rápido. Cuando se da cuenta se aclara la garganta y vuelve a hablar—. Quiero decir, no es nada, ya lo hablé con Gideon.

—¿Es tan malo como para recurrir a él en lugar de a tu jefe directo?

—No… No, no lo sé.

Aarón deja lo que está haciendo y se levanta para rodear el escritorio del otro lado. Se cruza de brazos una vez que está frente a Reid y guarda silencio, en espera de una respuesta.

Es una posición intimidante, usada para demostrar su autoridad. Quiere que al otro hombre le llegue el mensaje, claro y preciso: debe decirle de que habló con Gideon, no tiene otra alternativa.

Observa como la manzana de Adán de Reid se balancea cuando traga saliva, y piensa que estaría encantado de hundir los dientes allí. Luego vuelve a sus ojos. Es cuando nota que rehuye del contacto visual.

—Reid… —empieza.

—Besé a Lila Archer.

Aarón parpadea varias veces al oír la confesión.

—¿Qué?

—Estuvo mal, me aproveché de ella, aunque técnicamente yo no la besé, ella me besó a mí, pero yo no la aparté, sino que más bien le seguí el beso —empieza a divagar—. Es que me empujó a la piscina y allí fue que pasó, pero solo fue un beso, y Morgan le quitó el rollo de cámara con las fotos al paparazzi, por eso no se filtró a la prensa…

¿Besos en la piscina? ¿Paparazzi? ¿Un rollo de fotos? ¿Reid le siguió el juego de los besos a una víctima que estaban cuidando?

La mente de Aarón se hace un caos tratando de procesar la información, en cuestión de segundos hace cortocircuito. Casi, realmente. Tiene que hacer un gran esfuerzo para no reaccionar, aunque ve que Reid se estremece y deja de hablar al darse cuenta de que se ha quedado mudo.

Probablemente cree que tendrá una sanción disciplinaria, como si esto fuera el instituto; aunque ciertamente podría tenerla, pero no por faltar al código ético del FBI, eso no es importante.

Aarón inhala profundamente y, por fin, habla.

—Entiendo, fue inevitable que la encontraras atractiva, ¿no? Seguro te sucedió lo mismo con alguien más antes, bueno, no exactamente lo mismo, pero entiendes lo que intento decir.

—No realmente —susurra Reid.

Aarón frunce el ceño.

—¿No?

—La señorita Archer es mi primer beso.

La nueva confesión deja a Aarón con la mente en blanco. Había asumido que, con lo atractivo que es Reid, los besos no representaban un problema a lo largo de su vida, porque pese a lo singular de su personalidad, es un hombre claramente hermoso. Escuchar lo contrario lo toma desprevenido.

Mierda, pudo haberse convertido en su primero beso.

Sabe que aquello es una experiencia única e inolvidable. Él aún recuerda, con cariño, el suyo. Fue con Haley, su primer amor y, en consecuencia, primera vez en tantas otras cosas. Alguien que le enseñó que todas las primeras veces importan, y mucho, ya que impactan en el alma y se quedan grabadas para siempre.

Aarón quiere que Reid pueda sentir lo mismo, sea con un beso o algo más; no obstante, su deseo es egoísta. No quiere que tales experiencias sean compartidas con alguien más que no sea él, mas ahora se cruza con la idea absurda de que una mujer le robó una de ellas.

Aunque no puede borrar lo que pasó, puede intentar dejar su propia huella por encima de la otra.

Sin decir palabra camina hasta la puerta y, aunque es tarde, se asegura de que no haya nadie. Aunque nota que el bullpen está vacío, cierra la puerta. No quiere sorpresas extrañas.

—¿Hotch? —La voz de Reid suena insegura.

—«Dios quiera no pierda mi trabajo por esto» —piensa Aarón al acercarse a Reid, dónde deja apenas centímetros de distancia entre ambos—. Debiste venir a mí antes.

—No, no… No volverá a pasar —balbucea.

—¿Besarte con una víctima o no contarme que lo hiciste?

El pecho de Aarón casi toca el pecho de Reid, por lo que prácticamente puede sentir el subir y bajar de su respiración acelerada, pero Aarón quiere exagerar la reacción. Esto no es suficiente, y sabe que puede tener más.

