Chapter Text
El pequeño niño apretó sus ojitos con fuerza y movió sus labios antes de soplar la vela del número seis colocada sobre el pequeño pastel de chocolate.
Su único invitado aplaudió y le ayudó a partir una rebanada.
“Pa’, ¿los deseos tardan mucho en hacerse realidad?”, preguntó dando saltitos.
Su papá estaba por partir su propia rebanada, se detuvo y lo miró con una sonrisa.
“No lo creo”
Por supuesto, sabía perfectamente lo que quería su hijo, lo que había deseado también en sus dos cumpleaños pasados: ‘Deseo conocer a mi papá’.
“Entonces espero que este año si se cumpla”, dijo el niño.
Hacía casi 7 años, justo cuando iniciaba la universidad, Cale se había enterado de su embarazo. Por supuesto había sido una completa sorpresa y lo mantuvo en secreto por un tiempo hasta de sus propios padres.
No es que tuviese planeado ser padre soltero tan joven, lamentablemente semanas antes de enterarse de su condición había cortado con su novio y las cosas no terminaron nada bien. Así entre soledad y un corazón roto había nacido su pequeño Raon.
No es que le hubiera negado la existencia de su padre, solo le había dado largas a las preguntas de su hijo.
Cale era joven todavía, quizá lo suficiente como para que no creyeras que tenía un hijo de 6 años y también lo suficiente como para equivocarse en los temas de la vida y el amor. Por su puesto, Raon no era una equivocación, más bien una consecuencia. Sea como sea, no podía simplemente decirle que su otro papá no existía, aunque quizá eso sonaría mejor que decirle la verdad: él no sabe de ti.
Sin embargo, una vez que Raon comenzó a preguntar por él no había dejado de hacerlo.
“¿Cómo es papá?”.
“¿Eh?”.
“Quiero saber cómo es”.
“Tú papá es... guapo, creo”.
“¡Lo sabía! Porque me debo parecer a él”.
Cale frunció el ceño ¿qué está insinuando?
“¿Por qué no ha venido a vernos?”
“Está muy ocupado”.
“Tú siempre estás ocupado y vivimos juntos”.
Cale suspiró y dejó el papeleo para mirar al niño.
“Él está ocupado de otra forma”.
“¿Qué hace?”
“Arte... eso le gusta”, después de tanto tiempo Cale no estaba seguro de si él habría escogido ese camino.
“Oh ¿Cómo a mí?”, el pequeño exclamó y tomó con una de sus manos una hoja de papel con un dibujo mal coloreado.
Cale sonrió a medias.
“Si, como a ti”
Preguntas como esas eran cosa de cada día, por eso Cale pensó que tenía que actuar pronto antes de que Raon se diera cuenta de la realidad.
Años atrás, en su vida de estudiante cuando todavía no era universitario, tuvo una relación amorosa con un compañero. AL principio él se sintió obligado a aceptar la propuesta del chico y durante un tiempo fue complicado salir con alguien que no le atraía ni conocía, Cale estaba molesto consigo mismo por aceptar y terminó usando palabras crueles para expresarlo.
Y luego el destino se vengó de él, cuando comenzó a enamorarse, todo se vino abajo. Le había roto el corazón al chico, tanto que le dijo que no lo quería volver a ver en su vida. Cale no supo cómo actuar, no se disculpó, no hizo nada por intentar solucionar las cosas porque pensó que lo merecía y unas semanas más tarde se dio cuenta de que estaba esperando un bebé.
Tuvo miedo de buscar a su ex y ser rechazado, así que lo esquivó por unos días, pero cuando se envalentonó era muy tarde, no tuvo forma de contactarlo.
Un día después de pensarlo tanto, siete años más tarde, decidió que debía actuar. Coincidió con su regreso a casa después de vivir en el extranjero durante casi 7 años, para ser exactos iría por cuestiones de trabajo y después tendría que viajar a otros lugares. Esta sería la primera vez en la que tendría que obligarse a estar separado de su pequeño durante varios días. Usualmente llevaba a Raon a todas partes, pero aquella vez podría ser demasiado cansado para el pequeño, por lo que ideó un plan.
“¿Conociste a papá allí?”, el pequeño preguntó en medio de un bostezo cuando el avión estaba por despegar.