Quiere deshacerlo bajo su agarre y es lo que intenta. Cuela una de sus piernas entre las de Reid, lo que desestabiliza el equilibrio del genio y lo obliga a sostener su peso sobre el escritorio detrás suyo. Y Aarón, por su parte, aprieta suavemente uno de los muslos de Reid y obtiene un jadeo ahogado a cambio.

El sonido enrojece furiosamente las mejillas de Reid, algo que hace sonreír a Aarón.

—¿Sabes que puedes denunciarme con recursos humanos por acoso sexual, verdad? —pregunta él, con el aliento caliente del otro sobre su propia boca.

—Eh, sí…

—¿Lo harás?

—No, no… ¿Debería? —dice Reid en un susurro, sin dejar de mirar los labios de Aarón. Traga saliva y vuelve la vista hacia arriba—. No lo sé.

—Si te sientes incómodo deberías.

De reojo nota como los dedos de Reid toman con fuerza el borde del escritorio, hasta tornarse blancos, y su sonrisa se ensancha. Entonces, es cuando la mano que sostiene el muslo de Reid se mueve, peligrosamente, hacia arriba. Y lo siente temblar bajo su agarre.

—Pídeme que me aparte, Reid.

No hay respuesta, así que esa misma mano se mueve otra vez, pero no llega a la entrepierna de Reid, aunque pensó en hacerlo; en cambio, toma su mejilla y la acaricia con suavidad.

El chico parece un gato deleitado por los mimos. También tiene la apariencia de un ángel: delicado, tierno, hecho con el amor que solo Dios le puede poner a su creación. Es la clase de belleza que debe ser considerado pecado mortal no hacer reverencia cuando pasas por su lado.

Y Aarón, al verlo tan receptivo, se atreve a llevar el pulgar a sus labios. Una leve caricia que pide permiso para tocar y avanzar con algo más.

—Esto no está bien —dice Reid tras rodear la muñeca de Aarón con sus dedos—. Estás casado, Hotch.

—Te dije que me apartaría si me lo pedías… Aún puedes hacerlo, después no habrá vuelta atrás, Spencer.

Le mención de su nombre de pila parece despertar algo en él.

—¿Quieres que lo haga? —pregunta Aarón en un susurro.

—Por favor, no.

Es todo el permiso que Aarón necesita.

Con su brazo libre rodea la cintura de Spencer y lo atrae hacia sí, porque si va a hacer esto debe tenerlo lo más cerca posible. Se fusionaría en uno solo con él si pudiera. Luego, observa sus labios una última vez, antes de finalmente juntarlos con los suyos.

Es una presión leve, apenas un roce. Y vuelve a mirarlo, solo por un segundo, para besarlo de nuevo, pero ahora con la pasión desbordante que ha sentido desde que lo vio por primera vez.

Y, oh por Dios, Aarón sabe que esto es obra de algún ser celestial, nada puede sentirse tan bien siendo la ofrenda de un simple mortal. Ninguno podría ser capaz de igualar la sensación tan afrodisíaca y placentera que corre por sus venas.

Los labios de Spencer son tan suaves como las plumas de un canario, con ese toque dulzón que Aarón sabía, desde un principio, tenía para ofrecer.

Su lengua va más allá cuando siente a Spencer abrir un poco más la boca, y le permite profundizar un beso que ya de por sí lo está dejando sin aliento. Busca permanecer un poco más, pero sabe que debe separarse antes de que alguno de los dos sufra por la falta de aire. Al alejarse no puede evitar morder y tirar del labio inferior de Spencer, algo por lo que se gana un gemido suave que le pone los pelos punta.

La imagen que lo recibe al abrir los ojos lo vuelve loco: Spencer sin aliento, con pupilas dilatas y los labios marcados por la presencia de Aarón.

Algo que no desaparecerá nunca de su memoria.

—Ahora… ¿quien fue tu primer beso? —pregunta Aarón mientras intenta recuperar el aliento.

—Lila…

—Spencer —advierte Aarón.

—Hotch… —hace una pausa cuando ve a Aarón fruncir el ceño. Toma aire y continúa—. Aarón Hotchner.

Aarón asiente complacido, y aunque intenta apartarse, Spencer no lo deja ir.

—¿Podemos…? —Traga saliva—. ¿Podemos hacerlo otra vez?

Aarón sonríe.

—Por supuesto que sí.

Notes:

En serio, adiós.

PD: dejen kudos y comenten, para una despedida feliz :p JAJSJAJJA 🥀