Cale asintió sin despegar la mirada de su revista.
“¿Crees que pueda verlo?”
Cale volvió a asentir.
Después de llegar se quedaron dos días en casa de sus padres, ellos se habían ofrecido a cuidar de Raon, a lo que Cale se negó porque aquello no era parte de su plan.
“Creo que es momento de que conviva con su padre”, soltó, aprovechando que el niño no estaba presente en la cena.
Ambos dejaron caer sus cubiertos al escucharlo.
“Ese muchachito...”, su madre exclamó.
Ella ahora juraba que nunca le había tenido fe a su relación, pero Cale recordaba claramente como solía incentivar a Cale a invitarlo a cenar o a cualquier otra actividad familiar.
“Hijo, ¿estás seguro?”, su padre sonó más preocupado.
“Está bien. Si algo sale mal, vendrá con ustedes”.
***
Alver sintió que no le pagaban lo suficiente por hacer lo que estaba haciendo. No, realmente no le estaban pagando. Ahora mismo llevaba de la mano a un niño pequeño, hijo de su mejor amigo, del que supo de su existencia hacía apenas un par de horas.
‘Si a mí se me subió la presión ¿Qué le espera al pobre de Choi Han?’, pensó.
“Oye, ¿a ti cuánto te pagan?”, Alver quiso bromear un poco con aquel tipo alto y serio que no había visto en mucho tiempo, porque además de los cantos del niño, no había escuchado otra cosa durante todo el camino.
“¿Piensa darme un bono?”, el hombre le respondió.
Además de él y el pequeño Raon había un acompañante más, el niñero-cocinero Vicross.
Alver se sorprendió cuando Cale los presentó, por supuesto que ya se conocían, pero esta era una nueva entrada a esta etapa de la vida. Vicross y su padre siempre habían trabajado para Cale.
“¿Para qué quieres que lo cuide si ya tiene niñera?”, preguntó Alver.
“Hace tiempo que no lo veo ¿cómo podría confiar en él ciegamente?”, respondió sin mucha expresión o quizá era porque no quería que Raon lo escuchara.
Además, desde la perspectiva de Alver, Cale estaba siendo muy dramático al respecto, incluso llevaba anteojos negros, estaba seguro de que su gran amigo estaba nervioso de encontrarse a su ex al doblar cualquier esquina.
“No me refiero a que sea mala per-“
“No dejaré que Raon coma algo preparado por él”, continuó.
“Ah, era eso”.
Las cosas tuvieron más sentido.
Alver le sonrió a la niñera.
“Te podría dar un bono si me cocinas algo”, le guiñó el ojo.
Por supuesto el tipo siendo tan firme como una roca no reaccionó.
“¿Ya casi llegamos?’, preguntó el niño que parecía comenzar a cansarse.
“Ya casi llegamos”, afirmó Alver observando la aplicación de mapas que le daba la razón.
“¿A dónde vamos?”, preguntó el niño. “Este lugar me da miedo”.
Alver no respondió, se limitó a sonreír hacía sus acompañantes.
Los tres dejaron de caminar y ahora se encontraban frente a un edificio viejo ubicado en una zona probablemente peligrosa.
“Vicross, lleva al niño al parque en lo que me encargo de estos asuntos”.
El cocinero-niñera asintió y en un movimiento cargó al pequeño sobre sus hombros.
“Wiii”
Alver los vio alejarse y entonces tomó aire.
“Cale, eres un cobarde”, susurró.
Subió varios pisos por las escaleras antes de darse cuenta de que había un elevador de dudoso mantenimiento. Luego llegó a la habitación que buscaba, tocó el timbre y le abrió una mujer joven de aspecto rudo.
“¿Buscas a alguien?”, preguntó. Ella se recargó en el marco de la puerta y se cruzó de brazos.
Alver no se dio cuenta de que la había mirado por un tiempo prolongado.
La chica llevaba puesta una falda pequeña, medias rotas, botas altas y en la parte superior solo usaba sostén.
“Si, emm, creo que me equivoqué”, dijo con una pequeña reverencia como disculpa y se dio la vuelta.
Ella frunció el ceño y lo detuvo tomándolo del hombro
“Choi Han dijo que vendría un viejo amigo porque tenía algo importante que darle ¿eres tú? Me dijo que te dijera que no tarda en llegar”.
“Oh-“, definitivamente no se había equivocado.
Ella se quitó de la entrada y suspiró.
“Pasa”.
Alver entró y ahora estaba incluso más sorprendido.
¿Cómo podía aquello ser un lugar digno para un niño? No había forma de que dejara aquí al pequeño Raon. Olía a cigarro y alcohol, había latas en algunas partes y restos de frituras.
“Toma asiento”.
Alver asintió y lo hizo. Volvió a recorrer el espacio con la mirada y entonces su mirada se detuvo en la chica. No, no en ella, en la pintura donde estaba ella.
“Él lo pintó”, le comentó, su voz sonaba distinta porque ahora tenía un cigarro entre sus dientes.
Alver se puso rojo de la vergüenza ¿Cuánto tiempo se quedó mirando a la pintura?
“No hay de que avergonzarse, todos nacemos desnudos”.
A ella parecía no importarle en absoluto aquello. Lo ignoró y se acercó a la ventana.
“No sabía que él hacia ese tipo de trabajos”.
“Es normal, él es un artista”.
Alver asintió dándole la razón.
“No sabía que tenía amigos tan nerds como tú”, dijo la muchacha sin importarle ser grosera.
“Bueno en realidad, no somos tan amigos… yo solo era amigo de su amigo”.
Ella levantó las cejas en respuesta, no parecía estar interesada en su historia.
“Por cierto, ahí viene”.
Él se puso de pie y se acercó también a la ventana, tenía curiosidad por saber cómo se veía, después de tantos años… Choi Han bajó de una moto, llevaba ropa oscura entallada de aspecto rudo, similar al estilo de la chica.
Alver esperó un par de minutos hasta que este llegó a la habitación.
“Me voy”, la mujer tomó su chaqueta justo en el momento en el que Choi Han abrió la puerta.
“Apenas llegué”
“Suerte con tu amigo”, ella le sonrió y le guiñó el ojo.
“¡No es lo que crees!”, exclamó Choi Han.
Alver estaba sin palabras, hacia tantos años que no lo veía, por supuesto que había cambiado, sus facciones se hicieron más duras, creció un par de centímetros, además se hizo más musculoso.
“Alver”, dijo usando aquel tono sueve característico de cuando eran jóvenes.
“Choi Han”.
Alver estaba un poco emocionado por verlo, quería llamar en aquel momento a Cale y decirle que su ex se había vuelto un hombre sexy.
“Debe de haber algo interesante para contar ¿no? Nunca me hablaste hasta ahora”.
Alver tragó, él no estaba seguro de si podía hablarle a Choi Han después de que terminar con Cale. No porque Cale se lo hubiese prohibido, era porque Choi Han estaba tan dolido que pensó que lo mejor sería alejarse.
“De hecho, lo es”.
Choi Han sacó unas latas de refresco y le ofreció una, para luego invitarlo a tomar asiento.
“¿Aquí vives?”, quiso saber primero.
“Eh… pues a veces”.
Ambos recorrieron el lugar con la mirada.
“Dime, ¿qué es eso tan importante?”
Alver de pronto sintió que el mundo le daba vueltas, comenzaba a arrepentirse de ser parte de esto. Él no se alejó de un problema para estar involucrado en uno mayor.
“Tiene que ver con Cale”.
La sola mención de su nombre Choi Han hizo crujir la lata que tenía en la mano, su expresión también cambión.
“Vete”.
“Créeme que es algo importante”.
Choi Han exhaló molesto, hacía tiempo que no escuchaba algo sobre su ex y todavía le molestaba escuchar su nombre.
“Si no tiene que ver conmigo, no quiero saber nada”.
Alver balbuceó, “Tiene mucho que ver contigo”.
El ritmo cardiaco de Choi Han se aceleró, lo que estaba por escuchar iba a cambiarle la vida.
“Cale… tú… ustedes… ah… Cale quiere que sepas que tuvo un hijo tuyo después de que terminaron”.
Choi Han lo miró completamente confundido y luego su expresión comenzó a cambiar conforme procesaba aquellas palabras.
Primero negó con un movimiento de cabeza y como si estuviera apunto de soltar una carcajada.
“Alver, no digas tonterías”.
“No lo hago”, dijo serio.
El pelinegro lo miró a los ojos y su respiración comenzó a acelerarse.
“¿Es otro de sus juegos?, no le bastó con lo que hizo hace 7 años ¿por qué se empeña en burlarse de mí? Yo no…”
Alver le extendió un sobre amarillo.
Choi Han lo tomó y abrió de inmediato, se encontró con papeles doblados por la mitad. El primero tenía la caligrafía de su ex y solo verla lo hizo sentir una presión en su pecho.
PARA CHOI HAN.
Espero que recibas esto pronto, lamento no poder ir personalmente, pero tengo asuntos del trabajo que atender.
¿Ha pasado mucho no? Verás, poco después de nuestra separación me enteré que estaba esperando un bebé… su nombre es Raon y ahora últimamente está muy insistente en conocer a su papá. Ese eres tú. Lamento no decírtelo antes, no es me estoy excusando, es solo que no sabía que hacer en aquel momento.
Raon es un niño con mucha luz y anhela conocerte, solo te pido que no le rompas el corazón.
Entenderé si no quieres saber nada de él, si es así al menos salúdalo un rato y dile que irás visitarlo en el futuro. No volveremos a molestarte. Si por el contrario estás interesado puedes cuidar de él durante este mes, por supuesto no soy tan irresponsable como para dejarlo solo, su niñera va con él, puede servirte de apoyo y me informará cualquier inconveniente.
Sea cual sea tu respuesta hazla saber primero a Alver.
ATTE. CALE
Choi Han frunció el ceño y apretó las hojas entre sus dedos.
Luego miró las demás hojas, eran copias medicas de Cale en su temporada de gestación.
Padre. Era padre desde hacía casi 7 años y no lo sabía.
“Dijo que si lo deseas autorizará la prueba de ADN”, mencionó Alver que no estaba seguro de qué decirle.
“¿Cómo se atreve a hacerme esto?”
“Choi Han...”
“¿Dónde está el niño?”
“Afuera”.
“Llévame con él”.
Quizá fue porque Choi Han era extremadamente emocional que Alver creyó que iba unos pasos tras él porque estaba derramando lagrimas disimuladamente.
“No sé si lo mencionó en la nota, pero creo que deberías tener en cuenta que Raon no tiene idea de que no sabes de su existencia”.
“¿Ah? ¿Por qué...?”
“Algunas realidades son demasiado crueles para la cabeza de un niño”.
Choi Han asintió estando de acuerdo.
Mientras más se acercaban, más visible era aquella pequeña figura meciéndose en el columpio.
Cuando Raon los vio dejó de columpiarse y también caminó hacia ellos, se detuvo a una distancia considerable, con Vicross a un costado.
“Raon…”, comenzó a hablar Alver.
El pequeño los miró, detuvo sus ojos en el hombre tras él y de pronto retrocedió y se acercó un poco más a Vicross, parecía nervioso y un poco asustado.
“Este es tú papá, Cale me dijo que querías conocerlo”.
Alver se hizo a un lado y Choi Han avanzó un poco.
“Choi Han aquí tienes a Raon”.
“¿Papá?”, el niño se separó un poco de su niñera y tímido avanzó hacia el pelinegro
Choi Han se sonrojo, aquella situación parecía tan irreal, dio un par de pasos más hasta llegar cerca del niño, después se puso de rodillas para estar a su altura.
“Hola”, comenzó. “Me da mucho gusto conocerte”.
El niño sonrió de oreja a oreja.
“A mí también”.
Choi Han tocó el hombro del niño y sonrió.
“¿Cómo has estado?”
“Bien”.
“¿Cómo te has portado? ¿Le haces caso a tu papá?”
“Sii, siempre”.
“Me alegra”.
Choi Han se puso de pie y llevo una de sus manos a la cabeza del niño.
Alver suspiró y miró a Vicross, ambos estaban tensos.
Momentos antes le había advertido a Choi Han de tener cuidado con sus palabras. Le explicó que el niño asumía que Choi Han sabía de su existencia, así que debía disimular esa parte.
“¿Quieres comer algo? ¿Un helado?”
El niño asintió emocionado y tomó la mano de su padre.
***
Alver volvió al departamento de Choi Han para limpiarlo, al parecer aquel lugar era más un estudio y lugar casual en dónde quedarse de vez en cuando. Choi Han era la clase de persona que vagaba de un lugar a otro y aquello era lo más cercano a su hogar.
Su celular sonó y respondió de inmediato, era Cale.
“Eres un imbécil”, fue lo primero que dijo.
“¿Raon está ahí?”
“Fue con Choi Han y su niñera por un helado?, Cale ¿estás seguro de que esta es la mejor manera? ¿no tenías otro plan?”
Hubo una pausa antes de que su amigo respondiera.
“Inicialmente iba a fingir una enfermedad, pero no quise más mentiras”.
“No puedo contigo...”, Alver se resignó.
“Él no iba a querer hablar conmigo”, dijo y Alver notó el pesar en su voz incluso a través de la línea.
“¿No serás tú el que no quiere hablar con él?”
“Asumo que quiere hacerse cargo. Dile que Raon no puede comer dulces tan tarde, que sea la última vez que come helado a esta hora”, dicho esto colgó.
Alver maldijo en sus adentros y continuó arreglando el lugar.
***
Choi Han no sabía que decirle al niño que tenía enfrente, para ser justos nunca había sido bueno tratando niños.
Ya le había comprado tres conos de helado y un par de golosinas. El pequeño estaba emocionado y esto lo animó un poco, sin embargo, el hombre que los seguía de cerca le había dicho que no debía darle tantas golosinas, aquello había molestado a Choi Han.
“¿Hay algo que te guste además de los dulces?”
“Los postres”.
“Mañana iremos por algunos”, respondió alegre.
“¡Si!”
Cuando volvieron a casa Alver estaba sentado en la sala mientras preparaba café.
“¿Aquí vives?”, el niño preguntó. “¿Por qué hay tantas manchas de pintura?”
“Choi Han es un artista”, respondió Alver para luego beber de su taza.
El niño le sonrió a su papá.
“Eso me dijo mi papá Cale”.
La sola mención de su nombre hizo que a Choi Han le temblara un ojo y sintiera una presión en el pecho.
El niño, ignorante de su estado de ánimo, continuó:
“Dijo que pintabas muy bien y... y... que quizá por eso yo también podía hacerlo”.
Choi Han se mantuvo serio.
“Bueno, el talento se hereda, eso es muy probable, pero debes de practicar mucho”, habló Alver caminando hacia ellos, dando un codazo a Choi Han para que reaccionara.
“Así es, puedo enseñarte si lo deseas”.
“Si, si, si quiero”, exclamó el niño y luego levantó los brazos y bostezó. “Tengo sueño”.
“Ah… duerme aquí en la sala mientras te tengo lista la habitación”, se apresuró Choi Han.
“De ninguna forma, Raon debe dormir en una cama, está en desarrollo y Cale no le permite dormir en cualquier lugar”, habló Vicross que había guardado silencio hasta ahora.
Alver notó cómo Choi Han parecía demasiado molesto por la presencia de Vicross, debía serlo, después de todo Vicross también sabía todo sobre ellos y el niño.
“Tranquilos, ya lo limpié yo”, habló Alver. “Choi Han llévalo a dormir en lo que Vicross me acompaña a tomar un café”.
“No quiero acompañarlo”, Vicross se zafó del agarre de muñeca por parte de Alver. “Raon debe tomar su vaso de leche antes de dormir”.
“No tengo”.
“No se preocupen, yo compré para el café”, dijo Alver mostrándola.
“Eso no es leche, eso es producto lácteo”.
“¿Cuál es la diferencia?”, preguntó Alver.
“Eso es lo de menos, hay que conseguir la leche”.
Vicross suspiró, estaba a punto de salir de aquel lugar para comprarla él mismo.
“Oigan… prometo comprar muchos litros mañana, pero por hoy no creo que pase nada si no la toma por una noche”.
Vicross y Alver miraron a Choi Han que en algún momento había cargado al niño y ahora estaba dormido en sus brazos. Él joven sonreía mientras lo arrullaba.
“Lo llevaré a la habitación”, dicho eso se dio la vuelta.
“Raon cree que la leche le ayuda a ahuyentar sus pesadillas”, dijo Vicross.
Alver puso un dedo sobre sus labios.
Choi Han no lo escuchó.
